viernes, enero 16, 2026

LOS VEDDA Y EL ARCO QUE SOLO DISPARA CUANDO EL BOSQUE ASIENTE





En las selvas secas y colinas de Sri Lanka viven los vedda, uno de los pueblos más antiguos de la isla. No construyeron templos de piedra ni dejaron crónicas escritas. Dejaron algo más difícil de rastrear: una ética de caza donde el silencio decide.
Kiri tenía doce años cuando su padre le entregó el arco por primera vez. No fue un gesto solemne. No hubo palabras grandes. El arco estaba gastado, suave por el uso. Antes de tensarlo, el padre apoyó la mano en el tronco de un árbol y cerró los ojos.
—Espera —dijo.
Esperaron.
No a que apareciera un animal, sino a que el lugar respondiera. Entre los vedda, disparar sin sentir esa respuesta es un error grave. No porque el tiro falle, sino porque rompe la relación.
Kiri no entendía qué esperaba su padre. El bosque parecía igual. Los insectos seguían. El viento apenas se movía. El tiempo se alargó.
—Ahora no —susurró el padre—. Hoy no quiere.
Volvieron a casa sin cazar. Nadie se quejó. Nadie se sintió menos hábil. Para los vedda, regresar con las manos vacías no es fracaso; es lectura correcta.
Los vedda creen que los ancestros —los nae yaka— habitan el territorio y actúan como mediadores entre humanos y animales. No son dioses que conceden permisos arbitrarios. Son memoria del lugar. Si el bosque “no asiente”, cazar ese día traerá consecuencias: no como castigo, sino como desequilibrio.
Al día siguiente, regresaron al mismo claro. El padre volvió a apoyar la mano en el árbol. Esta vez, el viento cambió apenas. Un ave calló. El padre abrió los ojos.
—Ahora sí.
El disparo fue limpio. Rápido. Sin celebración. El animal fue agradecido con palabras breves y precisas. La carne se repartió. Nada se desperdició. La historia terminó ahí.
Con el tiempo, Kiri aprendió que la caza vedda no es técnica, sino tempo. No se trata de puntería, sino de saber cuándo no insistir. Esa misma lógica gobierna sus decisiones cotidianas: moverse, quedarse, hablar, callar.
Cuando llegaron los parques nacionales y las prohibiciones, muchos vedda fueron expulsados de sus territorios tradicionales. Les dijeron que cazar era ilegal. Les ofrecieron trabajos fijos y raciones. Algunos aceptaron. Otros se perdieron en un orden que no entendía el “espera”.
Kiri creció viendo cómo la prisa entraba en su pueblo. La caza se volvió escasa no solo por las leyes, sino por el ruido. Los jóvenes ya no sabían leer el asentimiento. Disparaban cuando podían, no cuando debían. Los accidentes aumentaron. Las discusiones también.
Un funcionario preguntó a Kiri por qué insistían en prácticas “irracionales” en tiempos modernos.
Kiri pensó un momento y respondió:
—Porque ustedes deciden con el papel. Nosotros decidimos con el cuerpo.
No era romanticismo. Era método.
Los vedda no separan ética y supervivencia. Saben que cuando una decisión se toma sin escuchar, el costo aparece después, en formas que no siempre se pueden corregir. Por eso su ley más fuerte no está escrita: si dudas, no dispares.
Años más tarde, Kiri se convirtió en uno de los pocos que enseñan a los niños a sostener el arco sin tensarlo. Les pide que caminen, que respiren, que sientan si el lugar está “abierto” o “cerrado”. No les promete comida. Les promete no romper.
—El bosque no siempre dice sí —les dice—. Y aprender a aceptar el no te salva más veces de las que imaginas.
En un mundo que mide el éxito por resultados inmediatos, los vedda guardan una lección incómoda y precisa: que la habilidad verdadera incluye la renuncia. Que la fuerza sin escucha se vuelve torpe. Y que hay decisiones que solo funcionan cuando el entorno también participa.
El arco de Kiri sigue colgado en la pared. No dispara todos los días. No hace falta. Para los vedda, sobrevivir no es ganar siempre.
Es saber esperar hasta que el bosque asienta.

