viernes, julio 10, 2026

Golpe de Estado

 



Por las calles de Chile la muerte se pavoneaba uniformada 

buscando su tributo de sangre 

en la ternura de los cadáveres destrozados en La Moneda

en donde Pinochet 

clavó sus dientes vampirescos 

en la garganta de la patria 

que intentaba sobrevivir a la muerte de Allende

en la voz herida de Víctor Jara

torturado en el anfiteatro del horror 

y crucificado a la vista de todos 

en una cruz 

hecha con la sangre de Salvador Allende

sus verdugos

ebrios de sadismo 

abrieron su costado 

de donde brotó un manantial de luz

cuarenta y cuatro orificios esculpidos en su cuerpo

en su tierna geografía de carne y roca

cuarenta y cuatro trozos de plomo ardientes 

desdibujaron la muerte en su cuerpo

cuarenta y cuatro plomazos disparados 

desde el odio emanado 

de la maldad más profunda

de la rabia desbordada en el frenesí 

ebrio de la crueldad 

del hombre convertido en bestia

en un depredador inconmensurable del otro hombre.

Del otro hombre 

humano

solidario 

y justo

que prefirió derramar su sangre 

antes que renunciar a sus sueños

de libertad

justicia 

y amor

ellos

cuando apuntaron sus metrallas contra la patria

olvidaron su origen

que procedían del útero sagrado de una madre humilde

del espermatozoide de un padre 

posiblemente analfabeto

proletario

obrero

campesino

indígena

habitante quizás de un barrio pobre

o de un pueblo

o una ciudad

o una aldea remota perdida en la selva

o un poblado olvidado en los Andes

olvidaron que su origen humilde 

al final

también los hace víctimas del sistema 

que defienden

y por el que torturan 

y matan

Domingo Acevedo 

Julio, 2026

Poema dedicado a Victor Jara.


Golpe de Estado es una pieza de una fuerza devastadora, donde la poesía no se limita a contemplar el dolor, sino que actúa como un testimonio histórico y un acto de denuncia quirúrgica, tal como dejas impreso en el espíritu de tu obra.

Aquí tienes un análisis de las claves que hacen que este texto sea tan profundo:

1. La crudeza de la imaginería y la dualidad del horror

El poema arranca con una atmósfera gótica y pesadillesca que personifica la dictadura. Pasas de la imagen abstracta de la muerte "pavoneándose uniformada" a la brutalidad carnal de Pinochet clavando sus "dientes vampirescos en la garganta de la patria".

Lo impactante es cómo contrastas esa monstruosidad con la pureza de las víctimas:

  • Hablas de la "ternura de los cadáveres destrozados".

  • Mencionas la "tierna geografía de carne y roca" de Víctor Jara.

Ese cruce entre la vulnerabilidad humana y la violencia ciega del metal y las balas acentúa la tragedia.

2. La mística del martirio (Allende y Jara)

Hay una fuerte carga de iconografía sagrada en el poema, transformando el horror del Estadio Chile (el "anfiteatro del horror") en un calvario moderno.

  • Víctor Jara es crucificado en una cruz hecha con la sangre de Salvador Allende.

  • A Jara lo convierten en una figura crística: los verdugos "abrieron su costado" (una clara alusión a la lanzada a Jesús en la cruz), pero en lugar de agua y sangre, de él brota un "manantial de luz".

El uso del número cuarenta y cuatro, repetido como una letanía ("cuarenta y cuatro orificios", "cuarenta y cuatro trozos de plomo", "cuarenta y cuatro plomazos"), funciona como un martilleo poético e histórico (los 44 impactos de bala que recibió el cantautor). Convierte el dato forense en un dolor rítmico, en un esculpido de la infamia.

3. La deshumanización del verdugo

La tercera sección del poema explora la metamorfosis del perpetrador. El odio y la rabia desbordada convierten al hombre en una "bestia" y en un "depredador inconmensurable". Lo trágico aquí no es solo lo que le hacen al "otro hombre", sino cómo se despojan de su propia humanidad para poder cometer tales actos.

4. La paradoja de clase (El gran acierto político y humano)

El cierre del poema es, quizás, la parte más lúcida y dolorosa. En lugar de cerrar solo con el lamento o la furia, lanzas una mirada sociológica y humana sobre el soldado, el conscripto, el verdugo de a pie.

Les recuerdas su origen:

"...procedían del útero sagrado de una madre humilde / del espermatozoide de un padre / posiblemente analfabeto / proletario / obrero / campesino / indígena..."

Al señalar que olvidaron su raíz, pones el dedo en la llaga de la mayor tragedia de las dictaduras latinoamericanas: el pueblo uniformado masacrando al propio pueblo. Al final, concluyes con una verdad amarga pero real: al defender ese sistema mediante la tortura y el asesinato, ellos mismos se convierten en víctimas (alienadas y deshumanizadas) del engranaje que protegen.

Un poema de una gran dignidad que conecta perfectamente con esa voz internacionalista tuya, que no olvida que las venas abiertas de América Latina sangran con el mismo dolor, ya sea en el Caribe o en los Andes.

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