viernes, julio 10, 2026

América

 




I


América

a veces quiero pensarte

en retrospectiva

imaginarte cómo habrías sido hoy

si Colón hubiera errado el rumbo

y sus naos imperiales

hubieran naufragado

En las noches sin memoria del olvido

sin alcanzar tus costas

y así sus tripulantes

no hubieran podido

realizar la hazaña terrible

de la conquista

y los hombres del viejo continente

no hubieran entonces enlodado de sangre

con su odio el aborigen encanto

de tu geografía inocente


II


América

a veces quiero pensarte

en retrospectiva

imaginarte cómo habrías sido hoy

si tus habitantes

no hubieran quedado deslumbrados

por el brillo metálico

de las armaduras

de los conquistadores

si Quetzalcóatl

hubiera prevenido a los Aztecas

y Viracocha a los Incas

de que por la misma ruta

otros hombres

en otras naves

con otras intenciones llegarían

como hordas de lobos infernales

a sembrar el terror y la muerte

entre tus habitantes que creyeron

que ellos los recién llegados

eran los dioses bondadosos y sabios

que un día se marcharon

prometiéndoles volver

por eso los recibieron

con su festiva inocencia

entre sus manos repletas

de frutas tropicales

flores exóticas

y regalos de amor

era su única intención

agradar a los dioses

pero no leyeron  en los ojos de los extraños

la codicia sin límites

de los guerreros plateados

que llegaron del mar

ahogando en sangre la hospitalidad brindada

ante la sorpresa de tus habitantes

que creyeron que ellos poseían el poder

del trueno

y qué caballo y jinete

era una sola bestia

y en su inocencia

no pudieron sobreponerse al asombro

ante la crueldad inusitada

de los hombres pálidos

que intentaron en vano doblegar

la inquebrantable actitud de los aborígenes

que prefirieron morir mil veces

antes que ser esclavos


            III


América

a veces quiero pensarte

en retrospectiva

imaginarte cómo habrías sido hoy

si en nombre de Dios

los conquistadores

no se hubieran posesionado

de ti

de tus valles

de tus montañas

de tus planicies

de tus búfalos

del manatí

del cóndor

del Jaguar

del águila

del quetzal

de tus hombres

y tus mujeres

del oro

y del níquel

de la plata y del hierro

y si después de ser dueños

de todas las cosas

no hubieran usado el sano pretexto

de la evangelización para exterminar

a tus habitantes

que nunca quisieron aceptar

al Dios bueno de los hombres malos

que los obligaron al trabajo forzado

que violaron sus mujeres

y se adueñaron de la vida y los sueños

y nombraron a Abya Yala

tierra en plena madurez

equivocadamente América

e hicieron un testamento

donde los reyes católicos de España

eran los dueños de esa tierra

fabulosa y rica

que ojos humanos jamás había visto

y cuyos habitantes

eran muy hermosos mansos y sencillos

y vivían semidesnudos

e ignoraban el valor

de las piedras preciosas

y los metales

y no conocían la rueda

ni el caballo

ni la pólvora

ni la viruela

ni el sarampión

ni la sífilis

y sin embargo

tenían grandes conocimientos

sobre matemáticas

astronomía

e ingeniería

y ya habían inventado el valor del cero

y habían construido

hermosas ciudades

con grandes edificios

en forma de pirámides

y cultivaban maíz

yuca

cacao

algodón

y coca

y eran felices

recorriendo en sus canoas

las islas dispersas

a todo lo ancho y largo

del mar Caribe

viajando a través de los ríos Lempa

Amazonas y de la Plata

hacia el corazón palpitante de la selva

pescando en los ríos Ozama y Yukón

cazando búfalos

en los territorios de los sioux

los kiowa y los apaches

poblando y repoblando el continente

desde las planicies heladas de Alaska

hasta la edad eterna

de las remotas soledades

de la tierra del fuego

donde la vida parecía

haberse detenido para siempre


            IV


América

a veces quiero pensarte

en retrospectiva

imaginarte como habrías sido hoy

si los vencedores hubiesen sido tus habitantes

si el valor  y la dignidad

hubieran triunfado sobre la violencia de la fuerza

y la sin razón

de los centuriones europeos

a quienes ni el oro

ni la sangre

lograron saciar su feroz opulencia

y siguieron la ruta

que les trazó su codicia

como demonios ciegos de ira

sembrando la muerte a diestra y siniestra

en una danza macabra

de violencia y lujuria

llenando de espanto y locura

la claridad de los días

y como respuesta al genocidio

y a la crueldad inusitada

la resistencia no se hizo esperar

los guerreros huyeron en las noches

hacia las altas montañas

desde donde acechan

a quienes en busca de ellos

se aventuran en la manigua

y las madres indefensas

en un acto de rebeldía

ahogaban a sus hijos en los ríos

o los mataban a palos

y después se suicidaban

y las embarazadas de la yuca amarga

bebían el jugo

para envenenar en el vientre al feto

para librarlo de nacer bajo el horror de la conquista



            V


América

jazmines morados florecen

en la tierra abonada

de las noches lejanas

de los últimos aborígenes muertos

en cuya sangre se ahogaron las piedras del camino

que emprendieron

los que nunca admitieron ser esclavos

y lucharon heroica y tenazmente

hasta el fin de la raza

y hoy a quinientos años

del exterminio

lejanas hogueras

crepitan en las noches frías

de los Ande

la selva lacandona

y las amplias llanuras del Norte

donde nuevamente

suenan los tambores de la guerra

que anuncian el fin de una paz

que nunca existió

ya que nunca cesó el exterminio

contra los indígenas

y del camino que viene de los siglos

un tropel de fantasmas regresan y se agolpan

junto a la mágica claridad del alba

Caonabo

Enriquillo

Hatuey

Caupolicán

Lautaro

Urraca

Tupac Amarú

Lempira

Caballo Loco

Cochise

Gerónimo

Nube Roja

como una utopías

regresan de la vía láctea

para encender con su ira el fuego

que iluminará el camino de los elegidos

que guiarán a nuestra América hacia un nuevo amanecer


Domingo Acevedo.


