lunes, septiembre 14, 2026

GAMBIA EL ESTADO MÁS PEQUEÑO DE ÁFRICA CONTINENTAL.

 






GAMBIA EL ESTADO MÁS PEQUEÑO DE ÁFRICA CONTINENTAL QUE SOBREVIVE GRACIAS AL DINERO QUE ENVÍAN LOS QUE SE FUERON
Lo más importante sobre Gambia es que el país más pequeño del continente africano en tierra firme, con apenas 11,300 km² y 80 km de costa atlántica rodeados en todo su perímetro terrestre por Senegal, financia su viabilidad económica con el dinero que su propia diáspora envía desde Europa y América del Norte: las remesas alcanzaron US$776 millones en 2024, equivalentes al 31.5% del PIB, el porcentaje más alto de África occidental y uno de los más altos del mundo, según el Gobernador del Banco Central de Gambia Buah Saidy en el Stake in the Nation Forum de enero de 2025. El territorio forma un corredor de 350 km de longitud y no más de 48 km de anchura que sigue el curso del río Gambia desde el Atlántico hacia el interior del continente, partiendo geográficamente a Senegal en dos mitades que solo se conectan a través del territorio gambiano
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La economía creció 5.7% en 2024 y 6.1% en 2025, situándola entre las de mayor dinamismo de África occidental, con el turismo, el comercio, el transporte y las remesas como motores del crecimiento, según el World Bank Fifth Economic Update de septiembre de 2025 y el African Development Bank Economic Outlook de junio de 2026. Las remesas de US$776 millones en 2024 representaron el 31.5% del PIB nominal de US$2,460 millones, convirtiéndolas en la primera fuente de divisas del país por encima del turismo. La reexportación representa el 80% de los ingresos por exportación de bienes, con China como principal socio comercial en importaciones y exportaciones. La agricultura involucra al 75% de la fuerza laboral y contribuye aproximadamente un tercio del PIB, aunque depende críticamente de las lluvias estacionales: menos de la mitad de la tierra arable disponible está cultivada y la productividad agrícola permanece baja. La deuda pública alcanzó el 71.2% del PIB en 2024, con inflación cayendo desde el 17% en 2023 al 7.9% en 2025, con la tasa de política monetaria del Banco Central reducida a 16% en diciembre de 2025. La pobreza extrema cayó del 21.5% en 2024 al 20.3% en 2025, impulsada por el aumento de ingresos laborales y remesas.
La población registra una esperanza de vida de 65.860 años (World Bank WDI 2023, FRED St. Louis Fed, indicador SPDYNLE00INGMB), con una mortalidad infantil de 30.5 decesos por cada 1,000 nacidos vivos (FRED St. Louis Fed, indicador SPDYNIMRTINGMB, 2023) y una tasa de fertilidad de 4.006 hijos por mujer (World Bank WDI 2023, FRED St. Louis Fed, indicador SPDYNTFRTINGMB)
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. La tasa de mortalidad bajo cinco años alcanzó 44.1 decesos por cada 1,000 nacidos vivos en 2023, con una mortalidad materna de 354 muertes por cada 100,000 nacidos vivos ese mismo año. La edad mediana de 21.3 años refleja una población excepcionalmente joven con una estructura demográfica de crecimiento acelerado. El 95.7% de la población es musulmana según el Censo de Población y Vivienda de 2024, con el inglés como idioma oficial y el mandinka como lengua más hablada entre los grupos étnicos, que incluyen también Fula (25%), Wolof (15.4%), Jola (9.5%) y Soninke (8.2%). El 2024 Census registró una población de 2,422,712 habitantes.
El río Gambia, con 1,120 km de longitud total y navigable en 470 km dentro del territorio gambiano, es la columna vertebral territorial, hídrica, logística y económica del país
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. No existen carreteras alternativas al corredor del río que conecten el este del país con la capital Banjul en la desembocadura atlántica: el transporte fluvial y los transbordadores sobre el río son el medio principal de movimiento entre las orillas norte y sur del territorio. El puente Senegambia, con 1,750 metros de longitud, inaugurado en enero de 2019 y financiado con US$53 millones del Banco Africano de Desarrollo, fue el primer puente permanente sobre el río Gambia en el territorio y redujo el tiempo de traslado entre Brikama Ba (sur) y Farafenni (norte) de varias horas a minutos, conectando físicamente por primera vez las dos orillas del país en ese punto. La capital Banjul, construida sobre una isla-península en la desembocadura del río, alberga el puerto principal y el aeropuerto internacional Banjul, mientras Serekunda es la ciudad más poblada del país. La elevación máxima del territorio alcanza apenas 50 metros sobre el nivel del mar, convirtiendo a Gambia en uno de los países más planos del mundo y uno de los más vulnerables al aumento del nivel del mar.
