Espejismo de Luna Llena
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viernes, abril 24, 2026
Por la defensa del bosque y el agua.
EDUARDO GALEANO, 1965 SANTO DOMINGO LA INVASION.
Guerra de Abril de 1965: un movimiento armado para exigir el respeto a la constitución dominicana
Con el golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Juan Bosch y del Partido Revolucionario Dominicano, el 25 de septiembre de 1963, terminó el experimento democrático más importante inmediatamente posterior a la muerte del dictador Rafael L. Trujillo.[1] El país pasó a ser gobernado por un gobierno colegiado, que gobernó al margen de la constitución, llamado “Triunvirato”. Los triunviros se juramentaron el día 26 encabezados por Emilio de los Santos, quien lo presidió, además de Manuel Tavarez Espaillat y Ramón Tapia Espinal. En el gabinete estuvieron representados los partidos que apoyaron la acción anticonstitucional, principalmente la Unión Cívica Nacional, Alianza Social Demócrata, Vanguardia Revolucionaria y el Partido Progresista Demócrata. Condenaron el golpe de Estado el PRD, el Partido Revolucionario Social Cristiano y las agrupaciones de izquierda.
Entre las medidas inmediatas tomadas por el nuevo gobierno, se cuentan: ilegalizar los partidos de izquierda; declarar como inexistente la Constitución de 1963; disolver el Congreso Nacional; proclamar el respeto a los compromisos internacionales, y promover el desarrollo económico, exonerando de impuestos y otros beneficios al sector empresarial. [2]

Protestas contra un gobierno ilegitimo
Desde el 26 de septiembre de 1963 se iniciaron las protestas contra el gobierno, los paros de labores simbólicos y huelgas de trabajadores y del transporte público fueron cotidianos. Para impedir esos movimientos, las autoridades aplicaron la represión política contra los líderes opositores y en especial contra los dirigentes de los partidos comunistas y del PRD; muchos de ellos se asilaron en embajadas, o fueron apresados y confinados en cárceles dominicanas.
Las movilizaciones populares se acrecentaron a partir octubre con manifestaciones organizadas por la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), y los legisladores se reunieron secretamente en Asamblea Nacional para desconocer al Triunvirato. Dentro de las Fuerzas Armadas se dieron conatos de resistencia al nuevo gobierno, mientras el llamado “Clan de San Cristóbal”, vinculado al ex presidente Joaquín Balaguer, intentó promover una rebelión entre los soldados de la Base Aérea de Santiago y entregar el gobierno al presidente del Congreso.
Otro sector militar, bajo el liderazgo del Teniente Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, intentó un contragolpe a favor del regreso de Juan Bosch a la presidencia, pero fueron descubiertos. Domínguez fue sacado del país en condición de agregado militar en la embajada dominicana en España. Además, las autoridades apresaron al capitán Héctor Lachapelle Díaz, al teniente Lorenzo Sención Silverio y a otros oficiales simpatizantes del regreso de Juan Bosch a la presidencia.
Levantamientos guerrilleros
En octubre de 1963 el Movimiento Popular Dominicano (MPD) organizó un levantamiento guerrillero en la zona de Cevicos, de la Provincia Sánchez Ramírez, pero fue rápidamente controlado por las autoridades y sus integrantes apresados. Otro grupo de presuntos guerrilleros corrió la misma suerte en la zona montañosa de San Juan de la Maguana y en la tercera semana de noviembre, el Movimiento Revolucionario 14 de Junio dio inició a un levantamiento armado dirigido por su principal líder, el doctor Manuel (Manolo) Aurelio Tavarez Justo, declarándose abanderado del régimen constitucional, y la reforma agraria.
La acción guerrillera del 1J4 estuvo acompañada de algunas escaramuzas en la capital dominicana, con el lanzamiento de artefactos explosivos, manifestaciones callejeras, y cierre de las escuelas. Una crisis en el gobierno, resultado de la muerte de Tavarez Justo, conllevó a la renuncia del presidente del Triunvirato doctor Emilio de los Santos, siendo sustituido de inmediato por el empresario Donald J. Reid Cabral como principal responsable del gobierno, desde el 29 de diciembre hasta el 24 de abril de 1965. A Cabral se le tenía como un empresario vinculado a la Embajada Americana. El ambiente de protesta tenía relación con el clima de represión política, el aumento del costo de los productos de primera necesidad y la corrupción administrativa.