ULISES CERÓN PERDOMO





El 12 de enero, el pueblo dominicano recuerda el ejemplo imperecedero de valor y sacrificio revolucionario de “Los Palmeros” al conmemorarse el 54 aniversario de su caída en combate, ocurrida en el año 1972. Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco y Bienvenido Leal Prandy (La Chuta), resistieron con valentía los gobiernos de Balaguer, una de las etapas más terribles de terror vivida.
Nacido en San Carlos el 14 de enero de 1938, hijo de Arquímedes Cerón Perdomo y de Rosa Amelia Polanco González, Ulises creció en un hogar humilde, pero digno. “Éramos pobres pero con un padre de principios que nos enseñó a compartir lo poco. Era maestro constructor y ebanista”, cuenta su hermana Gladys.
Los demás hermanos, Pilar, Alberto Antonio (Titico), César Augusto y Freddy sufrieron los rigores de la persecución balaguerista. La madre fue apresada como rehén en interminables allanamientos, Titico estuvo preso largos años y en más de una ocasión fue vejado a pleno sol, frente a doña Rosa.
Afectado por tanto abuso, don Arquímedes sufrió un infarto que le ocasionó la muerte. “Son heridas que no se cierran, aunque han pasado muchos años”, expresa Gladys.
Ulises Arquímedes formó ese carácter resuelto contra las injusticias quizá inspirado en la conducta de su padre, que comentaba los atropellos de Trujillo.
El abuelo materno, Domingo Polanco, era horacista “y Trujillo le quitó la hacienda Caracol, en Bonao”. Por eso, apenas graduado de bachiller en el liceo Juan Pablo Duarte, Ulises se integró a los jóvenes que se enfrentaron a los remanentes de la tiranía derribada.
Desde Bonao, donde fue a identificar calieses, lo trajeron preso en un vehículo de los llamados “Colepato”. En la lucha política Fue uno de los fundadores del Partido Revolucionario Dominicano y luego pasó al 14 de Junio como miembro de Buró Militar. Estuvo entre los fundadores del sindicato del Ayuntamiento, donde trabajó, y “cuando Peña Gómez llamó el pueblo a las calles a defender la democracia, en abril de 1965, Ulises desapareció por una semana y regresó armado de ametralladora y con una herida en la frente.
Estuvo en el bombardeo del Puente Duarte “y en un comando cercano al cementerio de la Máximo Gómez entre los que estaban Flavio Suero, Titico, Homero Hernández, Arnulfo Reyes y un guardia apodado Guandulito que se unió a los constitucionalistas, entre otros”.
Fue miembro del comando de la Sánchez número uno, recuerda Gladys, y se mantuvo “protegiendo la aduana del Puerto hasta que los americanos la quemaron.
Estuvo en el asalto a la fortaleza Ozama que dirigió Homero Hernández, y en el que estuvieron también Amaury Germán, Bienvenido Leal (Chuta),...”. Refiere que su hermano tendió la mano a un militar que se ahogaba y éste “prefirió hundirse, pensando que lo ejecutarían, eso afectó mucho a Ulises, que era un gran ser humano”. “De ahí salió afectado de la audición pues estaba colgado de un tanque, y cuando tiraron sorpresivamente todos cayeron.
No oía casi nada de un oído”, manifiesta. En su viaje de entrenamiento a Cuba le curaron esta afección y una cojera que le dejó la caída de un tercer piso. Otra acción en la que participó en esos convulsos días fue en el asalto a la fortaleza de San Francisco de Macorís por lo que fue apresado y golpeado hasta romperle un brazo, que le curaron, al mes, en una clínica privada. A los tres días de dado de alta volvió a la zona constitucionalista.
Concluida la contienda de abril, Ulises continuó la lucha contra la represión balaguerista, oculto, pues desde que Joaquín Balaguer inició su mandato lo acusaron de un robo en la Lotería Nacional. Jamás lo encontrarían pues ningún organismo de seguridad sospecharía cuál era su refugio: una casa justo al frente del Palacio Nacional.
Después se ocultó en la de un sobrino y “nos mandaba a buscar, nos abrazaba y besaba, era el querendón de la familia”. Al poco tiempo, recuerda, se publicó una lista con fotos de unos jóvenes que no podían entrar ni salir al país. Ulises “estaba tan camuflado que ni mamá lo reconoció.
Cuando salió ese aviso hacía tres días que se había ido, suponemos que a Cuba”. Ulises casó con Altagracia Bonet, madre de sus hijos María Teresa, Sandra (nacida en la revolución), y Ulises Arquímedes”, nacido el 10 de enero de 1972.
Alberto Cerón Polanco, hermano del dirigente de los Comandos de la Resistencia, Ulises Cerón Polanco, uno de los cuatro valientes que cayeron combatiendo más de 2000 soldados y policías el 12 de enero de 1972, murió el 14 de septiembre del 2019.
Titico, como le apodaban sus familiares y camaradas fue un revolucionario a carta cabal que militó desde muy joven en las filas del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, organización en la que ocupó importantes posiciones y asumió grandes responsabilidades en la lucha política y militar del partido.
Ulises Serón Perdomo murio asesinado un 12 de Enero del 1972 a los 33 años.

