jueves, agosto 13, 2026

La indepencia de Estados Unidos y la esclavitud.




La relación entre la guerra de independencia de los Estados Unidos (1775-1783) y la institución de la esclavitud es una de las mayores contradicciones de la historia moderna: mientras las trece colonias luchaban bajo el lema de la libertad, la igualdad y los derechos inalienables frente a la Corona británica, casi el 20% de la población colonial vivía en situación de esclavitud.

1. La paradoja de los "Padres Fundadores"

Muchos de los principales líderes e ideólogos del movimiento independentista eran a la vez fervientes defensores de la libertad política y poseedores de esclavos:

  • George Washington: Comandante del Ejército Continental y primer presidente, poseía cientos de personas esclavizadas en su finca de Mount Vernon.

  • Thomas Jefferson: Autor principal de la Declaración de Independencia (1776), redactó la famosa frase: "Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales...". Sin embargo, a lo largo de su vida mantuvo en cautiverio a más de 600 personas en Mount Vernon y Monticello.

  • James Madison: Considerado el "Padre de la Constitución", también dependía económicamente del trabajo forzado en sus plantaciones de Virginia.

El dilema moral y económico

Para las élites del Sur (Virginia, Las Carolinas, Georgia), la esclavitud no solo era un motor económico esencial basado en la agricultura (tabaco, arroz, añil y más tarde algodón), sino también una propiedad privada protegida. Los líderes del Sur argumentaban que defender el "derecho a la propiedad" contra la injerencia británica incluía, paradójicamente, el derecho a poseer personas.

2. La borradura del pasaje contra la esclavitud en la Declaración

En el borrador original de la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson incluyó un duro pasaje donde acusaba al rey Jorge III de Gran Bretaña de haber impuesto el tráfico de esclavos africanos en las colonias, calificándolo como una "guerra cruel contra la propia naturaleza humana".

Sin embargo, durante los debates del Congreso Continental, este fragmento fue eliminado por completo debido a la firme oposición de los delegados de Georgia y Carolina del Sur, así como de los comerciantes del Norte que se beneficiaban del comercio triangular. Para lograr la unidad política necesaria contra Inglaterra, los independentistas prefirieron sacrificar la discusión sobre la abolición.

3. El factor británico: La Proclama Dunmore (1775)

La postura de los independentistas hacia la población afrodescendiente también estuvo condicionada por la estrategia militar británica:

  • En 1775, Lord Dunmore, gobernador real de Virginia, emitió una proclama ofreciendo la libertad a cualquier persona esclavizada que huyera de sus amos rebeldes y se uniera a las fuerzas británicas (formando el Ethiopian Regiment).

  • Esta medida aterrorizó a los hacendados patriotas del Sur y empujó a muchos colonos indecisos a sumarse a la causa independentista para proteger su régimen esclavista.

  • Estimaciones históricas sugieren que decenas de miles de personas esclavizadas aprovecharon el caos de la guerra para escapar, alineándose en su mayoría con el bando británico en busca de su emancipación.

4. Participación de afrodescendientes en el Ejército Continental

A pesar de las dudas iniciales de Washington sobre armar a hombres negros, la escasez de tropas obligó al Ejército Continental a reclutar tanto a hombres libres como a personas esclavizadas (a quienes en algunos casos se les prometió la libertad al finalizar el conflicto).

  • Se calcula que alrededor de 5,000 afrodescendientes lucharon del lado independentista.

  • Regimientos destacados como el 1st Rhode Island Regiment contaron con una importante presencia de soldados negros e indígenas, demostrando un valor decisivo en batallas clave.

5. La Constitución de 1787 y la consolidación legal

Cuando la nueva nación redactó su Constitución en Filadelfia (1787), la esclavitud no fue abolida; al contrario, quedó blindada mediante compromisos políticos pragmáticos:

  • La Cláusula de los Tres Quintos ($3/5$): Se acordó que cada persona esclavizada contaría como tres quintas partes de una persona libre a efectos de representación política en el Congreso y de impuestos. Esto otorgó a los estados sureños un poder político desproporcionado durante décadas.

  • Protección del comercio de esclavos: Se prohibió al Congreso federal vetar la importación de personas esclavizadas hasta el año 1808.

  • Cláusula del esclavo fugitivo: Requería la devolución de las personas cautivas que escaparan a estados donde la esclavitud ya hubiese sido abolida.

6. Las dos dinámicas resultantes tras la independencia

La Revolución Norteamericana tuvo un impacto contradictorio a nivel territorial:

  1. En el Norte: Las ideas de libertad inspiraron las primeras leyes de abolición gradual (Pensilvania en 1780, Massachusetts en 1783, Vermont, Nueva York, etc.).

  2. En el Sur: La independencia consolidó y fortaleció la estructura de las plantaciones. La posterior invención de la desmotadora de algodón en 1793 expandió masivamente la esclavitud, sembrando las contradicciones profundas que terminarían desencadenando la Guerra Civil Estadounidense (1861-1865) ocho décadas después.