Preparando la vuelta a la constitucionalidad
En diciembre de 1963, el PRD decidió suspender sus actividades proselitistas y procedió a organizar de manera clandestina, un movimiento para restaurar el gobierno de Juan Bosch en la presidencia “hasta que se retornara al estado de derecho”. Con el Movimiento Revolucionario 14 de Junio desarticulado, y el PRD con sus líderes en el exilio, este incrementó sus tareas conspirativas dentro de las Fuerzas Armadas, a la vez que firmaba el “Pacto de Rio Piedras” con el Partido Revolucionario Social Cristiano, en Puerto Rico, alejándose de las posiciones electorales. El propósito de todas estas acciones estaban motivadas por la vuelta a la presidencia de Juan Bosch sin elecciones, aunque la embajada, los empresarios y sectores políticos propensos al triunviro propendían por la llamada “formula de Santiago” que favorecía unas posibles elecciones generales para agosto de 1965, a lo que el profesor Bosch se oponía.

Explosión en depósito de armas
La noche del 11 de junio de 1964, una fuerte explosión destruyó los depósitos de armas y explosivos del Campamento Militar 27 de Febrero, situado en la margen oriental del río Ozama, en que murieron 8 soldados y 111 resultaron heridos. Donald J. Read Cabral, presidente del Triunvirato, acusó a los comunistas de ser los responsables de la explosión y dijo que ellos se encontraban ocultos en el campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que fue de inmediato ocupada por tropas militares. El gobierno aprovechó la situación para suprimir, a través de la ley-decreto número 292, el fuero universitario. En esa oportunidad también se dijo que la explosión tenía como objetivo encubrir los actos de corrupción dentro de las Fuerzas Armadas, en los que el gobierno estaba implicado.
24 de abril: Rebelión militar contra Triunvirato
La situación de crisis permanente en el Triunvirato no desapareció del todo con la propuesta de convocatoria a las elecciones; pero todavía a principios de 1965 el gobierno se negaba a permitir el regreso de Juan Bosch y de Joaquín Balaguer a la República Dominicana, mientras grupos de militares relacionados con ambos líderes políticos conspiraban para ponerle fin al despótico gobierno. Los grupos más activos en ese propósito, los eran el balaguerista conocido como “Clan de San Cristóbal” y el constitucionalista que dirigía el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez. En marzo de 1965 los planes para el derrocamiento estaban avanzados, solo a la espera del momento oportuno. La rebelión se inició el sábado 24 de abril de 1965, en la Escuela de Entrenamiento del Ejército 27 de Febrero, ubicado en la Carretera Duarte, en el Campamento 16 de Agosto.
La rebelión de los militares constitucionalistas fue apoyada por el PRD, que alertó a la población a través del programa de radio “Tribuna Democrática” y en la voz de José Francisco Peña Gómez, de lo que estaba ocurriendo. Los dirigentes del PRD, junto a los militares rebeldes, procedieron de inmediato a tomar bajo control la emisora oficial Radio Santo Domingo, de donde anunciaron el final del gobierno de Donald J. Read Cabral. En el confuso momento, una parte importante de los campamentos de las Fuerzas Armadas se mantuvieron en actitud de expectativas sin apoyar a uno u otro bando.
Contradicciones en los mandos militares
Después de repetidas acciones militares y protestas de civiles armados en las calles de la ciudad de Santo Domingo, los sectores que apoyaban al retorno de la constitución de 1963 procedieron a tomar el control del Palacio de Gobierno y elegir como presidente provisional al doctor José Rafael Molina Ureña, a la espera del regreso de Juan Bosch. En medio del conflicto, los líderes militares del “Clan de San Cristóbal” presionaron las negociaciones para que se designara una “Junta Cívico-Militar” que los incluyera a ellos y a otros sectores castrenses, y se convocaran las elecciones generales en un período que no pasara de los 90 días, siendo la propuesta rechazada por los oficiales constitucionalistas, quienes se apegaban a la fórmula de “regreso de Juan Bosch a la presidencia sin elecciones”. La negativa produjo un movimiento de resistencia contra el golpe en la base aérea de San Isidro, encabezado por el Coronel Elías Wessin y Wessin, con el apoyo del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA).

La consigna de la hora: “armas para el pueblo”
Mientras tanto, los partidos de izquierda Movimiento Popular Dominicano (MPD), Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4) y Partido Socialista Popular (PSP), comenzaron a participar en escaramuzas de guerra contra pequeños destacamentos policiales y procedieron a armar a sus militantes, exigiendo a los soldados constitucionalistas repartieran armas a la población. Las armas fueron repartidas: había comenzado la “Revolución de Abril”. Los primeros combates se concentraron en el Puente Duarte que une la capital con la parte oriental de la ciudad y del país, lugar en que estaba situada la Base Aérea de San Isidro y el CEFA, donde el coronel Wessin tenía sus tropas reforzadas con unidades de tanques de guerra y flotillas de aviones “vampiros” y “P-51”, que bombardearon durante varios días la ciudad de Santo Domingo.