Gambia carece de recursos minerales en escala comercial y no produce petróleo, gas ni ningún mineral estratégico en cantidades relevantes. La economía extractiva está limitada a la pesca artesanal e industrial
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, que provee proteína a la mayor parte de la población y genera exportaciones de harina de pescado, aceite de pescado e hielo de conservación. El cultivo del cacahuete (maní/groundnut), que fue durante décadas el único producto de exportación relevante del país bajo el período colonial británico y en los primeros años de independencia, fue desplazado por las remesas y el turismo como fuente principal de divisas, aunque sigue siendo el cultivo de subsistencia más extendido. El anacardo se convirtió en el segundo cultivo de exportación y continúa expandiéndose. La temporada turística 2024-2025 registró 232,000 llegadas según el informe anual del Ministerio de Finanzas de Gambia, un incremento del 13% respecto a la temporada anterior, con 57 vuelos semanales en 2024 frente a 53 en 2023, con mercados emisores clave en Reino Unido, Alemania y Escandinavia.
El clima subtropical seco con una estación lluviosa entre junio y octubre genera precipitaciones de 900 a 1,500 mm anuales en el litoral occidental, decreciendo hacia el interior oriental
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. Las temperaturas oscilan entre 18°C en enero y 43°C en mayo, con el harmattan seco del noreste reduciendo la humedad en la estación seca de noviembre a abril. La escasez de agua dulce superficial fuera del río Gambia, el aumento del nivel del mar que ya amenaza las costas bajas de Banjul y los impactos del cambio climático sobre las lluvias estacionales son las tres amenazas ambientales críticas que el Government of The Gambia documentó en su National Climate Change Policy.
El Puerto Autónomo de Banjul y el Aeropuerto Internacional Banjul son las únicas puertas de entrada y salida marítima y aérea del país, gestionadas por autoridades estatales
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. La infraestructura de telecomunicaciones fue parcialmente modernizada entre 2020 y 2025 con inversiones chinas y apoyos del Banco Mundial bajo el proyecto Gambia Digital Economy. El presupuesto de US$52.6 millones del Gambia Infrastructure Project aprobado por el Banco Mundial en 2025 apunta a infraestructura de transporte y energía resiliente al clima. La National Water and Electricity Company mejoró su desempeño operativo bajo el Gambia Electricity Restoration and Modernization Project, aunque los cortes eléctricos siguen siendo frecuentes en las zonas periurbanas. La migración irregular de jóvenes gambieños hacia Europa a través de la llamada "ruta del Mediterráneo" es documentada por la OIM como una de las más altas per cápita del continente, impulsada por la falta de empleo formal y la dependencia de remesas que crea un ciclo de dependencia estructural del exterior.
Gambia no controla el precio del anacardo ni del cacahuete que exporta, la demanda turística europea que determina si la temporada fue buena o mala, ni el volumen de remesas que la diáspora decide enviar desde un continente que el propio Estado no logra retener a sus jóvenes de cruzar porque ha construido su viabilidad sobre el dinero de los que se fueron, el turismo de los que llegan y el río que lo atraviesa, los tres recursos que comparten el mismo rasgo: ninguno está bajo su control.
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¿Un país cuya principal fuente de ingresos son los US$776 millones que envía su diáspora desde Europa, donde el 20% de su población vive en pobreza extrema y donde la migración irregular hacia el Mediterráneo es de las más altas per cápita de África: es una nación que exporta personas porque no puede ofrecerles nada o un Estado cuya geografía lo condenó desde el primer día a depender de lo que está más allá de sus fronteras?
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La Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG)




