domingo, agosto 16, 2026

Leo ha muerto.







Con profundo pesar anunciamos la muerte de Leo, en España, un amigo de la familia que vivio mucho tiempo en el kilometro siete de la av. Independencia, fue de los que perdieron su trabajo por alla en el año 1979, cuando se fueron a huelga exigiendole a Metaldom mejores salarios y mejores condiciones de trabajo.

Cuando perdio su trabajo se mudo a San Cristobal, donde actualmente residen parte de su familia.
Rendimos tributo a su personas y que Dios lo acoja en su santo seno.

La “ineficiencia” es lucrativa

 



Testigo del tiempo / J.C. Malone

La “ineficiencia” es lucrativa

 Andamos como un perro que se persigue la cola. Dando vueltas en círculos sin llegar a ningún lugar.  Cada año tenemos un déficit de aulas, cada año hay reparaciones pendientes, cada año reciben el presupuesto, y cada año desciende más la calidad de la enseñanza.

 Si revisamos los periódicos de cada año en esta misma fecha, los problemas son similares a los del año anterior.  Estamos ganando la carrera al fondo de la ineficiencia.

 Y la ineficiencia gubernamental tiene una o dos explicaciones, descarto la “ineficiencia” pura y simple, orgánica. Creo que esta “ineficiencia” es una política de Estado planificada, ejecutada.

 Nuestro gobierno cambió mucho en los últimos años, empezó con el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y esos cambios fueron “eficientizados” por el actual gobierno del “cambio”.

 El PLD comenzó el gobierno mediático que le puso precio a la opinión, no debían hacer nada, solo necesitaban “buenos titulares, buena prensa”. Ahora, el “cambio” convirtió una nación depauperada, en un “paraíso terrenal”, nada mejoró, excepto que aumentó el precio de la opinión, aniquilando toda disensión. 

 Los únicos que denuncian son los educadores de la oposición, los del PLD, que dilapidaron miles de millones sin presentar logros, ahora critican los “errores” del gobierno.

 Es la misma historia.

 Los gobiernos llegan y saquean el erario, “legalmente”, porque no tocan dinero de los “contratistas tradicionales”. 

 Para resolver el problema de la educación, debemos legislar para obligar a los funcionarios a enviar a sus hijos a las escuelas y hospitales públicos. Así mejorarán los servicios de educación y salud.

 Eso nunca ocurrirá, ningún legislador lo aprobará, ellos no se obligarán a cumplir con sus deberes. 

 Sin cambios fundamentales, nada cambiará. Faltan muchísimos años de “ineficiencia planificada”, para beneficiar a los funcionarios. Hay una forma sencilla de comprobarlo. Si ciertamente son “ineficientes”, ¿por qué el presidente no los despide? Porque no es ineficiencia, sino un modelo de políticas públicas rentable.

 Los funcionarios entran pobres, no resuelven nada, administran miles de millones, y salen multimillonarios; su “ineficiencia” es bastante lucrativa.

La Fuga del Penal de Trelew .

 




