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viernes, enero 23, 2026
A 19 años de tu partida tus familiares y amigos siempre te recordamos Miguel
Kevin Costner rinde homenaje a su compañero de ‘Bailando con lobos.
Se cuenta que, a inicios de los años noventa, Graham Greene se levantó y salió de una audición en Estados Unidos después de que un director le pidiera que “sonara más indígena”. Greene respondió con calma: “¿De qué nación?” La sala quedó en silencio. El papel se esfumó.
Ese instante explica toda su carrera mejor que cualquier premio.
En 1991, Graham Greene venía de una nominación al Óscar por Bailando con lobos (1990). Hollywood acababa de coronarlo como el rostro de una representación indígena “respetuosa”. Los estudios lo llamaron un avance. Greene lo leyó como una forma de encierro.
El contexto importaba.
En esa época, los personajes indígenas en el cine de Estados Unidos solían existir para dos fines: morir de forma violenta o educar espiritualmente a un protagonista blanco. Bailando con lobos fue celebrada como progresista, pero la estructura seguía intacta. El personaje de Kevin Costner cambiaba. Los lakota no controlaban el relato. El Kicking Bird de Greene era inteligente, sereno, admirado y narrativamente subordinado. Sabio, pero nunca decisivo.
Hollywood quería esa versión para siempre.
Tras la nominación, a Greene le ofrecieron variaciones del mismo hombre. Ancianos que perdonan lo imperdonable. Jefes que explican la historia en un inglés perfecto. Personajes que existen para que Estados Unidos se sienta más evolucionado. Cuando cuestionaba diálogos, acentos o finales, los ejecutivos lo tildaban de “difícil”. Cuando rechazaba papeles que terminaban en una muerte indígena ritualizada, las llamadas se enfriaban.
Así que Greene cambió la ecuación del poder.
En vez de perseguir prestigio, persiguió fricción.
En La fuerza de la venganza (1991), interpretó a un personaje indígena que sobrevive, rechaza la reconciliación y asusta a públicos blancos precisamente por no ser “redimible”. En Corazón trueno (1992), ayudó a sostener una historia inspirada en abusos reales del FBI en Pine Ridge, obligando a mirar la resistencia indígena contemporánea en lugar de la nostalgia histórica. Estas películas no consolaban. Inquietaban. Y era a propósito.
Greene pagó el precio.
Nunca se convirtió en el rostro principal de una franquicia. Nunca recibió la protección que Hollywood reserva a las figuras dóciles. Lo que ganó, en cambio, fue autonomía. Más de 200 papeles a lo largo de décadas, moviéndose entre producciones de Estados Unidos, cine canadiense y proyectos independientes sin entregar la autoría de su dignidad.
Greene lo resumió con una frase: Hollywood ama a los pueblos indígenas “mientras no queramos nada”. Tierra. Poder. Control del relato.
Graham Greene nunca fue malinterpretado por la industria.
Lo entendieron perfectamente.
Y él eligió hacer que esa comprensión saliera cara.
Fuente: Entertainment Weekly ("Kevin Costner rinde homenaje a su compañero de ‘Bailando con lobos’, Graham Greene", 2 de septiembre de 2025)
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