Yemen es hoy una marea humana que avanza con los pies desnudos sobre la tierra, con sandalias gastadas y con la dignidad como único escudo. Una marea de hombres y mujeres que no necesitan uniformes relucientes ni ejércitos de mercenarios para demostrar que un pueblo decidido puede plantar cara a quienes se creen dueños del mundo.
Desde las montañas de Yemen llega una lección que los poderosos quieren que no veamos: el poder no siempre está en quien tiene más aviones, más misiles, más dinero o más bases militares. Hay una fuerza que ningún arsenal puede fabricar: la de un pueblo que sabe por qué lucha y que ha decidido no arrodillarse.
Arabia Saudí, Estados Unidos y el régimen israelí han conocido esa fuerza. Frente a su soberbia, Yemen ha levantado su dignidad. Frente a sus amenazas, su coherencia. Frente a su poder militar, la voluntad de un pueblo que se niega a aceptar que el mundo tenga amos y esclavos.
Son una marea de hombres y mujeres que caminan descalzos o en sandalias, pero que llevan en los ojos algo mucho más poderoso que cualquier arma: la certeza de que la dignidad de los pueblos no se compra, no se bombardea y no se somete.
Yemen resiste. Yemen permanece en pie. Y mientras permanezca en pie, seguirá recordándonos que los imperios también pueden desangrarse, que los poderosos también pueden retroceder y que, cuando un pueblo convierte su dignidad en escudo, hasta los gigantes descubren que tienen los pies de barro.
Honor al pueblo de Yemen. A su resistencia. A su coherencia. A su dignidad.
Porque nos enseñan que, aun caminando con los pies desnudos, hay pueblos que nacen para mantener la cabeza erguida.
Yemen es uno de ellos.
#Yemen #Iran #Resistencia #ASaudi #Israel