El 11 de septiembre de 1998, falleció nuestro compañero Ricardo Arnoldo Ramírez de León "comandante ROLANDO Morán" #HastaLaVictoriaSiempre

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29 12 1929-11 09 1998
Uno de los líderes fundadores de la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), y comandante en jefe del glorioso Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP)
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Originario de Quetzaltenango y
proveniente de una familia notable de Guatemala. Estudió leyes en la Universidad de San Carlos.
Durante el gobierno de Jacobo Árbenz (1944-1954) se afilió al Partido Guatemalteco del Trabajo, y es por esta época que conoció a Ernesto Guevara de la Serna, quien llegó a Guatemala en 1954.
Tras el eerrocamiento de Jacobo Arbenz, el compañero Ricardo Ramírez, en 1962 integró las Fuerzas Armadas Rebeldes, (FAR), una de las primeras organizaciones guerrilleras de Guatemala. Sin embargo en la década de los setenta se produjo una división ideológica en el seno de las FAR tras la muerte de su comandante Luis Turcios Lima en 1966, en un momento en el que se dudaba acerca de la eficacia de los movimientos guerrilleros y la opción de la guerra como única vía posible a los conflictos de América Latina. Algunos de sus integrantes, convencidos de la necesidad de la lucha armada, se separaron y crearon la Nueva Organización Revolucionaria de Combate, el 19 de enero de 1972. Poco tiempo después, en su primera conferencia guerrillera, adoptó el nombre de Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) (una de las cuatro organizaciones que más tarde conformarían la URNG). Con el nombre de guerra de Rolando Morán será el Comandante en jefe, hasta su disolución en 1997.
En 1996, Guatemala entró en un proceso de pacificación impulsado por el nuevo Presidente de Guatemala, Álvaro Arzú, para restaurar la democracia en el país centroamericano. Por primera vez un gobierno se decidió a dialogar seriamente con la guerrilla a fin de encontrar una salida pacífica al conflicto.
El 29 de diciembre de 1996, la URNG, Morán y el presidente Álvaro Arzú pusieron fin mediante una firma en Oslo, a 36 años de guerra civil.
En 1996 recibió el premio por la paz Félix Houphouët-Boigny otorgado por la UNESCO.
La URNG se transformó en un partido político al cual Rolando Morán dirigió como secretario general hasta su muerte en 1998.
Compañero Rolando Morán, rendimos honor y a tu ejemplo de lucha revolucionaria. Manifestamos gratitud por haber dedicado tu vida al servicio de la causa para liberar al pueblo oprimido, y por tu aporte en la construcción de un mejor país en paz, con más libertad, justicia y democracia
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Por nuestros Caídos @juramos_vencer
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Aquel hombre era Karapiru, del pueblo Awá.




En 1988, funcionarios brasileños llevaron a un joven indígena para intentar entender las palabras de un hombre que había aparecido después de pasar diez años prácticamente solo en el bosque.


El joven lo miró y lo llamó padre.


Aquel hombre era Karapiru, del pueblo Awá. Durante una década había creído que ese hijo estaba muerto.


La historia había comenzado en 1978, en Maranhão, al noreste de Brasil.


El territorio de los Awá estaba siendo invadido por hacendados, madereros y colonos. El descubrimiento de enormes yacimientos de hierro en la región de Carajás y la construcción de carreteras y ferrocarriles aceleraron la entrada de personas en zonas donde diferentes grupos indígenas todavía vivían con escaso o ningún contacto con la sociedad brasileña.


La violencia acompañó aquella expansión.


Un grupo armado atacó a la familia de Karapiru. Murieron su esposa, una hija, otros hijos y varios familiares. Él también recibió un disparo y escapó con perdigones incrustados en la espalda.


Uno de sus hijos, Xiramuku, quedó herido y fue capturado.


Karapiru no lo supo.


Huyó convencido de que prácticamente todos habían muerto.


Durante los siguientes diez años recorrió cientos de kilómetros entre Maranhão y Bahía. Vivía de lo que sabía encontrar en el bosque: miel, pequeños pájaros y otros alimentos que podía cazar o recolectar.


Dormía en lo alto de los árboles.


La herida permanecía en su espalda. No podía alcanzarla para tratarla y, según recordaría después, durante un tiempo sangró y le produjo un dolor intenso.


Pero la soledad era otro problema.


No tenía familia. No tenía comunidad. No tenía con quién hablar.


A veces hablaba consigo mismo o tarareaba mientras caminaba.


Finalmente, en 1988, apareció cerca de una zona habitada en Bahía. Un agricultor lo encontró y le dio refugio. Karapiru podía comunicarse mediante gestos, pero nadie entendía el idioma que hablaba.


La noticia llegó a la FUNAI, la agencia brasileña encargada entonces de los asuntos indígenas.


Primero intentaron presentarle hablantes de otro pueblo indígena que podía estar lingüísticamente relacionado.


No se entendieron.


Como último recurso localizaron a un joven Awá llamado Xiramuku.


Cuando llegó, no necesitó mucho tiempo para identificar al desconocido.


Reconoció las cicatrices de su cuerpo y lo llamó padre.


Era el niño que había sobrevivido a la misma masacre.


Xiramuku había quedado separado de Karapiru y ambos habían pasado diez años creyendo que el otro había muerto.


Después del reencuentro, Karapiru regresó a vivir entre los Awá. Formó otra familia, tuvo más hijos y se convirtió en una figura respetada de su comunidad y en defensor de los territorios indígenas.


Murió en 2021 después de enfermar de COVID-19.


Había sobrevivido a un ataque, a una bala alojada en su cuerpo y a diez años desplazándose solo por el bosque.


Pero el final de aquella década llegó de la manera menos imaginable: cuando las autoridades buscaron a alguien capaz de traducir sus palabras y enviaron, sin saberlo, al hijo que él llevaba diez años llorando como muerto.

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