viernes, agosto 07, 2026

El 12 de agosto, el cielo va a hacer algo que no ha hecho en décadas.




El 12 de agosto, el cielo va a hacer algo que no ha hecho en décadas.

Tres eventos astronómicos mayores en el mismo día.

Antes del amanecer: seis planetas alineados en el cielo matutino. Júpiter, Mercurio, Marte, Urano, Saturno y Neptuno, visibles simultáneamente. Algunos a simple vista, otros con binoculares. Una primera sorpresa del universo antes del evento principal.

Durante el día, el evento principal.

Un eclipse solar total cruzará desde el norte de Rusia, pasará por Groenlandia, Islandia, y llegará al norte de España y Portugal en la tarde. Será el primer eclipse total visible en España continental desde 1999. Casi mil millones de personas estarán bajo la sombra de la Luna.

El eclipse ocurre cuando el sol está bajo en el horizonte, creando lo que los astrónomos llaman un "eclipse al atardecer" o "eclipse hora dorada". Para los fotógrafos, la combinación de un Sol bajo en el horizonte y el momento en que la Luna cubre completamente al Sol podría convertirlo en uno de los eclipses más impresionantes para fotografiar en años.

Y cuando oscurece, el tercer acto.

Las Perseidas tendrán su mayor actividad esa misma noche, con la posibilidad de observar la mayor cantidad de meteoros en el cielo. Y en 2026 hay un detalle perfecto, la noche de mayor actividad coincide con luna nueva, cuando la Luna estará casi completamente oscura, porque la Luna acaba de cruzar frente al sol en el eclipse. El cielo nocturno estará completamente oscuro. La próxima vez que las Perseidas coincidan con luna nueva será en 2045.

Planetas al amanecer. Eclipse al atardecer. Meteoros toda la noche.

Todo en menos de 24 horas.

Tienemos pocos días para ver esta increíble obra del universo.

"BASÁYEV ESTÁ AQUÍ": LAS TRES PALABRAS QUE HELABAN LA SANGRE EN EL CÁUCASO





"BASÁYEV ESTÁ AQUÍ": LAS TRES PALABRAS QUE HELABAN LA SANGRE EN EL CÁUCASO


Había un nombre que recorría las radios militares rusas como un presagio de muerte. Un nombre que obligaba a reforzar convoyes, a revisar cada camino y a sospechar de cada montaña. Shamil Basáyev. Cuando los informes de inteligencia advertían que podía encontrarse en una zona, nadie sabía desde dónde atacaría ni cuándo aparecería. Sus hombres surgían de los bosques, golpeaban con una violencia devastadora y desaparecían antes de que la artillería rusa pudiera responder. Poco a poco, aquel comandante checheno dejó de ser un simple insurgente para convertirse en el enemigo más buscado y temido de Rusia.


Todo comenzó con la Primera Guerra de Chechenia, en 1994. Moscú estaba convencida de que la campaña terminaría en pocos días. Miles de soldados, tanques T-72, vehículos blindados y artillería avanzaron sobre Grozni creyendo que aplastarían rápidamente a los separatistas. Pero dentro de la ciudad los esperaba un enemigo diferente. Basáyev comprendió que enfrentarse de frente al ejército ruso era un suicidio. En lugar de ello, dividió a sus combatientes en pequeños grupos armados con fusiles AK-74, ametralladoras PKM, lanzacohetes RPG-7 y misiles antitanque. Cada edificio destruido se convirtió en una fortaleza y cada calle en una emboscada.


Las columnas rusas comenzaron a arder una tras otra. Los blindados eran atacados desde sótanos, ventanas y azoteas al mismo tiempo. Los convoyes desaparecían en carreteras montañosas y los soldados vivían con la incertidumbre de no saber de dónde llegaría el siguiente disparo. Basáyev demostró que un ejército pequeño, pero disciplinado y conocedor del terreno, podía infligir pérdidas enormes a una potencia militar. Su prestigio entre los combatientes chechenos creció con rapidez, mientras que para los mandos rusos su nombre empezó a representar un problema cada vez más difícil de eliminar.


