Análisis literario de la poesía de Domingo Acevedo
Literatura dominicana · Memoria histórica · Identidad afroantillana · Resistencia y libertad
La poesía de Domingo Acevedo, poeta dominicano, se presenta en los textos compartidos como una exploración de la memoria histórica, las raíces africanas, la esclavitud, la identidad y la lucha por la libertad. En este conjunto de poemas, la palabra poética no se limita a describir el pasado: intenta rescatar las voces de quienes fueron silenciados por la violencia, el desarraigo y la explotación.
El eje que articula estos escritos es la memoria de África en América. El mar, los barcos negreros, los cañaverales, las tamboras, el látigo, la sangre y las cadenas forman una red de símbolos que conecta el sufrimiento ancestral con la resistencia de los descendientes de africanos en el Caribe.
A continuación, presento un análisis de los poemas incluidos en el documento, atendiendo a sus temas, símbolos, lenguaje, dimensión histórica y significado humano.
I. La visión general de esta poesía
La voz poética de estos textos se construye desde tres dimensiones fundamentales:
La memoria ancestral: el hablante recuerda un pasado que no vivió personalmente, pero que siente como parte de su identidad.
La denuncia histórica: los poemas muestran la esclavitud, la violencia colonial, la explotación laboral y la deshumanización de los pueblos sometidos.
La afirmación cultural: África sobrevive en la música, el cuerpo, el lenguaje, los ritmos, las tradiciones y la conciencia de quienes heredaron aquella historia.
Lo más significativo es que el pasado no aparece como algo terminado. Continúa vivo en el presente, en la memoria familiar, en la historia colectiva y en las heridas que todavía reclaman reconocimiento.
En esta poesía, recordar es una forma de resistencia. Nombrar a los muertos, recuperar sus voces y evocar sus luchas significa oponerse a la desaparición de su historia.
II. Análisis de los poemas principales
1. «Barcos negreros»: el océano como cementerio de la memoria
Tema central: la trata esclavista, la deshumanización y la violencia de la conquista.
El poema comienza con una imagen brutal:
«barcos negreros vomitan cadáveres»
El verbo vomitan convierte las embarcaciones en organismos monstruosos. No son simples medios de transporte: aparecen como instrumentos de muerte que expulsan los restos de una tragedia humana. La elección de este verbo elimina cualquier solemnidad heroica de la navegación colonial y revela su dimensión criminal.
La expresión «mar de topacio» introduce una contradicción estética. El mar posee la belleza de una piedra preciosa, pero esa belleza queda contaminada por los cadáveres, la sangre y el sufrimiento. La naturaleza parece conservar su esplendor mientras los seres humanos padecen una catástrofe.
Otro verso significativo es:
«sudor que al tocar la tierra se convierte en sangre»
Aquí, el trabajo deja de ser una actividad productiva para convertirse en una forma de sacrificio. La tierra recibe el sudor del esclavizado, pero lo devuelve simbólicamente como sangre. El cañaveral y el trapiche, espacios asociados con la riqueza azucarera, se convierten en escenarios de explotación.
El poema también incorpora a los pueblos originarios mediante la imagen de los caballos y los arcabuces que perforan «la tierna inocencia de los taínos». De este modo, la composición amplía su mirada: la violencia colonial afecta tanto a los habitantes originarios del Caribe como a los africanos sometidos a la esclavitud.
Interpretación profunda: el océano funciona como una frontera entre dos mundos y, al mismo tiempo, como una tumba. El viaje transatlántico no representa una aventura, sino el desarraigo de pueblos enteros. La historia oficial suele registrar rutas, conquistas y riquezas; este poema intenta registrar aquello que esas narraciones dejan fuera: los cuerpos, los gritos y las vidas destruidas.
El resultado es una poesía de denuncia que transforma el paisaje histórico en testimonio moral.
2. «Trampa ancestral»: la historia como engaño y herida
Tema central: la conquista, el engaño histórico y la persistencia de la violencia.
El título concentra una interpretación de la historia: una trampa ancestral es un mecanismo de sometimiento que atraviesa generaciones y cuyas consecuencias siguen presentes mucho después de los acontecimientos originales.
Las «tres naves carnívoras» constituyen una de las metáforas más agresivas del poema. Las embarcaciones aparecen dotadas de un apetito destructivo. La navegación deja de ser una imagen de descubrimiento para convertirse en una fuerza que devora vidas y territorios.
La composición contrapone dos campos simbólicos:
La violencia: las naves, las cadenas, las cenizas y los cadáveres mutilados.
La supervivencia: las tamboras, la danza y el lirio que finalmente resplandece.
El verso final, «un lirio resplandece», introduce una esperanza que no borra la tragedia anterior. El lirio surge después de las imágenes de muerte, como si la belleza, la dignidad y la vida pudieran sobrevivir incluso en un territorio devastado.
Interpretación profunda: la historia aparece como una lucha entre la destrucción y la capacidad humana de reconstruirse. El poema no niega la violencia, pero tampoco permite que ella tenga la última palabra. El lirio representa la posibilidad de que algo puro sobreviva entre las ruinas.
3. «Negra Antillana»: la mujer afrodescendiente como reina de su historia
Tema central: la dignidad de la mujer negra, la belleza afroantillana y la memoria cultural.
Este poema cambia el tono de las composiciones anteriores. La denuncia cede espacio a la admiración, la ternura y la celebración de una identidad que ha sobrevivido a siglos de opresión.
La repetición de la palabra «reina» construye una figura femenina soberana:
«reina del mar y los caracoles»
«reina del amor y la ternura»
«reina de la melaza y del guarapo»
La mujer deja de ocupar el lugar subordinado que le impone la estructura esclavista y aparece investida de dignidad. La palabra reina es especialmente significativa porque invierte el orden simbólico de un mundo en el que otros pretendieron decidir sobre su cuerpo, su trabajo y su destino.
La imagen «de África una flor en la distancia» expresa una identidad que conserva su raíz originaria aunque se encuentre lejos de su lugar de procedencia. La mujer antillana representa, así, la continuidad de una cultura desplazada, pero no destruida.
Sin embargo, el poema no olvida la explotación. La dulzura de la melaza y del guarapo está ligada a las plantaciones y a las jornadas interminables de la zafra. De ahí la fuerza del verso:
«es amargo nuestro azúcar»
Esta frase contiene una contradicción esencial: el azúcar es dulce para quien lo consume, pero su historia puede ser amarga para quienes lo produjeron bajo condiciones de esclavitud y explotación.
Interpretación profunda: el poema recupera la belleza de la mujer negra sin separarla de su historia. Su cuerpo y su presencia cultural no son simples objetos de contemplación: representan una memoria viva. La mujer es simultáneamente símbolo de resistencia, continuidad ancestral y dignidad humana.