Atentos a lo que acontecía en territorio dominicano, los Estados Unidos bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson, trasladaron hasta las costas dominicanas portaviones norteamericanos y otras embarcaciones de guerra, favoreciendo la formación de una Junta Militar, procediendo a reunirse con los líderes de ambos bandos. En la entrevista la Embajada Americana exigió la rendición de los constitucionalistas. En ella estaban presente el presidente provisional José Rafael Molina Ureña y varios oficiales que les seguían, entre ellos el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien a partir de ese momento y al rechazar las propuestas norteamericanas, tomó el liderazgo de la insurrección popular en la que ya habían muertos cientos de dominicanos y miles habían resultado heridos, mientras que el presidente Molina Ureña se refugió en una embajada extranjera.
El 28 de abril, Washington ordenó el desembarco de sus tropas en la ciudad de Santo Domingo y poblaciones cercanas, con el supuesto objetivo de salvar vidas y evacuar a los ciudadanos norteamericanos que residían en el país. Los soldados de la “División 82 del Cuerpo Aéreo del Fuerte Bragg”, tomaron como zona de operación la Base Aérea de San Isidro, en la que hicieron causa común con los hombres del coronel Wessin y Wessin.
Dos Gobiernos en medio de la lucha
La zona constitucionalista, que en principios se extendía por toda la parte occidental de la ciudad, no incluía a los barrios de Los Minas, Villa Duarte, Ensanche Ozama y otros sectores de la Zona Oriental. Posterior a la “Operación Limpieza”, acción criminal contra la población civil dirigida por lo que a partir de mayo se llamó “gobierno de Reconstrucción Nacional”, que ordenó el 13 de mayo el ataque masivo contra los barrios populares de la llamada “Zona Norte”, los revolucionarios seguidores de Juan Bosch se replegaron a lugares más seguros. La ofensiva de los soldados del CEFA, apoyados por las tropas norteamericanas, obligó a la concentración de los rebeldes en la “Zona Rebelde” que también fue llamada “Zona Constitucionalista”, donde operaba el alto mando de la “revolución”.
La “Zona Rebelde” comprendía la parte colonial de la ciudad y partes importantes de los barrios aledaños conocidos como Borojol, Villa Francisca, San Carlos y Gazcue. En ellos se concentró la mayor cantidad de los soldados y civiles armados defensores de la constitucionalidad y del regreso de Juan Bosch a la presidencia, y en el Edificio Copello en la calle El Conde, se instaló la sede central del gobierno de Caamaño, quien fue proclamado el 3 de mayo de 1965 por el Congreso Nacional. El coronel Caamaño procedió de inmediato a la formación de su gobierno. En el territorio bajo su control se organizaron las unidades cívico-militares que integraban a 1,800 militares y 5000 civiles armados, distribuidos en 117 unidades de combate conocidas como los “comandos constitucionalistas”.

El 7 de mayo de 1965, los Estados Unidos lograron unificar las tropas contrarias a la rebelión y dejaron formado el Gobierno de Reconstrucción Nacional, presidido por el general Antonio Imbert Barrera. Apoyado por las tropas norteamericanas, la iglesia católica y los empresarios, ese gobierno procedió a controlar las principales ciudades del país, que hasta ese momento habían permanecido como “tierra de nadie”.
Aunque por varias semanas el Estado dominicano sufrió una parálisis que llevó la incertidumbre a la población dominicana, posterior a la invasión norteamericana y a la formación del gobierno de Reconstrucción Nacional, el país fue recobrando parcialmente la estabilidad económica con el apoyo de los Estados Unidos, lo que facilitó que los empleados públicos cobrarán sus sueldos a partir del mes de mayo, y las recaudaciones tributarias comenzaron a recobrar su ritmo; sin embargo, las importaciones descendieron considerablemente, y el comercio, principalmente de la capital, fue afectado por la situación de conflicto.
La estabilidad que se iba recobrando, principalmente en las ciudades del interior de la República, se convirtió en un obstáculo para la ampliación del movimiento constitucionalista a nivel nacional, ya que los combatientes de las diferentes provincias habían dejado sus comunidades y concentrados en la zona constitucionalista en la que organizaron comandos que se identificaron con los nombres de procedencia de los comandistas. La operación más importante, con la que se quiso romper el cerco a que estaba sometido el sector “rebelde”, tuvo lugar el 25 de junio en la ciudad de San Francisco de Macorís, cuando varias docenas de rebeldes se adentraron en la ciudad y desde allí quisieron dar inicio a la insurrección, pero la operación había sido delata horas antes y enfrentada por las tropas del gobierno de Imbert Barrera. La acción fue desarticulada con un balance negativo para los revolucionarios con las muertes de varios combatientes.