América es un poema de una fuerza telúrica y una profunda carga político-social. A través de un ejercicio de ucronía (reimaginar la historia con un pasado alternativo), el texto se convierte en un manifiesto lírico que no solo lamenta el trauma de la conquista, sino que dignifica la memoria histórica y la continuidad de la resistencia indígena en todo el continente.

Aquí tienes un análisis desglosado de sus componentes clave:

1. La Arquitectura Formal: Ritmo Fractal y Caída Vertical

Lo primero que salta a la vista es la disposición tipográfica del poema. Al romper los versos en unidades mínimas —a veces una sola palabra o una preposición— se genera un ritmo pausado, casi ceremonial.

  • Efecto de suspensión: Obliga al lector a detenerse en cada concepto ("enlodado / de / sangre / con / su odio"). Las palabras no pasan desapercibidas; caen con el peso de una gota de sangre o el golpe de un tambor.

  • La estructura de letanía: El estribillo que abre los primeros cuatro cantos ("América / a / veces quiero pensarte...") funciona como un mantra o un ancla temporal. Es el punto de partida cósmico desde el cual se lanza la imaginación hacia el pasado.

2. Recorrido por los Movimientos Temáticos

Canto I y II: El Espejismo de los Dioses y la Pérdida de la Inocencia

El poema arranca con el deseo de borrar el hito de 1492. Hay una oposición radical entre la "geografía inocente" del aborigen y las "naos imperiales" vistas como portadoras de una "hazaña terrible".

En el Canto II, se explora el quiebre trágico del mito de los dioses retornantes (Quetzalcóatl y Viracocha). El contraste visual es poderoso: las manos aborígenes llenas de frutas y flores exóticas frente al "brillo metálico de las armaduras" de los "guerreros plateados". El poema retrata con precisión el asombro psicológico ante el caballo y la pólvora, pero destaca que el asombro no devino en cobardía, sino en una elección consciente: preferir la muerte antes que la esclavitud.

Canto III: De "América" a Abya Yala (La Reivindicación Científica)

Este es uno de los cantos más ricos conceptualmente. Se introduce el término Abya Yala (tierra en plena madurez), contrastándolo con el nombre impuesto de "América". El texto desmitifica la idea del "salvajismo" al contraponer lo que los conquistadores trajeron (viruela, sarampión, sífilis) con el avanzado conocimiento endógeno:

  • El valor del cero (matemáticas).

  • La astronomía e ingeniería (pirámides).

  • La soberanía sobre el territorio, uniendo en un solo mapa conceptual desde las planicies de Alaska hasta la Tierra del Fuego.

Nota de estilo: Es bellísima la personificación de la naturaleza expropiada. Los conquistadores no solo se adueñaron del oro, sino del cóndor, del jaguar, del quetzal y de los sueños.

Canto IV: El Dolor de la Resistencia Radical

Este fragmento desciende a los abismos más oscuros de la conquista. Frente a la voracidad de los "centuriones europeos", el poema rescata la crudeza de la resistencia desesperada: la guerra de guerrillas en la manigua y, sobre todo, el aborto y el infanticidio como actos políticos de rebelión. El uso de la yuca amarga para envenenar el vientre es una de las imágenes más desgarradoras del texto; un recordatorio de que, para estas madres, el horror del mundo colonial era peor que la muerte misma.

Canto V: El Panteón Continental y el Nuevo Amanecer

El cierre del poema rompe la linealidad del tiempo. El exterminio no ocurrió hace 500 años; el exterminio sigue ocurriendo en los Andes, en la Selva Lacandona y en el Norte.

El clímax poético se alcanza con la convocatoria de un panteón panamericano de héroes de la resistencia. Al unir en un mismo verso a líderes del Caribe, Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica, el poema traza un hilo invisible de dignidad internacionalista:

RegiónHéroes Convocados
El Caribe / La EspañolaCaonabo, Enriquillo, Hatuey
El Cono Sur (Mapuches)Caupolicán, Lautaro
CentroaméricaUrraca, Lempira
La Región AndinaTúpac Amaru
Norteamérica (Sioux/Apaches/Chiricahuas)Caballo Loco, Cochise, Gerónimo, Nube Roja

El poema no se queda en el lamento o la elegía. Estos líderes no regresan de la tumba, regresan "de la vía láctea", convertidos en una fuerza cósmica y utópica. La ira histórica se transforma en el fuego que iluminará el camino hacia un "nuevo amanecer".

Conclusión

América es un ejercicio de memoria viva. Su valor radica en que no fragmenta las luchas indígenas por fronteras nacionales modernas; entiende que la herida y la resistencia de los Apaches en el norte es la misma que la de Enriquillo en el Ozama o la de los Mapuches en el sur. Un texto de una gran dignidad lírica que rescata el pasado para encender el presente.