4. «África»: el continente como presencia interior
Tema central: identidad, pertenencia y herencia africana.
«África» es uno de los poemas más directos y afirmativos del conjunto. Su principal recurso es la personificación: África aparece como un ser vivo que circula por el cuerpo y habita el corazón de sus descendientes.
El poema afirma:
«te llevamos dentro de nosotros»
La distancia geográfica no elimina la pertenencia. África ya no es únicamente un lugar al otro lado del océano: se convierte en una presencia interior, transmitida mediante la sangre, la memoria y la cultura.
La comparación con el tambor refuerza esta idea. El ritmo no es solamente música; representa una herencia que puede sobrevivir a la pérdida del territorio, a la imposición de otras costumbres y al paso del tiempo.
El contraste «tan lejos y tan cerca» resume el conflicto de toda identidad diaspórica. África está lejos como territorio, pero cerca como raíz espiritual y cultural.
El cierre condensa el sentido del poema:
«aquí en nosotrostú vives en América»
Interpretación profunda: la identidad no depende exclusivamente de habitar el lugar de origen. También puede sobrevivir mediante la memoria colectiva, las tradiciones y la conciencia histórica. El poema convierte la diáspora en una experiencia de pérdida, pero también de continuidad: África permanece en América porque sus descendientes conservan y transforman su legado.
5. «Trópico de fuego»: el paraíso tropical convertido en escenario de explotación
Tema central: la contradicción entre la riqueza del trópico y el sufrimiento de los trabajadores.
El título crea una atmósfera de calor extremo, violencia y tensión. El trópico no se presenta como un paraíso exótico, sino como un espacio donde la naturaleza y la explotación humana se entrecruzan.
La metáfora «cañaveral de sangre» transforma el cultivo de la caña en un paisaje de sacrificio. Los ingenios, que deberían representar la producción y la prosperidad, aparecen «oxidados por el dolor».
En este contexto, la imagen del hombre con «el alma encadenada / a los sueños» sugiere una contradicción: incluso bajo la opresión, el ser humano conserva la capacidad de imaginar una vida distinta.
El poema culmina con una afirmación decisiva:
«la libertad es un canto»
El canto se opone al látigo. La libertad no se expresa únicamente como ruptura material de las cadenas, sino también como capacidad de conservar la voz, la cultura y la esperanza.
Interpretación profunda: la explotación puede controlar el cuerpo y el trabajo, pero el poema reivindica un espacio interior que no queda completamente sometido. La libertad comienza a manifestarse en la voz de quienes se niegan a aceptar el silencio impuesto.
6. «Un sendero de sangre»: la libertad como camino de sacrificio
Este breve poema concentra una historia colectiva en unos pocos versos:
«cuando quisiste ser librenadie pudo detenerte»
La libertad aparece como una decisión que exige movimiento y resistencia. El «sendero de sangre» expresa el precio de esa búsqueda: la violencia, la persecución y las pérdidas sufridas por quienes se rebelan.
Pero el cierre introduce una imagen luminosa: «la alborada». Después de la sangre llega simbólicamente el amanecer.
El poema no presenta la libertad como una concesión del opresor. La vincula con la acción de quien decide romper la subordinación.
Interpretación profunda: la alborada representa tanto la esperanza de una vida nueva como la posibilidad de que las luchas de los antepasados abran caminos para las generaciones futuras. La brevedad formal refuerza la contundencia del mensaje: una historia extensa de opresión se concentra en el impulso irreversible de ser libre.
7. «Pergamino de lágrimas»: escribir para conservar el dolor
El pergamino es un símbolo de escritura, archivo y permanencia. Sin embargo, en este poema no se escribe con tinta ordinaria: la voz dibuja «en un pergamino de lágrimas».
La imagen transforma el sufrimiento en documento. Las lágrimas son la materia con la que se escribe una historia que no debe desaparecer.
El «horizonte de caña y sangre» une dos elementos inseparables en el universo de estos poemas: la riqueza agrícola y el sufrimiento de quienes trabajaron bajo la violencia.
Las voces quebradas por el látigo se acumulan en un rincón del alma. La memoria histórica se convierte así en una experiencia íntima.
Interpretación profunda: el poema propone una forma de escritura testimonial. La poesía funciona como archivo emocional de los vencidos: allí donde faltan los nombres o los relatos individuales, permanecen las voces y las heridas. El acto de escribir se convierte en una manera de devolver presencia a los olvidados.
8. «Hogueras de sangre»: la resistencia sobrevive al horror
El poema presenta una sucesión de imágenes violentas: barcos, cadáveres, miradas aplastadas, cenizas y huellas congeladas en la memoria. El fuego del título tiene una doble función: evoca destrucción, pero también iluminación.
La estructura avanza desde el sufrimiento hacia la afirmación de la resistencia. Tras la enumeración de «tamboras», «maracas», «danza» y «sudor», aparece la ruptura de las cadenas.
El látigo queda descrito como «huérfano de toda humanidad». Esta personificación desplaza la atención hacia la degradación moral del sistema que lo utiliza: el instrumento de castigo es también símbolo de una sociedad que ha renunciado a reconocer la humanidad de sus víctimas.
El cierre afirma que el látigo no puede «acallar el canto / que brota del cañaveral».
Interpretación profunda: la música funciona como una forma de supervivencia colectiva. El canto no elimina el sufrimiento ni devuelve la vida a los muertos, pero impide que la violencia consiga borrar por completo la cultura de los sometidos. La resistencia se manifiesta en la persistencia de una voz compartida.
9. «Tu historia»: la tambora como archivo de la memoria
Este poema desarrolla una idea central en la obra: la historia de un pueblo no está contenida únicamente en los documentos escritos por quienes dominaron.
El hablante niega que el látigo, el sol o el amo sean los verdaderos depositarios de esa historia. Frente a ellos coloca la tambora.
La repetición de la expresión «es la tambora» funciona como una afirmación insistente. El instrumento musical adquiere una dimensión testimonial: cada golpe conserva una parte de la experiencia colectiva.
Interpretación profunda: la tambora representa la memoria cultural transmitida oralmente, a través del ritmo, la celebración, el trabajo y la comunidad. La historia también vive en prácticas que pasan de una generación a otra sin depender exclusivamente de los archivos oficiales.
En este sentido, el poema reivindica la cultura popular como fuente de conocimiento histórico.
10. «El látigo»: la continuidad de la explotación
El poema establece un vínculo directo entre dos épocas:
«Del látigo al salario»
La expresión resume una preocupación social: la abolición de la esclavitud no garantiza por sí sola la desaparición de todas las formas de explotación.