15 de agosto de 1972: La Fuga del Penal de Trelew

Integrantes de organizaciones armadas se fugan del penal de Rawson. En total se escapan 25, en un hecho en el que muere un guardiacárcel: logran llegar al aeropuerto y secuestran un avión de Austral al que suben seis líderes. Viajan a Chile y el presidente Salvador Allende les otorga asilo. Ellos son: Mario Roberto Santucho, Marcos Osatinsky, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna. Los otros 19, que no lograron escapar, se entregan a las autoridades y son llevados a la base naval de Trelew. El 22 de agosto, los marinos los fusilan: tres sobrevivientes dan cuenta de lo que pasa a la historia como la Masacre de Trelew.
En lugar de llevarlos a Rawson, los trasladaron a la Base Aeronaval "Almirante Zar", dependiente de la Armada y en la madrugada del 22 de agosto, la guardia los obligó a salir de sus celdas y fueron asesinados.
En el año 2012, los responsables de los fusilamientos, fueron condenados a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, considerando a "la Masacre de Trelew" como un delito de lesa humanidad.
Dieciséis de los prisioneros fueron fusilados: Carlos Astudillo, Rubén Pedro Bonnet, Eduardo Capello, Mario Emilio Delfino, Alfredo Kohon, Susana Lesgart, José Ricardo Mena, Clarisa Lea Place, Miguel Ángel Polti, Mariano Pujadas, Carlos Alberto del Rey, María Angélica Sabelli, Humberto Suárez, Humberto Toschi, Alejandro Ulla y Ana María Villarreal de Santucho. Diez de ellos nacieron, vivieron, cursaron sus estudios y militaron en Córdoba.
Tres de los prisioneros lograron sobrevivir, pero luego del golpe de 1976 fueron secuestrados y aún continúan desaparecidos: Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar.
"La Masacre de Trelew", significó por un lado la antesala de lo vendría después. El uso de las fuerzas represivas del Estado para secuestrar, asesinar y desaparecer a militantes políticos y sociales. Trelew también signó un momento en donde los jóvenes que se incorporaban a la militancia, afianzaron compromisos políticos con sus organizaciones, sus ideales y sus objetivos de Revolución luego de estos fusilamientos.
"Gloria a los muertos de Trelew", "A los muertos no se los llora, se los remplaza en la lucha", eran algunos de los cánticos y banderas que marcaron el pulso de la época en asambleas, movilizaciones y actos. Lo que sucedió en Trelew se convirtió en un signo de representación de todos aquellos que combatían por derrocar a gobiernos dictatoriales y lograr esa sociedad igualitaria tan soñada.
El 22 de agosto los diecinueve prisioneros fueron fusilados a mansalva con ráfagas de ametralladoras en la base naval Almirante Zar. Como antes había sucedido en la masacre de José León Suárez, algunos sobrevivieron para contar la historia, para mantener viva la memoria, para no olvidar, ni perdonar.


VIDEO Masacre de Trelew: https://youtu.be/fqn6JhLoNlQ
DESCARGA GRATUITA
LECTURA Tomás Eloy Martínez: La Pasión según Trelew: https://drive.google.com/.../1QloOd1U8DFYqvhDvezu.../view...
LECTURA Paco Urondo - La Patria Fusilada: https://archive.org/details/LaPatriaFusilada
LECTURA La Masacre de Trelew: https://archive.org/details/masacre-de-trelew
LECTURA Trelew 40 Años, 40 Documentos: https://archive.org/details/Trelew40Documentos

Bajo el gran Árbol de la Noche.

 




El Capítulo IX: "Bajo el gran Árbol de la Noche" constituye un punto de inflexión poético y lírico dentro del universo literario de Domingo Acevedo. En esta entrega de Antología del asombro, la narrativa se despliega en una amalgama de memoria histórica, autobiografía mítica y elegía a la infancia perdida.

A continuación, se presenta un análisis detallado de las claves temáticas, simbólicas y estructurales que componen este texto:

1. La Memoria Ancestral y el Trauma Transgeneracional

El capítulo inicia con una contemplación sobre la diáspora africana y el desarraigo. El narrador no experimenta la memoria como un dato estático del pasado, sino como una vivencia genética y espiritual activa.

  • La conexión transatlántica: La frase "mi ADN sin querer empezó a viajar en un cuerpo desconocido hacia una isla perdida en el mar Caribe" sintetiza la ruptura violenta del tráfico transatlántico de esclavos.

  • El colapso del tiempo: Quinientos años de historia se comprimen en la mirada de Mamá Tita y en el estruendo de los arcabuces. El sujeto poético asume el peso del dolor colectivo ("látigo y sudor"), pero también la resistencia cultural encarnada en el canto y la tambora.

2. La Elegía a la Infancia y la Ausencia de Guancho

El tono del relato gira en torno a la pérdida y la nostalgia de la fraternidad campesina.

  • El espacio mítico de la niñez: La infancia con Guancho transcurre en una geografía sagrada e idealizada —entre conucos, potreros y maizales en la Esperilla y Manoguayabo—. El bosque y la naturaleza actúan como un refugio donde los niños intentan escapar de la dura realidad a través de la fantasía.

  • La soledad ontológica: Guancho representa al compañero de evasión que ya no está. Su ausencia acentúa la soledad del narrador, una melancolía estructural que lo acompaña desde sus raíces.

