jueves, febrero 05, 2026

Ya hice el depósito de mi libro Anatomía de la sangre tanto en el Archivo General de la Nación y la Biblioteca Nacional.











 

10 poetas famosos de todos los tiempos

 


    Explora el legado de los más grandes poetas de la historia. Esta recopilación destaca a famosos poetas cuyas palabras siguen inspirando a generaciones

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    Oh! La palabra escrita, ¡cómo se transforma en magia y conmueve el alma tan profundamente! Dejarse llevar por unos versos, sentir pena, pasión, rabia, amor... Adoro el arte en todas sus formas, pero los libros y la poesía ocupan un lugar especial porque poseen un poder que trasciende el tiempo y el espacio. Acompáñeme, queridos lectores, en un viaje lleno de encanto.

    1. William Shakespeare

    Obras famosas: Sonetos (1609), Venus y Adonis (1593)

    El propio bardo, tejiendo cuentos con pluma y tinta. Sus versos trascienden los siglos, susurrando secretos de amor, tragedia y condición humana.

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    2. William Blake

    Obras famosas: Canciones de la inocencia y de la experiencia (1789), Las bodas del cielo y del infierno (1790-1793)

    William Blake, artista visionario de la palabra, creó una obra profundamente imaginativa y a menudo mística.

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    3. William Wordsworth

    Obras famosas: Baladas líricas (1798), El preludio (1805)

    Confidente de la naturaleza, William Wordsworth, figura central del movimiento literario romántico, es famoso por su poesía introspectiva inspirada en el mundo natural.

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    4. T. S. Eliot

    Obras famosas: La canción de amor de J. Alfred Prufrock (1915), La tierra baldía (1922), Los hombres huecos (1925)

    T. S. Eliot, poeta modernista, escribió obras influyentes y complejas que exploran temas como la desilusión, el existencialismo y la búsqueda de sentido.

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    5. Emily Dickinson

    Obras famosas: Porque no pude detenerme por la Muerte (1862), La esperanza es la cosa con plumas (1861)

    En su tranquila soledad, Dickinson susurra verdades profundas. Sus versos, como delicados pétalos, se despliegan para revelar los misterios de la vida, la muerte y el alma.

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    6. Sylvia Plath

    Obras famosas: Daddy (1962), Lady Lazarus (1962), Ariel (1965)

    Plath, una tempestad de emociones, pinta con trazos audaces las complejidades de los paisajes mentales. Sus palabras son una sinfonía inquietante que resuena en las cámaras de la introspección.

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    7. Pablo Neruda

    Obras célebres: Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), Residencia en la tierra (1933), Canto general (1950)

    Neruda, poeta del amor y de la revolución, nos regala odas a la pasión, a la justicia y a la belleza de lo cotidiano.

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    8. Walt Whitman

    Obras famosas: Hojas de hierba (primera edición 1855), ¡Oh capitán! ¡Mi capitán! (1865)

    Whitman, el gigante poético, celebra la inmensidad del espíritu humano. Sus versos son un abrazo cósmico que abarca las alegrías y las luchas del alma colectiva.

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    9. Maya Angelou

    Obras famosas: Sé por qué canta el pájaro enjaulado (1969), Still I Rise (1978), Phenomenal Woman (1978)

    Los versos de Angelou se elevan como un ave fénix, resonando con resistencia y gracia. Es una narración de triunfo sobre la adversidad, un testimonio del indomable espíritu humano.

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    10. E. E. Cummings

    Obras célebres: I carry your heart with me (1952), Somewhere I Have Never Traveled, Gladly Beyond (1931), Buffalo Bill's (1920)

    Cummings, maestro de la sintaxis no convencional, danza a través de paisajes lingüísticos, invitándonos a explorar los reinos inexplorados de la expresión.

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    Siguiendo el espíritu de los versos de Emily Dickinson, te dejo con una reflexión: La eternidad se compone de ahoras. Que tus ahoras estén llenos de la poesía del presente, y que encuentres consuelo, inspiración y alegría en cada verso que la vida despliega.

    Pero el viaje no termina aquí, simplemente hace una pausa. Te hago una invitación, querido lector. Siéntete libre de compartir los ecos de tu propia alma poética en los comentarios a continuación. Háblanos de tu poeta favorito, comparte los versos que resuenan en tu corazón y, tal vez, ofrezca una recomendación literaria que te haya inspirado.

