domingo, octubre 04, 2026

La cobardía disfrazada de heroísmo.




Rambo de cartón: el circo que se desinfló cuando llegó la hora de la verdad


Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez | 4 de octubre de 2026


Hay imágenes que se quedan grabadas. El 5 de septiembre de 2025, en Maracay, Diosdado Cabello y Johana Sánchez —la gobernadora de Aragua, conocida en los mentideros como "Pepa Pistolas"— sacaron los fusiles y posaron para las cámaras. Fue en el Cuartel Abelardo Mérida, durante la jornada "El pueblo va a sus cuarteles". Cabello, vicepresidente sectorial de Política, Seguridad Ciudadana y Paz, lanzó una advertencia que sonó a épica: "El que intente agredir a nuestro país se está ganando una guerra de cien años. Lo va a pagar muy caro, muy, muy caro".


La escena tenía todo el boato de un acto de resistencia. Los alistados de la Milicia Nacional Bolivariana entrenaban con armas. Johana Sánchez, con su historial de apariciones vinculadas a exhibiciones de armas de fuego, acompañaba al número dos del chavismo. Las redes ardían con videos y consignas. Era el circo perfecto, montado para consumo interno y para mandar un mensaje a Washington.


Cuatro meses después, el 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores en una incursión nocturna sobre Caracas. Se los llevaron en helicóptero. Los imputaron por narcoterrorismo en Nueva York. Trump anunció que Estados Unidos gobernaría Venezuela hasta que hubiera una transición "segura".


Y entonces, el silencio.


¿Dónde estaban los Rambo?


De Diosdado Cabello, ni la sombra. De Johana Sánchez, ni un disparo. De los miles de milicianos que entrenaron en septiembre, ni un solo acto de resistencia. Los fusiles que exhibieron en Maracay, las advertencias de "guerra de cien años", las promesas de "defender la patria hasta el final" —todo se esfumó como el humo de un fósforo.


Lo que vino después fue una retahíla de declaraciones. Cabello dijo que "no descansarían ni un instante" hasta tener a Maduro de vuelta. Dio un discurso en Apure, entregó vehículos y equipos para las fuerzas de seguridad, prometió cámaras en las calles. Pero no movilizó a los milicianos. No activó la "resistencia prolongada" que había prometido. No hizo nada para impedir que el presidente que decía defender se pudriera en una prisión de Brooklyn.


Se reunió con Delcy Rodríguez, la presidenta encargada que después agradecería a Trump en la ONU. Y siguió su camino, acomodado al nuevo orden, como si la "guerra de cien años" hubiera sido un mal sueño.


La cobardía disfrazada de heroísmo


Infundir terror de madrugada no es heroísmo. Es cobardía. El que posa con un fusil frente a las cámaras, pero se esconde cuando las cámaras se apagan y los helicópteros sobrevuelan de verdad, no es un guerrero. Es un bufón.


El chavismo se pasó veinticinco años construyendo un relato de resistencia épica. Los círculos bolivarianos. Las milicias. La fusión cívico-militar. La "guerra asimétrica" contra el imperio. Todo era humo. Humo que servía para justificar el control, para mantener el poder, para silenciar a los que no creían en el circo.


Pero cuando el imperio llegó de verdad —con helicópteros, con fuerzas especiales, con la determinación de llevarse al presidente— el humo se desvaneció. No hubo batallones de milicianos defendiendo Miraflores. No hubo francotiradores en los techos. No hubo "guerra de cien años". Hubo un helicóptero que se llevó a Maduro y a Cilia, y un pueblo entero que se quedó mirando cómo se lo llevaban.


La lección que no debemos olvidar


Los cubanos no somos Venezuela. Lo he dicho antes y lo repito. Nuestras Fuerzas Armadas no se acobardarán como lo hicieron las de allá. Nuestros dirigentes no entregarán el país como lo entregaron los de allá. Tenemos un Díaz-Canel, no una Delcy Rodríguez. Tenemos un Raúl Castro, no un Diosdado Cabello.


Pero la lección es válida. Porque nos enseña que el heroísmo de cartón no sirve de nada. Que las poses para las redes no detienen helicópteros. Que la resistencia de verdad no se improvisa cuando el enemigo está encima. Se construye todos los días, con preparación, con disciplina, con conciencia.


Diosdado Cabello y Johana Sánchez posaron con fusiles en Maracay. Y cuando la hora de la verdad llegó, ni la sombra de estos "comandos" se vio. Mucho circo militar para las redes. Pero a la hora de los pirotécnicos, desaparecen.


Eso no es resistencia. Eso es una farsa. Y las farsas, cuando se caen, dejan a los pueblos desnudos frente a sus verdugos.


Patria o Muerte. Venceremos.

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