domingo, octubre 04, 2026

CUATRO GOLES NO DAN TÍTULO DE PROPIEDAD

 





POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA


Ramon Espinola

LA SOBERANÍA NO SE JUEGA CON UNA PELOTA
Cuando la rivalidad deportiva pretende convertirse en insolencia territorial, no se puede permitir.
Por Ramón Emilio Espínola
ABSTRACT
Los acontecimientos ocurridos el 1 de octubre de 2026 en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, durante el partido de la Liga de Naciones de Concacaf entre República Dominicana y Haití, desbordaron los límites de una simple competencia deportiva.
Haití obtuvo una victoria contundente de 4-1, resultado que debe ser reconocido como un hecho estrictamente deportivo. Sin embargo, los incidentes registrados en los accesos del estadio y, posteriormente, las expresiones atribuidas a los futbolistas haitianos Wilson Isidor y Duckens Nazon sobre la pertenencia de la isla de La Española introdujeron en la jornada un elemento político y territorial que provocó una legítima reacción en la sociedad dominicana.
La cuestión fundamental, por consiguiente, no es quién ganó un partido de fútbol. La cuestión es otra: hasta dónde puede llegar la provocación cuando se confunde la euforia deportiva con una pretendida afirmación territorial.
La República Dominicana es un Estado soberano y su territorio no está sujeto a consignas deportivas, provocaciones personales ni interpretaciones improvisadas. Del mismo modo, resulta indispensable diferenciar las actuaciones individuales de dos deportistas y de determinados aficionados de la posición oficial del Estado haitiano, cuya embajada reafirmó posteriormente el respeto a la soberanía, la integridad territorial y las instituciones dominicanas.
Este episodio debe servir, sobre todo, como una lección de historia, civismo y conciencia nacional para las generaciones presentes y futuras.
PRÓLOGO
Hay acontecimientos que duran noventa minutos y otros que, por desgracia, permanecen mucho más tiempo en la memoria colectiva.
El partido entre República Dominicana y Haití estaba destinado a ser una competencia deportiva. Haití ganó 4-1 y, desde el punto de vista estrictamente futbolístico, nada hay que objetar: se gana, se pierde, se empata y se aprende.
Pero la pelota tiene una extraña propiedad: cuando abandona el terreno de juego puede convertirse, en manos irresponsables, en instrumento de otras pasiones.
Y entonces comienza el problema.
Antes del encuentro se produjeron situaciones de tensión y desorden en los accesos del Estadio Olímpico Félix Sánchez. Imágenes difundidas posteriormente mostraron grupos de aficionados avanzando de manera desordenada y forzando accesos del recinto.
El ministro de Deportes, Kelvin Cruz, anunció posteriormente que la selección haitiana no volvería a disputar partidos en instalaciones deportivas dominicanas, calificando de inaceptables los incidentes registrados.
Hasta ahí ya había suficiente para una reflexión sobre civismo.
Pero después apareció algo todavía más delicado.
Wilson Isidor, autor de dos de los goles haitianos, fue grabado pronunciando expresiones que diversos medios tradujeron como: «La Hispaniola es Haití» y «Haití está aquí», mientras señalaba el terreno y posteriormente su camiseta.
Como si aquello no fuera suficiente para alimentar la controversia, el delantero Duckens Nazon publicó posteriormente en sus historias de Instagram el mensaje: «Hispaniola es para nosotros».
Y aquí termina el fútbol y comienza la historia.
Porque una cosa es celebrar cuatro goles.
Otra muy diferente es pretender convertir cuatro goles en cuatro títulos de propiedad sobre una isla.
I. LA REPÚBLICA DOMINICANA NO ES UNA CANCHA DE FÚTBOL
Conviene decirlo con serenidad, pero también con absoluta firmeza:
La República Dominicana es un Estado soberano.