    Explora más maravillas literarias a través de estos enlaces:



    DOMESTIKA.

    Libia el estigma de ser Gaddafi.





    En el contexto del maremágnum libio, que se inició en 2011 con la operación que derrocó y asesinó al coronel Muhammad Gaddafi, sus hijos también han sido víctimas del odio desenfrenado que Occidente tuvo hacia su padre.
    El último estadio de esta oleada perversa fue el asesinato de Saif al-Islām Gaddafi (1972), un reformista liberal, que hizo que su padre se alejara de sus convicciones nacionalistas y responsable principal del trágico acercamiento de Libia a Occidente a partir del año 2000, y el depósito de miles de millones de dólares en bancos de Londres y Nueva York, que dispararon la ambición de Occidente para quedarse con esos fondos.
    Saif fue emboscado en su casa de la ciudad de Zintan, a unos ciento treinta kilómetros al suroeste de la ciudad de Trípoli, donde reside el Gobierno de Unidad Nacional (GUN) designado por Naciones Unidas, uno de los centros de poder que se ha formado en el anárquico presente libio. Considerado el heredero político de su padre, el pasado tres de febrero fue sorprendido por un grupo de desconocidos que, tras su crimen, abandonaron el lugar sin dejar rastros.
    La muerte de Saif se suma a la de tres de sus diez hermanos, en los días de la invasión de la OTAN. Mutassim, nacido en 1974, quien presidía el Consejo Nacional de Seguridad de Libia, fue asesinado junto a su padre en la ciudad de Sirte, en octubre del 2011. Khamis Gadafi (1983), comandante de la Brigada Jamis del ejército libio, murió en combate un par de meses antes que su padre y Saif al-Arab Gadafi (1982), quien ya había sido herido en los bombardeos de 1986, ordenados por Ronald Reagan contra Trípoli, por el caso Lockerbie y el programa nuclear, en el que murió su hermana adoptiva Hanna, aunque algunas versiones indican que la niña sobrevivió y la dieron por muerta para ser utilizada como propaganda del “régimen”. Saif al-Arab, si moriría en abril de 2011 en Trípoli, junto a sus tres hijos durante un bombardeo de la OTAN.
    Mientras los que han logrado sobrevivir fueron… Quizá el destino más curioso entre los hijos de Gadafi fue el de Hannibal (1975), quien con el derrocamiento de su padre se exilió primero en Argelia y después en Siria. En 2015 fue secuestrado y llevado a Líbano, donde permaneció una década preso, sin juicio, acusado de haber estado implicado cuando solo tenía tres años en la desaparición de Musa al-Sadr, protagonista de uno de los grandes misterios de la política internacional. El influyente imán chiita de origen libanés, al-Saddr, desapareció en 1978, en el contexto de una visita oficial a Libia, sin dejar ningún rastro. La versión libia fue que se había embarcado sin inconvenientes en un vuelo desde Trípoli hacia Roma. Mientras que Líbano sospechaba que Gaddafi había cedido a las presiones de los mullah iraníes, que preparaban su revolución, a quienes al-Saddr les disputaba la preeminencia del mundo chií. La situación generó una altísima tensión entre Trípoli y Beirut, la que jamás finalmente fue resuelta, aunque lo más factible es que hayan tenido intervención el MOSSAD junto a la SAVAK, la inteligencia del sha Palevi todavía en el poder para impedir su derrocamiento, lo que a esa altura era incontenible. El crítico estado de salud por el largo encierro de Hannibal obligó a un tribunal libanés a otorgar su liberación en noviembre pasado, y cuyos siguientes pasos todavía no están claros, ya que todavía no había sido autorizado a abandonar Líbano.
    Mientras que Mohammed, el mayor de los hijos del coronel, siempre fue de muy poca trascendencia pública, se exilió inicialmente en Argelia para más tarde, según algunas fuentes, instalarse en Omán, donde se dedica a la actividad privada, siempre con muy bajo nivel de exposición. Mientras que Aisha, la única hija biológica de Gadafi, también se mantuvo todos estos años, aparentemente también radicada en el sultanato del sur de la península arábiga, dedicada a resguardar la memoria de su familia.