Rosa Luxemburgo.

 



El 15 de enero de 1919, en Berlín, República de Weimar, por orden del Partido Socialdemócrata Alemán, un comando de los Freikorps (grupo paramilitar de ultraderecha) asesinaba a la pensadora y líder socialista Rosa Luxemburgo.

Rozalia Luksenburg nació el 5 de marzo de 1871 en Zamość, territorio polaco controlado por el Imperio ruso. Cuando solo tenía 5 años fue diagnosticada erróneamente de una tuberculosos ósea permanecienco con una pierna enyesada durante un año. Esto hizo que esa pierna no se desarrolle normalmente provocándole una renguera permanente. Sus padres de origen judío, Eliasz Luksenburg III y Line Löwenstein, contra las costumbres de la época planearon una educación formal de excelencia para sus hijos. Fue enviada al Liceo Femenino en Varsovia donde abrazó las ideas del socialismo.
En 1889, con solo 18 años de edad, fue perseguida y hostigada por pertenecer al partido izquierdista Proletariat obligándola a exiliarse en Suiza. La Universidad de Zurich fue su refugio, estudio de manera simultánea filosofía, historia, política, economía y matemáticas. Su erudición era conocida por los políticos de su Polonia natal, por ello fue invitada a redactar las teorías políticas y los preceptos del flamante Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia.
Pese a estar en pareja con su compatriota Leo Jogiches, en 1898 aceptó casarse con Gustav Lübeck para obtener la ciudadanía alemana. En menos de un año ya era la líder del ala izquierdista del Partido Socialdemócrata. Un líder del partido sostuvo; ‘Al verla no parece una mujer interesante, pequeña, poco agraciada, de andar irregular por una cojera… pero al hablar con ella su figura se agiganta, encandila con su infinita energía y comprendes que nunca conocerás el techo de su nivel intelectual’.
Era la estrella de las reuniones de dirigentes marxistas de toda Europa, solía reunirse con Jean Jaures y Lenin que la bautizó como; ‘El Águila de la Revolución’. Abiertamente feminista sostenía; ‘Quien es feminista y no es de izquierda, carece de estrategia. Quien es de izquierda y no es feminista, carece de profundidad’. Junto a Clara Zetkin impulsó la creación del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Su inclaudicable pacifismo la llevó a tener que tomar decisiones que la enfrentarían al poder alemán. En 1914, cuando el Partido Socialdemócrata abandona su postura antibelicista y se encolumna detrás del Kaiser Guillermo II para que Alemania entrara en la Primera Guerra Mundial Rosa abandona sus filas. Junto al político Karl Liebknecht funda la Liga Espartaquista germen del Kommunistische Partei Deutschlands.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial Europa era un tembladeral, el conflicto bélico sumado a la gripe española habían diezmado a la clase laboralmente activa. En medio de un clima político insostenible, el 9 de noviembre de 1918 abdica el Kaiser Guillermo II formándose un gobierno socialdemócrata conducido por Philipp Sheidemann. Paralelamente, la Liga Espartaquista, anunció la creación de la Republica Socialista Libre de Alemania, pero el ejército leal a Sheidemann aplasto sus intenciones.
Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht deciden calmar a sus seguidores para evitar un enfrentamiento entre compatriotas, no lo lograron. Los espartaquistas tomaron las calles, Rosa y Karl ya no podían permanecer ajenos y apoyaron la decisión de sus bases. Para aplastar la revuelta pero no quedar expuestos ni ser acusados de propiciar una masacre, el gobierno socialdemócrata delegó la tarea represiva en grupos paramilitares.
El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron detenidos y trasladados al hotel Eden donde funcionaba la sede de la Guardia de Caballería de los Freikorps. La versión oficial dijo que intentaron escapar y fueron capturado por una horda de civiles exaltados que los asesinaron e hicieron desaparecer sus cuerpos. 43 años después se supo la verdad. En 1962, el capitán Waldemar Pabst develó que se había infiltrado en la Liga Espartaquista y detuvo a Luxemburgo y Liebknecht. Cuando llamó al jefe del ejército Gustav Noske recibió la orden de matarlos, pero ocultando la responsabilidad del gobierno. Pabst llevó a Liebknecht a un parque cercano al hotel y lo ejecutó dejando su cuerpo allí para que pareciera una ejecución pública y regresó al hotel para encargarse de Rosa.
Waldemar Pabst, el teniente Kurt Vogel y el oficial Hermann Souchon golpearon y arrastraron de los pelos a Rosa hasta un auto donde la desmayaron de un golpe con la culata de un fusil. Finalmente, Souchon le dispara en la sien y arrojan su cuerpo en un canal donde fue encontrada 4 meses después. Los restos de Rosa Luxemburgo están enterrados en el cementerio berlinés de Friedrichsfelde donde un pequeño letrero recuerda su frase; ‘Quien no se mueve, no siente las cadenas’.