La soberanía dominicana no depende del resultado de un partido, de la cantidad de goles anotados por una selección extranjera, del número de aficionados que ingresen a un estadio ni de la opinión ocasional de un deportista.
La pelota puede atravesar una portería.
La soberanía no.
Y esa diferencia elemental parece que algunos necesitan aprenderla.
La República Dominicana nació como Estado independiente en 1844. Desde entonces, generaciones de dominicanos han defendido su existencia nacional en circunstancias extraordinariamente difíciles.
No fue un regalo.
No fue una concesión.
No fue producto de una apuesta deportiva.
Fue el resultado de un proceso histórico, político y militar en el que participaron hombres y mujeres que entendieron que una nación no puede existir si carece de voluntad para defender su propia identidad.
Por eso, cuando alguien entra en territorio dominicano y afirma que ese territorio pertenece a otro país, aunque lo haga en medio de la euforia deportiva, el asunto merece una respuesta firme.
No necesariamente una respuesta violenta.
Una respuesta histórica.
Y la historia, cuando se conoce bien, suele ser mucho más contundente que los gritos de una gradería.
II. EL ERROR DE CONFUNDIR LA ISLA CON UN SOLO ESTADO
Aquí conviene hacer una precisión histórica que debería enseñarse con claridad en nuestras escuelas.
La Española —Hispaniola— es una isla en el mar Caribe compartida actualmente por dos Estados soberanos: República Dominicana y Haití.
La existencia geográfica de una isla no elimina la existencia política de dos países.
Una isla puede ser una.
Los Estados pueden ser dos.
El continente americano está lleno de ejemplos semejantes.
Por eso, decir que La Española es una isla compartida constituye una descripción geográfica.
Decir que toda la isla pertenece a uno solo de los dos Estados constituye una afirmación territorial completamente distinta.
Y ahí está precisamente el problema.
La geografía no sustituye al derecho internacional.
La historia no puede ser borrada con una publicación en Instagram.
Y un partido de fútbol no modifica una frontera.
¡Qué curioso sería el mundo si las fronteras nacionales pudieran cambiarse después de cada partido!
En ese caso, habría que instalar un VAR para los mapas y un árbitro para los tratados internacionales.
III. CUATRO GOLES NO DAN TÍTULO DE PROPIEDAD
Haití ganó 4-1.
Hay que reconocerlo sin complejos.
Jugó mejor aquella noche y obtuvo una victoria legítima en el terreno deportivo. Concacaf confirmó el resultado y registró los cuatro goles haitianos.
Pero ganar cuatro a uno no convierte a Haití en propietario de La Española.
Si así funcionara la geopolítica, tendríamos que sustituir a los diplomáticos por delanteros y a los tratados internacionales por marcadores electrónicos.
La ironía sería magnífica:
—¿De quién es ese territorio?
—Del que ganó el partido.
—¿Y si pierde el próximo?
—Entonces cambia de dueño.
Naturalmente, semejante razonamiento es absurdo.
Precisamente por eso resulta necesario señalar el absurdo cuando aparece.
El fútbol debe servir para competir, no para fabricar mapas.
IV. EL INCIDENTE DEL ESTADIO: CUANDO EL CIVISMO SE QUEDA EN LA PUERTA
Otro aspecto que no puede ser ignorado fueron los incidentes ocurridos en los accesos del Estadio Olímpico Félix Sánchez.
Las imágenes difundidas muestran momentos de tensión, empujones y desorden, así como personas que forzaron accesos ante la presión de quienes intentaban ingresar.
El recinto deportivo no es una tierra de nadie.
Es una instalación pública.
Fue remodelada mediante recursos del Estado dominicano y debe ser protegida por todos los ciudadanos y visitantes.
El ministro de Deportes, Kelvin Cruz, anunció que la selección haitiana no volvería a jugar en instalaciones deportivas dominicanas y calificó de inaceptable el comportamiento registrado.