El látigo representa la coerción física, mientras que el salario remite a las relaciones de trabajo posteriores. La yuxtaposición invita a examinar qué sucede cuando cambia el sistema jurídico, pero persisten condiciones de pobreza, dependencia o trabajo insuficientemente remunerado.
El poema refuerza esta denuncia con la idea de que la vida se entrega «por nada» en el trabajo.
Interpretación profunda: la composición cuestiona una lectura simplista del progreso histórico. La libertad formal puede coexistir con desigualdades económicas y sociales. El poema sugiere que la memoria de la esclavitud debe servir también para examinar las injusticias del presente, sin afirmar que ambas formas de explotación sean idénticas.
11. «Negro»: recordar el origen y reclamar un lugar en la historia
La composición se construye alrededor de una exhortación:
«no olvides que vienes de África»
El imperativo «no olvides» revela que el olvido es uno de los peligros contra los que combate esta poesía. La identidad se presenta como algo que debe ser preservado frente a las fuerzas históricas que intentaron negarla o borrarla.
El poema concluye señalando que la sangre africana también escribe la historia americana.
Interpretación profunda: el texto reclama el reconocimiento de los africanos y sus descendientes como protagonistas de la historia, no como figuras secundarias dentro de un relato ajeno. Recordar África equivale a recuperar una genealogía y reconocer una contribución cultural e histórica fundamental.
12. «Negra» y «El amor te libera»: la intimidad como espacio de resistencia
Ambos poemas comparten prácticamente el mismo núcleo verbal: una invitación amorosa, la noche, la ausencia momentánea del amo y la afirmación de que el amor libera.
La brevedad de los versos produce una voz íntima, casi susurrada. Frente al ruido de los arcabuces y el látigo, aparece el lenguaje del encuentro entre dos seres humanos.
La frase «que el amo duerme» revela que incluso la intimidad está condicionada por la vigilancia y la dominación. El amor necesita encontrar un espacio donde el poder no pueda intervenir.
El verso «que el amor te libera» admite dos lecturas complementarias: la libertad emocional que proporciona el afecto y la recuperación de una intimidad que el sistema esclavista pretende controlar.
Interpretación profunda: estos poemas introducen una dimensión humana que complementa la denuncia histórica. Las personas esclavizadas no son representadas únicamente como víctimas o combatientes; también tienen deseos, vínculos, ternura y necesidad de compartir su vida. El amor constituye una forma de afirmar la humanidad que el sistema trata de negar.
13. «La reina»: recuperar la soberanía cultural de la mujer negra
En este poema, la mujer aparece vinculada a los atabales, las ceibas, las estrellas y la música del batey. El ambiente nocturno crea una atmósfera de celebración comunitaria.
La corona de ilusiones no es una corona material: simboliza la dignidad que la comunidad reconoce en la mujer. La reina no necesita el permiso del amo para existir como figura central de su mundo cultural.
Interpretación profunda: la composición transforma un espacio marcado por el trabajo y la explotación en un escenario de afirmación colectiva. La música permite que la comunidad exprese una identidad propia, mientras que la mujer ocupa un lugar de honor dentro de ella.
14. «Piedra de sacrificio»: la voz como herida y herencia
Este es uno de los poemas más densos y ambiciosos del conjunto.
Su imagen inicial resulta especialmente poderosa:
«Esta herida que tengo en el costado izquierdode la memoria»
La herida no se localiza simplemente en el cuerpo. Se encuentra en la memoria, es decir, en el espacio donde se conserva la experiencia individual y colectiva. El pasado sigue sangrando porque todavía forma parte de la identidad del hablante.
La repetición de la imagen de las «mariposas amarillas» convierte el dolor en una visión de extraordinaria belleza. Las mariposas sugieren fragilidad, transformación y movimiento; la sangre, en cambio, representa la violencia y el sufrimiento. La unión de ambas imágenes crea una tensión entre la herida y la posibilidad de transformación poética.
La voz se describe como llegada de África «desnuda y con grilletes». De esta manera, el hablante lírico se identifica simbólicamente con los antepasados esclavizados. No está afirmando que viviera personalmente aquella travesía, sino que asume la memoria de ese acontecimiento como parte de su propio ser.
Más adelante, la voz se convierte en tambor, canto de guerra, llanto, selva, cañaveral y trapiche. Esta acumulación de imágenes expresa una identidad plural, formada por naturaleza, cultura, sufrimiento y resistencia.
El poema termina con una imagen de ruptura: un sonido de cadenas rotas ilumina la historia.
Interpretación profunda: la voz poética deja de ser exclusivamente individual y se transforma en una voz colectiva. El hablante se convierte en depositario simbólico de una memoria que atraviesa continentes y generaciones. La poesía aparece como una forma de transformar el sufrimiento heredado en conciencia histórica.
La «piedra de sacrificio» puede leerse como emblema del costo humano de la historia, pero también como un monumento verbal a quienes fueron privados de reconocimiento.
15. «Sebastián Lemba»: el héroe cimarrón y la libertad conquistada
Este poema introduce una figura histórica de la resistencia negra en Santo Domingo: Sebastián Lemba, asociado a la lucha contra la esclavitud y a la rebelión cimarrona.
La voz poética presenta la ruptura de las cadenas como un acontecimiento que transforma la vida de la comunidad. Las tamboras anuncian la noticia y la música se convierte en celebración de la resistencia.
La frase «las cadenas rompió» posee un significado que va más allá de lo material. Romper las cadenas significa recuperar la autonomía, desafiar el orden impuesto y afirmar que ningún ser humano debe pertenecer a otro.
Hay, sin embargo, un aspecto importante: el verso «y los negros en América / libres ya son» debe entenderse como una proclamación poética de esperanza, no como una descripción literal de la situación histórica de toda la población negra americana.
Interpretación profunda: Lemba encarna el derecho a rebelarse contra la injusticia. El poema rescata al resistente del olvido y lo convierte en una figura de dignidad colectiva. La historia deja de estar protagonizada exclusivamente por conquistadores y gobernantes; también pertenece a quienes lucharon por su libertad.
16. «De África»: del desarraigo al amanecer
En apenas cuatro versos, el poema construye un recorrido simbólico:
«De África a los trapichesde los trapiches a los manielesde los manieles a la aurora»
Cada espacio representa una etapa de una historia colectiva. África es el origen; los trapiches representan la explotación; los manieles evocan los refugios de los cimarrones, y la aurora anuncia una nueva posibilidad de existencia.
El movimiento no es solamente geográfico. Es también histórico y espiritual: desde la pérdida de la libertad hasta la búsqueda de un horizonte propio.