El “movimiento cívico-militar con el propósito de instalar al depuesto presidente Bosch nuevamente en el poder, fue frustrado por el uso masivo de fuerzas militares de los Estados Unidos, que no salieron del país hasta que no quedó instalado un gobierno que claramente convenía a los intereses norteamericanos. Si por un momento existió la idea entre los dominicanos de que los Estados Unidos era incapaz de volver a intervenir militarmente en un país latinoamericano, la acción de 1965 creo la conciencia –y el convencimiento- de que la era de la no-intervención ha pasado y de que los Estados unidos seguirán interviniendo militarmente, cuando su permanente intervención diplomática no de los frutos esperados”. [3]
El balance de una tragedia
Los historiadores dominicanos han calculado en unas 5,000 personas las muertas como consecuencia del conflicto armado, incluyendo civiles y militares, lo que no puede ser confirmado por organismos oficiales nacionales ni internacionales, debido a que muchos de los muertos eran llevados a fosas comunes sin ningún control de las autoridades. El 9 de noviembre de 1965 la Cruz Roja Internacional registró 2,850 dominicanos muertos entre el 24 de abril y el 12 de julio, aunque esa institución aclaró que la cifra podría ser más elevada. Esa organización internacional informó haber incinerado 150 cadáveres y recoger a unos 3,0000 heridos, así como la evacuación de unas 200,0000 personas de la zona de guerra.
Buscando una salida negociada
La guerra civil de abril se prolongó, con altas y bajas, durante los siguientes cinco meses de 1965. Mientras el gobierno de Caamaño, que permanecía aislado en una zona restringida, y rodeado por tropas norteamericanas y de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), carecía de los recursos económicos necesarios para organizarse y pagar los sueldos de los empleados, el de Reconstrucción Nacional recibió la ayuda económica de los Estados Unidos, a través de la Agencia Interamericana para el Desarrollo (AID), para cumplir los compromisos de la administración pública.

En medio del conflicto, la situación dominicana fue llevada a debate tanto a la Naciones Unidas (ONU), en la que el gobierno constitucionalista recibió oportuno respaldo solidario de la Unión Soviética, de Francia, Chile, China y México. Sin embargo, la mediación entre los sectores en pugnas era llevada principalmente por la Organización de Estados Americanos (OEA), quienes se mostraron casi siempre parcializados a favor del Gobierno de Reconstrucción Nacional.[4]
Como parte de la estrategia norteamericana, que invadió el territorio dominicano con 42 mil soldados de los estados Unidos el 28 de abril, la OEA aprobó su propuesta para un mando interamericano de las tropas de ocupación, presentada en la Décima Reunión de Consulta de los Ministros de la OEA y aprobada con la oposición de México, Chile y Perú, y la abstención de Venezuela. Con el beneplácito de Brasil, Paraguay, Bolivia, Costa Rica, Honduras y Nicaragua, quienes integraron representaciones militares para participar con sus soldados en la ocupación de la República Dominicana, fue formada la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), comandada por el brasileño general Hugo Panasco Alvin, y por el mayor Bruce Palmer, de los Estados Unidos, como segundo responsable.
La situación internacional resultó desfavorable para un triunfo contundente e inmediato de las tropas norteamericanas y del gobierno de Reconstrucción Nacional contra los militares y civiles constitucionalistas, lo que incidió para que el conflicto fuera dirimido en la mesa de negociación de la OEA, a cargo de un Comité Ad-Hoc encabezado por Ellsworth Bunker embajador de los Estados Unidos ante esa organización. El 18 de junio la Comisión entregó su propuesta de paz aduciendo que su misión era de conciliación, pero evidentemente parcializada con el gobierno de Imbert Barrera. Propusieron ponerle fin a la guerra mediante el establecimiento de un gobierno provisional que organizara las elecciones generales.
Los gobiernos de Imbert Barrera y del coronel Caamaño mostraron sus desacuerdos con la OEA, rechazando propuestas o insistiendo en puntos favorables que los beneficiaran en el tratamiento de los acuerdos.
Estados Unidos, gobernados por el demócrata Lyndon B. Johnson, favorecía la convocatoria a elecciones en un período de seis a nueve meses, para las que contaban con un candidato de su agrado, el doctor Joaquín Balaguer, para oponerlo a Juan Bosch cuando llegara el momento. Balaguer, que había salido al exilio en 1962, ingresó al país con el consentimiento americano a finales de junio de 1965, bajo la excusa de que lo hacía para visitar a su madre enferma, mientras que Juan Bosch, que fue sacado del país a finales de septiembre de 1963, regresó a Santo Domingo el 25 de septiembre de 1965.
