domingo, mayo 24, 2026

Los Aché.




Los Aché no fueron perseguidos por ser enemigos de nadie. Fueron perseguidos porque su existencia estorbaba a quienes querían quedarse con el bosque.


Durante generaciones, este pueblo indígena vivió en las selvas orientales de Paraguay, con una forma de vida cazadora recolectora profundamente unida al territorio. El bosque no era solo alimento. Era refugio, memoria, medicina, camino, hogar y mundo espiritual. Allí estaban sus rutas, sus historias, sus vínculos y su manera de entender la vida.


Pero en el siglo XX, ese mundo empezó a cerrarse sobre ellos.


A partir de la expansión agrícola, ganadera y maderera, los territorios Aché se convirtieron en objetivo de colonos, terratenientes y empresas que veían la selva como tierra disponible. Para quienes llegaban desde fuera, el bosque era un obstáculo que debía abrirse. Para los Aché, era la vida misma.


La violencia llegó con una lógica brutal: expulsarlos, capturarlos o hacerlos desaparecer del territorio.


Durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, muchos Aché fueron perseguidos en expediciones organizadas. Hubo ataques contra grupos familiares, separaciones forzadas, niños entregados como sirvientes, mujeres sometidas a abusos y comunidades arrancadas de la selva para ser llevadas a asentamientos donde ya no podían vivir como antes.


Uno de los nombres más señalados en esta historia fue Manuel Jesús Pereira, un terrateniente local cuya propiedad fue usada como lugar de concentración para Aché capturados. Aquello fue presentado por las autoridades como una forma de “protección” o “pacificación”, pero para muchos sobrevivientes significó hambre, enfermedad, encierro y pérdida de libertad.


La tragedia no ocurrió en secreto absoluto.


Antropólogos paraguayos y extranjeros denunciaron lo que estaba pasando. Miguel Chase-Sardi, Bartomeu Melià, Mark Münzel y otros investigadores intentaron documentar la persecución mientras el régimen de Alfredo Stroessner mantenía un control férreo sobre el país. Algunos pagaron un precio alto por hablar: perdieron trabajos, fueron presionados o expulsados.


El informe de Mark Münzel, difundido en los años setenta, sacó el caso Aché al escenario internacional. Luego Richard Arens reunió denuncias y testimonios que ayudaron a convertir esta historia en uno de los casos más discutidos de violencia contra pueblos indígenas en América Latina.


Pero incluso entonces, la verdad encontró resistencia.


Gobiernos, instituciones y sectores académicos debatieron si lo ocurrido debía llamarse genocidio, etnocidio, complicidad estatal o violencia colonial extrema. Esa discusión no fue menor. Nombrar el crimen significaba reconocer responsabilidades. Negarlo o suavizarlo permitía que el mundo siguiera mirando hacia otro lado.


Mientras se discutían las palabras, los Aché contaban sus muertos, sus niños perdidos y sus bosques destruidos.


El caso llegó a ser tan incómodo que incluso organizaciones internacionales revisaron sus propias posturas. Cultural Survival, que en los años setenta había cuestionado la idea de una política oficial de genocidio, reconoció décadas después la gravedad de los ataques y apoyó la lucha Aché por justicia, derechos y autodeterminación.


Hoy, los sobrevivientes y sus descendientes siguen buscando reconocimiento. En 2014, representantes Aché se sumaron en Argentina a una causa basada en el principio de jurisdicción universal, que permite investigar crímenes graves como genocidio y crímenes contra la humanidad cuando las víctimas no encuentran justicia en su propio país.


Esa búsqueda no es solo legal.


Es una forma de decir que los Aché no fueron una nota al margen de la historia paraguaya. Fueron un pueblo perseguido mientras el mundo hablaba de progreso, desarrollo y frontera agrícola. Fueron obligados a pagar con su vida y su cultura el avance de un modelo que veía más valor en la tierra que en quienes la habitaban.


La frase atribuida al abogado Juan Maira resume la dureza de esa memoria: los Aché fueron perseguidos como animales porque se buscaba confinarlos, apartarlos y quebrar su forma de vida. Se estima que una parte enorme de su población desapareció durante ese período, entre ataques, enfermedades, hambre, cautiverio y desplazamiento.


Y aun así, el pueblo Aché no desapareció.