3. Geografía Rural, Resistencia y Tradición Oral

El texto registra con precisión nombres, lugares y costumbres que otorgan autenticidad y arraigo a la narración:

  • Toponimia local y referencias familiares: Espacios como la cañada de Guajimía, el río Haina, el km 7 de la carretera Sánchez, Manganagua y Borronoso sitúan la mitología personal en la geografía concreta de Santo Domingo.

  • La cotidianidad del campesinado: Se plasma la dureza del trabajo agrícola bajo sequías inclementes (julio como mes de malos presagios), la preparación de la "chola de guayiga" para aplacar el hambre y las reuniones nocturnas en las enramadas o en la pulpería de Andrés Longo.

  • La alegría como acto de rebeldía: A pesar del horror histórico y la pobreza, el texto subraya la capacidad del pueblo para celebrar la vida. La danza, la luna y el fuego bajo "el gran árbol de la noche" se convierten en herramientas de sanación y preservación histórica.

4. El Choque Cultural: Tradición vs. Modernidad

El episodio del maestro rural expone el choque entre el saber dogmático/occidental y la cosmovisión del mundo campesino:

  • Incomprensión mutua: El maestro intenta introducir conceptos abstractos de la modernidad (máquinas, mares, barcos) a niños cuya realidad está circunscrita al bosque y al conuco.

  • El presagio de la transformación: La expulsión del maestro refleja la resistencia de la comunidad a perder su inocencia ancestral, aunque la advertencia final del docente resuena como una profecía ineludible: la modernidad terminará por absorber la vida comunitaria tradicional.

5. La Presentación Autobiográfica Poética

El capítulo concluye con un poema que funciona como acta de nacimiento mítica de Domingo Acevedo:

  • El parto sagrado: La casita de yagua, el piso de tierra, el olor a carbón vegetal y las "manos luminosas de Belén" componen una escena de natividad cargada de lirismo y calidez humana.

  • Símbolo de vocación: El nacimiento al alba y junto a la hoguera simboliza el compromiso del autor con la luz, la memoria de sus ancestros y la poesía frente al olvido y el "frío de los inviernos remotos".

Resumen de Claves Literarias

  • Estilo: Prosa poética rica en imágenes sensoriales (olores a café y carbón, la sequía abrasadora, el retumbo de tamboras).

  • Estructura temporal: No lineal; navega con fluidez entre el siglo XVI (la redada de esclavos en África), la infancia a mediados del siglo XX y el presente reflexivo.

  • Tono: Elegíaco, nostálgico, combativo y profundamente afocaribeño.



Capítulo IX

 

Bajo el gran Árbol de la Noche







Mi origen.

 

La tarde recrea ante mis ojos la nostalgia de mi origen perdido en África.

 

La   tristeza de estos largos años de exilio en que hemos perdido nuestra identidad hace florecer entre mis ojos lirios de agua.

 

La pena acumulada durante estos siglos de huir a ningún lado golpea mi memoria como un látigo de sal que abre viejas heridas que vuelven a sangrar bajo el sol púrpura de nuestro ocaso. Tantos años de olvido han dejado en mi boca el agrio sabor de la ausencia

 

África sigue siendo   en mi corazón la ilusión más dulce, sé que ya no volveré al acrisolado mundo de mis sueños, me he resignado a morir en esta tierra tan ajena y tan mía, pero mi vida sigue allá, en la aldea de donde una noche mi ADN sin querer empezó a viajar en un cuerpo desconocido hacia una isla perdida en el mar Caribe.

 

Quinientos años después, la mirada triste de la abuela Mamá Tita, me despierta en medio del estruendo de los arcabuces y los gritos de los hombres que defendían a los suyos hasta terminar atados a la codicia de los cazadores de esclavos contra el reflejo de la aldea incendiada los conducían por un sendero de horror hasta una embarcación anclada en un océano de cadáveres, emprendiendo un viaje sin retorno hacia el dolor.

 

Yo apenas era menos que un sentimiento perdido en la memoria de alguien que aún no había nacido pero ya llevaba sobre mis hombros el peso de una historia de látigo y sudor donde la vida nunca dejó de ser un canto que en las noches se multiplicaba en la voz alegre de las tamboras.

 

Hoy que Guancho no está.