    Durante un breve periodo, Saadi Gaddafi fue el más conocido de los hijos del coronel, solo por su intento de triunfar en el futbol, primero como capitán de la selección de su país y después por una corta e intrascendente temporada en el futbol italiano, donde jugó en el Perugia, el Unidense y la Sampdoria, con escasa trascendencia más allá de la excentricidad de ser el hijo de uno de los hombres más influyentes en la historia africana. Para cuando comenzó la invasión de la OTAN a Libia, y después de la muerte de su padre, debió escapar, para finalmente ser detenido en Níger, de donde fue extraditado a Libia en 2014. Fue enjuiciado e involucrado en diversos procesos judiciales. Entre ellos, el asesinato del futbolista y entrenador Bashir al-Rayani, ocurrido en 2005, hasta que, en 2018, un tribunal libio lo absolvió por falta de pruebas.
    El último Gadafi en el entramado libio.
    Saif al-Islām Gaddafi había sido detenido por rebeldes en noviembre de 2011 cerca de la ciudad de Awbari, en el desierto libio, cuando intentaba llegar a Níger después de haber perdido el pulgar y el índice derechos en un bombardeo. Saif fue encarcelado en Zintan, tras lo cual la Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden de arresto en su contra por presuntos crímenes contra la humanidad, aunque en 2017 fue beneficiado con una amnistía.
    Por medidas de seguridad se desconocía su paradero. Su domicilio era uno de los secretos mejor guardados de Libia. Aunque en 2021, más allá de ser buscado por las autoridades, presentó su candidatura en las presidenciales de aquel año, contando con un importante núcleo de seguidores de su padre. Finalmente, como en tantas otras veces, fueron postergadas. En aquella oportunidad se dijo que Saif hubiera tenido muchas posibilidades de haberse impuesto, incluso entre el voto joven, para los que el apellido Gaddafi era algo demasiado borroso.
    Tras conocerse la muerte y sus circunstancias, su abogado, Abdullah Othman Abdurrahim, declaró que su cliente fue cuatro hombres armados. Irrumpieron en la residencia de Saif al-Islām después de desconectar las cámaras de vigilancia. Para ejecutarlo de inmediato. El abogado había denunciado en las redes algunas semanas antes la degradación de la seguridad en esa finca, donde finalmente fue ejecutado. Este no había sido el primer atentado contra su vida; en 2019, se conoció que se pagaron treinta millones de dólares por su cabeza, sin conocerse si la operación había sido honrada a pesar del fracaso.
    Rápidamente, la Brigada de Combate 444, una de las tantas milicias autónomas que financia el Ministerio de Defensa del GUN, negó cualquier relación con el asesinato. Subrayando que no se habían emitido órdenes oficiales para seguir a Saif, por lo que no tenían ninguna unidad atenta a sus movimientos. Algo difícil de creer, ya que el hijo del coronel era una de las figuras más temidas por el régimen que gobierna Trípoli, que si bien no tenía una presencia decisoria en el actual contexto político del país, era una figura alternativa, con un peso simbólico, por la simple portación de apellido, que podría convocar a muchas organizaciones y personas tras el fracaso de todo el proceso que continuó a la muerte del coronel.
    Si bien la fiscalía interviniente anunció que, después de los estudios forenses, prosiguen sus investigaciones en búsqueda de los sospechosos, las que muy difícilmente progresen, como ha resultado en la absoluta mayoría de los centenares de miles de muertes producidas a partir del 2011.
    Otras versiones acerca de la responsabilidad del atentado apuntan a la milicia de Saddam Haftar, hijo de Khalifa Haftar, el señor de la guerra, antiguo general del coronel, que se ha adueñado del este de Libia y es parte fundamental de la actual anarquía.
    Diversos analistas políticos consideran que el asesinato no cambiará el equilibrio político o militar en Libia, pero que sí puede representar un factor más de la fragilidad general instalada en el país.
    Su ausencia sustrae al contexto político, social y simbólico la presencia del apellido Gaddafi, de cualquier disyuntiva posible, después de haber tenido presencia fundamental en los últimos cincuenta y siete años, cuando el capitán Gaddafi encabezó el golpe que terminaría con la fantochada del reinado de Idris I, colocado a dedo por las Naciones Unidas tras la unificación de las regiones de la Tripolitania, la Cirenaica y Fezzan, dando espacio al surgimiento de Libia para la creación de Jamahiriya, un acrónimo de dos palabras árabes que definen a las palabras castellanas masas y república, un sueño definitivamente muerto para Libia.