Una nación que permite que sus instalaciones sean destruidas por falta de autoridad termina pagando dos veces:
Primero con el dinero del pueblo;
Después con la pérdida del respeto.
Y una nación que recibe visitantes tiene también derecho a exigirles que respeten sus leyes.
Eso no es xenofobia.
Eso se llama soberanía y convivencia civilizada.
V. NO CONFUNDAMOS AL PUEBLO HAITIANO CON LAS ACCIONES DE UNOS CUANTOS
Aquí debemos ser particularmente cuidadosos.
Es legítimo condenar las acciones de determinados aficionados.
Es legítimo cuestionar declaraciones concretas de determinados deportistas.
Es legítimo defender la soberanía dominicana.
Pero sería históricamente injusto convertir esas actuaciones en una acusación contra todo el pueblo haitiano.
Haití posee millones de hombres, mujeres y niños que nada tienen que ver con un incidente ocurrido en un estadio ni con las expresiones de dos futbolistas.
Más aún: la propia Embajada de Haití en República Dominicana se desvinculó de esas declaraciones y reafirmó que el Gobierno haitiano respeta la soberanía, la integridad territorial y las instituciones dominicanas. También señaló que ambos países son Estados soberanos con fronteras distintas.
Este dato es fundamental.
Porque defender la patria dominicana no exige odiar a Haití.
Exige conocer Haití, conocer la historia y conocer la República Dominicana.
El patriotismo que necesita enemigos imaginarios es un patriotismo débil.
El verdadero patriotismo conoce su historia, conoce sus derechos y sabe defenderlos sin necesidad de deshumanizar a nadie.
VI. LA HISTORIA NO SE APRENDE CON CONSIGNAS
Uno de los mayores peligros para cualquier nación es la ignorancia histórica.
Cuando una generación deja de conocer su pasado, cualquiera puede presentarle una mentira como si fuera una verdad antigua.
Por eso debemos enseñar a nuestros niños y jóvenes que La Española tiene una historia compleja, dolorosa y extraordinariamente rica.
La historia dominicana no comienza ni termina en una rivalidad con Haití.
Tenemos una historia propia.
Tenemos una identidad propia.
Tenemos símbolos propios.
Tenemos una lengua predominante propia.
Tenemos instituciones propias.
Tenemos una Constitución.
Tenemos una bandera.
Tenemos un himno.
Tenemos una tradición intelectual, cultural y política.
Y tenemos una memoria nacional que no debe ser negociada por ignorancia.
Pero también debemos enseñar a nuestros jóvenes que Haití tiene su propia historia, su propia identidad y soberanía.
Precisamente porque reconocemos la soberanía ajena, podemos exigir que la nuestra sea respetada.
VII. EL PATRIOTISMO NO ES ODIO: ES MEMORIA, DIGNIDAD Y RESPONSABILIDAD
Hay quienes confunden patriotismo con insulto.
No.
Hay quienes creen que defender la nación significa despreciar al extranjero.
Tampoco.
El patriotismo verdadero es mucho más exigente.
Consiste en conocer la historia.
Respetar los símbolos.
Cumplir las leyes.
Defender las instituciones.
Cuidar el territorio.
Educar a los hijos.
Preservar la memoria.
Y cuando alguien cuestiona nuestra soberanía, responder con firmeza, inteligencia y argumentos.
Porque hay una diferencia enorme entre una patria segura de sí misma y una patria dominada por el miedo.
La primera estudia.
La segunda grita.
La primera documenta.
La segunda inventa.
La primera defiende.
La segunda insulta.
Y la historia suele terminar dándole la razón a la primera.
VIII. LA PATRIA NO SE PIERDE EN UNA NOCHE, PERO LA TRANQUILIDAD SÍ PUEDE PERDERSE
Una nación no desaparece porque un futbolista pronuncie una frase desafortunada.
Pero tampoco debe ignorar esas expresiones cuando pueden alimentar confusión o provocación.