Interpretación profunda: el camino hacia la gloria no significa que el sufrimiento haya sido necesario o justificable. Significa que, a pesar de la violencia, hubo personas que resistieron y conservaron la aspiración de vivir libres. La aurora es la imagen de una dignidad que vuelve a levantarse.
17. «Naos repletas de voces»: la historia que no puede silenciarse
Este poema recupera gran parte de las imágenes de «Hogueras de sangre»: el mar, los barcos, las voces ahogadas, las huellas y las tamboras.
La repetición de estas imágenes en diferentes composiciones crea una especie de memoria recurrente. El lector vuelve una y otra vez al mismo escenario histórico, pero desde distintas perspectivas emocionales.
La expresión «naos repletas de voces» es especialmente reveladora. Los barcos no transportan únicamente cuerpos: transportan voces, historias familiares, lenguas, creencias y formas de entender el mundo.
El texto también presenta una variante respecto de «Hogueras de sangre»: donde aquel poema dice «rotas las cadenas», aquí aparece «rotas las caderas». Esta diferencia cambia el sentido y conviene revisarla en la edición definitiva, pues la primera expresión está vinculada directamente con la liberación, mientras que la segunda produce una imagen corporal distinta.
Interpretación profunda: las voces que parecen ahogadas por la travesía no desaparecen completamente. Regresan en la música, la danza y la poesía. La composición intenta devolverles presencia a quienes fueron reducidos a mercancía durante la trata esclavista.
18. «Estruendo de arcabuces»: la conquista como ruptura de un mundo
El poema está organizado alrededor de una secuencia dramática. Primero irrumpe el sonido de los arcabuces; después aparecen el mar, los cadáveres, la huida, los guerreros, las víctimas y, finalmente, una embarcación que se aleja.
El primer verso contiene una imagen esencial:
«perfora las paredes del tiempo»
El estruendo no se limita a una escena del pasado. Penetra en el presente de la memoria. El tiempo histórico parece tener paredes que la violencia atraviesa para hacerse visible ante las generaciones posteriores.
La oposición entre noche y amanecer también es significativa. La noche concentra el miedo, la persecución y la muerte. El amanecer, sin embargo, no significa que la tragedia haya terminado: la embarcación se aleja sobre un océano de sangre.
Interpretación profunda: el poema presenta la conquista y la esclavización como acontecimientos que alteraron radicalmente la vida de pueblos enteros. El pasado irrumpe en la conciencia del hablante y exige ser recordado. El amanecer final no ofrece una reconciliación fácil, sino la continuación de una historia cuyo dolor todavía debe ser reconocido.
19. «Un lirio roto»: la belleza herida por la historia
El lirio suele asociarse con la pureza, la belleza y la delicadeza. Al aparecer roto, se convierte en una imagen de inocencia destruida.
El poema combina pájaros agonizantes, una embarcación anclada en la memoria, un cañaveral de sombras y una luna que solloza. La naturaleza parece compartir el sufrimiento humano.
La aparición de un unicornio moribundo añade una dimensión fantástica. El unicornio puede interpretarse como símbolo de una belleza extraordinaria amenazada por la violencia. Su agonía prolonga la imagen del lirio roto.
No obstante, el final recupera las cadenas rotas y el camino de la gloria y el sacrificio. La destrucción no anula por completo la posibilidad de resistencia.
Interpretación profunda: el poema expresa la pérdida de la inocencia histórica y cultural. Sin embargo, también sugiere que la memoria puede conservar aquello que la violencia pretendió destruir. La belleza sobrevive transformada en testimonio.
20. «Evidencia»: la memoria familiar como prueba de identidad
Este poema tiene una importancia especial porque acerca la historia colectiva a la experiencia personal.
El hablante declara que lleva una maleta repleta de recuerdos, nombres olvidados y muertos que solo él recuerda. La maleta funciona como símbolo de un equipaje interior: el conjunto de experiencias, pérdidas y herencias que una persona lleva consigo a través de la vida.
La imagen de tocar «los huesos de mi viejo linaje» expresa el deseo de establecer contacto con los antepasados. Los huesos representan aquello que queda después de la muerte, pero también la prueba material de una existencia.
El poema culmina con África convertida en «una lágrima entre mis ojos». El continente aparece simultáneamente como origen, ausencia y emoción.
Interpretación profunda: la identidad se construye mediante los recuerdos personales, pero también a través de las historias que una familia conserva y transmite. El hablante intenta recuperar a los muertos anónimos y reconocerlos como parte de su genealogía.
El título, «Evidencia», sugiere que la memoria no es una abstracción: se manifiesta en los afectos, los recuerdos y la conciencia de pertenecer a una historia anterior al nacimiento individual.
21. «Ciguapa dormida en el viento»: la madre, la tierra y la herencia ancestral
Este poema se diferencia de los anteriores porque su destinataria es explícitamente la madre. La voz poética desea colocar sobre su frente «una corona de flores y estrellas», gesto que expresa amor, gratitud y reconocimiento.
La ciguapa, figura legendaria del imaginario dominicano, introduce una dimensión de identidad local. Asociada en el poema con los flamboyanes, la lluvia, el bosque y la luna, la figura materna adquiere rasgos míticos y naturales.
La madre no aparece solamente como quien dio a luz al hablante. Es también la mujer que le transmitió fortaleza y ternura, y que hizo posible su entrada en el mundo.
Pero el poema introduce una transición fundamental: el nacimiento del hijo está vinculado con la misión de dar testimonio del sufrimiento de sus antepasados.
El hablante afirma que nació para contemplar el horror y testimoniar la pena ancestral de quienes fueron esclavizados en las plantaciones.
Interpretación profunda: la maternidad se convierte en un puente entre generaciones. La madre transmite la vida; el hijo recibe esa vida y asume la responsabilidad de recordar. La poesía nace, simbólicamente, de esa doble herencia: el amor materno y el dolor histórico.
La dedicatoria «A mi madre Consuelo Acevedo» confirma la dimensión personal de la composición y su arraigo en una memoria familiar concreta.
22. «Un negro llamado Lemba»: la resistencia frente a la conquista
Este poema reúne la violencia colonial, la experiencia de los taínos y la persecución de un hombre identificado por su nombre: Lemba.
La composición comienza con la llegada de hombres movidos por la codicia y la sangre. Frente a ellos aparecen los taínos, descritos como «petrificados en el ámbar de la tarde».
El ámbar puede sugerir la conservación de una imagen en el tiempo. Los habitantes originarios parecen quedar inmovilizados en una historia que los transforma en víctimas, mientras que la figura de Lemba introduce una nueva dirección narrativa: la resistencia.
El nombre propio adquiere importancia porque individualiza al personaje. En un conjunto donde abundan las voces anónimas y los muertos innombrables, nombrar a Lemba constituye un acto de recuperación histórica.