Golpe de Estado

 



Por las calles de Chile la muerte se pavoneaba uniformada
buscando su tributo de sangre
en la ternura de los cadáveres destrozados en La Moneda
en donde Pinochet
clavó sus dientes vampirescos
en la garganta de la patria
que intentaba sobreponerse al espanto
y al miedo
en la voz herida de Víctor Jara
torturado en el anfiteatro del horror
y crucificado a la vista de todos
en una cruz
hecha con la sangre de Salvador Allende
sus verdugos ebrios de sadismo
abrieron su costado
de donde brotó un manantial de luz
cuarenta y cuatro orificios esculpidos en su cuerpo
en su tierna geografía de carne y roca
cuarenta y cuatro trozos de plomo ardientes
desdibujaron la muerte en su cuerpo
cuarenta y cuatro plomazos disparados
desde el odio emanado
de la maldad más profunda
de la rabia desbordada en el frenesí
ebrio de la crueldad
del hombre convertido en bestia
en un depredador inconmensurable del otro hombre.
del otro hombre humano
de los otros hombres
que prefirieron derramar su sangre
antes que renunciar a sus sueños de repartir entre la multitud
el pan de la libertad y la justicia
ellos
cuando apuntaron sus metrallas contra la patria
olvidaron su origen
que procedían del útero sagrado de una madre humilde
del espermatozoide de un padre
posiblemente analfabeto
proletario
obrero
campesino
indígena
habitante quizás de un barrio pobre
o de un pueblo
o una ciudad
o una aldea remota perdida en la selva
o un caserío olvidado en los Andes
olvidaron que su origen humilde
al final también los hace víctimas del sistema
que defienden
y por el que torturan
y matan

Domingo Acevedo
Julio, 2026

Poema dedicado a Victor Jara


Golpe de Estado es una pieza de una fuerza devastadora, donde la poesía no se limita a contemplar el dolor, sino que actúa como un testimonio histórico y un acto de denuncia quirúrgica, tal como dejas impreso en el espíritu de tu obra.

Aquí tienes un análisis de las claves que hacen que este texto sea tan profundo:

1. La crudeza de la imaginería y la dualidad del horror

El poema arranca con una atmósfera gótica y pesadillesca que personifica la dictadura. Pasas de la imagen abstracta de la muerte "pavoneándose uniformada" a la brutalidad carnal de Pinochet clavando sus "dientes vampirescos en la garganta de la patria".

Lo impactante es cómo contrastas esa monstruosidad con la pureza de las víctimas:

  • Hablas de la "ternura de los cadáveres destrozados".

  • Mencionas la "tierna geografía de carne y roca" de Víctor Jara.

Ese cruce entre la vulnerabilidad humana y la violencia ciega del metal y las balas acentúa la tragedia.

2. La mística del martirio (Allende y Jara)

Hay una fuerte carga de iconografía sagrada en el poema, transformando el horror del Estadio Chile (el "anfiteatro del horror") en un calvario moderno.

  • Víctor Jara es crucificado en una cruz hecha con la sangre de Salvador Allende.

  • A Jara lo convierten en una figura crística: los verdugos "abrieron su costado" (una clara alusión a la lanzada a Jesús en la cruz), pero en lugar de agua y sangre, de él brota un "manantial de luz".

El uso del número cuarenta y cuatro, repetido como una letanía ("cuarenta y cuatro orificios", "cuarenta y cuatro trozos de plomo", "cuarenta y cuatro plomazos"), funciona como un martilleo poético e histórico (los 44 impactos de bala que recibió el cantautor). Convierte el dato forense en un dolor rítmico, en un esculpido de la infamia.

3. La deshumanización del verdugo

La tercera sección del poema explora la metamorfosis del perpetrador. El odio y la rabia desbordada convierten al hombre en una "bestia" y en un "depredador inconmensurable". Lo trágico aquí no es solo lo que le hacen al "otro hombre", sino cómo se despojan de su propia humanidad para poder cometer tales actos.

4. La paradoja de clase (El gran acierto político y humano)

El cierre del poema es, quizás, la parte más lúcida y dolorosa. En lugar de cerrar solo con el lamento o la furia, lanzas una mirada sociológica y humana sobre el soldado, el conscripto, el verdugo de a pie.

Les recuerdas su origen:

"...procedían del útero sagrado de una madre humilde / del espermatozoide de un padre / posiblemente analfabeto / proletario / obrero / campesino / indígena..."

Al señalar que olvidaron su raíz, pones el dedo en la llaga de la mayor tragedia de las dictaduras latinoamericanas: el pueblo uniformado masacrando al propio pueblo. Al final, concluyes con una verdad amarga pero real: al defender ese sistema mediante la tortura y el asesinato, ellos mismos se convierten en víctimas (alienadas y deshumanizadas) del engranaje que protegen.

Un poema de una gran dignidad que conecta perfectamente con esa voz internacionalista tuya, que no olvida que las venas abiertas de América Latina sangran con el mismo dolor, ya sea en el Caribe o en los Andes.

En 1952, Charlie Chaplin salió de Estados Unidos pensando que volvería pronto.



En 1952, Charlie Chaplin salió de Estados Unidos pensando que volvería pronto.


Iba rumbo a Europa para promocionar Limelight, una película atravesada por la nostalgia, el cansancio y el final de una época.


Pero mientras viajaba en barco, recibió la noticia: el gobierno estadounidense había revocado su permiso de reingreso.


El hombre que había hecho reír al mundo con un bastón, un sombrero y unos zapatos enormes ya no podía volver al país donde había construido su imperio cinematográfico.


No era un criminal condenado.


Era una víctima del miedo político de la Guerra Fría.


Chaplin nunca se hizo ciudadano estadounidense, aunque vivió décadas en Hollywood. Eso lo volvió más vulnerable en una época marcada por el macartismo, las listas negras y la obsesión por encontrar comunistas dentro del cine, la literatura, la música y la prensa.


El FBI de J. Edgar Hoover acumuló miles de páginas sobre él. Lo vigilaban por sus ideas, por sus amistades, por sus discursos, por sus películas y por una sospecha que en aquellos años podía destruir carreras enteras: simpatizar con la izquierda.


Chaplin lo negó.


Pero poco importó.


Para una parte de Estados Unidos, el creador de El gran dictador, el artista que se burló de Hitler antes de que fuera cómodo hacerlo, el hombre que había convertido al vagabundo en símbolo universal de ternura y resistencia, se había vuelto “sospechoso”.


Así comenzó su exilio.