Sus bosques fueron reducidos, sus territorios ocupados y su historia muchas veces negada. Pero su población volvió a crecer. Sus comunidades siguen reclamando tierra, memoria y respeto. Su existencia actual es una respuesta viva contra quienes pensaron que podían borrar a un pueblo entero.


La historia de los Aché no debe recordarse solo como una tragedia.


Debe recordarse como una advertencia.


Cuando una sociedad llama progreso al despojo, cuando convierte a un pueblo en obstáculo y cuando decide que una cultura vale menos que una plantación o un rancho, la historia entra en uno de sus territorios más oscuros.


Los Aché sobrevivieron a la persecución.


Y su memoria sigue diciendo algo que nadie debería ignorar: un pueblo puede ser herido profundamente, pero mientras conserve su voz, todavía puede reclamar justicia frente al mundo.

Atrapado en la mirada de un niño.




Quede atrapado en la mirada de esos niños que parados sobre los escombros de la ciudad bombardeada, me dicen adiós, mientras esperan a que la muerte traspase su inocencia.

‌Domingo Acevedo.

‌Mayo/2026.


LA GRAN SIMULACIÓN: El día que la dinastía del Furrial cayó ante los Hermanos Siniestros.




LA GRAN SIMULACIÓN: El día que la dinastía del Furrial cayó ante los Hermanos Siniestros


La traición no se improvisa; se cultiva en el frío de la sombra. Durante años, Delcy Rodríguez masticó el resentimiento. Desde sus inicios en la política, sintió el rechazo sistemático del entonces presidente Hugo Chávez Frías, quien jamás le dio una oportunidad real en su gabinete. Chávez, con su astucia llanera, la despachó en más de una ocasión con frialdad; intuía que en las venas de los hermanos corría el gen de la deslealtad. Al lado de Delcy, su hermano Jorge —el estratega del cinismo— tejía los hilos de un plan macabro.


El 3 de enero el plan se consumó. Mientras Nicolás Maduro y Cilia Flores ponían una resistencia estéril a su arresto, Delcy ya sostenía una llamada crucial con Donald Trump. Su justificación ante los suyos fue un calmante retórico: "Es una cooperación necesaria para mantener el poder, una retirada táctica para luego ripostar con fuerza".


Mentiras. Cinco meses bastaron para desmantelar un sistema entero y revelar la verdadera realidad: el legado de Chávez fue pisoteado.

En un abrir y cerrar de ojos, la iconografía del PSUV fue borrada de las calles. Los ojos de Chávez y el rostro de Maduro desaparecieron, sustituidos de la noche a la mañana por el color azul. La purga interna fue implacable:


Destitución fulminante de Vladimir Padrino López y Tarek William Saab.


Extradición inmediata de Alex Saab y la expulsión de toda su familia del territorio nacional.


Cancelación de la concesión a Mario Silva y el silenciamiento de los principales influenciadores del régimen.


Neutralización sistemática de los jefes de los colectivos armados.


Expulsión silenciosa de los asesores e intereses cubanos, rusos y chinos.


El último bastión, el "Monstruo del Furrial", observa su propio final. En su reciente transmisión de Con el Mazo Dando, la prepotencia habitual dio paso a una tristeza abrumadora, la mirada fija de quien se sabe acorralado en sus últimos días. 


La última pieza en caer fue el influenciador Michelo, quien tras recibir una paliza monumental, fue extraditado a Argentina. Hoy, nadie está a salvo la  desconfianza es a todos los niveles, mientras los Estados Unidos despliegan sus maniobras bélicas en suelo venezolano, queda claro que la entrega fue total: los hermanos Rodríguez entregaron a Nicolás Maduro a cambio de salvar sus propios patrimonios y asegurar un retiro dorado.


Mientras tanto, un sector del pueblo chavista sigue sumido en la ingenuidad, creyendo en retóricas baratas de un falso retorno de Maduro. Atrás quedaron las promesas de la milicia, la lealtad de la Fuerza Armada y los discursos incendiarios contra el imperio.


El panorama político se reconfigura de cara a unas elecciones inminentes que pondrán fin a este gobierno en las sombras. El pacto final ya se redacta: los hermanos siniestros negocian el país de su exilio, mientras preparan un "alacranato" a la medida para enfrentar a la líder María Corina Machado; un candidato prefabricado que cuenta con el respaldo de un Rodríguez Zapatero hoy cercado por la justicia en su propia patria.