 

Guancho fue uno de los pocos seres humanos con las que compartí retazos de mi vida, no fuimos niños de escuela. Nuestra infancia estaba diseminada por todo el monte, entre los conucos y los potreros, entre la maleza y los árboles perdidos bajo el sol ondulante de la primavera, entre los maizales dorados de mayo y los pastos de la tierra encantada donde el tío Juan y el tío Alberto, peregrinos del alba, apacentaban sus vacas.

 

Nuestra infancia todos los días se perdía por los infinitos senderos que recorríamos descalzos detrás de la quimera, ensimismados en las historias que nos contaban los abuelos, que prisioneros de una gloria ya perdida en el ocaso de sus vidas todavía viven atrapados en sus sueños.

 

Hoy que Guancho no está, lo recuerdo porque él siempre quiso estar a mi lado, compartir mi soledad y mi tristeza, esa tristeza que él nunca entendió y que me acompañaría por el resto de mi vida.

 

Recuerdo que recorrer el monte era nuestra única obsesión, trepar por  los árboles hasta alcanzar las nubes, hacernos invisibles entre las hojas y el viento y perseguir a los viajeros  más allá de los límites de nuestras tierras, jugar con las mariposas y los pájaros y después de perseguir inútilmente a los fantasmas de nuestros abuelos por los infinitos senderos de la fantasía, tendernos boca arriba sobre el pasto a soñar con la felicidad, que la abuela Mamá Tita nos decía que estaba más allá del horizonte y que nunca, por más que buscamos entre  la fantasía y los sueños la  pudimos encontrar para regresarla a la aldea.



Ahora recuerdo a la abuela Mamá Tita.

 

Ahora recuerdo a la abuela Mamá Tita, haciendo chola de guayiga para mitigar el hambre de toda la vida, atrás ha quedado la primavera, el verano se adueñó de todo el paisaje. Julio está lleno de malos presagios, hasta las gallinas han muertos en esta terrible sequía.

 

Cada año que pasa el sol desata su ira con más fuerza sobre el bosque, sólo las hormigas han sobrevivido a la inclemencia del tiempo, los ancianos dormitan debajo de una mata de mango, tratando de escapar del sopor del medio día.

 

La brisa caliente se desenreda entre los arbustos achicharrados, levanta nubes de polvo en el patio, se arremolina, parece danzar y luego se aleja por el camino real, más allá de los últimos bohíos del pueblo llevándose consigo nuestros sueños.



Más allá de la miserable realidad de nuestra existencia, nuestra alegría permanece intacta bajo los escombros púrpuras de los amaneceres efímeros del invierno tropical.

 

Nuestra rebeldía nos llevó a ser felices en medio de tanto horror, nada nos detuvo, ni el peso de las cadenas, ni la pobreza, ni el hambre, ni la lluvia eternizándose en el camino, en las noches alrededor de la luna, en una danza olvidábamos nuestras penas, el ritmo de las tamboras y el calor de las hogueras nos emborrachaba de felicidad y nuestros cantos hacía florecer el maíz y multiplicaba los panes en las manos del hambre.

 

Bajo el gran árbol de la noche, florecido de constelaciones y estrellas, con fuego escribíamos nuestra historia en los pergaminos del tiempo, lo tristemente felices que éramos en  esa estación, donde aún fluye la sangre en el inminente trayecto de la aurora, por donde todos los días, los fantasmas de Miche, Amantina, Bertilia,  Rafael, Julio y la abuela Mamá Tita, se alejan hacia la ciudad, dejando sobre el rocío, retazos del alma evaporándose bajo el sol de este amanecer que tejieron  entre mis ojos las manos analfabetas y tiernas de la tatarabuela, que se murió de ausencia en las habitaciones del verano, esperando ver como en noviembre en la luna llena  las planicies del sur se  llenan de unicornios.

 

 

Cuando el sol se acrisola en el horizonte.

 

Ya son más de las cuatro de la tarde, el sol empieza a acrisolar el horizonte con sus rayos que se van atenuando con el paso de las horas vistiendo de colores las nubes que raudas se alejan, huyendo de las sombras.

 

Por el camino los labriegos regresan de sus conucos, sobre sus hombros cargan el peso amargo de la pobreza. La tierra con esta larga sequía es poco lo que da.