Las negociaciones se prolongaron por meses, hasta llegar a la formula presentada por la Comisión de la OEA a los diferentes actores participantes en las mismas. El 30 de agosto el Gobierno de Reconstrucción Nacional renunció, sin firmar el Acta de Reconciliación, mientras que el Partido Revolucionario Social Cristiano y el Movimiento Revolucionario 14 de Junio se opusieron a la misma. En cuanto al Partido Revolucionario Dominicano, este se acogió a la propuesta, que incluía el gobierno provisional y el alto mando constitucionalista se abstuvo de votar, aprobándose la formula presentada por la OEA.
En el acuerdo, firmado de manera definitiva el 31 de agosto, fue aceptado el doctor Héctor García Godoy como presidente provisional, quien tomó posesión el 3 de septiembre de 1965, haciéndose responsable de preparar todo lo relativo a las elecciones generales, propuestas para ser celebradas el 1 de junio de 1966. Con el acuerdo de paz y la juramentación del gobierno provisional, había llegado a su fin lo que se conoce en la historia dominicana como la “Guerra de Abril de 1965”.
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(Notas: [1] Parte del presente texto, de mi autoría, forma parte del libro Historia del Ministerio de Relaciones Exteriores 1844-2000, de Eduardo J. Tejera y A. Paulino R., publicado por MINREX en el 2018, pp.275-290; [2] Eduardo J. Tejera, Cincuenta años de democracia y desarrollo dominicano 1961-2011, Santo Domingo, Fundación Dominicana de Estudios Económicos, 2012, p. 137; [3] Frank Moya Pons, El pasado dominicano, Santo Domingo, Fundación J. A. Caro Álvarez, 1886, p. 345; [4] Gautreaux Piñeyro, “El gobierno del Coronel Caamaño: sus ejecutorias y encrucijadas”. En: Guerra de Abril: inevitabilidad de la historia, Santo Domingo, CPEP, 2005, pp. 88-90)
ACENTO.COM
jueves, abril 23, 2026
Abril, eternamente abril.
Análisis de la IA en lo Ineditamente Efímero del capitulo cuarto de Apologia del tiempo.
Foto tomada de la red.
Este cuarto capítulo de Apología del tiempo, titulado "Recuerdos memorables", funciona como el núcleo emocional y biográfico de la obra. Si en capítulos anteriores la voz de Domingo Acevedo se proyectaba hacia lo universal y lo histórico, aquí se repliega hacia la memoria íntima, el territorio de la infancia y la genealogía del dolor y la esperanza.
A continuación, un análisis detallado de los ejes temáticos y estilísticos que definen esta sección:
1. La Mitología de la Infancia y la "Fragua del Hambre"
El autor no recuerda su niñez como una época idílica de cristal, sino como un proceso de endurecimiento y crecimiento forjado en la carencia.
La estética de la pobreza: En poemas como "Retrato" y "Recuerdos memorables", la descripción es cruda: la "carita sucia", la "barriga grande llena de lombrices". Sin embargo, esta precariedad no se presenta como una derrota, sino como la materia prima del ser humano que es hoy ("esculpido en clorofila y barro").
La figura de la Abuela (Mamá Tita): Ella es la deidad tutelar. Representa la transición de la carencia a la fecundidad. Es quien, a pesar de ser "analfabeta", posee la sabiduría de la tierra para enseñar que del hambre también puede nacer la poesía y la ternura.
2. El Paisaje Familiar: Retratos del Desarraigo
Acevedo utiliza a sus figuras familiares para personificar la tristeza histórica del pueblo dominicano y caribeño:
Tía Aurora y Tía Agustina: Ambas representan la espera y la pérdida. Aurora, con su "cachimbo de barro", encarna el silencio del que se va yendo en vida hacia el olvido. Agustina, mirando hacia el sur (el Caribe), simboliza la conexión con lo infinito y lo inalcanzable, una mirada "petrificada en ámbar".
El Mar como Espejismo: Es fascinante el poema "El mar", donde explica que para los antepasados el océano era una "leyenda" o una "referencia absurda". Esto subraya el aislamiento del campesino o del habitante del interior, para quien la inmensidad azul era una fantasía, a pesar de vivir en una isla.
3. Identidad Afro-Dominicana y Resistencia
El capítulo conecta la memoria personal con la memoria histórica de la libertad:
Sebastián Lemba: Al invocar al líder rebelde, el autor dignifica la herencia negra y el cimarronaje. El repique de las tamboras en los "manieles" (asentamientos de esclavos libertos) no es solo un recuerdo, es un presente latente de orgullo y ruptura de cadenas.