La prudencia no significa cobardía.
La firmeza no significa violencia.
Y la defensa de la soberanía no requiere convertir cada incidente en una guerra.
La República Dominicana debe permanecer alerta, pero serena.
Debe fortalecer sus instituciones.
Debe enseñar historia.
Debe vigilar sus fronteras conforme al derecho.
Debe exigir respeto a quienes ingresan a su territorio.
Debe combatir cualquier forma de xenofobia.
Y debe rechazar, al mismo tiempo, cualquier expresión que niegue su existencia nacional.
Es posible hacer ambas cosas.
De hecho, es indispensable hacer ambas cosas.
IX. UNA LECCIÓN PARA LOS QUE VIENEN DETRÁS
A las generaciones presentes y futuras hay que enseñarles algo elemental:
La patria no se hereda solamente; también se estudia, se comprende y se defiende.
Un joven dominicano que desconoce la historia de su país queda expuesto a cualquier discurso.
Uno que conoce la historia puede escuchar una provocación y responder:
«Conozco mi pasado. Conozco mi Constitución. Conozco mi territorio. Conozco la historia de mi pueblo. Y no necesito odiar a nadie para defenderlo».
Esa debería ser la verdadera enseñanza.
No necesitamos jóvenes fanáticos.
Necesitamos jóvenes conscientes.
No necesitamos jóvenes que insulten al extranjero.
Necesitamos jóvenes que sepan quiénes somos.
No necesitamos una juventud que viva mirando hacia Haití.
Necesitamos una juventud que mire hacia el futuro dominicano.
Porque una nación que vive obsesionada con su vecino termina olvidándose de construir su propia casa.
CONCLUSIÓN
El partido del 1 de octubre de 2026 debe quedar registrado como algo más que un resultado de fútbol.
Haití ganó 4-1.
Eso pertenece al deporte.
Los incidentes ocurridos en los accesos del estadio pertenecen al terreno del civismo y de la seguridad.
Las declaraciones atribuidas a Wilson Isidor y la publicación de Duckens Nazon pertenecen al terreno de la provocación y del debate sobre el respeto a la soberanía.
Y la reacción de la Embajada de Haití, al reafirmar el respeto a la soberanía dominicana, pertenece al terreno diplomático.
Cada cosa debe colocarse en su lugar.
Porque cuando todo se mezcla, la historia se convierte en propaganda.
Y cuando la propaganda sustituye a la historia, las nuevas generaciones terminan pagando las consecuencias.
La República Dominicana debe defender su soberanía con firmeza, pero también con inteligencia.
Debe enseñar su historia sin falsificaciones.
Debe exigir respeto sin recurrir al odio.
Debe proteger sus fronteras sin convertir al haitiano común en enemigo.
Y debe recordar una verdad sencilla:
Haití es Haití. República Dominicana es República Dominicana.
La isla es una.
Los Estados son dos.
Y ninguna pelota de fútbol puede cambiar esa realidad.
EPÍLOGO
A los dominicanos del presente y a los dominicanos del futuro:
No permitan que nadie les robe la memoria.
Pero tampoco permitan que nadie les robe la razón.
Una patria que conoce su historia no necesita inventar enemigos.
Una patria que conoce su soberanía no necesita vociferarla cada cinco minutos.
Una patria que respeta a los demás puede exigir, con autoridad moral, que los demás la respeten.
Cuando vuelvan a escuchar que alguien pretende convertir una isla compartida en propiedad exclusiva de un solo Estado, recuerden que los mapas no se dibujan con gritos.
Cuando vuelvan a ver que alguien utiliza un estadio dominicano para lanzar una provocación territorial, recuerden que el deporte debe unir a los pueblos, no convertirse en escenario de disputas nacionales.
Y cuando alguien les diga que defender la República Dominicana significa odiar a Haití, rechacen también esa mentira.