Interpretación profunda: el poema propone una historia de enfrentamientos, pérdidas y resistencia. Al recuperar el nombre de un rebelde, devuelve protagonismo a quienes desafiaron el poder colonial y la esclavitud.
23. «Ouidah»: del puerto de la esclavitud a la esperanza cimarrona
Ouidah remite a un importante puerto histórico de la trata transatlántica, situado en el actual Benín. Su presencia en el poema amplía la geografía de la memoria: el sufrimiento caribeño queda conectado con los territorios africanos desde los que fueron deportadas numerosas personas esclavizadas.
El poema presenta una ruta de dolor, una población empujada hacia el cañaveral y unos sueños que se derriten bajo el sol. Pero el canto continúa resonando en los tambores.
La composición avanza hacia imágenes de huida: el quilombo, el maniel y el palenque. Estos espacios simbolizan distintas experiencias históricas de refugio, autonomía y resistencia de comunidades de personas esclavizadas que escaparon de sus captores.
El cierre, con los cimarrones preparándose «para tomar por asalto la aurora», vuelve a relacionar la libertad con el amanecer.
Interpretación profunda: el poema reconstruye un trayecto que va desde la captura y el desarraigo hasta la búsqueda de autonomía. La historia no termina en el barco ni en la plantación: continúa en la resistencia de quienes se negaron a aceptar la esclavitud.
24. «Huye conmigo»: la fuga como proyecto de libertad
Este poema adopta una voz directa que se dirige a un hermano. La invitación a huir al monte crea una situación de urgencia, pero también de solidaridad.
Los colores del paisaje —amarillo del camino, verde de las hojas y azul del cielo— construyen un espacio natural que contrasta con la violencia de la plantación.
El monte no es simplemente un refugio geográfico. Representa la posibilidad de vivir fuera del control del amo y recuperar el derecho a decidir sobre la propia existencia.
La recomendación de no encender fuego porque su resplandor podría delatar a los fugitivos revela el peligro concreto de la huida. La libertad aparece como una esperanza que exige cuidado, cooperación y sacrificio.
Interpretación profunda: el poema presenta la resistencia como una acción colectiva. El hablante no busca liberarse en solitario, sino que invita a su hermano a compartir el riesgo y la esperanza. La fraternidad se convierte en una herramienta de supervivencia frente al poder esclavista.
25. «Guerrero de ébano»: el precio de la rebelión
El poema tiene dos partes. La primera describe la persecución de los guerreros negros que se negaron a entregar las armas en Bahoruco. La segunda presenta la decapitación de Lemba y la derrota final de una comunidad.
El «ébano» evoca la negritud, la fortaleza y la nobleza. El guerrero aparece rodeado de un paisaje de sangre, bosque y montañas que funciona como escenario de resistencia.
La segunda parte introduce una imagen especialmente dura: la cabeza de Lemba, colocada en la puerta de la ciudad amurallada, se convierte en un trofeo de la ignominia.
La palabra ignominia expresa la degradación moral de quienes convierten la muerte de un adversario en espectáculo de poder. La victoria militar no equivale necesariamente a una victoria ética.
El poema concluye con la imagen de los últimos integrantes de una comunidad que se diluyen en el tiempo.
Interpretación profunda: el texto aborda el precio de la rebelión y la fragilidad de la memoria histórica. El resistente puede ser derrotado físicamente, pero la evocación poética de su lucha impide que su muerte quede reducida al trofeo de sus verdugos. La poesía devuelve dignidad al derrotado y cuestiona la moral de quienes vencieron.
26. «Mi origen»: la culminación autobiográfica y ancestral
Este poema ocupa un lugar central porque reúne los grandes temas del conjunto y los expresa desde una voz íntima.
Comienza con la nostalgia de un origen perdido en África. El hablante no describe la pérdida como un hecho exclusivamente histórico: la presenta como una herida que continúa actuando en el presente.
La metáfora del «látigo de sal» une dos elementos del universo poético: el castigo y el mar. La sal puede recordar el océano, las lágrimas y la aspereza del sufrimiento. La memoria se convierte en una herida que vuelve a sangrar.
Uno de los pasajes más significativos afirma que el hablante se ha resignado a morir en una tierra «tan ajena y tan mía». Esta paradoja expresa la complejidad de la identidad diaspórica: América es la tierra de pertenencia, pero África continúa siendo el origen perdido.
La referencia al ADN introduce una imagen contemporánea de la continuidad ancestral. La historia de un individuo comienza mucho antes de su nacimiento; el cuerpo lleva una genealogía que lo conecta con personas, territorios y acontecimientos que no conoció directamente.
La aparición de la abuela Mamá Tita es decisiva. Su mirada vincula la historia africana con la memoria familiar dominicana. El pasado deja de ser una narración distante y se convierte en una herencia transmitida entre generaciones.
El poema concluye recordando que, pese al látigo y el sudor, las tamboras siguieron multiplicando el canto durante las noches.
Interpretación profunda: «Mi origen» presenta la identidad como una combinación de memoria ancestral, experiencia personal y pertenencia cultural. El hablante no puede regresar físicamente al lugar originario de sus antepasados, pero puede reconstruir su relación con él mediante la escritura.
La poesía se convierte así en un viaje de regreso simbólico. No devuelve al hablante a la aldea perdida, pero le permite reconocer el origen, nombrar a los antepasados y transformar el dolor heredado en testimonio.
Este poema resume la búsqueda fundamental de la obra: comprender quiénes somos exige recordar de dónde venimos y reconocer las historias que hicieron posible nuestra existencia.
III. Los grandes símbolos que unen estos poemas
El mar y los barcos
Representan el desarraigo, la separación de África, la travesía forzada y la muerte. El océano es una frontera histórica que divide territorios, pero también une simbólicamente el origen africano con la experiencia americana.
El cañaveral y el trapiche
Simbolizan la riqueza producida mediante el trabajo explotado. La dulzura del azúcar contrasta con la sangre y el sufrimiento que aparecen asociados a su producción.
La tambora y el canto
Son emblemas de continuidad cultural, memoria oral y resistencia. Allí donde la historia oficial puede silenciar nombres, la música conserva una experiencia compartida.
La aurora y la luz
Representan la esperanza, la liberación y la posibilidad de construir una vida nueva. No eliminan el dolor del pasado, pero abren un horizonte que no queda dominado por él.
IV. El lenguaje y los recursos literarios
El estilo de Domingo Acevedo, en estos poemas, se caracteriza por la intensidad visual, las metáforas de gran carga emocional y una estructura basada frecuentemente en versos libres.