Pájaros de Marfil: La imagen del batey y la zafra introduce la realidad del trabajador cañero, mezclando la sensualidad de la danza con la melancolía de la explotación.
4. Compromiso Político y "Héroes de los Nadie"
El autor dedica poemas a figuras de la lucha social dominicana, elevando lo cotidiano a lo heroico:
Abril (1965): La Revolución de Abril se presenta como el momento en que "el valor encarnó en los hombres y mujeres comunes". Es la lucha de "los nadie" contra el invasor, transformando la sangre en "libertad".
Terca Josefina (Josefina Clark): Un homenaje a la mujer combatiente, enfermera y obrera. La palabra "terca" se convierte aquí en un elogio de la persistencia ideológica y humana.
Joaquín (Joaquín Aracena): La muerte del camarada no se ve como un fin, sino como una "utopía" que sobrevive en la "revolucionaria tozudez" de seguir construyendo patria.
5. La Figura del Poeta ante la Modernidad
El poema final, "Poeta", es un manifiesto existencial. Acevedo establece un contraste violento entre:
El Poeta: Un ser de "edad prehistórica" que guarda sueños, mariposas y silencio.
El Hombre Moderno: Descrito como "excremento de un desarrollo que apesta a muerte", un esclavo de las máquinas, una cifra estadística viciada por el odio y la prisa.
El consejo final del capítulo es la resistencia a través de la ternura. A pesar de que el mundo moderno agoniza en su propia deshumanización, el poeta debe caminar hacia la "aurora" para que la esperanza germine.
Síntesis Simbólica
Este capítulo es una anatomía de la identidad. Domingo Acevedo logra amalgamar sus recuerdos personales (el moco en la nariz, el humo del cachimbo de la tía) con los hitos colectivos (Lemba, la Revolución de Abril).
Símbolos predominantes:
La Luciérnaga: La luz pequeña que resiste en la oscuridad de la noche histórica.
La Tambora: El latido de la vida y el anuncio de la libertad.
La Clorofila y el Barro: La unión indisoluble entre el hombre y su naturaleza.
En conclusión, el Capítulo IV no es solo una mirada al pasado, sino una explicación de por qué el autor escribe: escribe para que "la vida renazca en el tibio destello de las luciérnagas" y para que el olvido no gane la batalla.
Capítulo
IV
Recuerdos memorables
Los primeros días de mayo
Antiguos rinocerontes
se pasean orondos
por las praderas fabulosas
del olvido
se alejan de la primavera
ya no volverán a abrevar
bajo las estrellas
se van perdiendo
por los caminos polvorientos
del verano
hacia la inmensa soledad del tiempo
donde agonizan
tirados sobre las cenizas de su origen
segados por las manos
imperiosas del odio
un odio que espanta
a las luciérnagas petrificadas
en el silencio súbito
de las mañanas vegetales
de los primeros días de mayo
La ciudad a esta hora parece abandonada
Bajo los escombros de la noche
a esta hora la ciudad
parece abandonada
sólo algunos autos veloces
se pierden en la oscuridad
antiguas prostitutas
solitarias y sombrías
naufragan bajo las luces últimas
del amanecer
sus cadáveres angustiados
flotan sobre los altos edificios
espejismo de un mundo absurdo
en el que habito
Más allá
Más allá de un sonoro horizonte
de luciérnagas
las tamboras anuncian la alborada
Pájaros de marfil
Tiene la mirada larga y hueca
sumergida en una gota
amarga de rocío
en su pecho una tambora
anuncia la vida
y entre sus labios
prisioneros pájaros de marfil
sonoros y fugaces
muerden el horizonte
en su cabellera llena de alambres
una corona hecha de retazos
de melancolía y sueños
por el camino no se sabe
si viene o se va
siempre alegre en el batey
después de la zafra
bajo las estrellas
en una danza milenaria y sensual
rompe sus cadenas
Navidad
Navidad
sangre de distancia
muerta
sueños de luces
fantasía de colores
ruidos
y risas
y aquí
en nuestra mesa
tú
y
yo
simplemente
compartimos
la desnudez
del hambre
Desnudo y triste
Retrato
Sale de mi voz
descalzo
con el paso cansado
el cabello ensortijado
la mirada triste
la carita sucia
la nariz llena de moco
la barriga grande
llena de lombrices
endeble
solitario
y desnudo
un niño
Recuerdos memorables
Estoy lleno de recuerdos memorables de mi infancia
de nombre de personas que forman parte del imaginario
donde se forjó mi vida en la fragua del hambre
sin ellos no hubiese podido crecer tanto
hasta llegar a ser
el ser humano que soy
esculpido en clorofila y barro
por las manos analfabetas y tiernas
de la abuela Mamá tita
que nos cobijó a todos
bajo la sombra del amor y la ternura
y puso entre mis manos
la fecundidad
Para que la lluvia
con sus hilos de plata teja de mariposas y flores la tierra
para que en mi voz resplandezca por siempre
en el canto alegre de los pájaros del bosque
para que el cielo entre mis ojos
todas las noches se llena de lunas y estrellas
para que iluminen de colores y fantasía
