lunes, octubre 05, 2026

LA P.N. Y LOS MIEDOS DE ABINADER.


                 


                                                                                                                                                                                                      Por Narciso Isa Conde


 Ahora las ejecuciones judiciales o asesinatos policiales son por paquetes o ramilletes: ocho de un tirón… 40 en un mes y unos días.

 

El nuevo jefe, o da la orden, o la banda criminal interna tiene luz verde para tirar los cadáveres en las narices de los pobladores donde acribillan a los condenados ilegalmente a pena de muerte.

 

Abinader los conmina a entregarse para “evitar que le vaya peor”, autorizando en los hechos su ejecución.

 

Abinader le tiene miedo a esa policía criminal.

 

Dicen, con razón, que Luis Abinader le tiene miedo a todo.

 

A Donald Trump, a Marco Rubio, a la CIA, a la DEA, a Netanyahu, al Mossad, al Comando Sur… 

 

A Falcondo, a Barrick, a Gold Quest…

 

A los Vicini, los Rainieri, los Risek… a los bancos y las bancas, a sus ARS y AFP privadas, y a todos los oligarcas más ricos que él…

 

A los granceros… a los magnates depredadores y explotadores y a los “influencers” de diferentes calibres y calañas…

 

A los López Pilarte y Miguel Gutiérrez.

 

 A Hipólito, a Leonel y hasta al semi-acosado Danilo.

 

En este delicado tema de la perversión de la P.N., de sus matanzas, de sus prácticas y asociaciones mafiosas recurrentes… su estructura criminal y sus asesores israelí, estadounidense, chilenos, colombianos y españoles saben muy bien que Abinader le tiene miedo, y que la reforma es una farsa para entretener y un cuento para engañar. 

 

En verdad, no le temen a ese allante.

 

Por ese miedo, Abinader es incapaz de dar una orden para cerrar categóricamente el tenebroso capítulo de las ejecuciones extrajudiciales.

 

 Es incapaz de dar un zapatazo, de emplazar a los jefes policiales, de amenazarlos con castigos severos, para que detengan su horrible carrera delictiva. Carece de energía y valor para ponerlos en su sitio, aunque sea solo en ese punto.

 

 Por el contrario, perdió autoridad y continúa apoyando y modernizando un cuerpo policial criminal, integrado por bandas especializadas en todos los delitos; dotándolo de nuevos equipos que mal usan, deterioran o se roban.

 

Esa cobardía permisiva y su ideología convierten al mandatario en cómplice de una institución cuyas entrañas están podridas.

 

El mal es estructural, sistémico, crónico. No cede con cirugía extirpadora de tumores. Desde hace décadas hizo metástasis.

 

Luis Abinader lo sabe y alimenta sus tumores y metástasis. Cada cambio de jefatura y cada reforma y cada plan de seguridad ciudadana, es eso.  

 

La cultura despótica, criminal, delictiva… resiste “depuraciones” parciales. Ella se recompone fácilmente y se retroalimenta, siempre asociada a otras variantes de la corrupción de Estado, ya sea política, empresarial o narco-criminal.

 

En el interior de la Policía Nacional se recicla también la ideología autoritaria-neoliberal rodeada de un Estado y una sociedad civil en los que domina el criterio de que la gente vale por lo que consume, por las banalidades que disfruta y el dinero que posee.

 

Rebrota fácilmente en su seno el viejo caudillismo (Trujillo, Balaguer…), reencarnado y estimulado por los presidentes más recientes: Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina y el propio Luis Abinader, el actual.

 

La P.N.es un cuerpo militar y se auto-protege con el manto del autoritarismo y el secretismo castrense.

 

Un cuerpo acostumbrado al abuso, la crueldad y el robo.

 

Más que interrogar, tortura; física y mentalmente.

 

Los mayores ingresos personales a nivel de alta oficialidad provienen de lo ilícito, sin que nadie los fiscalice: extorsión, soborno empresarial, complicidad con bandas civiles, protección de delincuentes de todas las calañas, narco-corrupción.

 

La policía no previene ni persuade, sino que mete miedo y reprime, y hasta le hace la guerra al pueblo, maltratando a civiles.

 

Atemoriza a presidentes cobardes y a congresistas perversos que la exhortan a ser más duros y más criminales.

 

Importantes sectores de la P.N. son insaciablemente adictos a esas inconductas inducidas por sus jefes y estimuladas por el modelo de actuación de la clase dominante-gobernante.

Archivo del blog