Los datos de PISA 2025 desmontan el argumento de la pobreza y exponen una crisis de prioridades, no de recursos.
Esto no es un accidente estadístico. Es la prueba de que el problema no es cuánto tiene el país, sino a quién se destina lo que tiene. Mientras la élite dominicana escolariza a sus hijos en colegios privados bilingües y los envía a universidades en el extranjero, el 91% de los estudiantes de la escuela pública no alcanza el nivel básico en Matemática y tres de cada cuatro quedan por debajo del umbral mínimo en Ciencias y Lectura. El sistema educativo dominicano no está fallando: está funcionando exactamente como fue diseñado, reproduciendo la desigualdad de una generación a la siguiente.
- Fiscalización real del 4% del PIB destinado a la educación. La ley existe desde 2013, la cifra se cumple en el papel, pero hay que auditar públicamente en qué se gasta: cuánto va a infraestructura sin mantenimiento, cuánto a nómina política del Minerd, cuánto llega efectivamente al aula. Sin trazabilidad, el 4% es un número, no una política.
- Condiciones dignas y salario real para el magisterio, no como dádiva sino como condición de posibilidad: un maestro con dos empleos para llegar a fin de mes no puede sostener la exigencia pedagógica que estos resultados reclaman.
- Romper la segregación de facto entre la escuela pública y la privada en la toma de decisiones de política: ningún ministro, viceministro o director regional debería diseñar política pública para una escuela pública a la que no manda a sus propios hijos. Mientras la clase dirigente educa a su descendencia fuera del sistema que administra, no tiene incentivo estructural para arreglarlo.
- Organización de base: juntas de padres, madres y maestros con poder real de fiscalización local, no como comité decorativo sino como contrapeso comunitario a la gestión distrital. La mejora educativa no vendrá de un decreto; vendrá de que la comunidad organizada exija cuentas escuela por escuela.
- Poner la comparación con Brasil, Perú y Colombia en el centro del debate público, precisamente porque desmonta la coartada de la pobreza. Es un argumento que hay que repetir hasta que se vuelva sentido común: no es que no podamos, sino que no se ha querido.
PISA 2025 no es una foto del atraso dominicano. Es una radiografía de sus prioridades reales.