 

Regresan cansados con sus azadas al hombro, sus machetes en el cinto, con sus sombreros de paja, las camisas sudadas, los pantalones arremangados por debajo de las rodillas y los pies descalzos.

 

Julio es un mes árido donde el calor que se eterniza más allá de las noches, parece quemarlo todo, hasta los sueños.

 

Ya hace un rato que el tío Juan de la Rosa y el tío Alberto regresaron de más allá de las lejanas praderas del rocío, se alejaron tanto hacia el oeste buscando pastos que cruzaron las claras aguas de la cañada de Guajimía y llegaron a Manoguayabo, en donde el ganado comió hasta hartarse y después abrevó en las aguas del río Haina que se pierde entre la frondosidad de la arboleda hasta desembocar en el mar Caribe.

 

Son más de las siete de la noche imagino que ya el abuelo Ismael llegó a su casa, en el km7 de la carretera Sánchez, llevó a Julia, su montura donde pasa la noche, se dio un baño, cenó y luego como todas las noches se sentó bajo los limoncillos florecidos de sombras y estrellas, junto a Mimina, su esposa a ver como se alejan por la carretera Sánchez los pocos carros que pasan rumbo a Haina o San Cristóbal.

 

En la Esperilla, los hombres después de darse un baño y comer algo se van juntando poco a poco en la pulpería de Andrés Longo a tomarse un trago, escuchar canciones en la vellonera y contarse viejas historias repetidas y carcomidas por el tiempo, en donde olvidan lo amargo de sus vidas.

 

Es extraño, pero Manuel hoy no ha dado señales de vida, no sé por dónde andará mi solitario amigo.

 

Hace un rato la tía Eufemia que venía de Manganagua, pasó por casa a saludar a mamá y siguió su camino hacia Borronoso, en donde vive con su familia.

 

Nosotros como es costumbre al caer la prima noche nos juntamos en el bohío de la abuela Mamá Tita, en él encontramos a Ninito que hace un rato llegó del    Palmar y mientras los adultos conversan en la enramada, nosotros correteamos por el patio, hacemos piruetas, danzamos y nos hacemos dueños de la noche y construimos con la inocencia, los sueños que nos permitirán sobrevivir a la vorágine del hambre.



Por el otro lado del camino.

 

Amanece, en el cielo las estrellas se resisten a ceder su espacio al azul intenso del limbo que las va apagando con sus manos aterciopelada, el alba borda de colores el horizonte y el canto de los pájaros es un grito de alegría en el viento. Cantan los gallos y el rocío en el pasto semeja un rosario de pequeñas diademas que se derriten con los primeros rayos del sol.

 

Por el camino real, el olor a café se escurre en el viento más allá de los bohíos y los caminos se van llenando de pasos que se alejan hacia los conucos donde la esperanza florece en las batatas, los plátanos, la yuca, el maíz, los gandules, el maní congo, el cocombro y los demás rubros agrícolas que cultivamos en la Esperilla.

 

Por el otro lado del camino Mandinga se aleja con sus pasos cansados hacia donde los Dendenes, inquilinos de las noches y el rocío todavía dormitan en los amplios salones de los sueños, esperando que la aurora traiga consigo la luz de un nuevo día, mientras mi padre, solitario leñador se pierde entre las trochas invisibles del tiempo, hacia donde la esperanza se deshace entre las cenizas de los hornos vegetales que arden más allá del amanecer.

 

Ya amaneció, uno tropel de niños solitarios se aleja alegre por el camino, hacia la única escuela del pueblo, en donde un maestro, sin más herramientas que la ternura, intenta describir con palabras el mundo de más allá de la alborada, incrédulos los niños miran con lástima al maestro que hace garabatos en la nada, tratando de dibujar máquinas increíbles, que caminan solas, que vuelan y pueden navegar por los ríos y los mares.

 

¿Qué es el mar profesor?


-preguntan los niños a coro


-El mar, es una inmensa laguna que parece no tener fin, con peces de colores, calamares gigantes, delfines juguetones y ballenas migratorias que en las noches habitan en la luna.

 

¿Qué es un río profesor?