    "La enfermera que caminó 200 millas descalza para salvar vidas"




    La enfermera Consuelo Reyes, de 31 años, caminó 200 millas descalza a través de la jungla ocupada por los japoneses en Filipinas, llevando una bolsa de medicinas en la espalda, sola, durante diecinueve días, del 7 al 26 de julio de 1943, cruzando puntos de control enemigos escondiéndose en los árboles, durmiendo en cuevas, comiendo raíces e insectos que encontraba, porque 94 niños de una aldea aislada en la montaña morían de fiebre tifoidea y no había forma de que llegara medicina de otra manera. Consuelo se ofreció a llevarla porque nadie más lo haría, porque la ruta era demasiado peligrosa, porque los japoneses tenían puntos de control cada diez millas, porque cualquiera que fuera atrapado llevando medicinas a civiles filipinos sería ejecutado en el acto, y Consuelo dijo: "Entonces no me atraparán".

    Consuelo había sido enfermera en un hospital en Manila antes de la ocupación japonesa en 1942, y tras la toma de Manila, Consuelo se unió a la resistencia filipina, usando sus habilidades como enfermera para tratar a los combatientes heridos en campamentos ocultos en las montañas. Consuelo se hizo conocida entre los combatientes de la resistencia como "la enfermera que va a cualquier lugar", dispuesta a viajar a cualquier sitio, sin importar lo peligroso, para atender a los enfermos y heridos. En julio de 1943, un combatiente de la resistencia llegó al campamento de Consuelo llevando un mensaje de una aldea aislada en las montañas: 94 niños morían de fiebre tifoidea, la aldea no tenía medicinas, ningún médico había podido llegar porque los japoneses controlaban todos los caminos, y los niños morirían en dos semanas si no llegaba medicación.
    Consuelo tenía medicinas: un pequeño suministro de antibióticos y suero salino que la resistencia había obtenido de un depósito médico japonés capturado, y Consuelo se ofreció a llevarlas a la aldea. Los líderes de la resistencia le dijeron que la ruta era demasiado peligrosa: 200 millas a través de la jungla ocupada por los japoneses, varios puntos de control enemigos, patrullas que disparaban a los civiles a la vista. Consuelo dijo que iría de todas maneras. Los líderes de la resistencia le preguntaron por qué y Consuelo dijo: "Porque 94 niños están muriendo y yo soy enfermera, y las enfermeras salvan vidas. Eso es lo que hago. Eso es todo lo que hago". Consuelo metió las medicinas en una bolsa impermeable, se la ató a la espalda y salió del campamento el 7 de julio de 1943, sola, descalza, llevando la suficiente medicación para salvar a 94 niños si lograba llegar a ellos viva.
    Durante diecinueve días, Consuelo caminó por una jungla tan espesa que la luz del sol nunca llegaba al suelo, orientándose por las estrellas por la noche y por la memoria durante el día, evitando las patrullas japonesas escondiéndose en los árboles durante horas, durmiendo en cuevas y troncos huecos, comiendo raíces e insectos y cualquier baya que encontraba, bebiendo de los arroyos, moviéndose solo de noche cuando las patrullas estaban menos activas. Dos veces Consuelo estuvo a menos de 50 yardas de los soldados japoneses y se presionó contra el tronco de un árbol sin respirar durante minutos hasta que la patrulla pasó. Una vez, Consuelo se cayó cruzando un arroyo y se cortó el pie con una roca, se lo envolvió con un trozo de su ropa y siguió caminando porque no podía parar, porque 94 niños estaban muriendo y cada día que no llegaba era un día más de muertos. Los pies de Consuelo estaban hinchados y sangrientos para el décimo día, su cuerpo estaba desnutrido, sus músculos dolían constantemente, pero Consuelo siguió caminando porque detenerse significaba la muerte de niños.
    El 26 de julio de 1943, Consuelo llegó a la aldea en la montaña y encontró a 94 niños enfermos de fiebre tifoidea: algunos estaban inconscientes, otros demasiado débiles para llorar, algunos ya estaban muertos, y Consuelo comenzó a tratarlos de inmediato, usando la medicina que había transportado 200 millas, administrando inyecciones, suero intravenoso y antibióticos, trabajando sin descanso durante días, sin dormir, sin comer, tratando a niño tras niño. Durante las siguientes dos semanas, Consuelo trató a los 94 niños y 87 de ellos sobrevivieron. Siete niños murieron antes de que la medicina pudiera salvarlos, siete niños que ya estaban demasiado enfermos cuando Consuelo llegó, pero 87 niños vivieron porque una enfermera había caminado 200 millas descalza a través del territorio enemigo llevando medicina en su espalda.
    Consuelo Reyes sobrevivió a la guerra y continuó trabajando como enfermera en Filipinas durante treinta años más, y nunca fue condecorada por el gobierno filipino por su servicio en la guerra, porque su caminata por la jungla no fue oficial, no formaba parte de ninguna operación militar, no estaba documentada por ninguna autoridad, solo era conocida por los combatientes de la resistencia que la enviaron y por la aldea que salvó. Consuelo murió en 1978 a los 66 años, y en 2001, la aldea que salvó, ahora un pueblo de varios miles de personas, muchas de ellas descendientes de los 87 niños que ella salvó, erigió una estatua de Consuelo a la entrada del pueblo, y la placa dice: "En memoria de la enfermera Consuelo Reyes, 1912-1978, quien caminó 200 millas descalza por territorio enemigo llevando medicinas para salvar a 94 niños. 87 sobrevivieron. Nunca le dieron una medalla. Ella es nuestra heroína".

