Está más que demostrado que la Policía y el Ejército Nacional, históricamente, han dado la espalda al pueblo —al pueblo que con sus impuestos costea sus salarios—. Cuando han tenido que reprimir y asesinar a quienes reclaman en las calles su derecho a vivir con dignidad, lo han hecho sin rubor ni remordimiento; la historia es testigo de ello.
Lo ocurrido en San Juan no es, ni será, la excepción.
Desde el día anterior a la marcha mantuvieron una actitud provocadora para luego, de forma falaz, alegar que los agresores fueron las víctimas.
Sin embargo, el pueblo está claro: la marcha fue pacífica y multitudinaria. Fue un mensaje directo al Gobierno:
¡Agua sí, oro no! Fuera las mineras del territorio nacional.