“El señor de Oxford que eligió el monte”: la vida, lucha y eterno descanso de John Palmer entre los wichí




“El señor de Oxford que eligió el monte”: la vida, lucha y eterno descanso de John Palmer entre los wichí

Dejó atrás los privilegios de la academia europea para convertirse en un hermano más del Chaco salteño. Defendió el territorio frente a las topadoras, tradujo la incomprensión de la justicia criolla y formó una familia trilingüe en el corazón de las comunidades originarias. Hoy, su cuerpo descansa bajo la misma tierra que protegió.
A finales de la década de 1970, el destino parecía trazado con letras de molde para un joven y brillante estudiante británico. Formado en las aulas de la prestigiosa Universidad de Oxford, John Palmer tenía ante sí el camino pavimentado hacia el éxito académico internacional, las conferencias europeas y el confort de la élite intelectual. Sin embargo, un llamado invisible —el de la incertidumbre, el de lo desconocido y, fundamentalmente, el de la justicia humana— cambió el rumbo de su historia para siempre.
En 1978, Palmer desembarcó en el Chaco salteño para realizar el trabajo de campo de su tesis doctoral. Lo que debió ser una estancia temporal de investigación antropológica se transformó en un viaje de ida sin retorno. Conmovido por la realidad, la desposesión y la profunda riqueza espiritual de los pueblos originarios, decidió dejarlo todo. Se despojó de los trajes occidentales, del prestigio heredado y de las comodidades del primer mundo para fundirse en la espesura del monte y nacer de nuevo como un wichí más.
El nacimiento de un lazo inquebrantable Palmer no fue el clásico científico que observa la realidad desde la distancia de una libreta de notas. Él entendió que para comprender la cosmovisión de la comunidad Hoktek T’oi (Lapacho Mocho), cerca de Tartagal, debía habitar su misma intemperie. Su tesis doctoral, titulada "La buena voluntad wichí: una espiritualidad indígena", no fue un simple requisito académico; fue su declaración de principios y el mapa de su nueva vida.
En el monte encontró el amor y formó su hogar junto a Tojueia, una mujer wichí. Juntos criaron a seis hijos en una casa donde las fronteras de los mundos se diluían de forma natural: allí se hablaba con fluidez inglés, wichí y castellano. John se convirtió en un puente viviente entre la Inglaterra victoriana de sus ancestros y la resistencia ancestral de los habitantes legítimos del Gran Chaco. Para sus vecinos y hermanos de la comunidad, dejó de ser el "gringo" o el "etnógrafo" para convertirse en un miembro pleno, alguien que compartía el agua escasa, el calor agobiante y la mesa comunitaria.
El abogado del monte y el choque de dos mundos Una de las facetas más heroicas y desgarradoras de la vida de Palmer fue su rol voluntario como asesor legal y traductor cultural de los wichí ante la justicia formal de la provincia de Salta. El antropólogo se topó con un sistema judicial ciego y sordo a las realidades indígenas, que solía criminalizar las pautas culturales ancestrales bajo el estigma del prejuicio criollo.
Su lucha más célebre y dolorosa se dio en el caso de Qatú, un miembro de la comunidad penalizado por un sistema que no comprendía el derecho consuetudinario wichí ni sus dinámicas familiares. Palmer pasó años recorriendo tribunales, redactando informes, traduciendo declaraciones y exponiendo ante los jueces la profunda desconexión entre las leyes escritas en los despachos urbanos y la vida en las comunidades. No buscaba impunidad, sino el reconocimiento elemental de que la justicia no puede ser justa si ignora la identidad de a quién juzga.
Paralelamente, John comprendió que la supervivencia de sus hermanos estaba ligada a la supervivencia de su entorno. Se convirtió en un férreo activista contra el desmonte masivo del bosque nativo. Codo a codo con organizaciones ambientales, denunció el avance implacable de las topadoras del agronegocio que devoraban los árboles sagrados, despojando a las comunidades de su alimento, su medicina y su memoria histórica. Para Palmer, la desforestación y la protección de la tierra no eran debates ecológicos abstractos, sino una cuestión de vida o muerte para su pueblo elegido.
Semillas en la universidad local A pesar de su inmersión total en la vida comunitaria, Palmer nunca abandonó su vocación docente. Durante años, los estudiantes de la sede de Tartagal de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) tuvieron el privilegio de tenerlo como profesor en la carrera de Comunicación Social.
Quienes pasaron por sus aulas recuerdan a un hombre de andar pausado, hablar extremadamente respetuoso y una humildad que contrastaba con su inmensa cultura. En sus clases, John no solo enseñaba teoría; transmitía la urgencia de escuchar las voces históricamente silenciadas y la responsabilidad social de los profesionales frente a las periferias postergadas.
El último descanso en la tierra elegida El 30 de mayo de 2023, la voz de John Palmer se apagó físicamente tras dar batalla a una dura enfermedad. Tenía 69 años. La noticia causó un hondo dolor en los pasillos académicos, en el ámbito del activismo ambiental y, sobre todo, en el norte salteño.
Pero su historia no terminó con un adiós convencional. Fiel a la vida que construyó y al pacto de sangre y espíritu que selló con su entorno, el deseo de John y su familia se cumplió de manera estricta: hoy sus restos descansan sepultados en la misma tierra de la comunidad, rodeado por los suyos, bajo la sombra de los árboles que defendió y junto a los ancestros del pueblo que lo adoptó.
La aventura de John Palmer no fue la de un colonizador ni la de un turista exótico. Fue la revolución silenciosa de un hombre que demostró que la patria no es el lugar donde se nace, sino el sitio donde decidimos entregar el corazón, luchar por la dignidad del prójimo y sembrar las raíces que nos sostendrán para siempre en la memoria de la tierra.

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