Recurso | Función en los poemas |
|---|---|
Metáfora | Convierte el dolor histórico en imágenes como «cañaveral de sangre» y «pergamino de lágrimas». |
Personificación | Hace que el tiempo, la noche, la luna y el paisaje parezcan participar del sufrimiento humano. |
Repetición | Refuerza ideas centrales, como la memoria, África, la tambora y la libertad. |
Enumeración | Acumula imágenes de violencia y resistencia, creando intensidad y ritmo. |
Contraste | Enfrenta dulzura y amargura, belleza y horror, cadenas y libertad. |
Símbolos naturales | El lirio, la mariposa, el río y la aurora expresan pérdida, continuidad y esperanza. |
Una característica importante es la acumulación de imágenes. En algunos poemas, la sucesión de metáforas produce una sensación de intensidad casi visionaria. El lector no recibe una narración lineal de los acontecimientos, sino una serie de escenas que reconstruyen emocionalmente la experiencia histórica.
Esta elección tiene una ventaja: comunica el carácter traumático y fragmentario de la memoria. También presenta un desafío: cuando las imágenes se acumulan sin suficientes pausas o transiciones, pueden competir entre sí y reducir la claridad del poema. Una revisión editorial podría fortalecer algunos textos conservando su voz y su fuerza imaginativa.
V. La concepción de la historia en esta poesía
La obra plantea una cuestión fundamental: ¿quién tiene derecho a contar la historia?
En estos poemas, la historia no pertenece exclusivamente a los conquistadores, los amos o los documentos oficiales. También pertenece a los esclavizados, los cimarrones, las mujeres, los trabajadores y los descendientes que conservan la memoria de sus antepasados.
Hay tres formas de recuperar esa historia:
Nombrar a los olvidados. La evocación de Lemba, Mamá Tita y otros integrantes de la memoria familiar devuelve individualidad a quienes podrían quedar reducidos a cifras anónimas.
Reconocer la cultura como testimonio. La tambora, la danza y el canto conservan experiencias que no siempre aparecen en los relatos históricos convencionales.
Conectar el pasado con el presente. La relación entre el látigo y el salario invita a examinar las continuidades y transformaciones de la explotación, sin confundir contextos históricos distintos.
La poesía no sustituye la investigación histórica, pero puede revelar dimensiones humanas que los datos por sí solos no transmiten: el desarraigo, la tristeza, la dignidad, la esperanza y la necesidad de pertenecer.
VI. Valoración crítica de la obra
La principal fortaleza de este conjunto es su unidad temática. Los poemas dialogan entre sí y construyen una memoria poética de la experiencia africana en el Caribe. La reiteración de símbolos como el mar, la sangre, el cañaveral y la tambora genera cohesión.
También destaca la transformación de la voz individual en voz colectiva. El hablante recuerda experiencias anteriores a su nacimiento y asume la responsabilidad de transmitirlas. Este procedimiento da a la obra una dimensión testimonial y generacional.
Otra fortaleza es el contraste entre imágenes de horror e imágenes de belleza. Los lirios, las mariposas, la luz y la aurora evitan que la obra quede limitada a la representación de la violencia. La esperanza aparece como una forma de resistencia.
Entre los aspectos que podrían fortalecerse editorialmente se encuentran:
La revisión de algunas expresiones cuya sintaxis dificulta la comprensión.
La selección de imágenes para evitar que ciertas metáforas se repitan sin aportar un significado nuevo.
La diferenciación más marcada entre poemas que comparten estructuras y motivos.
La corrección de erratas y posibles inconsistencias del documento, preservando la intención original del autor.
Estas observaciones no disminuyen la importancia de los temas tratados. Señalan posibilidades para que la expresión literaria alcance mayor precisión y que cada imagen conserve toda su fuerza.
VII. Conclusión general
La poesía de Domingo Acevedo, tal como aparece en este conjunto, es una poesía de memoria, identidad y resistencia. Su preocupación principal no es solamente recordar la esclavitud, sino examinar cómo aquella historia continúa formando parte de la identidad de los pueblos afroantillanos.
África aparece como origen y ausencia; América, como tierra de pertenencia y escenario de una historia dolorosa; la tambora, como memoria viva; y la libertad, como horizonte que las generaciones heredan y reconstruyen.
El poeta convierte la memoria familiar en memoria colectiva y utiliza la palabra como instrumento de reconocimiento. Sus poemas reclaman un lugar para las voces anónimas, los muertos sin nombre y quienes lucharon para conservar su dignidad.
En definitiva, el mensaje más profundo de esta obra puede formularse así: ningún pueblo puede comprender plenamente su presente si renuncia a recordar a quienes lo precedieron. La memoria ancestral no tiene por qué ser una condena al pasado; puede convertirse en una fuente de identidad, conciencia y esperanza.
La poesía, en este sentido, hace algo esencial: transforma el silencio en voz y el olvido en testimonio.
Domingo Acevedo, estos textos permiten apreciar una línea poética definida: la recuperación de la memoria africana, su continuidad en el Caribe y la dignidad de quienes resistieron la esclavitud. El conjunto también invita a una lectura más amplia de su obra, atendiendo a la relación entre la historia dominicana, la experiencia afroantillana y la memoria íntima de la familia.
Capitulo II
Barcos negreros
En su itinerario de horror
barcos negreros vomitan cadáveres
en una mar de topacio
anidan en un en el viento voces
quebradas por el látigo
trapiche oxidado por un dolor ancestral
areito fúnebre
batey desolado
alivion sangriento
sudor que al tocar la tierra se
convierte en sangre
miradas de sal derretidas por el sol
cadenas que atan la quimera al canto de
las luciernagas
fantasmas que todas las noches lloran
junto al camino del luto y la gloria
cruces clavadas en el utero de la inocencia
corazas plateadas en donde se ense;orea
la muerte
jadeos
ojos azorados
cuerpos desnudos y sudorosos
pies descalzos alejandose presurosos
hacia la espesura del tiempo
pechos devorados por un rayo carnívoro
grito diluido en la memoria
de una raza que se extinguio en su
heroismo
llora el tiempo en el pecho
de la noche que el tiempo enlutece
isla
perdida en la ruta del sol
antigua y ambigua
ubicada en un cateto de azucar y sangre
puerta de jade por donde penetraron
los caballos apocalipticos a perforar
con sus arcabuces la tierna inocencia de
los tainos
Trampa ancestral.