Antonio Maceo y su hermano Mateo, llegan a Puerto Plata.





El 11 de febrero de 1880 es día de gloria en los anales de Puerto Plata. Al igual como Betances y Hostos en 1875, pisaba sus playas el adalid cubano Antonio Maceo. Llegaba en el barco inglés Solent. Cubanos, puertorriqueños, dominicanos, acudieron jubilosos a recibirle y desde el instante de su arribo todo fue simpatía y cumplimientos para el héroe que había enardecido tantas veces el alma americana. Para mayor ventura suya se encontraba con algunos combatientes que habían sido sus compañeros en la manigua.” Entre ellos su hermano Marcos.
De este modo inicia Emilio Rodríguez Demorizi –meritorio investigador con quien siempre estaremos en deuda por la fecunda labor de documentación y difusión de nuestra historia- uno de los capítulos de su obra Maceo en Santo Domingo (1945; 1978). Dedicada a documentar el paso por nuestro país del patriota cubano, hijo de Mariana Grajales Cuello de origen dominicano, bautizado por demás en Santiago de Cuba por el cura dominicano Manuel Miura Caballero.
Asimismo, consagrada dicha obra a consignar el auxilio brindado a la causa de la libertad de Cuba por figuras como Gregorio Luperón, Ulises Heureaux y otras personalidades e instituciones desde nuestro territorio. Quienes debieron orillar las tenaces presiones de las autoridades de España en las Antillas, cuyas valiosas posesiones de Cuba y Puerto Rico permanecieron bajo su soberanía hasta 1898. Cuando la intervención militar de Estados Unidos en la confrontación bélica que libraban los patriotas cubanos inclinó definitivamente la balanza en desfavor de España.
El Tratado de París rubricado entre España y EEUU formalizó la renuncia de la primera a “todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba”. Cediendo además a la emergente potencia del Norte, sus posesiones de Puerto Rico, la isla de Guam y las Filipinas. Obligándose EEUU al pago de US$20 millones a favor de España.
Antonio Maceo se había incorporado al Ejército Libertador en los inicios de la primera guerra de independencia de Cuba, que arrancó en octubre de 1868, encabezada por Carlos Manuel de Céspedes desde su hacienda La Demajagua y que duraría 10 años hasta la llamada Paz de Zanjón. En carta dirigida a su esposa el 26 mayo de 1872, Céspedes apuntaba lo siguiente: “Gómez (Máximo) me presentó el Coronel Antonio Maceo. Es un mulato joven, alto, grueso, de semblante afable y de mucho valor personal”. Ocupaba desde octubre del 71 las funciones de Jefe de Operaciones bajo Máximo Gómez, con quien se adiestró en la estrategia de guerra de guerrillas y de la carga al machete, que se aplicara exitosamente durante nuestra guerra restauradora.
Quien llegaba a la Novia del Atlántico en 1880, era un combatiente que al concertarse el acuerdo que puso fin al conflicto bélico cubano en 1878, salía con 26 heridas de bala y una de arma blanca estampadas en su cuerpo cual tatuaje heroico. Alguien que desde entonces se movería como pez en el agua entre Jamaica, Haití, Saint Thomas, Islas Turcas, Santo Domingo, Honduras, Costa Rica, Panamá, New York y otros destinos, evadiendo persecuciones e intentos de asesinato, con la idea fija de “formar una nueva República asimilada a nuestra hermana la de Santo Domingo”, como lo proclamara en marzo de 1878.
Conocida es la contribución dominicana a la independencia cubana, la cual no sólo estuvo marcada por la destacada presencia militar de figuras protagónicas como Máximo Gómez –quien peleara la guerra de los Diez Años y fungiera como General en Jefe de la Guerra del 95-, los hermanos Luis, Félix y Francisco Marcano, y Modesto Díaz. Sino también por muchos otros, como los Abreu y Delgado que se registraron entre los primeros mártires de la lucha.
En adición al apoyo que en el plano político, económico y de la opinión pública, se expresara a lo largo de los diferentes tramos del proceso independentista cubano. Como lo evidencia el repaso de la prensa de la época, que incluyó periódicos dirigidos por emigrados de la Isla Fascinante, tales El Laborante, El Universal y El Dominicano de 1872, dirigido éste por Francisco Socarrás. Y en esta dimensión la ciudad porteña del Norte, plenamente cosmopolita y liberal, que acunó el antillanismo, sería plataforma por excelencia para acoger a Maceo y mantener encendida su antorcha.
Como nos relatara, con precisa documentación, Rodríguez Demorizi en su fundamental Maceo en Santo Domingo.