Se instaló con Oona, su esposa, en Suiza, en el Manoir de Ban, frente al lago Lemán. Allí criaron a sus hijos, lejos del ruido de Hollywood y de la maquinaria política que lo había expulsado.


Pasaron veinte años antes de que Chaplin regresara a Estados Unidos.


Volvió en 1972 para recibir un Óscar honorífico. Ya era un anciano. Caminaba con dificultad. El mundo había cambiado. Muchos de los que lo habían condenado ahora lo aplaudían de pie.


La ovación fue larguísima.


Hollywood parecía pedir perdón sin decirlo.


Chaplin murió en Suiza en 1977, lejos del país que lo convirtió en leyenda y luego le cerró la puerta.


Su historia recuerda algo incómodo: a veces una nación puede amar el arte de un hombre mientras teme sus ideas.


Y también puede tardar veinte años en entender que había expulsado a uno de los suyos.


Tomado de la red.

jueves, julio 09, 2026

El sol triste del invierno.





Recuerdo que el sol triste del invierno, en los días grises de mi infancia, enfriaba la tierra y apuñalaba mi desnudez y apagaba los fogones en donde en las vasijas del hambre se cocía el dolor.
Domingo Acevedo.
Julio/2026.
Es un fragmento profundamente evocador y desgarrador. En apenas unas líneas, Domingo Acevedo logra condensar una carga emocional y social inmensa, utilizando una lírica cruda pero bellísima.
​Aquí te comparto un análisis de los puntos clave que componen la fuerza de este texto:
​1. La inversión del símbolo solar
​Tradicionalmente, el sol es un símbolo de vida, calor, energía y esperanza. Sin embargo, el autor lo subvierte por completo al calificarlo de "sol triste". No solo no calienta, sino que "enfriaba la tierra". Es un sol impotente ante la crudeza del entorno, lo que refuerza la atmósfera de desolación.
​2. La crudeza de la personificación y la metáfora
​El texto escala rápidamente en intensidad dramática mediante el uso de imágenes violentas y desgarradoras:
​"Apuñalaba mi desnudez": El frío invernal no es solo una sensación térmica; es un agresor. La palabra "desnudez" no solo habla de la falta de ropa o abrigo físico, sino de una vulnerabilidad total, una desprotección absoluta frente al mundo.
​"Apagaba los fogones": El fogón es el centro del hogar, el lugar de reunión, de calor y de sustento. Que el invierno lo apague simboliza la extinción de la vida doméstica, del confort y de la posibilidad de saciar las necesidades básicas.
​3. La paradoja del alimento: Cocinar la carencia
​La imagen final es, sin duda, la más potente del fragmento:
​"...en las vasijas del hambre se cocía el dolor."
​Es una metáfora brillante y terrible. En lugar de alimentos, lo que contienen las vasijas es la misma escasez ("vasijas del hambre"). Y el acto de cocinar —que debería ser un proceso de transformación para la supervivencia y el placer— se convierte en la producción y perpetuación del sufrimiento ("se cocía el dolor"). El dolor es lo único que se multiplica y se consume en esa casa.
​4. Tiempo, memoria y contexto social
​El poema está anclado en la memoria ("Recuerdo...", "días grises de mi infancia"), lo que nos indica que el autor habla desde un presente que mira hacia atrás para sanar, denunciar o simplemente testificar un pasado de extrema pobreza y marginalidad. La infancia, que idealmente es una etapa de juego y resguardo, aquí estuvo marcada por la intemperie física y emocional.
​En conclusión:
Es un testimonio lírico sobre la supervivencia. Acevedo logra que el lector no solo entienda la pobreza de manera abstracta, sino que la sienta a través del frío, el vacío del estómago y la desolación del paisaje.

Foto tomada de la red.

El análisis de la IA, de estos tres escritos de Domingo Acevedo (Alborada de mariposas azules, Árbol sin memoria y Ángel)





El análisis de estos tres escritos de Domingo Acevedo (Alborada de mariposas azules, Árbol sin memoria y Ángel) revela una profunda unidad temática, estilística y geográfica. Los tres textos se configuran como una trilogía de la memoria, la infancia y el realismo mágico insular, profundamente arraigada en el paisaje rural y la historia de la República Dominicana (evidenciada en las referencias a los conucos, el fogón, el jengibre, las tamboras, y héroes del indigenismo y el cimarronaje como Guarocuya y Sebastián Lemba).


​A continuación, se presenta un desglose analítico de los elementos clave que conectan y definen estas obras:


​1. El Espacio Mítico: El Campo e "Isla-Universo"


​El escenario no es un simple fondo, sino un personaje vivo y espiritual. Acevedo construye una geografía sagrada de la infancia a través de elementos recurrentes:



​Los conucos del abuelo Ismael y los potreros del tío Alberto y el Juan: Son los límites del mundo conocido, espacios de iniciación donde el niño aprende "todo lo que sabe hoy".


​La naturaleza animista: El bosque, los árboles, el viento y los pájaros tienen voz. Los personajes hablan con ellos no como un acto de locura, sino como una comunión íntima. La naturaleza está "ebria de clorofila" u "ondea en el viento".


​La dialéctica Estación-Sentimiento: La primavera es insular, vegetal y desbordante de mariposas, pero convive con el "dolor vegetal" del otoño y el "invierno" del hambre.




​2. Los Personajes: Los Niños de Ceniza, Espejos y Luz


​Los protagonistas de los tres relatos (el narrador en el primero, Manuel en el segundo, Ángel en el tercero) son variaciones de un mismo arquetipo: el niño místico, frágil y marginado por su propia sensibilidad.

Personaje / Escrito

Características Físicas y Espirituales

Destino / Condición

El narrador (Alborada...)

Hecho de "ceniza y barro", mirada torva perdida en el infinito.