Pedazos de luna derritiendo entre los espejos de las madrugadas
espada vencida por la gloria
relámpago anfibio
torbellino de luz
tres naves carnívoras navegando entre la bruma de agosto
hacia las luces y las sombras de octubre
boca llena de una luz mineral
sonidos de tamboras en la voz destemplada del viento
trapiche desolado
cañaveral ensangrentado por un sonido de cadenas rotas
danza victoriosa
litoral de cenizas
trampa ancestral
lágrimas de cera en los ojos de la quimera
y más allá del resplandor amarillo de las olas que iluminan el amanecer
cadáveres mutilados chorrean sangre sobre los pergaminos de la historia
y junto al camino del ocaso
un lirio resplandece
Negra Antillana
I
Negra Antillana
en tu sangre llevas el ritmo tropical
del Caribe imperial
reina del mar y los caracoles
reina del amor y la ternura
reina de la melaza y del guarapo
II
Negra majestuosa
alegre y sensual
amo tu piel color aceituna
de la que te sientes orgullosa
porque sabes que es hermosa
de África una flor en la distancia
III
Negra dulce y encantadora
deidad que aún suspira
en el dolor de la historia
que los esclavos escribieron
con su sangre en América
IV
Deidad que habita en las noches
alegres de los bateyes
y vive en los cañaverales
y en los cafetales en flor
V
Y permanece en los días
Interminables de las zafras
donde tu presencia dulcifica
la vida de los hombres
que hacen del duro trabajo
una canción de amor
VI
Negra antillana
simple
inmensa
esencia de siglos
sueños de atabales
ritmo de tambores
es amargo nuestro azúcar
pero dulces tus labios que anhelo
África
África
te llevamos dentro de nosotros
donde corres impetuosa
como un río que infla
nuestras venas de orgullo
II
Lates en nuestros corazones
como un tambor
que enciende nuestra sangre
de ritmo y pasión
III
África
tan lejos y tan cerca
como el horizonte
de una primavera tropical
IV
Oscura y dulce como el azúcar crema
V
Liviana y simple como una mariposa
VI
Alegre y tierna como una doncella
enamorada por primera vez
VII
África
aquí en nosotros
tú vives en América
Trópico de fuego
Trópico de fuego
cañaveral de sangre
ingenios oxidados por el dolor
senderos perdidos en la memoria
hombres tendidos al sol
con el alma encadenada
a los sueños
y más allá de la angustia púrpura
del látigo en la espalda
la libertad es un canto
Un sendero de sangre
Ay negro
cuando quisiste ser libre
nadie pudo detenerte
por un sendero de sangre
tus huellas van tras
la alborada
Pergamino de lágrimas
Mi voz dibuja en un pergamino de lágrimas
un lejano horizonte de caña y sangre
en donde el tiempo acumula
en un rincón de mi alma
voces quebradas por el látigo
Hogueras de sangre
Largos caminos de viento y de sal
naos repletas de voces
que se ahogan en la noche
rastro infinito de cadáveres en el mar
raíces sembradas en el viento
miradas aplastadas
bajo los escombros rojizos de la tarde
huellas congeladas en la memoria
hogueras de sangre iluminan en el cielo
pasos que se pierden en un siglo
de luces y sombras
trapiches olvidados junto al sendero
de un trópico lejano
tamboras
maracas
danza
sudor
rotas las cadenas
no puede el látigo
huérfano de toda humanidad
acallar el canto
que brota del cañaveral
Tu historia
Es la tambora
la única que sabe tu historia
no es el látigo
que en tu espalda
levanta surtidores de sangre
en tu piel
no es el sol que derrite
tus sueños
ni es el amo
ay negro
es la tambora
la que en cada sonido
cuenta tu historia
El látigo
Del látigo al salario
tu historia
siempre ha sido la misma
negro
la vida por nada
en el trabajo dejas
Negro
Negro
no olvides que vienes de África
que con tu sangre en América
también se escribe la historia
Negra
I
Negra
ven a los brazos del negro
que la noche es breve
II
Ven
que el amo duerme
III
Ven
que el amor te libera
La reina
Negra
que habitas en el ritmo
de los atabales
que gritan tu procedencia
cuando en las noches
bajo las ceibas florecidas
de estrellas
las manos sudorosas de los hombres
despedazan a ritmo
los cueros de las tamboras
para que tú
coronada de ilusiones
seas la reina del batey
Piedra de sacrificio
Esta herida que tengo en el costado izquierdo
de la memoria
no deja de sangrar mariposas amarillas
en mi voz
mi voz que llegó de África a este continente
desnuda y con grilletes
en una carabela que iba vomitando cadáveres
por los mares sin retornos del tiempo perdido
dejando en los salones memorables de la noche
un cementerio de muertos innombrables
que permanecen intactos en las urnas funerarias
del viento
esta herida que tengo en el costado izquierdo
de la memoria
no deja de sangrar mariposas amarillas
en mi voz
en mi voz de tambor ancestral
que ilumina con su canto
los azules rincones del agua
eco luminoso
manantial de luz que brota
de las heridas del tiempo
piedra de sacrificio
raíz de árbol sagrado
hoja petrificada tras el ambarino cristal
del otoño
cuchillo de sal que hiere la eternidad
canto de guerra
alarido de muerte
mi voz
llanto de sirena en un océano envenenado
de cadáveres fosforescentes
lluvia de caracoles dormidos en el alma
ala de guaraguao
nido de aves fantásticas
sonido de selva tropical
mi voz de cañaveral y trapiche
de guarapo y melaza
de algodón ensangrentado de sudor
y espanto
mi voz
por el sendero que une a los dos continentes
un sonido de cadenas rotas ilumina la historia
El amor te libera
I
Negra
ven a los brazos del negro
que la noche es breve
II
Ven
que el amo duerme
III
Ven
que el amor te libera
Sebastián Lemba
Ven aquí negra mía
y deja que la luna
de seda y ternura
te vista la piel
vamos
que en los manieles
repican las tamboras
anuncian que Sebastián Lemba
las cadenas rompió
y los negros en América
libres ya son
De África
De África a los trapiches
de los trapiches a los manieles
de los manieles a la aurora
venturoso es el camino
que lleva negro a la gloria
Naos repletas de voces
Largos caminos de viento y de sal
naos repletas de voces
que se ahogan en la noche
rastro infinito de cadáveres en el mar
raíces sembradas en el viento
miradas aplastadas
bajo los escombros rojizos de la tarde
huellas congeladas en la memoria
hogueras de sangre iluminan en el cielo
pasos que se pierden en un siglo
de luces y sombras
trapiches olvidados junto al sendero
de un trópico lejano
tamboras
maracas
danza
sudor
rotas las caderas
no puede el látigo
huérfano de toda humanidad
acallar el canto
que brota del cañaveral.