“Puerto Plata era, entonces, como un animado campamento mambí de cubanos, soldados de la emigración que desde 1868 comenzaron a establecerse al pie de Isabel de Torres, y que cubrían vigilantes la retaguardia de las tropas insurrectas. Distinguidas familias cubanas llenaban la ciudad: Carlos Céspedes, Enrique Trujillo, el Dr. Manuel Ramón Silva, los García Copley, el Dr. Manuel Antonio Ramagoza, Gaspar Betancourt, los Socarrás, los Zayas, Pompilio y Antonio Argilagos, Federico Mola, el abogado Ignacio Belén Pérez, Pedro Recio Agramonte, Domingo Capote, Fernando Agüero Betancourt, Enrique, Diego y Carlos F. Loynaz, el profesor de segunda enseñanza Manuel R. Fernández, Serafín Otero, Diego Machado, Miguel Masvidal, Luis Loret de Mola, Martín Castillo, el Dr. Rosendo Arteaga, Paquito Borrero, Fernando Figueredo y muchos otros, entre los que se contaba un niño nacido allí que pelearía junto a Maceo: Enrique Loinaz del Castillo.
“Francisco de Arredondo y Miranda daba clases de piano; Antonio Benítez Correoso dirigía el Colegio Municipal de San Felipe; Úrsula Godoy, ayudada en sus afanes por Federico García Copley y por su hijo el escritor Federico García Godoy, dirigía la Academia de Niñas Santa Rosa. Había allí diversos establecimientos cubanos: los ingenios de azúcar de Carlos F. Loynaz; la Repostería Camagüeyana, de Cirilo Recio; el Restaurant La Habana, de Lino Castro; el Hotel domínico-cubano Unión de Cuba, luego Las dos Repúblicas, de Francisco Moroní; la Talabartería de Juan Anido; la Galería fotográfica de Narciso Arteaga; la Sastrería de Manuel Miranda; la Librería, agencia de la que Néstor Ponce de León tenía en New York, la regenteaba Fernando Cisneros y Correa.
“Desde 1873 existía la Sociedad Beneficencia Cubana, y desde 1874 la Sociedad La Juvenil, de simpatizadores de la revolución cubana. Cuba libre se llamaba un parque de la ciudad, luego Luperón. En 1875 se agrupaban los patriotas en el Club Cubano de Puerto Plata y en el Comité de las emigraciones cubana y puertorriqueña desde el que Hostos, contando con el apoyo de Luperón, le propuso a Francisco Vicente Aguilera, en carta del 12 de julio, partir de Samaná en una expedición libertadora para la irredenta Puerto Rico. Hasta en la música se manifestaba el patriotismo cubano, con tan vivo ardimiento acogido por los dominicanos: en los conciertos públicos se tocaban piezas musicales de nombres bien significativos, como El mambí, A Cuba, El Caribe...
“En todas las actividades puertoplateñas estaba presente la Isla hermana. En la Iglesia Metodista, calle de Maluis, plaza de la Logia, la cuestión cubana era tema predilecto del Reverendo N. Andrews, cuyo discurso del 23 de febrero de 1873, sobre la causa de Cuba, ‘del derecho y la razón contra la arbitrariedad de la conquista’, fue de los más ruidosos. En la Iglesia católica tampoco faltaba Cuba. Cada vez que en la manigua caía algún prócer, celebrábanse solemnes funerales: los de Agramonte fueron de los más imponentes. En la celebración de las fiestas patrias dominicanas siempre se alzaba la voz de algún patriota ‘en nombre de la emigración cubana’.
“El año de 1875 había sido de intensa actividad para los cubanos de Puerto Plata y para los simpatizadores de su causa. Fue el año de la primera llegada de Hostos a tierra dominicana, en momentos en que estaba allí uno de los más insignes patriotas antillanos: el Dr. Ramón Emeterio Betances, íntimo amigo y protegido de Luperón.
“Los tres grandes antillanos diéronse a conspirar a favor de Cuba. Animado por Hostos, circuló el periódico Las dos Antillas, que la intolerancia española hizo aparecer y desaparecer con los nombres de Las tres Antillas y Los Antillanos. Los artículos que aparecían en Las dos Antillas no dejaban de contener virulentos ataques contra España. Uno de éstos, publicado en el mes de julio bajo el rubro de Violación del derecho internacional por las autoridades de Puerto Rico, terminaba con la siguiente frase que mal podía agradar a los representantes de España en la República:
‘Las indignas complacencias y las debilidades que así el gobierno inglés como el americano tienen con la decrépita España, han envalentonado a la chusma que domina en ella, hasta el punto de figurarse que aquellas naciones le tienen miedo; y quiera Dios que no les falten motivos para esa creencia’.
El respaldo brindado a los patriotas cubanos incrementó las presiones de España sobre las autoridades dominicanas, que se expresaron no sólo por la vía diplomática, sino también por el despliegue de buques de guerra en nuestros puertos, a fin de patentizar la seriedad de los reclamos. Y en el apoyo al exilio político dominicano contrario a los azules, particularmente desde Puerto Rico.
Texto: Jose del Castillo para Diario Libre
Foto: Antonio Maceo