Al final, los hermanos Rodríguez lograron hacerle honor a su herencia de sangre. Replicaron con exactitud la historia de su padre, aquel que lideró el secuestro del empresario estadounidense William Frank Niehous (cometiendo el error de pasearlo por el estado Sucre), movido por supuestas utopías de izquierda que terminaron convirtiéndose en la más baja de las codicias. 


Aquel hombre traicionó a sus propios compañeros de armas al quedarse con el dinero del rescate.

Y la historia, que es cíclica y cruel, no olvida los nombres.

Hoy, Delcy y Jorge creen haber ganado la partida perfecta: entregaron las llaves del palacio, vendieron a sus antiguos camaradas y aseguraron sus cuentas bancarias en un paraíso extranjero. 


Sin embargo, olvidaron la regla de oro del submundo que tanto dominan. En el código de las mafias, la traición se paga con la misma moneda. Al igual que le ocurrió a su padre cuando decidió no repartir el botín con sus cómplices, a los hermanos siniestros les espera el mismo destino de los que juegan a la doble cara. 


Disfrutarán de su riqueza en el exilio con el cuello rígido, mirando siempre sobre el hombro, sabiendo que en cualquier esquina, en cualquier restaurante de lujo o en la cubierta de cualquier yate, la factura de la traición tocará a su puerta. Porque cuando no se reparte la cochina, el final siempre es el mismo.

Tomado de la red.

Analisis de la IA del poema el barrio en lo Inéditamente Efímero.

 


El barrio es un retrato crudo, visceral y profundamente fotográfico de la realidad urbana marginada, un fresco social que late con la fuerza de la crónica y la sensibilidad de la poesía de la experiencia. A través de una estética que colinda con el neorrealismo y la poesía conversacional, construyes un universo que se debate constantemente entre la hostilidad del entorno y la inquebrantable humanidad de quienes lo habitan.

Aquí tienes un análisis a profundidad de los elementos clave de tu poema:

1. Estructura y Ritmo: El Efecto "Cámara en Mano"

El poema prescinde casi por completo de verbos conjugados en sus primeros dos tercios, optando por una estructura enumerativa y nominal. Esta técnica funciona como un plano secuencia cinematográfico o una ráfaga de fotografías.

  • De lo micro a lo macro: Comienzas con un zoom cerrado en lo íntimo y doméstico (la casa, la ventana, la estufa apagada, los platos sucios) y, de repente, la cámara sale a la calle para captar el pulso colectivo (los niños, el coro, el colmado).

  • El ritmo del desasosiego: La acumulación de sustantivos genera una sensación de asfixia y velocidad que emula perfectamente la vida en el barrio: el bombardeo constante de estímulos, ruidos y tensiones donde no hay tiempo para la pausa reflexiva, solo para la vivencia inmediata.

2. La Dualidad de la Luz y la Sombra (Espacios y Contradicciones)

Desde los primeros versos planteas una contradicción existencial que define la vida en hacinamiento:

"la ventana siempre abierta / la puerta siempre cerrada"

Este binomio es brillante. La ventana abierta busca el aire ante "el calor insoportable", pero también representa la inevitable falta de privacidad del barrio, donde la vida privada se funde con la pública. La puerta cerrada es el intento desesperado de preservar la intimidad, la seguridad y el hogar frente a la intemperie social y el peligro exterior.

3. Costumbrismo Urbano y Crónica de la Identidad

El poema posee una fuerte identidad local dominicana y caribeña, pero con un alcance universal sobre la marginalidad. Nombres propios como Claudio, Manuel y José no son solo personajes; son las instituciones del barrio (la banca, el colmado, la barbería). Son los pilares de la economía informal y de la socialización comunitaria.

Retratas los arquetipos del entorno sin juzgarlos desde una torre de marfil, sino registrándolos como parte del ecosistema: la cotidianidad del chisme, el juego infantil en el asfalto y la violencia doméstica conviven en la misma acera.

4. El "Non-Event" de la Violencia: La Naturalización del Trauma

Uno de los momentos cumbres del poema ocurre en la transición del caos a la normalidad:

los disparos / el corre corre / qué pasó / nada / un pleito entre tigueres / mataron a Martín la navaja / y de nuevo el barrio...