Es un largo camino de agua que lleva a ninguna parte y donde habitan los últimos indígenas que sobrevivieron a la crueldad de los conquistadores españoles.


Para los niños que han vivido perdidos en su inocencia, todo lo que el maestro les dice no es más que una absurda tontería, para ellos su mundo se reduce a los conucos, los potreros y el bosque inmenso.

 

Más allá del sol que muere en el horizonte no hay más que árboles y pájaros fantásticos y animales gigantescos que se tragan de un solo bocado a las personas, es por eso que les está prohibido alejarse más allá de los límites ancestrales del bosque.

 

Cuando los padres se dieron cuenta que el maestro hablaba a los niños de esas absurdas tonterías, lo echaron del pueblo, él les dijo con pena, que todo intento por silenciar la verdad era inútil, no había remedio, no tenían a donde ir, ya era demasiado tarde, la modernidad se los tragaría irremediablemente.

 

           Presentación. (Biografía)

 

Nací en la Esperilla junto al camino real en una casita de yagua con piso de tierra bajo el cielo parpadeante de un amanecer salpicado por el rocío del otoño e impregnado por el olor reciente y vegetal de los hornos que ardían a fuego lento más allá de los límites de la aurora fueron las manos luminosas de Belén las que con asombro me sacaron del vientre tibio y florecido de mi madre las que lavaron mi piel recién hecha las que me vistieron de ternura

y me depositaron junto a la hoguera anaranjada del amanecer

para que el frío de los inviernos remotos no salpicara de escarcha mi alma para que mi piel siempre tibia no se derritiera en las noches

dejando un rastro invisible de mariposas muertas en la dermis arrugada del tiempo

 

Domingo Acevedo.

Analisis de la IA.


Metamorfosis del asombro.

 





Capítulo VI
 
Metamorfosis del asombro
 


Croa el sapo
 
Crepita la luz
se arremolina
gira
y se escurre entre las copas de los árboles
dando paso a la oscuridad que apuñala
a un sol que agoniza dejando una aureola
de sangre en el horizonte
cansados labriegos regresan de sus faenas
la noche los viste de oscuridad y rocío
cantan los grillos
un lirio duerme junto al camino real
croa el sapo
vienen silbando viejas canciones
aprendidas de sus abuelos
eco fosforescente de luciérnagas
danzando en la noche
una lechuza prehistórica bate sus alas de plata
bajo la luz de una luna medieval
ruge el mar
con su lengua salobre lame
el cielo estrellado del verano
hueco de luz
por donde se escapa la vida de los labriegos
arrinconados en sus miserables bohíos
de tabla de palma y yagua
por el camino  
el viento siempre se aleja sin decir adiós
perdido entre las mariposas
que adornan el bosque
para luego regresar en la lluvia
cargado de pájaros y flores
abril estalla con la dulce violencia de los colores
cicatrizan las viejas heridas
la vida se renueva
en un claro del bosque
un galipote y una ciguapa danzan alegres
 

Detrás del bohío
 
Todas las mañanas
esas huellas de sangre
encontradas en el camino
evidencian
que detrás del bohío´
más allá del jagüey
y la mata de alquitira
entre las bayahondas
y las guasábaras
todas las tardes
un ángel juega a las escondidas
con la noche
 




Llora el cielo
 
Ahí va un funeral
La luz lleva sobre sus hombros un ataúd
llora el cielo
una hilera de madres petrificadas junto al camino
se tapan el rostro con las manos
herida de ausencia la brisa congeló en su vientre
el vuelo mineral de los sinsontes
sonámbulos los árboles dicen adiós a nadie
en la distancia
los ángeles danzan con las sombras
y un galopar incesante de trompetas
ilumina las habitaciones efímeras
que el tiempo deja en el aire al pasar
 
Alegoría del llanto
 
Atributo de sangre
alegoría del llanto
eco de voces enfermas
fugaz destello de mariposas
en el preámbulo de la noche
fauno atrapado en la imaginación
de un niño moribundo
cuerno de minotauro vencido por la ausencia
ciguapa embarazada por el último
 galipote que habita a la sombra del olvido
galope sombrío de unicornios
en las infinitas praderas de la utopía
caracol prisionero en su lentitud
de querer alcanzar las estrellas
éxodo de centauros
que sobrevivieron a la última batalla
que libraron contra los hombres
hacia los antiguos suburbios del crepúsculo
y sobre la ciudad corroída por el odio y la violencia
un ángel llora desconsolado
por una humanidad derrotada en su egoísmo
 