Sin embargo, la guerra también transformó al propio Basáyev. El comandante guerrillero fue abandonando gradualmente los límites de una lucha exclusivamente militar. En junio de 1995 tomó una decisión que cambiaría para siempre su imagen. Al frente de un grupo de combatientes cruzó territorio ruso y asaltó el hospital de Budiónnovsk. Más de un millar de civiles quedaron atrapados. Durante días, el mundo observó cómo mujeres, ancianos y niños eran utilizados como rehenes mientras las fuerzas especiales rusas intentaban recuperar el edificio. El saldo fue devastador: más de cien muertos y cientos de heridos. Basáyev logró regresar a Chechenia tras una negociación, pero desde entonces dejó de ser visto únicamente como un comandante insurgente y pasó a ser considerado uno de los terroristas más peligrosos del planeta.


Después de la guerra, lejos de desaparecer, su influencia aumentó. Reclutó nuevos combatientes, organizó redes clandestinas y preparó nuevas ofensivas. En 1999 encabezó una incursión armada en la vecina Daguestán, convencido de que podía extender la insurgencia por todo el Cáucaso. La respuesta rusa fue inmediata y brutal. Comenzó la Segunda Guerra de Chechenia. Esta vez Moscú regresó decidida a no repetir los errores del pasado. Grozni fue reducida a escombros bajo un bombardeo constante y comenzó una persecución implacable contra Basáyev y sus hombres.


Ni siquiera la pérdida de una pierna, tras la explosión de una mina, logró detenerlo. Continuó coordinando operaciones desde la clandestinidad. Su nombre aparecía una y otra vez en los informes de inteligencia rusos, relacionado con atentados, ataques suicidas y acciones cada vez más indiscriminadas. El hombre que había construido su fama enfrentando a soldados comenzó a dirigir operaciones donde las principales víctimas eran civiles.


El episodio que terminó de convertir su nombre en un símbolo mundial del terrorismo ocurrió en septiembre de 2004. Un comando vinculado a su organización tomó la escuela número 1 de Beslán durante la ceremonia de inicio del curso escolar. Más de mil personas, la mayoría niños, quedaron retenidas durante tres días. El desenlace fue un infierno de explosiones, disparos y caos. Más de 330 personas murieron, entre ellas cerca de 190 niños. Años después, Basáyev reivindicó públicamente la responsabilidad de la operación, un hecho que selló definitivamente su legado.


A partir de ese momento, Rusia convirtió su captura o eliminación en una prioridad absoluta. Los servicios de inteligencia fueron desmantelando una a una sus redes de apoyo, eliminando a sus lugartenientes y cerrando el cerco sobre el comandante checheno. El 10 de julio de 2006, una poderosa explosión en Ingusetia acabó con su vida. Según las autoridades rusas, fue el resultado de una operación especial; otras versiones sostienen que el camión cargado de explosivos que transportaba detonó accidentalmente. Su muerte puso fin a la carrera del hombre que durante más de una década desafió al Estado ruso.


Shamil Basáyev dejó una huella imposible de borrar. Fue un estratega capaz de poner en jaque a uno de los ejércitos más poderosos del mundo mediante guerrillas y emboscadas, pero también un hombre que cruzó todos los límites al convertir a civiles inocentes en objetivos de guerra. Su nombre sigue siendo recordado por dos razones opuestas: por la habilidad militar que desconcertó a Rusia y por las atrocidades que terminaron definiendo su legado.

Los habitantes de la isla Sentinel.

 



Una flecha disparada hacia un helicóptero confirmó que una de las comunidades más aisladas del planeta había sobrevivido a una de las mayores catástrofes naturales de la historia reciente.


El 26 de diciembre de 2004, un terremoto submarino provocó el tsunami que devastó las costas del océano Índico. Las olas golpearon el archipiélago indio de Andamán y Nicobar, donde se encuentra Sentinel del Norte, una isla cubierta de bosque y rodeada por arrecifes.


Durante varios días, las autoridades desconocieron qué había ocurrido con sus habitantes. Un helicóptero de la Guardia Costera fue enviado para observar la costa y buscar señales de vida.