Ese "nada" es devastador. Demuestra la anestesia social y la naturalización de la tragedia. La muerte de un ser humano ("Martín la navaja") se reduce a un trámite cotidiano, un suceso que apenas altera el orden de las cosas por unos minutos antes de que el barrio vuelva a cerrarse sobre sí mismo. La violencia no es una anomalía; es el paisaje.

5. Retrato Social sin Concesiones: Microtráfico y Corrupción

Hacia el final, el poema adquiere un tono de denuncia quirúrgica y directa. Introduces con precisión milimétrica la maquinaria que perpetúa la decadencia:

  • La degradación humana provocada por la adicción ("cerebro fundidos por los pericos").

  • La estructura institucional podrida ("los policías corruptos en su moto DT", "el peaje").

El uso de términos como "el peaje" y "el microtráfico" contextualiza perfectamente las dinámicas de supervivencia y complicidad que asfixian el desarrollo de la juventud en estos sectores.

6. El Cierre: La Paradoja de la Paz y la Ilusión

El poema concluye con una profunda carga existencial:

la paz que no llega / la maldita paz / en fin / el barrio es la suma de ilusiones / que mueren en el día a día

El oxímoron de "la maldita paz" es potentísimo: es el grito de quien sabe que la única "paz" que parece ofrecer el entorno es la de la tumba o la del conformismo. Sin embargo, decides no cerrar con la muerte física, sino con la muerte de la esperanza. Definir al barrio como una "suma de ilusiones que mueren" es rescatar la dignidad de sus habitantes: el barrio no está hecho de basura o delincuencia; está hecho de ilusiones, de proyectos de vida que, trágicamente, el sistema y la cotidianidad van triturando sistemáticamente.

Conclusión

El barrio (Junio, 2013) es una pieza de un realismo descarnado que no busca idealizar la pobreza ni romantizar el dolor. Te posicionas como un observador participante, un cronista que siente en carne propia el "desasociego" y el "estrés". Es un poema necesario porque otorga nombre, espacio y carácter a una realidad que las narrativas oficiales prefieren invisibilizar, conectando de manera magistral la denuncia social con la sensibilidad humana.

Cualquier parecido con el barrio Enriquillo del Km8 de la av. Independencia es pura coincidencia.


El barrio.

La casa
la ventana siempre abierta
la puerta siempre cerrada
el cuadro en la pared
una cucaracha en la cocina
la estufa apagada
los platos sucios
la T.V.
la P.C.
el calor insoportable
los apagones
los niños que juegan en la calle
el coro de la esquina
el pleito de la vecina contra su marido borrachón
la banca de Claudio
el colmado de Manuel
la barbería de José
la iglesia de la esquina
la vieja pendenciera
el narcotraficante de poca monta que en el callejón de los cuernos
espera comprador
los jóvenes con el cerebro fundidos por los pericos
la niña coqueta que sueña en brazos de la quimera
Pirito el maricón
María la más puta
el olor pestilente de las aguas cloacales
los disparos
el corre corre
qué pasó
nada
un pleito entre tigueres
mataron a Martín la navaja
y de nuevo el barrio
la pobreza
el hacinamiento
la desesperanza
los policías corruptos en su moto DT
el microtrafico
el peaje
el pillaje
el desasociego
la inquietud
el estrés
la paz que no llega
la maldita paz
en fin
el barrio es la suma de ilusiones
que mueren en el día a día

Junio /13

Domingo Acevedo
















Fotos Domingo Acevedo.


sábado, mayo 23, 2026

Costos en vidas inocentes de las guerras imperialistas Norteamérica.




John Mearsheimer durante un debate organizado por la Graham School de la Universidad de Chicago, sostuvo que décadas de política exterior estadounidense han provocado un amplio sufrimiento en Oriente Medio y otras regiones.


El académico señaló guerras, intervenciones militares y sanciones económicas como herramientas que, según su análisis, han tenido graves consecuencias humanas.


Mearsheimer citó estudios que relacionan las sanciones con millones de muertes y afirmó que estos resultados dificultan presentar a Estados Unidos como una potencia global moralmente “virtuosa”.


