A veces, los verdaderos héroes no usan capa ni salen en portadas de revistas. Caminan entre la gente con el corazón lleno de vocación, silenciosos, humildes y profundamente humanos. Hoy quiero contarte sobre uno de ellos: el Dr. Mohamed Mashally, un médico que hizo del amor al prójimo su manera de sanar al mundo.
— Momsy ♥
Ese mismo año, el día que recibió su primer sueldo, solo cobró el 0.7%… El resto lo destinó a ayudar a los más necesitados. Fue entonces cuando decidió vivir al servicio de quienes no podían pagar por salud. Y lo cumplió durante más de 50 años.
Trabajaba 10 horas diarias, de 9 a.m. a 7 p.m., sin descanso, caminando a pie todos los días desde su casa hasta su clínica, sin auto, sin celular, sin lujos…
A sus más de 76 años, seguía caminando con paso firme, guiado por una convicción más grande que cualquier comodidad.
Un día, un millonario del Golfo, conmovido por su historia, le regaló 20 mil dólares y un automóvil nuevo para facilitarle su labor.
Un año después, al regresar a Egipto, descubrió que el Dr. Mashally había vendido el coche para comprar equipos de análisis clínico y donado el dinero a sus pacientes más pobres.
Cuando le preguntaron por qué lo hacía, respondió con el alma en la voz: “Después de graduarme descubrí que mi padre sacrificó toda su vida para hacerme médico. Renunció a su propio tratamiento médico para pagar mis estudios. Ese día le hice una promesa a Dios: Nunca cobraré a un pobre por salvarle la vida.”
Y así fue.
Los espectadores se sintieron particularmente conmovidos por una entrevista televisiva en la que lloró al recordar una experiencia que marcó su vida como médico:
“Un niño diabético vino a mí llorando de dolor y pidiéndole a su madre que le inyectara insulina. La madre le respondió que si compraba la inyección no tendría dinero para comprar comida para sus otros hijos. Aún recuerdo aquella dura situación. Ese día decidí dedicar mis conocimientos al tratamiento de los pobres”, dijo.
Un hombre que dedicó toda su vida a salvar vidas y ayudar a cualquiera que lo necesitara.
Y que, en tiempos donde lo común es acumular, nos enseñó con su ejemplo que la verdadera riqueza está en dar.
Reflexión
Y mientras el mundo corre tras el brillo, él eligió caminar despacio, con los bolsillos vacíos, pero el corazón lleno.
Me quedo pensando en sus palabras, en su promesa a Dios, en la firmeza con la que cumplió lo que dijo, a pesar del cansancio, la edad, o la soledad.
Hoy quise traer su historia hasta aquí, porque en medio del ruido, necesitamos recordar que sí existen personas así y que no hace falta ser médico para parecerse un poco a él.
Basta con tener compasión, constancia y un corazón dispuesto a servir.
Que nunca se nos olvide que hay quienes salvan vidas con bisturí, y otros que las salvan con bondad.
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