    Los partidos sistémicos de la Rep. Dominicana han institucionalizado a la corrupción





    Los partidos sistémicos de la Rep. Dominicana han institucionalizado desde el estado, desde sus gobiernos a la corrupción, el robo, el narcotráfico y el lavado de dinero como algo normal, lo peor es que una buena parte de nuestra sociedad ha aceptado esa barbaridad como algo que es correcto.

    Domingo Acevedo.
    Feb/2026.

    **Tenía 12 años cuando la montaña se lo llevó.





    Durante nueve días, Estados Unidos esperó para saber si volvería con vida.**
    En julio de 1939, lo que comenzó como una caminata familiar común se convirtió en una de las historias de supervivencia más extraordinarias de la historia estadounidense.
    Un niño de doce años llamado Donn Fendler desapareció en la naturaleza salvaje del monte Katahdin y, durante nueve días agonizantes, todo un país contuvo la respiración.
    EL DÍA EN QUE EL SENDERO DESAPARECIÓ
    El 17 de julio, Donn partió con su padre, dos hermanos y amigos de la familia para escalar la cumbre escarpada del Katahdin, de 1.606 metros de altura. Era verano. El ánimo era alto. Donn era joven, enérgico y ansioso por demostrar que podía seguir el ritmo de los adultos.
    Como muchos chicos de su edad, se adelantó corriendo.
    Entonces la montaña cambió.
    Una niebla espesa y repentina cubrió la cima: fría, densa, cegadora. El sendero desapareció. Los puntos de referencia se disolvieron en una nada gris. Incluso el sonido parecía ser tragado por la bruma.
    En contra de todas las reglas de supervivencia en la naturaleza, Donn hizo lo que muchos niños asustados hacen.
    Intentó encontrar a su familia.
    En cambio, cada paso lo llevó más lejos.
    Cuando la niebla se disipó, la montaña ya se lo había llevado.
    SOLO EN UN MAR DE ÁRBOLES
    Donn estaba completamente solo en una de las zonas más remotas del este de Estados Unidos.
    Sin brújula.
    Sin mapa.
    Sin comida.
    Sin zapatos.
    Solo bosque interminable.
    Lo que siguió no fue una mala noche, sino nueve días de supervivencia constante.
    Donn recorrió una distancia estimada de entre 130 y 160 kilómetros, abriéndose paso entre densos bosques de abetos, pantanos que le atrapaban las piernas, rocas afiladas y arroyos helados. Dependió de fragmentos de conocimiento que su padre y su formación como Boy Scout le habían enseñado.
    Una regla era más importante que todas:
    Seguir el agua cuesta abajo.
    Los arroyos pequeños llevan a corrientes.
    Las corrientes llevan a ríos.
    Los ríos llevan a personas.
    Esa idea se convirtió en su salvavidas.
    HAMBRE, FRÍO Y MIEDO
    La comida era casi inexistente.
    Donn sobrevivió comiendo fresas silvestres y bayas del bosque, racionando cada puñado como si fuera oro. El hambre no lo abandonaba. La debilidad se acumulaba.
    Al cruzar un arroyo, ocurrió el desastre.
    La corriente lo derribó.
    Sus zapatos desaparecieron.
    Luego sus pantalones.
    Luego su camisa.
    De repente estaba descalzo, medio desnudo y a kilómetros de cualquier lugar seguro.
    Las noches eran lo peor.