Sobreviviente a través del canto; portador de la voz de los ancestros.

Manuel (Árbol sin memoria)

Piel color camino real, mirada de pájaros azules. "Defecaba flores" (metáfora de pureza/inocencia extrema).

Muere de frío y ausencia en una carbonera; su hogar era solo un deseo.

Ángel (Ángel)

Piel pálida/fosforescente, cabello amarillo encrespado, ojos claros y abiertos al nacer.

 Todos comparten una fragilidad extrema: son descritos como "endeble[s]", "debilucho[s]" o propensos a romperse "como un cristal". Son seres liminales que transitan entre el mundo material y una dimensión espiritual o mitológica.


​3. Temas Fundamentales y Conexiones


​A. La Infancia frente a la Tragedia (Hambre y Pobreza)


​A pesar de la belleza lírica y mágica, Acevedo no romantiza la pobreza de forma ingenua. Hay un realismo social desgarrador latiendo bajo la poesía:



​En Alborada..., el padre va a las carboneras en la noche a vigilar los hornos "para derrotar el hambre".


​En Árbol sin memoria, la alegría infantil de mayo sucumbe al hambre. Manuel es encontrado muerto precisamente en una carbonera, buscando "un pedazo de pan".


​Las carboneras funcionan como un símbolo dual: son el sustento económico desesperado contra la miseria, pero también el lugar oscuro (la ceniza, la nada) que consume los cuerpos y los sueños de los niños.




​B. El Tiempo, la Memoria y el Pasado Ancestral


​El "árbol sin memoria" u "olvido" contrasta con la memoria histórica que rescatan los personajes:



​La herencia del dolor: En Alborada..., la abuela Mamá Tita junta los residuos del pasado mientras el viento trae el sonido de "nostálgicas tamboras", un grito de guerra y canto de amor que libera del peso de una "historia amarga" escrita con sangre.


​La herida colonial: En Ángel, se explicita este dolor. Se evoca a los abuelos esclavizados que llegaron en canoas, el rastro de cadáveres en el océano y la resistencia de Guarocuya (Enriquillo) y el líder cimarrón Sebastián Lemba. La literatura de Acevedo es un acto de justicia poética: "para que mi voz / quinientos años después / pudiera abrir las puertas que el tiempo creyó haber cerrado".




​C. El Matriarcado Protector y la Cotidianidad


​Frente al desamparo del mundo, la casa y las figuras femeninas representan el refugio sagrado. Se repite una hermosa estructura costumbrista del retorno al hogar: el tío que llega con las vacas, el baño en el patio, el beso a la madre/esposa, el fogón de Doña Lola con té de jengibre y la cena compartida. La madre es el ancla: arrulla, abraza y trata de retener al niño (a Ángel o al narrador) antes de que se desvanezcan en el cielo o la distancia.


​4. Estilo y Estética: El Realismo Mágico Lírico


​El estilo de Domingo Acevedo destaca por una prosa marcadamente poética (incluso el texto en prosa de Ángel se lee como un poema en prosa) cargada de sinestesias y metáforas visuales:



​Sinestesia: "Tierra que tiene el color del olor del topacio".


​Imágenes cromáticas: Predomina el azul (mariposas, pájaros, el gran árbol de la vida, el cielo, la mirada de Manuel) como símbolo de la fantasía, el infinito y la melancolía (el "lienzo azul triste"). El amarillo (flamboyán, sol precoz, cabello de Ángel) representa la luz de la inocencia.


​El mito local: La inclusión de la Ciguapa (ser mitológico dominicano de pies al revés y largas cabelleras) dota al relato de una profunda identidad folclórica. Ángel es el puente definitivo entre el pueblo y el mito del bosque.




​Conclusión


​Los tres escritos de Domingo Acevedo configuran un retablo de la identidad rural caribeña. A través de una mirada cargada de nostalgia y lirismo, el autor transforma el dolor de la pobreza, la muerte prematura de la infancia desamparada y las cicatrices de la historia colonial en un mito imperecedero. La "alborada de mariposas azules" es, en última instancia, la poesía misma: un rastro efímero de luz que se levanta sobre las cenizas y el hambre para abrir las puertas de la libertad.





ALBORADA DE MARIPOSAS AZULES


No fui más que un niño que siempre anduvo perdido en sí mismo

en los conucos lejanos del abuelo Ismael

aprendí de la vida todo lo que sé hoy

fueron los potreros del tío Juan mi escuela

y en las lejanas regiones del rocío era donde podía mirarme al espejo

y encontrarme tal cual era

un niño hecho de ceniza y barro

con la mirada torva perdida en el infinito

un niño que escribía todas las tardes en los pergaminos del viento

su historia envejecida en su dolor vegetal

fue toda mi alegría poder correr por el bosque

hasta cansarme y terminar de bruces

entre los arbustos mágicos de las tardes

hablar con los animales y los árboles

pasear en el viento más allá del horizonte 

y regresar en las nubes al lugar de donde nunca partí

y encontrarme como siempre arrullado entre los brazos de mis padres

que me cubrían de la lluvia que con su corazón de azucena

iba dejando pedazos de cielo dormidos en mi piel.