Defender la patria no es odiar al vecino, no es odiar a Estados Unidos que nos ha invadido dos veces en el siglo pasado.
Es saber quiénes somos.
Es saber dónde estamos.
Es conocer de dónde venimos.
Es luchar por lo que somos para engrandecer la patria
Y es tener la voluntad de entregar a nuestros hijos una nación que conserve su identidad, sus instituciones, su dignidad y su soberanía.
Porque las patrias no mueren solamente cuando las invaden.
A veces comienzan a morir cuando sus propios hijos dejan de conocerlas.
Por eso la primera frontera de la República Dominicana no está únicamente en el mapa.
Está en la conciencia de cada dominicano.
Y esa frontera debe permanecer despierta.
BIBLIOGRAFÍA EDUCATIVA Y DOCUMENTAL
Fuentes institucionales y jurídicas
1. Constitución de la República Dominicana. Consultar especialmente las disposiciones relativas a la soberanía, territorio, nacionalidad y relaciones internacionales.
2. Tratado de Paz, Amistad, Comercio, Navegación y Extradición entre la República Dominicana y la República de Haití, 1929. Documento fundamental para estudiar las relaciones bilaterales y la cuestión fronteriza.
3. Protocolo de Revisión del Tratado de Frontera Dominicano-Haitiano, 1936. Fundamental para comprender la delimitación fronteriza entre ambos Estados.
4. Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana (MIREX). Documentación oficial sobre las relaciones dominico-haitianas.
5. Concacaf. Reglamento de la Liga de Naciones 2026-2027. Especialmente las disposiciones relativas a la conducta, los mensajes políticos y el comportamiento de jugadores y aficionados. Concacaf confirmó oficialmente el partido del 1 de octubre y el triunfo haitiano 4-1.
Historia dominicana y dominico-haitiana
6. Frank Moya Pons. Manual de Historia Dominicana. Santo Domingo.
7. Roberto Cassá. Historia Social y Económica de la República Dominicana. Santo Domingo.
8. Juan Bosch. Composición Social Dominicana. Santo Domingo.
9. Emilio Cordero Michel. Estudios sobre la historia dominicana y las relaciones dominico-haitianas.
10. Manuel Arturo Peña Batlle. Obras y ensayos sobre la frontera, la cuestión haitiana y la formación histórica del Estado dominicano. Deben leerse críticamente y contrastarse con investigaciones posteriores.
11. Richard A. Haggerty (ed.). Dominican Republic and Haiti: Country Studies. Library of Congress.
Para una lectura crítica y comparativa
12. Estudios contemporáneos sobre las relaciones dominico-haitianas producidos por universidades dominicanas, haitianas y centros académicos internacionales.
13. Documentación histórica de archivos nacionales dominicanos y haitianos.
14. Tratados internacionales, documentos diplomáticos y mapas históricos de la frontera dominico-haitiana.
Fuentes periodísticas utilizadas para contrastar los acontecimientos de octubre de 2026
15. Concacaf, información oficial del partido República Dominicana-Haití del 1 de octubre de 2026.
16. Diario Libre, cobertura de las declaraciones atribuidas a Wilson Isidor y Duckens Nazon.
17. Diario Libre, cobertura de la decisión del Ministerio de Deportes dominicano y de la posición de la Embajada de Haití.
18. Acento, cobertura audiovisual de los incidentes registrados en los accesos del Estadio Olímpico Félix Sánchez.
UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN
La verdadera defensa de la República Dominicana no consiste en gritar más fuerte que el vecino.
Consiste en conocer más, estudiar más, documentar más y recordar mejor.
Porque al final de cuentas, como nos enseña la intrahistoria, los pueblos no solamente se defienden con armas ni con discursos.
También se defienden con memoria y estudios.
Ramón Emilio Espínola
Nota: La hermosa caricatura que adorna este ensayo es obra de la IA a pedido y bajo las directrices del autor del ensayo que no es dibujante.

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