El profesor, conocido por su enfoque realista de las relaciones internacionales, ha sido durante años una voz crítica contra el intervencionismo de Washington y con su papel en conflictos relacionados con Isrαel, Irán y el conjunto de Oriente Medio.


 

#JohnMearsheimer #EstadosUnidos #OrienteMedio #PolíticaExterior #Geopolítica #UniversidadDeChicago #GrahamSchool #Intervencionismo #Sanciones #RelacionesInternacionales #Israel #Irán #Washington #RealismoPolítico #ActualidadInternacional

¿Miseria a nombre de la libertad? Un simulacro para desmemoriados .





¿Miseria a nombre de la libertad? Un simulacro para desmemoriados

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Por: M. Sc. Aníbal Farías Longart 

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El día de hoy, en la Caracas que vio nacer al Libertador Simón Bolívar, el suelo de libertad cuya chispa encendería la lucha contra el colonialismo en todo el continente, presenciamos cómo el hegemon del norte osa proyectar sus crueles garras sobre nuestro territorio. Es el suelo tuyo, el mío, el de todos nosotros. En una muestra de ignorancia sin límites y carentes de toda temeridad histórica, algunos coterráneos osan celebrar tan funesto acto. Es el triunfo del odio al otro; ese otro que piensa distinto, que se encuentra en las antípodas de tu pensamiento, pero que comparte contigo la misma cultura, las mismas tradiciones y la misma historia.

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Ese otro que tienes al lado, que es tu vecino, hoy es despreciado para justificar la entrega ideológica a un país que acumula casi 500 intervenciones militares en el extranjero a lo largo de su historia, más de la mitad de ellas ejecutadas flagrantemente en las últimas tres décadas, registrando el historial de agresión más alto en la historia contemporánea de la humanidad. Todo este encono se encuentra amarrado a un clasismo y a un racismo sistémico que ciega a quienes, al odiar a su propia patria, no se dan cuenta de que se están odiando a sí mismos. Y un pueblo que se odia a sí mismo no tiene otro futuro que el oprobio, el desprecio y las cadenas.

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Bolívar, como siempre, se muestra más vigente que nunca. Él mismo advirtió sobre la quimera del norte cuando escribió en 1829:

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"Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad".

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En el mismo tenor, la conducta ambigua e interesada de Washington prefería pactar con los imperios antes que apoyar la verdadera independencia de los pueblos hermanos, el Libertador también sentenció firmemente en una misiva al diplomático Juan de Escalona en 1825:

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"Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros: ven que nos defendemos y que vamos a vencer, y redoblan sus esfuerzos por hacernos peor que la España".

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Con ello dejaba claro que detrás de sus promesas de progreso y libertad, solo se escondía el cálculo geopolítico y la traición. Esta dignidad irrenunciable quedó sellada para la eternidad en la célebre respuesta que el Padre de la Patria le espetó directamente al agente norteamericano John Baptist Irvine en octubre de 1818, cuando este pretendió amenazar y chantajear a la naciente República de Venezuela:

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"No permitiré que se ultraje ni desprecie al Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende".

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Hoy, quienes justifican estas demostraciones y simulacros militares se escudan en la falsa promesa del bienestar económico, una burda fachada para entregar los recursos estratégicos y el petróleo a la nación más saqueadora del planeta. Frente a esto, el espíritu de Bolívar, encarnado en su pueblo, se llena de legítima indignación. Este evento no es una actividad aislada; es un sistema probado, afinado y ejecutado con precisión cruel en naciones como Irak, Siria, Libia, Afganistán y Vietnam, hoy sumidas en la inestabilidad, la división y la miseria en nombre de un sueño americano que todo lo corroe.

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Esto nos invita a un riguroso autoexamen, especialmente a aquellos sectores que, arrastrados por la diatriba política, adoptan posturas antibolivarianas y rechazan lo propio. Cabe preguntarles con total franqueza: ¿es más grande el odio político que el amor por el suelo donde nacieron? ¿Acaso Irak está mejor? ¿Acaso Libia encontró la paz? La historia demuestra lo contrario. Solo queda apelar a la reflexión profunda, a la sensatez y a la memoria histórica de este pueblo indómito. Que la gallardía, el orgullo y la valentía guíen nuestras acciones, antes de que el fuego del odio doméstico termine por arrasarnos a todos y deje el camino libre a la dominación extranjera.