 
 
Sirenas de Sal
 
Malecón de eternidad que el mármol salobre
de las olas oxida
mar perdido en el horizonte
nebuloso de la historia
puertos abandonados en los hangares del olvido
barcos hundidos en un archipiélago de sangre
sirenas de sal
piratas tuertos del corazón
fantasmas devorados por el tiempo
látigo de azúcar en la espalda mutilada del futuro
murallas de arena
ciudad atrapada entre las luces y la nostalgia
siluetas aprisionadas en la telaraña de sus miedos
edificios de humo
calles que se pierden en los oscuros
laberintos de las noches
y más allá de los sueños
tres puertas siempre abiertas
 

Metamorfosis del asombro
 
Nació en primavera
de la metamorfosis del asombro
en las profundidades del río
entre algas y manatíes
cuando la luna nueva
improvisaba alboradas en el génesis
efímero de la distancia
acuoso espejismo del bosque
destello sublime de la imaginación
danzarina solitaria que todas las noches
bajo las ceibas se esfuma
 

Membranas mohosas
 
La lluvia ha dejado un olor tembloroso
de membranas mohosas en la tarde
de hojas disueltas en el viento
de pasos de ciguapas ahondándose
en la espesura del monte
de soles apagándose
en los brazos lejanos de la noche
de lunas cuajadas en el silencio húmedo del aire
donde flamean los sueños
en la voz herida del agua




Árbol azul
 
(pende un amuleto de ojo de cíclope tuerto
del cuello de la profecía)
 
Nací bajo la sombra de un gran árbol azul
camino de sombras
carbonera tibia
bohío de tierra
piel de ceniza
voz de rocío
sol herido por un horizonte de cuervos cuajados de sangre
luna de jade en la mirada de la quimera
peregrinación de pájaros anclados en los ventanales del ocaso
flamboyán amarillo perdido en el bosque de la fantasía
tierra color del aroma del topacio
pradera de mariposas amarillas esperando el amanecer
lágrimas coaguladas en las mejillas de los últimos días de noviembre
profetas suicidándose con los cuchillos de la profecía
bajo una anacahuita de cristal sin edad
manos inútiles sacan del vientre de una virgen
el cadáver de un ángel taciturno
y en el útero anónimo de una madre
un lirio amanece
 
 
Torbellino de Sombras
 
Piedra resplandeciente
girasol solitario
eco de lágrimas roto por la ausencia
espada vencida por la gloria
torbellino de sombras
relámpago mineral
barco de hielo
derritiéndose en un horizonte de fuego
boca llena de una luz vegetal
       sonido de tamboras en la voz del viento
trapiche desolado
cañaveral herido por un sonido de cadenas rotas
danza victoriosa
océano púrpura
litoral de cenizas
y detrás de los espejos de humo
del verano
sonámbulos cadáveres se desnudan
en la media noche y hacen el amor
a las estatuas del parque mirador
y más allá
del resplandor amarillo de las olas
que iluminan el amanecer
el alba tiende sus sábanas rosadas
sobre un cielo tapizado de mariposas





La vieja Belén
 
Este domingo de tristes soles escondiéndose
bajo las piedras amarillas del camino
la lluvia trajo en su vientre
el olor sombrío del musgo
que crece entre las grietas
de mis palabras
bosque de almácigos y ceibas
anacahuita de cristal
galope de pájaros fosforescentes en la noche
aviadores imposibles haciendo piruetas
en un cielo crispado de ángeles
y por entre las espinas y las luces
de enero
Isabel
la mamá de Antonio
encarna a la vieja Belén




Areito fúnebre
 
ojos repletos de eternidad
anacahuita perenne que crece en los límites de mi voz
flamboyanes que esconden bajo sus sombras la quimera
flor sagrada de la yuca
guayiga que conjura el hambre de los días eternos
en la manigua
guaraguao prisionero en el viento gris del invierno
behique que deambula dando tumbos 
en las noches efímeras de las profecías
indígenas que habitan con los Manatíes
en las grutas submarinas del río Maguaca
areito fúnebre
galipote que protege la tumba 
donde descansa preñada de sueños Anacaona
lirio de agua dormido junto al camino de la tarde
galopar incesante de guerreros en la llanura del tiempo
camino
sangre
cadenas rotas
trapiche incinerado por la ira
maniel de esperanzas
tambora que llora todas las noches bajo las ceibas
marimba herida por el olvido
ciguapa que huye en el lomo de un unicornio
de su destino
sus huellas ambiguas en el césped
no van a ninguna parte

Antología del asombro.
Domingo Acevedo.