ABELARDO VICIOSO

ABELARDO VICIOSO, INTELECTUAL Y POLÍTICO ANTITRUJILLISTA. FUE UN REVOLUCIONARIO EN LA REVUELTA DE ABRIL DEL 1965.






Abelardo Vicioso (Santo Domingo, 27 de abril de 1930 - 13 de enero de 2004)​ fue un destacado intelectual, político y abogado, considerado uno de los más relevantes poetas de la República Dominicana (Generación del 48​), además de ensayista y acucioso investigador-catedrático universitario.
Hijo de Sergio Vicioso y Leonor González, fue el mayor de cinco hermanos (Vinicio, Leonor Esther /Nona/, Ligia y Maritza);​ nació con espondilitis anquilosante, una enfermedad hereditaria de carácter reumático, que presenta dolores y endurecimiento de las articulaciones, por lo que hubo que operarle varias veces (le pusieron una aditamento de metal en la columna vertebral, así como ambas prótesis de cadera; al final andaba con un andador).
Desde pequeño, Abelardo Vicioso sintió un singular amor por la literatura, a la que dedicaba gran parte de su tiempo, desarrollando una gran capacidad creativa.
Con apenas 18 años (1948), empieza a salir a la luz su producción literaria, publicando sus primeros poemas en el periódico El Caribe. En 1958 gana el Premio Nacional de Poesía.​ Con La Lumbre Sacudida y dos años más tarde escribe Cantos Latinoamericanos, poemario que tuvo una gran acogida.​
Estudió Derecho en la Universidad de Santo Domingo. Al graduarse en 1953, de inmediato aplica para un puesto diplomático, ofrecido por el gobierno dominicano en un periódico local. Pero el dictador Trujillo, de manera sorpresiva le nombra en el Ejército con el rango de teniente; luego es designado fiscal militar y dirige la revista oficial de la institución. Sin embargo, de manera subrepticia, se une a los grupos que conspiraban contra el tirano. Advertido de que era seguido por los organismos de seguridad del Estado, su padre Sergio —con importantes relaciones en el Gobierno— consigue que Abelardo sea nombrado vicecónsul en Curazao, a fin de burlar las malsanas intenciones del déspota.​
Trujillo, airado por esta acción, decide enviar al hermano de Vicioso, Vinicio —piloto, graduado de la prestigiosa academia militar norteamericana de Lackland, Texas— a traerlo de vuelta. Pero ambos permanecen en la antigua colonia holandesa, y luego marchan a Cuba, como exiliados políticos.
Sin embargo, son de inmediato encarcelados por el régimen de Fidel Castro, ya que Trujillo, antes de que los hermanos arribaran a La Habana, divulga el rumor de que estos eran espías a su servicio.
Poco después, al comprobarse ser reales adherentes a la causa liberadora del pueblo dominicano, son puestos en libertad. Mientras tanto, sus relativos en la patria sufren asedio y persecución: los esbirros de Trujillo trataron de envenenar a su padre —a la sazón hospitalizado en el Padre Billini—, tanto el intento fracasó al ser abortado por dos monjas enfermeras.