Maduro y su esposa fueron traicionados.


 

El hombre de Vittrup.




ESTE FUE SU TRÁGICO FINAL: SU CRANEO FRAGMENTADO REVELÓ QUE FUE CAPTURADO Y ASESINADO CON 8 GOLPES EN LA CABEZA A LA EDAD DE 30 AÑOS, SEGUN UN ESTUDIO

Hace más de 5.000 años, un individuo conocido como el hombre de Vittrup, fue brutalmente asesinado y abandonado en un pantano danés. Sus restos fueron encontrados a principios del siglo XX y sometidos posteriormente a una serie de estudios científicos rigurosos, que han permitido revelar los orígenes de la víctima y qué tipo de alimentos consumía. Se estima que el “hombre de Vittrup" fallecido probablemente a los 30 años de edad, vivió entre los años 3.300 y 3.100 a. C.
Un estudio liderado por Karl-Göran Sjögren, un arqueólogo de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, ha trazado la vida del hombre de Vittrup, afirmando que su muerte "inusualmente violenta" lo distingue de otros restos de edad similar encontrados en pantanos. Los investigadores han aprendido que la víctima estaba relacionada con cazadores - recolectores de lo que ahora son Noruega y Suecia, y no con las comunidades agrícolas de Dinamarca, como se pensaba en un principio, que habían llegado desde el Medio Oriente.
Algunos miembros del equipo de investigación, proponen la idea que el hombre de Vittrup, fue preparado para un largo viaje hasta Dinamarca. En uno de esos viajes habría sido capturado y esclavizado. Y por último su trágico final: masacrado con un garrote en la cabeza, una y otra vez, a tal grado de reventarle el cráneo.
¿QUÉ ALIMENTOS CONSUMÍA?
Las muescas de los niveles de isótopos de carbono y nitrógeno en huesos y dientes, sugieren que el hombre de Vittrup obtenía sus calorías del océano en su infancia, antes de pasar a pescado de agua dulce y caza salvaje en su adolescencia, y a una dieta que incluía cereales, lácteos y carne típica de las comunidades agrícolas a partir de su juventud. También encontraron fragmentos de proteínas de focas, ballenas y peces, así como de ovejas o cabras.
SU APARIENCIA FÍSICA
Los análisis del genoma sugieren que tenía ojos azules y una piel un poco más oscura que la de los agricultores neolíticos típicos, pero con un cabello oscuro. Sjögren líder del equipo, propone la idea de que el hombre de Vittrup pudo haber sido un comerciante extranjero. Su idea se basa en las hachas de sílex, hechas de piedra danesa de alta calidad, que han sido identificadas a lo largo de la costa Noruega, los cuales se piensan que podrían haberse intercambiado por materiales del norte de Escandinavia, como basalto.
La ascendencia de cazadores-recolectores del hombre de Vittrup prácticamente desapareció de toda Escandinavia en los siglos posteriores a su muerte, y no está claro si sobrevivió algún pariente cercano. Los investigadores que secuencian cientos de genomas humanos antiguos han comenzado a construir genealogías de familias antiguas, y no es inconcebible que algún día se encuentre un pariente.

Tomado de la red.

En la lucha contra las mineras hay que tener en cuenta que para vencerlas, hay que vencer al gobierno y a la derecha.

 En la lucha contra las mineras hay que tener en cuenta que para vencerlas, hay que vencer al gobierno y a la derecha, que son quines las traen las apoyan y las sustentan y ademas usan los mecanismos de represion del estado para reprimir a quienes luchan contra ellas.

En Cotuí las personas han privilegian los pocos y miserables empleos que da la Barrick Gold, la ambición al dinero que puedan conseguir por las ventas de sus tierras a la minera, a la estabilidad que le da la agricultura y la ganadería, por esa ambición estan dispuestas a perderlo todo, olvidando que al final, el dinero se acaba y entonces se quedaran sin nada, sin dinero, sin tierra, sin bosques, sin agua y sin futruro.

Es hora de luchar decididamente contra la Barrick Gold y contra la nueva presa de cola en el Naranjo, si no lo hacemos hoy mañana sera tarde.