Cuando la aeronave descendió, un hombre salió de la vegetación, avanzó por la arena y apuntó su arco hacia el cielo. La flecha pasó lejos del aparato, pero la tripulación obtuvo la respuesta que necesitaba: los sentineleses seguían allí.


El terremoto había elevado parte del terreno. Zonas de arrecife que antes permanecían sumergidas quedaron expuestas, mientras algunas lagunas y áreas de pesca cambiaron de forma. La comunidad sobrevivió dentro de un paisaje que ya no era exactamente el mismo. Los documentos disponibles no permiten reconstruir cómo reaccionó ante la llegada de las olas, aunque su conocimiento del mar, las mareas y el interior de la isla debió resultar decisivo.


La flecha también condensaba una larga historia de encuentros impuestos desde el exterior.


En 1880, el funcionario colonial británico Maurice Vidal Portman desembarcó en Sentinel del Norte acompañado por un grupo armado. Después de recorrer la isla durante días, capturó a una pareja anciana y a cuatro niños, y los trasladó a la colonia penal de Port Blair.


Los adultos enfermaron y murieron poco después. Los niños, también enfermos, fueron devueltos a la isla junto con varios obsequios. Ese episodio formó parte de una política colonial que intentaba someter y estudiar a los pueblos indígenas de las Andamán mientras las enfermedades y la violencia reducían drásticamente otras comunidades del archipiélago.


Durante la segunda mitad del siglo XX, equipos indios realizaron expediciones periódicas y dejaron cocos, herramientas y otros objetos en las playas. Las respuestas variaron según el momento: algunos grupos se retiraban al bosque, otros levantaban sus armas y, en varias ocasiones, aceptaron los regalos.


En enero de 1991 se produjo uno de los acercamientos más próximos conocidos. Hombres y mujeres se aproximaron a las embarcaciones y recibieron cocos directamente de los antropólogos. La escena mostró que sus decisiones ante los visitantes dependían de las circunstancias y de la distancia que estos respetaran.


Los sentineleses pescan, cazan, construyen canoas y fabrican arcos de gran tamaño. También han utilizado metal, madera, recipientes y otros materiales recuperados del mar y de embarcaciones naufragadas. Su vida se sostiene mediante conocimientos adaptados a una isla pequeña, a sus arrecifes y a los recursos disponibles en cada estación.


India terminó abandonando las expediciones de contacto directo. Sentinel del Norte y cinco kilómetros del mar que la rodea están protegidos como reserva tribal. La Guardia Costera y la Policía Marítima vigilan la zona desde la distancia bajo una política destinada a impedir desembarcos y reducir el riesgo de enfermedades, explotación o violencia.


En aquella mañana posterior al tsunami, el helicóptero representaba toda la capacidad tecnológica del mundo exterior. El hombre de la playa solo necesitó una flecha para comunicar que su pueblo había sobrevivido y que la isla continuaba teniendo sus propios límites.

Hasta donde llega el servilismo.




🇯🇵El alcalde de Hiroshima critica a Rusia, pero no menciona a Estados Unidos qué fue quién bombardeó la ciudad


El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, en una ceremonia conmemorativa del 81 aniversario del bombardeo atómico estadounidense, criticó a Rusia y sus acciones en Ucrania, pero no mencionó a Estados Unidos como el país que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad.Matsui inició su discurso acusando a Rusia de supuestamente “utilizar armas nucleares como instrumento de intimidación” y criticando sus acciones en Ucrania. Si bien al principio evitó mencionar la palabra “Rusia”, refiriéndose a ella como una “gran potencia”, luego mencionó directamente a Rusia y el conflicto en Ucrania.Mientras tanto, el alcalde de Hiroshima, como en años anteriores, no mencionó a Estados Unidos como responsable del bombardeo atómico de la ciudad en 1945


https://es.head-post.com/index.php/2026/08/06/el-alcalde-de-hiroshima-critica-a-rusia-pero-no-menciona-a-estados-unidos-que-fue-quien-bombardeo-la-ciudad/

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