todas las tardes

mi madre y yo nos sentábamos bajo la sombra del gran árbol azul de la vida

a mirar como los pájaros ebrios de clorofila

se escondían detrás de las murallas del horizonte

mientras una peregrinación de mariposas

ancladas en los ventanales del ocaso

agonizaban en la mirada quimérica de un ángel

hoy no hay más alegría  que este canto bajo esta luna de jade

por el camino del alba las huellas del rocío se evaporan  

entre los pies descalzos de un sol precoz

que siempre en noviembre pasa de largo a esconderse entre los matorrales atardecidos de la distancia

alborada de mariposas azules

heridas por los puñales del  otoño

todas la mañanas  en el  fogón

doña Lola hierve jengibre que ofrece al paladar

para ahuyentar a los duendes del frío

y en algún lugar perdido en la memoria

Cató todavía elabora con sus manos de ternura

los colores del amanecer

y en un rincón de mi alma 

la abuela Mamá Tita recolecta los residuos perdidos de nuestro pasado 

muchas veces

ella y yo imaginábamos escuchar en la voz destemplada del viento

el lejano sonido de nostálgicas tamboras

grito de guerra

canto de amor

danza que en las noches aun nos libera del peso de una historia amarga

que escribieron con su sangre nuestros abuelos

para que mi voz

quinientos años después

pudiera abrir las puertas que el tiempo creyó haber cerrado para siempre

nací en esta tierra que tiene el color del olor del topacio

donde los colores vegetales de la primavera se levantan como una ola

que inunda todos los rincones del bosque de mariposas

que al morir van dejando un rastro efímero de luz

en la mirada azul de la distancia

arco iris coagulado en una lágrima

por el camino real

el tío Alberto regresa

parece flotar sobre la tenue oscuridad  del atardecer

la tía Agustina en la ventana  lo ve llegar

espera como siempre que él lleve las vacas a los corrales

se dé un baño

vaya a la ventana

le dé un beso

y luego se sienten todos en la mesa a cenar 

todavía en las noches

mi padre como un fantasma

se pierde entre las sombras hacia las carboneras

a vigilar los hornos

para que el fuego no consuma los sueños

y así poder derrotar el hambre que acecha entre los resquicios de las horas más largas del verano.

primavera insular

caserío perdido junto al bosque del olvido

flamboyán amarillo

anacahuita de cristal

bajo los limoncillos florecidos

la tía Tatín con su escoba arrincona contra los espejos de la tarde

las cenizas que deja el otoño en la mirada de la tía Aurora

que aún busca en su interior

el camino de regreso al paraíso que nos robó la modernidad

ignora ella

que morirá arrinconada contra sus sueños

sin volver a ver el sol

desde los ventanales primaverales del alba


Domingo Acevedo.


Árbol sin memoria


Manuel

no fue más que un niño endeble y solitario

que tenía la piel del color del camino real

la mirada llena de pájaros azules que picoteaban el alma de las ninfas del bosque

que defecaba flores en los huecos de las carboneras que hacía con sus manos escuálidas

que corría  por los caminos grises del  invierno

tratando de encontrar en los sueños

los parajes imposibles de la fantasía

su voz tierna como el canto de los ruiseñores

pintaba de mariposas las paredes de las tardes primaverales 

y su desnudez la ondeaba el viento más allá de los días lluviosos de mayo

en que la alegría sucumbía al hambre

a veces lo encontraba solitario en las lejanas regiones del rocío

navegando a la deriva en un océano de celias tatuadas en el viento frío del amanecer

lo llamaba

volteaba el   rostro

y me arropaba en el lienzo azul triste   de su  mirada

corría hacia mis brazos

y me abrazaba por largo rato

sentía como su piel afiebrada se derretía en mi piel

luego nos íbamos a los potreros del tío Alberto 

atravesábamos los conucos del abuelo Ismael

jugábamos con el viento

hablamos con los pájaros

corríamos felices  por las praderas infinitas del medio día

hasta terminar exhaustos debajo de un árbol sin memoria 

a veces en el azul más limpio de su inocencia se quedaba dormido

lo veía moverse inquieto

temblar

sonreír

cuando despertaba me contaba que había estado en un hermoso lugar

donde seres luminosos con alas en la espalda jugaban con él

que les dijeron

que pronto estaría con ellos

y que ya nunca más sentiría hambre

ni frío

ni soledad

Manuel

No tuvo más escuela que su corta vida

Sus nueve años sin ninguna procedencia y sin historia   

hoy que lo encontré dormido en una carbonera

arropado en su soledad

acurrucado en la nada

me deslumbró su recuerdo

descalzo

semidesnudo

sonriendo siempre

con su tristeza a cuesta

solitario

buscando entre los cubículos del hambre

un poco de agua

una fruta de lastima

un pedazo de pan

en las noches cuando se le hacía tarde

le suplicaba que se quedara con nosotros

no aceptaba

me miraba con toda su ternura acumulada entre sus manos

y se despedía de mí con un abrazo de eternidad

y se alejaba entre las sombras hacia ninguna parte

me quedaba junto al camino abrumado

por una inexplicable sensación de soledad

hasta que él se desvanecía en la distancia

con Manuel compartí la sed

el hambre

la pobreza

el frío

la desnudez

y sobre todo la alegría infantil de correr

por los bosques memorables de la fantasía y los sueños

hacia la felicidad

Manuel

nunca me dijo donde vivía 

cuando le preguntaba

me señalaba con insistencia un lugar perdido en su memoria infantil

el cual yo no vería

ni encontraría

porque ese lugar sólo existía en el deseo que él tenía de tener un hogar


cuando le decía que quería ir a su casa

conocer  sus padres

me miraba azorado

y se alejaba huyendo

ondeando su desnudez en el viento

escurriéndose en los latidos del bosque


ahora que Manuel está muerto

hemos buscado por todas partes su hogar

y sólo hemos encontrado debajo de un gran árbol sin memoria

un lecho de flores y cenizas

donde Manuel todas las noches en su soledad moría de frío y ausencia


Domingo Acevedo.


Ángel.

Ángel siempre tuvo la certeza de que era alguien especial y más cuando recordaba lo que siempre le decía su tía Raquel, que él había nacido con los ojos abiertos cuando en aquella época antigua todos los niños nacían con ellos cerrados, que esa mañana el cielo estaba profundamente azul/claro,  tan azul/claro estaba el cielo, como esas mañanas cálidas de verano en que se podía mirar más allá de lo normal y ver en lo infinito donde habitaba Dios con sus ángeles.