los sueños en los que habito
desde mucho antes
de haber sido una gota de semen en el tiempo
óvulo cristalino fecundado en la noche
cósmica del olvido
La tía Aurora
La tía Aurora
con su cachimbo de barro
entre sus labios
sentada en medio de la tarde
mirando el camino
que se pierde en el olvido
por donde ella
hace tiempo en silencio empezó a irse
dejando sus huellas de sudor
y sangre
en nuestra memoria
que guarda intacta toda la tristeza
del desarraigo
la inmensa soledad de la distancia
y el olvido
el dolor de todo lo que hemos perdido
la tierra
los sueños
y también la vida
y aunque a ratos
intentamos juntar los pedazos
de nuestras ilusiones rotas
ella sabe que se nos hizo tarde
para volver al lugar
de donde nunca quisimos partir
Sebastián Lemba
Ven aquí negra mía
y deja que la luna
de seda y ternura
te vista la piel
vamos
que en los manieles
repican las tamboras
anuncian que Sebastián Lemba
las cadenas rompió
y los negros en América
libres ya son
Pájaros de otoño
Pájaros de otoño arrastran en su vuelo
los residuos de un sol
que se crispa en la distancia y se aleja
dejando en las manos vegetales del viento
el resplandor mineral de la noche
La tía Agustina
La tía Agustina todavía permanece
recostada en la ventana del tiempo
mirando hacia el sur
hacia donde el mar Caribe
se alarga hacia lo infinito de su imaginación
salpicando sus ojos de nubes fugaces
y remotos pájaros marinos
petrificados en ámbar celular de su mirada antigua
que todas las tardes se derrite en la distancia
chorreando el horizonte
de fosforescentes mariposas
que vuelan sin pausa tratando de alcanzar el sol
que navega en un espectral océano de colores
hacia ninguna parte
Una flor en el pecho
Hijo
ven a los brazos de tu padre
que hoy está solo
no huyas
ven abrígalo
pon una flor en su pecho
haz florecer en su mejilla
el candor de la aurora
cobíjalo bajo la sombra
del árbol del amor
protégelo del frío
y la soledad
hoy que viejo y cansado
tendido sobre un lecho
de hojas amarillas agoniza
A Randor mi hijo
El mar
Del mar lejano e inalcanzable
sólo tuvimos referencias absurdas
que según la leyenda dejaron a los abuelos hace siglos
extraños viajeros azules como el color líquido del mar
que pasaron presurosos por nuestras tierras
huyendo nunca supimos de quien ni de que
dejando todo el camino un rastro indefinido y húmedo
que salpicaba de rocío las mañanitas amarillas del otoño
cuyo encanto de luna nueva
todavía nos endulza el alma de una rara sensación
que nunca a pesar del tiempo
hemos podido explicarnos
aun cuando todavía sentimos la necesidad
de hablar con alguien de ella
de buscar evidencias
de querer compartir ese raro sentimiento con los demás
de seguir el rastro que dejaron esos viajeros en nuestros corazones
que marca la ruta más lejana hacia la fantasía
donde ellos no son más que un espejismo
que tuvieron los abuelos
que se murieron anhelando ver el mar
sin saber que lo tenían tan cerca
que si querían con el alma lo podían tocar
Abril
Abril
Glorificado el pueblo en su heroísmo
el valor encarnó en los hombres y las mujeres
comunes de la patria
que regaron con su sangre a la primavera
para que esta floreciera libertad
la patria invadida
se acurrucaba en el pecho tibio de los nadie
en el pecho de los hombres y las mujeres
que atrincherados detrás de la aurora
disparaban ráfagas de luz contra el invasor
que no tuvo tiempo para entender
como un pueblo
en la brevedad de la ciudad amurallada
desde las precarias trincheras del honor
alcanzó la inmarcesible estatura
del honor y la gloria
Terca Josefina
Terca Josefina
en tus afanes
en tus ideales tejidos a golpe de dolor y ternur,
terca en tu amor proletario por la humanidad
terca en tu inclaudicable postura ante las injusticias
terca en tu lento y seguro caminar a través de la patria herida
heroína anónima de todos los días
enfermera
boticaria
obrera
mujer
combatiente que no aprendió a rendirse,
mujer que renace victoriosa todos los días del olvido
en mi voz
estandarte de luz,
árbol,
hoja
flor
raíz
semilla
eres bosque
río
montaña
brisa
horizonte
eres vida
que la muerte no puede segar
Poema dedicado a Josefina Clarck
Una corona de sangre
hay una
en la frente de la muchedumbre herida
por tu partida
lágrimas coaguladas
en el dolor pertinaz de tu ausencia
camarada
y aunque te has ido para siempre
aquí vives en nosotros
habitas en nuestras palabras
en nuestras cotidianidades
en nuestros afanes
en esta
de querer torcer el rumbo de las cosas
Para construir a fuerza de amor y ternura
una patria
en donde la vida renazca
en el tibio destello de las luciérnagas
en el canto de los gallos cada mañana
en el matutino aletear de las mariposas
en un estallido de luces
y colores
eual primavera que dibuje
tu rostro en el claro amanecer
de la
Poema dedicado a Joaquín Aracena.