    Las temperaturas bajaban casi hasta el punto de congelación. Los insectos lo cubrían. Las sanguijuelas se aferraban a su piel. Dormía sobre el suelo del bosque, encogido, temblando hasta el amanecer. En un momento encontró un saco de arpillera abandonado y se envolvió en él como si fuera una manta: una protección mínima contra una naturaleza implacable.
    Escuchaba osos moviéndose a lo lejos. Ciervos salían del matorral sin aviso. Cada sonido podía ser peligro.
    Tenía doce años.
    Y siguió caminando.
    UNA NACIÓN LO BUSCA
    En casa, el pánico se extendió.
    Lo que empezó como la desaparición de un niño se convirtió rápidamente en uno de los mayores operativos de búsqueda en la historia de Maine. Cientos de voluntarios, guardabosques, pilotos y soldados recorrieron la zona. Aviones sobrevolaron el área. Perros siguieron rastros que se perdían en la nada.
    Periódicos de todo el país publicaron titulares día tras día.
    Muchos temían la verdad que nadie quería decir en voz alta.
    LA LÍNEA QUE LE SALVÓ LA VIDA
    El 25 de julio, tras nueve días de agotamiento, hambre y miedo, Donn vio algo antinatural atravesando los árboles.
    Un cable telefónico.
    Delgado. Recto. Humano.
    Lo siguió paso a paso hasta que lo condujo a un campamento de caza remoto cerca de Stacyville, Maine.
    Cuando Donn salió del bosque, apenas era reconocible.
    Había perdido más de siete kilos.
    Estaba deshidratado.
    Cubierto de picaduras y arañazos.
    Apenas podía mantenerse en pie.
    Pero estaba vivo.
    Contra todo pronóstico, había logrado salir caminando de la naturaleza salvaje.
    DE NIÑO PERDIDO A SÍMBOLO NACIONAL
    La supervivencia de Donn Fendler fue noticia en todo el país. Se convirtió en un símbolo de resistencia en un momento en que Estados Unidos se acercaba a tiempos difíciles.
    Ese mismo año recibió un reconocimiento nacional al valor juvenil. Más tarde, coescribió Lost on a Mountain in Maine, un libro que se convirtió en lectura obligatoria para generaciones de escolares en Maine, enseñando calma, perseverancia y respeto por el poder de la naturaleza.
    UNA VIDA MÁS ALLÁ DE LA MONTAÑA
    Esos nueve días no definieron a Donn Fendler.
    Lo formaron.
    Sirvió a su país durante la Segunda Guerra Mundial y llevó una vida plena y discreta, siempre humilde respecto al niño que una vez salió solo del Katahdin.
    Donn Fendler falleció en 2016, a los 90 años.
    Pero su historia sigue viva: en los bosques de Maine, en los senderos de los excursionistas, en las aulas y en cada momento en que el coraje se enfrenta al miedo.
    POR QUÉ SU HISTORIA SIGUE IMPORTANDO
    Donn Fendler no sobrevivió porque no tuviera miedo.
    Sobrevivió porque siguió pensando cuando entrar en pánico habría sido más fácil.
    Porque recordó pequeñas lecciones cuando todo lo demás había desaparecido.
    Porque dio un paso y luego otro, cuando detenerse habría significado rendirse.
    Nos recuerda que la supervivencia no depende solo de la fuerza.
    Depende de la claridad bajo presión.
    Y de la silenciosa decisión de no rendirse, incluso cuando nadie te ve.
    Doce años.
    Perdido en la naturaleza.
    Y lo bastante fuerte como para volver al mundo.
    Fuente: National Geographic ("The remarkable survival of Donn Fendler", fecha no especificada)

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