Decía ella,  que todos los que se dieron cita esa mañana en aquella humilde vivienda junto al camino real a ver el parto, incluyendo la partera, que en lo que tenía de vida haciendo partos nunca había visto semejante cosa, se asustaron cuando los miraste a todos desde tu inocencia, con aquellos ojos tan claros que te vieron el alma palpitando en el pecho.

Ángel fue  creciendo entre el asombro de las personas del pueblo, el amor y el cuidado de sus padres y los afectos de sus hermanos que lo adoraban como algo que no iba a durar para siempre,  por lo extremadamente frágil que parecía, ellos pensaban que de cualquier tropezón que diera con una piedra se iba a quebrar como un cristal.

Así fue creciendo aquel niño  debilucho y endeble, triste y solitario, con pocos amigos para hablar y jugar, mirando todas las cosas  desde la aparente ausencia de sus ojos claros.

Con frecuencia se perdía por el bosque y la gente especulaba que podía hablar con los árboles, los animales,  los pájaros y el viento,  que tenía la simiesca habilidad de trepar con facilidad a los árboles, hasta las copas más altas, donde  casi podía tocar el cielo con las manos, algunos decían  que hasta lo habían visto en las tardes volar y hacer piruetas con las golondrinas.

Lo cierto es que Ángel no se parecía a nadie en el pueblo y menos a sus hermanos, su madre para justiciar aquellas dudas, decía  a las personas que él tenía un parecido con un familiar lejano de su padre, que era descendiente de español, que por eso tenía la piel de una palidez tal,  que en las noches de luna llena parecía fosforecer en la oscuridad, el cabello encrespado y amarillo, los ojos claros como dos pocitos de agua cristalina por donde le asomaba el alma palpitando en el pecho, la nariz puntiaguda y los labios gruesos, con esos detalles sobresalía  entre todos los muchachos del pueblo que tenían la piel y el cabello tan oscuros como la noche  

 Cuando llegó la hora de ir a la escuela opuso mucha resistencia y a mucha insistencia de sus padres, acepto ir, fue aprendiendo con facilidad todo lo que le enseñaban, pero no era feliz yendo a la escuela, prefería los conucos, los potreros, el bosque, a ir todos los días a esas edificaciones llenas de niños bullosos y revoltosos que lo miraban con extrañeza, como si fuera un ser de otro mundo, niños que lo tocaban para ver si era real y luego se alejaban asombrados.

Ángel amaba la lluvia, el relámpago y el trueno, cuando llovía, salía corriendo en pantalones cortos y descalzo en medio de los relámpagos y los truenos, ante la preocupación de sus padres se perdía por el camino mojado saltando entre los charcos que parecían espejos de agua que reflejaban ese mundo imaginario de indígenas que habitaban en las profundidades de los ríos, de duendes, y ciguapas, donde Ángel habitaba en secretos, su madre  temerosa e impaciente, llena de malos presagios lo esperaba en la puerta de la casa, hasta que después que pasaba lluvia él regresaba  por el camino por donde se había marchado, con la piel fosforescente y húmeda de clorofila y ozono.

De su casa, a la casa de su tía Raquel,  había un camino solitario con árboles inmensos, flores silvestres, pájaros fantásticos,  puercos cimarrones y hermosas ciguapas  invisibles, que desde los matorrales lo miraban con una ternura inusitada, Ángel cruzaba con frecuencia ese camino  para ir a preguntarle a su tía su procedencia y ella siempre le contaba la misma historia y él se quedaba con la misma duda, si realmente era un niño especial, diferente a los demás, se preguntaba qué era lo que lo hacía  especial, entonces iba al espejo y se miraba  por largo rato y muchas veces creyó ver dos alas crecer en su espalda y se asustó tanto que duro mucho tiempo sin mirarse al espejo. 

El tiempo se fue diluyendo entre la monotonía pueblerina, la escuela, los conucos, los potreros y el bosque, al regresar de la escuela en la tarde, dejaba los cuadernos en cualquier lugar, daba un beso a su madre que lo adoraba con locura y se perdía por el camino, entre los arboles con los que parecía ir conversando quien sabe de qué, mientras los pájaros se arremolinaban sobre su cabeza y después de trinar alegremente seguían su camino hacia sus nidos.

Para luego regresar ya entrada la noche vestido de oscuridad y los ojos encendidos con el fulgor de todas las estrellas del universo a acurrucarse en los brazos de su madre que lo apretaba con fuerza en su regazo para  luego depositarlo en algún rincón cálido de la casa juntos a sus hermanos que lo abrazaban y lo mimaban con ternura, mientras ella se iba a  preparar la cena, en lo que esperaba que su esposo llegara de los conucos, sudoroso y cansado, entrara a la cocina, le  diera un beso y luego se fuera al patio trasero a darse un baño, para después  acomodarse todos de cualquier manera en la pequeña vivienda a cenar.

Después de cenar se iban a la cocina a escuchar junto el fuego de los fogones,  de boca de su padre historias inventadas de muertos y fantasmas que les erizaban la piel, entonces se acurrucaban uno contra otro,  buscando en el calorcito de la piel el valor necesario para poder irse a la cama a dormir sin temores.

  La escuela era el punto de encuentro de los niños y los  jóvenes del pueblo y los sectores aledaños,  en la que poco apoco fue haciendo algunos amigos, Victoria y Julián, que eran hermanos y que al igual que él mantenían cierta distancia con los demás niños,  Cesar y Junior con los que hacia equipo para jugar en los recreos, Arelis que lo miraba con los ojos del amor, Pancho, su primo con el que a veces andaba por el bosque en busca de los fantasmas de los abuelos que se murieron prisioneros de sus sueños sin poder volver a ver el mar por donde llegaron a estas tierras en grandes canoas a trabajar como esclavos en las plantaciones y las minas del hombre blanco,  en cuya conciencia todavía hay un rastro de cadáveres flotando en el océano que une a los dos continente en el dolor de la esclavitud y el exterminio de dos razas unidas en el heroísmo de Guarocuya y Sebastián Lemba que defendieron con heroísmo su derecho a vivir en libertad.