Finalmente, toda la familia fue trasladada a la base militar de San Isidro, donde fueron torturados sicológicamente y los mantuvieron bajo arresto domiciliario durante varios meses.
Vicioso regresa en 1963 durante la presidencia de Juan Bosch, primer gobierno democráticamente electo tras la caída de la dictadura de Trujillo (1961). Retorna solo, ya que su hermano Vinicio se había suicidado unos meses antes en La Habana.
Bosch es sacado del poder por fuerzas militares conservadoras en septiembre de ese año, a solo siete meses de su ascensión. En abril de 1965 estalla la guerra civil, que busca reinstaurar el gobierno de Bosch y su constitución liberal.
Vicioso se enrola entonces a las filas rebeldes. Preocupados por la propagación del virus del comunismo, tropas norteamericanas —42,000 marines— invaden la República Dominicana. Entonces, su poema Canto a Santo Domingo se convierte en himno de los combatientes constitucionalistas en las refriegas.​
En 1964 casó con Altagracia Solano, hija de un hacendado de Santiago de los Caballeros, con la que procreó dos hijos: Cynthia y Carlos.
​Desde 1965 Vicioso impartió docencia -Literatura Española y Dominicana- en la universidad donde estudió (UASD), y posteriormente se convirtió en director del Departamento de Letras de la Facultad de Humanidades.
Más tarde, fue elegido Vicedecano y luego Decano (por dos períodos) de dicha Facultad. Durante el gobierno autocrático de Joaquín Balaguer (1966-1978) - impuesto por los norteamericanos para erradicar definitivamente los remanentes de la Revolución de Abril - Vicioso se opone de manera vehemente, por lo que sufre persecución, cárcel y deportación.​
Durante su estadía en Cuba, Vicioso se enrola al Partido Socialista Popular. Años más tarde, en 1982, el PSP se une al Partido de la Liberación Dominicana y Abelardo es integrado de inmediato a su Comité Central. Asimismo, fue asistente personal del profesor Juan Bosch, su presidente.​
Vicoso estuvo siempre a favor de la Revolución cubana. Así, cofunda el Comité Dominicano Amigos de Cuba, que más tarde preside. Durante el primer período presidencial del Leonel Fernández Reyna (1996-2000), durante el que se restablecen las relaciones diplomáticas (1997) con la vecina isla suspendidas por casi cuatro décadas, Vicioso funge como su asistente especial. En 1997 es nombrado Patrimonio Nacional Viviente de la Casa Nacional del Poeta (Santo Domingo).​
Para esos años comienza a escribir su primera (y única) novela autobiográfica: Las Memorias del Teniente Veneno. Sin embargo, poco antes de concluirla, el 13 de enero de 2004 fallece en su ciudad natal de Santo Domingo debido a problemas cardiorrespiratorios.
Fue su hijo Carlos quien, recorriendo los ministerios y las editoriales dominicanas, e intentando editarla, logró finalmente que el Ministerio de Cultura la publicara en 2008.

Archivo del blog