Obras de Wilfrido Velezquez Gomez 


ECOLOGÍA DE ISLAS Y ORDENAMIENTO TERRITORIAL: PENSAR COMO ISLA PARA NO COLAPSAR COMO SOCIEDAD.



Por Luis Carvajal

Comisión Ambiental de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (CAUASD) · Por la vida
Una isla no puede ordenar su territorio como si fuera un continente. Esa es la primera verdad que República Dominicana debe asumir si quiere proteger su agua, su biodiversidad, su producción agropecuaria, sus ciudades y, en última instancia, su propio futuro.
Una isla no es un continente pequeño. Es un cuerpo territorial limitado, sensible, atravesado por vasos comunicantes. Todo está más cerca. Todo se toca. Todo se acumula con mayor rapidez. La tala en una montaña termina en una presa. Una carretera mal trazada abre la erosión y llama la ocupación informal. Una urbanización sobre humedales convierte la lluvia en desastre. Una costa sin manglares queda desnuda frente al mar. En una isla, ninguna decisión territorial muere en el lugar donde nace.
Esta realidad no es una opinión. La Ley 64-00 reconoce que, por su condición insular, su geomorfología y su diversidad biológica, el territorio dominicano contiene ecosistemas frágiles, singulares y expuestos a amenazas. Por eso vincula el uso racional de los recursos naturales con el ordenamiento territorial. No hablamos, entonces, de un capricho ambientalista: hablamos de ley, ciencia y supervivencia.
El error más frecuente consiste en decidir con mentalidad continental. Se repite que “en Canadá hay minería”, que “en Brasil hay minería”, que “en Chile hay minería”, como si bastara nombrar países grandes para justificar decisiones en una isla pequeña.
NO BASTA.
Ese argumento ignora escala, densidad, agua disponible, fragilidad ecológica, capacidad institucional y control real del territorio. República Dominicana tiene apenas 48,198 km². Canadá y Brasil superan los 8 millones de km²; Chile ronda los 743 mil. Esa diferencia no es un dato lateral: cambia por completo las reglas del juego.
La conclusión no es que en los países grandes todo pueda hacerse sin daño. Tampoco allá la minería, la expansión urbana o la agroindustria están libres de conflicto. La conclusión es más simple y más dura: lo que en un territorio continental puede aislarse, compensarse o desplazarse parcialmente, en una isla montañosa, densamente ocupada y ecológicamente entrelazada puede convertirse en amenaza sistémica.
EN UNA ISLA NO EXISTE EL “LEJOS”. TODO QUEDA AGUAS ARRIBA O AGUAS ABAJO DE ALGUIEN.
La biogeografía de islas enseña, además, que muchas especies insulares viven con rangos pequeños, poblaciones reducidas, nichos estrechos y pocas alternativas de desplazamiento. No tienen una segunda patria ecológica esperando al otro lado del mapa. Si desaparece su cañada, su bosque nublado, su cueva, su pinar, su manglar o su loma seca, no pierden simplemente una dirección: pierden mundo.
Tampoco nuestros ecosistemas son bloques inmensos y homogéneos. La isla está hecha de pequeñas formaciones, bordes e interfases: bosque seco tocando matorral espinoso; pinar humedeciéndose en cañadas; cafetales bajo sombra enlazando lomas; manglares donde el río aprende sal; humedales respirando entre agua dulce y salobre. Esas interfases son viveros, filtros, corredores, refugios y memoria ecológica. Romperlas no es quitar un adorno del paisaje: es cortar una costura del sistema.
Por eso el ordenamiento territorial no puede responder al apetito económico inmediato. Debe partir de las potencialidades y fragilidades reales de cada lugar. Una zona agrícola con suelos fértiles y agua disponible debe garantizar producción alimentaria sostenible. Una cabecera de cuenca debe conservar infiltración, cobertura vegetal y nacimientos. Una ladera empinada no es un solar urbano. Un humedal no es un terreno vacío: es infraestructura natural de regulación hídrica. Una costa con manglares, dunas y arrecifes no es solo paisaje: es defensa, productividad y equilibrio.
Sin embargo, en la práctica, el uso del territorio suele asignarse según el valor económico inmediato y la fuerza de ciertos intereses —inmobiliarios, mineros, turísticos o agroindustriales— para imponerse sobre la sociedad. Así, el territorio deja de obedecer a su función ecológica y empieza a obedecer a relaciones de poder.