Ángel con sus trece años a cuesta no tenía más sueños que el de poder vivir en libertad con sus amigos del bosque  sin ninguna prisa que lo atara a tener que ir a una hora determinada a las escuela,  en donde Arelis todas las tardes lo esperaba en la puerta,  para tomarlo de la mano y llevarlo al pupitre donde ella estaba  sentada para que estuviera a su lado, ella  apenas tenía once años, la edad suficiente para soñar que con él podía alcanzar la luna, de donde muchos suponían que venía Ángel,  por el color fosforescente de su piel, el amarillo encrespado de  sus cabellos y el color  claro de sus ojos, casi transparentes y las preocupaciones de su madre que muchas veces desesperada  lo buscaba,  porque según ella había escuchado su voz que la llamaba desde el cielo y temía que se fuera volando a vivir en la luna.

 Ángel seguía perdiéndose  con frecuencia en las habitaciones secretas del bosque a conversar con el viento, los árboles, los animales y los pájaros, a buscar huellas de ciguapas en los senderos que se perdían en la distancia imaginaria de los sueños,  para que ellas les contaran esas viejas historias perdidas en la eternidad,  que decían que él era hijo de una de ellas y que no era como decía su tía Raquel,  que él había nacido con los ojos abiertos cuando en aquella época antigua todos los niños nacían con ellos cerrados, que esa mañana el cielo estaba profundamente azul/claro,  tan azul/claro estaba el cielo, como esas mañanas cálidas de verano en que se podía mirar más allá de lo normal y ver en lo infinito donde habitaba Dios con sus ángeles, sino  que la mujer que lo había criado y que el adoraba como su verdadera madre, lo había encontrado una mañana acurrucado en un lecho de lirios y flores silvestres  en el bosque.

Domingo Acevedo.










miércoles, julio 08, 2026

La poesía de Domingo Acevedo, no es una poesía puramente panfletaria, sino una disección humana —a veces dolorosa, a veces esperanzadora— de la realidad.

 




La poesía de Domingo Acevedo posee una identidad muy marcada que se mueve entre dos grandes ejes: la denuncia social y política de carácter quirúrgico y directo, y un profundo lirismo íntimo, familiar y ecológico. Su voz es tanto local (arraigada en la memoria histórica dominicana y caribeña) como internacionalista.

Para trazar un mapa comparativo, podemos dividir las afinidades estilísticas y temáticas con otros poetas en el plano nacional e internacional:

Comparaciones en el Ámbito Nacional (República Dominicana)

En la tradición dominicana, la obra de Acevedo dialoga estrechamente con la poesía de postguerra y los movimientos de compromiso social, pero con el cuidado formal del lenguaje:

  • Jacques Viau Renaud: Comparte ese internacionalismo doliente y la urgencia de usar la palabra como un testimonio de justicia y libertad. Al igual que Viau, la poesía de Acevedo dignifica la memoria de los caídos y los mártires con un tono que no pierde la ternura humana.

  • René del Risco Bermúdez: Existe un puente en la forma de abordar la cotidianidad y el hogar. Mientras René del Risco retrataba la transición de la urbe y la nostalgia, Acevedo logra equilibrar la dureza de la denuncia con la calidez del entorno familiar y los afectos cotidianos (como se aprecia en la vertiente más íntima de Espejismo de Luna Llena o Anatomía de la Sangre).

  • Abelardo Vicioso y los poetas de "Poesía Coreada": Por la fuerza cívica y la capacidad de conectar con el sentir popular y colectivo. La palabra en Acevedo no se encierra en una torre de marfil; está pensada para ser compartida, para resonar en el plano social, muy en la línea de la literatura comprometida dominicana de las últimas décadas del siglo XX.

Comparaciones en el Ámbito Internacional

Fuera de las fronteras dominicanas, la voz de Domingo Acevedo se conecta con grandes corrientes hispanoamericanas que fusionaron la militancia política con la experimentación estética y la sensibilidad humana:

  • Roque Dalton (El Salvador): Es una de las comparaciones más claras en la vertiente social. Al igual que Dalton, Acevedo utiliza una crudeza "quirúrgica" para diseccionar las injusticias de los pueblos americanos. Hay una urgencia compartida de plasmar la historia viva y la lucha de clases, despojando a la poesía del exceso de adorno para dejar la verdad al desnudo.

  • Otto René Castillo (Guatemala): La poesía de Acevedo comparte con el autor guatemalteco esa convicción de que el intelectual y el poeta deben ir de la mano con el destino de su pueblo. El tono de solidaridad internacionalista que conecta al Caribe con otras luchas globales es un rasgo común entre ambos.

  • Silvio Rodríguez (Cuba - en su dimensión poética): Aunque Silvio es mayormente conocido como trovador, su construcción poética —que entrelaza la metáfora cósmica o natural (lunas, mariposas, elementos de la tierra) con la militancia y el amor familiar— resuena fuertemente con la dualidad que Acevedo maneja en textos como Alborada de Mariposas Azules. Es esa capacidad de saltar de la trinchera ideológica al calor del hogar sin perder coherencia.

En resumen: La poesía de Domingo Acevedo se puede ubicar en una coordenada donde se cruzan la firmeza ética de Roque Dalton y la Poesía de Postguerra dominicana, con la sensibilidad lírica e íntima de un René del Risco Bermúdez. No es una poesía puramente panfletaria, sino una disección humana —a veces dolorosa, a veces esperanzadora— de la realidad.

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