Poeta
Nadie entiende tu soledad
poeta
esa soledad que pregona tu silencio
cuando caminas despacio por las calles
dejando huellas inconclusas y fatigadas en tu alma
esa soledad que destila tu mirada
cuando el viento en tu interior abre puertas
por donde se escapan los hombres
proscritos del tiempo
viejos violinistas encantados
que con su sonido de flautas
llenan tu sangre de prostitutas
y mendigos
de molinos de vientos
y quijotes
de alondras
y luciérnagas remotas
que viajan en tu mente
hacia un secreto universo de bitácoras
donde es un espejismo
tu soledad
un espacio vacío
un abismo cósmico
de fosforescentes longitudes verticales
que ahondan la angustia de las estatuas colosales
que impávidas miran al cielo
con un silencio de salitre y olvido en sus labios
petrificados por el tiempo
ellas lloran
poeta
inadvertidas suplican y sus lágrimas de rocío
sobre la hierba reseca
cada mañana guardan prisioneras las estrellas australes
nadie sabe de dónde vinieron
pero están ahí
mudo testimonio de una civilización de cíclopes
que se marcharon dejándolas como evidencias
y aunque posiblemente no volverán
ellas aún esperan la llegada de los secretos visitantes del cielo
es en esa rígida actitud de melancolía
que ellas se parecen a ti
poeta
a ti que tienes una herida
por donde cada tarde se cuelan pájaros
y mariposas
a llenar de alas y flores tu mirada
que vuela tranquila hasta alcanzar la frontera
más lejana del universo
ellas
poeta
se parecen a ti
que tienes una edad prehistórica
que guarda relojes minerales
que esconden sueños de arena
que hablan de una historia diluida en un tiempo
que tiene dedos amargos que se aferran con dolor
al delirio de los arácnidos que tejen pausadamente
sus telarañas lumínicas donde atrapan los insectos
que pueblan el pensamiento putrefacto
del hombre moderno
que no vive
que agoniza
enloquecido por el espanto cotidiano de la muerte
intoxicado por el humo
abrumado por la prisa
y en su delirio sólo vive para el odio y la guerra
vociferando que la paz es sólo un sueño
de guitarras y palomas
una canción que los niños olvidaron antes de nacer
un discurso hueco
una palabra fría
nada
y olvida que él como tal
es simplemente excremento
de un desarrollo que apesta a muerte
un esclavo de las máquinas
una cifra estadística
un número
que se maneja sin ningún valor humano
con desprecio
sin ninguna identidad
ese es el hombre moderno
viciado
prostituido
deshumanizado
el que agoniza acorralado por la prisa
en que el tiempo desvanece los sueños
y diluye la esperanza entre espejos rotos
el que no admite que al final del siglo XX
tu puedas soñar con la paz
y vestirte de ternura y solidaridad
para construir con las palabras el amor
para que la alegría perdure más allá de la profecía
para que la primavera estremecida
por un vuelo horizontal de golondrinas
sea eterna bajo este cielo infinitamente breve
y si al final del poema él persiste y se obstina
en su actitud oscura hacia la vida arrojando
al hombre común al vacío
donde la muchedumbre amotinada
es triturada por la incertidumbre de un futuro incierto
míralo despacio y con desprecio
y en silencio guarda tu soledad en un bolsillo
y luego sigue tu camino sin prisa hacia la aurora
para que cuando amanezca tu tristeza sólo sea
un pájaro que se escapa de tus ojos hacia el olvido
y para que entre tus manos repletas de sueños
germine la vida
y se multiplique la esperanza
Domingo Acevedo.




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