Estruendo de arcabuces
Un estruendo de arcabuces
perfora las paredes del tiempo
anochece
el mar salpica de cadáveres
los azules rincones de la distancia
arde la noche
en la memoria
pasos desnudos huyen
y un galope desenfrenado de caballos
acorrala en la oscuridad
los gritos y las voces de los guerreros
que con su sangre iluminan el camino
de la esperanza
inerte la carne
mudas las tamboras
en un escenario dispuesto
para el horror
una hilera de hombres y mujeres vencidos
miran azorados a sus verdugos
y al compás de la muerte
el látigo y las cadenas
danzan
amanece
por un océano de sangre
una embarcación se aleja
Un lirio roto
Un lirio roto
un enjambre de pájaros agonizantes
en los balcones del horizonte
una embarcación anclada en la memoria del olvido
repleta de gritos que salpican la historia de sangre
un cañaveral
en donde en un trapiche
de sombras
se cuece el dolor
una tambora que repica en las noches claras del verano
bajo una luna de jade
que en un cielo cuajado de sangre solloza
un unicornio moribundo
junto al sendero de la alborada
donde un relámpago de cadenas rotas
deja en el viento
un murmullo de huellas
que se alejan por el camino de la gloria
y el sacrificio
hacia la eternidad
Evidencia
Yo que transito en el tiempo recolectando estrellas
tengo la maleta repleta de recuerdos
de nombres viejos y olvidados
de muertos ignorados de mi infancia
que solo yo recuerdo
cuando rebusco entre las cenizas del olvido
y mis manos tocan con ternura
los huesos de mi viejo linaje
y en mi memoria se encienden
milenarias hogueras
y en mi pecho un tambor late
y África como una evidencia
es una lágrima entre mis ojos
cuando miro el camino real
que se pierde más allá del horizonte
Ciguapa
dormida en el viento
He ido recolectando mis palabras
a través del tiempo
para poner en tu frente
madre
una corona de flores y estrellas
ciguapa que habita a la sombra de los flamboyanes
dormidos en el viento
cuyos pasos se pierden en las noches
queriendo alcanzar la luna
hija de la lluvia
y el bosque
heredera de los amaneceres
y el rocío
mujer que me llevo
durante nueve meses
en su vientre
alimentándome de su fortaleza
y su ternura
y con dolor
un día profético de noviembre
antes del amanecer
de una nueva década
me trajo al mundo
para que pudiera ver con mis ojos
el horror
y pudiera testimoniar con mis palabras
la pena ancestral de nuestros abuelos
esclavizados en las plantaciones
de algodón y caña
en donde a pesar de la crueldad del amo
en las noches
las tamboras repican libertad
y anuncian en secreto
la huida de los esclavos al quilombo
A
mi madre Consuelo Acevedo.
Un negro llamado Lemba
Hombres que
emergen del mar
con las
miradas enfermas de codicia y sangre
levantando
entre sus manos un estandarte de luto
tainos
petrificados en el ámbar de la tarde
dos razas
heridas en su inocencia
por la espada
y la cruz
rastros de
sal y sangre que se bifurca en el tiempo
que se pierde
en el follaje de la tarde
pergaminos de
lágrimas que humedecen los sentidos
tamboras que
repican en las noches claras del adviento
y por el
camino ensombrecido del medio día
jinetes
acorazados van tras las huellas
de un negro
llamado Lemba
Hay un rastro reciente de cadáveres en el mar
atlántica ruta de dolor
que deja en la playa huellas de sal y sangre
muchedumbre acorralada por el látigo
empujada por el amo al cañaveral
donde bajo un sol de fuego
día a día
se derriten sus sueños
en un canto
que evoca la gloria perdida
del esclavo
que muere lejos de la tierra que lo vio nacer
encadenada la voz
en las noches lejanas
las palabras retumban en los tambores
grito de libertad que el amo no puede acallar
que en los trapiches rompe cadenas
tropel de sombras que en el amanecer
aletea hacia la libertad del quilombo
donde se recomponen los sueños
en un maniel esperanza
mientras en el palenque
los cimarrones se preparan
para tomar por asalto la aurora
Huye
conmigo
Ven al monte
Hermano
Huye conmigo
Que allí
Entre el Amarillo del camino
El verde de las hojas
Y el azul del cielo
Es donde somos invisbles a la maldad del amo
Que sin compasion
En la plantacion
Nos mata
Ven con tus suenos a dormir bajo la luna
Que ella generosa
Con su ternura nos arropa
No enciendas el fuego
Que su resplandor nos delata
Ya manana el sol su luz nos dara
Y nosotros
por fin
Sobre la esclavitud
Habremos triunfado
Guerrero de ébano
I
Las huellas
heridas de un centauro
Se pierden
entre la espesura del bosque
dejando un
rastro de sangre en la mirada azorada de sol
qué triste se
esconde detrás las montañas
que sirven de
escondrijo a la muerte
que se enseñorea
en su trono púrpura
y cabalga
implacable contra los guerreros de ébano
que en
Bahoruco
se negaron a
deponer las armas
y siguieron el
rumbo inexorable de la historia
II
DecapitadoLemba
su cabeza en
la puerta de la ciudad amurallada
es un trofeo a
la ignominia
mientras el
último cacique
vencedor
póstumo de su raza
acongojado y
solo
recostado en
sus recuerdos
termina sus
días en el delirio de su traición
mirando con
pena
cómo los
últimos remanentes de su tribu
se diluyen en
el tiempo
Mi origen
La tarde recrea ante mis ojos la nostalgia de mi origen perdido en
África.
La tristeza de estos largos años de exilio en que hemos perdido
nuestra identidad, hace florecer entre mis ojos lirios de agua.
La pena acumulada durante estos siglos de huir a ningún lado golpea mi
memoria como un látigo de sal que abre viejas heridas que vuelven a sangrar
bajo el sol púrpura de nuestro ocaso. Tantos años de olvido han dejando
en mi boca el agrio sabor de la ausencia
África es en mi corazón la ilusión más dulce, sé que ya no
volveré al acrisolado mundo de mis sueños, me he resignado a morir en
esta tierra tan ajena y tan mía, pero mi vida sigue allá, en la aldea de
donde una noche mi ADN sin querer, empezó a viajar en un cuerpo
desconocido hacia una isla perdida en el mar Caribe.
Quinientos años después, la mirada triste de la abuela Mamá Tita, me
despierta en medio del estruendo de los arcabuces y los gritos de
los hombres que defendían a los suyos, hasta terminar atados
a la codicia de los cazadores de esclavos que contra el reflejo de la
aldea incendiada los conducían por un sendero de horror hasta una
embarcación anclada en un océano de cadáveres, emprendiendo un viaje sin
retorno hacia el dolor.
Yo apenas era menos que un sentimiento perdido en la memoria de alguien que
aún no había nacido, pero ya llevaba sobre mis hombros el peso de una
historia de látigo y sudor, donde la vida nunca dejó de ser un canto que en las
noches, se multiplicaba en la voz alegre de las tamboras.
Domingo Acevedo.