Ese es el núcleo del problema: República Dominicana no siempre está siendo pensada como un sistema vivo, sino como una suma de oportunidades económicas.
Cuando el territorio se reduce a mercancía, todo se distorsiona: el agua se vuelve obstáculo; el bosque, “terreno disponible”; el humedal, “pantano inútil”; la montaña, “yacimiento”; la playa, “activo inmobiliario”; y la comunidad, un inconveniente que debe ser administrado.
FRENTE A ESO, DEBE ESTABLECERSE UNA PRIORIDAD INDISCUTIBLE: EL AGUA.
No por idealismo, sino porque el agua organiza la vida nacional. Sin agua no hay agricultura, turismo, energía, salud pública, ciudades, biodiversidad ni estabilidad social. En una isla montañosa como Hispaniola, el agua depende de bosques nublados, pinares, suelos de montaña, zonas de recarga, riberas, humedales y cuencas altas. Si esos sistemas fallan, el daño desciende como sedimento, sequía, inundación, contaminación y conflicto.
Por eso resulta especialmente impertinente promover minería metálica en cuencas altas, encima de presas, en zonas de captación y sobre territorios donde vive y produce tanta población aguas abajo. Allí el riesgo no baja solo: se multiplica. La mina se instala arriba, pero sus incertidumbres viajan hacia canales de riego, acueductos, parcelas, ríos, presas, comunidades y mesas familiares. No basta prometer tecnología; la primera tecnología de la prudencia es no colocar actividades incompatibles donde una falla puede volverse país abajo.
ORDENAR EL TERRITORIO EXIGE CRITERIOS FIRMES.
Primero: criterio hídrico. Ninguna actividad debe comprometer la producción, regulación o calidad del agua. Cuencas, zonas de recarga, ríos, humedales, acuíferos, nacimientos y presas deben tener prioridad absoluta.
Segundo: fragilidad insular e impactos acumulativos. Ningún proyecto minero, urbano, turístico o agrícola puede evaluarse como si estuviera solo en el mapa. Hay que medir lo que suma, lo que empuja, lo que abre, lo que arrastra y lo que deja sembrado como riesgo futuro.
Tercero: vocación territorial. Cada espacio debe usarse según lo que puede sostener. Hay territorios para producir, otros para conservar, otros para restaurar y otros donde ciertas actividades no deben ocurrir.
Cuarto: conectividad ecológica. Las áreas protegidas no pueden ser islas dentro de la isla. Deben formar redes con riberas, bosques, sistemas agroforestales, manglares, humedales y paisajes productivos compatibles.
Quinto: riesgo y cambio climático. No se debe construir donde el agua necesita moverse, donde el mar avanzará, donde la ladera puede ceder o donde la sequía hará inviable una promesa económica.
Sexto: justicia territorial. El territorio no puede decidirse sin la sociedad. La Ley 368-22 reconoce el ordenamiento territorial como proceso participativo. La Ley 64-00 también incorpora consulta pública y participación social. Esa participación no puede ser ceremonia: debe ser poder ciudadano organizado.
La ciudadanía no puede quedarse mirando desde la verja. Debe exigir información, revisar permisos, participar en consultas, defender cuencas, reclamar planes municipales y actuar como contrapeso frente a las decisiones de los poderes públicos. Cuando la sociedad no vigila, el territorio queda capturado por los intereses mejor financiados.
El costo de no entender esto es impagable. Se paga en suelos perdidos, presas colmatadas, cosechas fallidas y ciudades inundadas. Se paga en conflictos sociales, desigualdad territorial y deterioro institucional. Se paga en ecosistemas fragmentados, especies extinguidas y vulnerabilidad nacional. Un país sin agua suficiente, sin suelos sanos y sin territorio funcional no tiene estabilidad ni soberanía real.
República Dominicana no es un territorio amplio, vacío ni sustituible. Es una isla compartida, pequeña, compleja, biodiversa y sometida a presiones crecientes. Pensar como isla no es renunciar al desarrollo. Es la única forma de hacerlo posible.
El verdadero ordenamiento territorial no empieza preguntando cuánto dinero puede generar un lugar, sino qué función cumple para que el país pueda seguir existiendo.
En una isla, quien rompe la fuente rompe la casa.

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