Este Capítulo VI: Metamorfosis del asombro representa el corazón mítico y la cúspide lírica del universo poético de Domingo Acevedo. A través de una estructura de versos cortos y un ritmo torrencial, el autor construye una cartografía poética donde lo cotidiano, la denuncia social y el folclore antillano se funden en una dimensión místico-realista.

I. Análisis Literario y Estético

1. Estructura y Estilística

Lirismo de verso libre y fragmentado: La distribución tipográfica de versos extremadamente breves (a menudo de una a tres palabras) genera un ritmo jadeante, casi ritual o litúrgico. Simula el goteo constante del tiempo, la respiración pausada del campesino tras la jornada o el batir de alas en la penumbra.

Cromatismo visual e imaginería: Acevedo emplea un contraste pictórico violento. El rojo y el amarillo («aureola de sangre», «océano púrpura», «flamboyán amarillo», «piedras amarillas») se enfrentan al azul y el jade («árbol azul», «luna de jade»). La luz nunca es estática: «crepita», «apuñala», «se escurre» o «lleva sobre sus hombros un ataúd».

Realismo Mágico y Neobarroco Caribeño: El texto desafía las leyes de la física y la lógica lineal. Los límites entre lo humano, lo animal, lo vegetal y lo divino son porosos: las lechuzas son «prehistóricas», la luna es «medieval», las ciguapas danzan con galipotes y el mar posee una «lengua salobre» que lame el cielo.

2. Figuras Literarias Clave

Personificación de la naturaleza: El cielo «llora», el aire guarda una «voz herida» y la brisa congela en su vientre el vuelo de las aves. La naturaleza en Acevedo no es mero telón de fondo; es un personaje doliente y sensible.

Metáfora e Imposibilidad Poética: Expresiones como «membranas mohosas», «árbol azul» o «cadáver de un ángel taciturno» transportan al lector hacia un plano de vigilia y ensueño.
II. Análisis Social e Histórico
Detrás de la atmósfera de ensueño late una crítica punzante a las injusticias estructurales del Caribe y, en particular, de la República Dominicana:

La condición campesina y la miseria rural: En poemas como Croa el sapo y Membranas mohosas, la poética se adentra en el «camino real» y los «miserables bohíos de tabla de palma y yagua». Los labriegos son seres exhaustos, atrapados en un «hueco de luz por donde se escapa la vida», reflejo del olvido histórico del campo dominicano.

El trauma de la plantación y la esclavitud: En Torbellino de Sombras y Areito fúnebre, Acevedo convoca los fantasmas del sistema colonial y azucarero: el «trapiche desolado», el «cañaveral herido» y la «espalda mutilada del futuro» cargada con el «látigo de azúcar». Las «cadenas rotas» y la evocación del «maniel» simbolizan la resistencia cimarrona y la búsqueda incesante de libertad.

Urbanismo y decadencia moderna: Secciones como Sirenas de Sal retratan una «ciudad corroída por el odio y la violencia», con «edificios de humo» y «siluetas aprisionadas en la telaraña de sus miedos». Frente a la deshumanización de la urbe moderna, el poeta posiciona al ángel que «llora desconsolado por una humanidad derrotada en su egoísmo».
III. Análisis Antropológico y Simbología Cultural
Este capítulo funciona como un compendio del sincretismo y la memoria etnocultural dominicana, entrelazando tres grandes matrices:
                      

[ Matriz Etnocultural Dominicana ]
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   [ Herencia Taína ] [ Sincretismo Afro ] [ Imaginario Judeocristiano ]
  • Anacaona y behique • Galipotes y ciguapas • Ángels y profecías
  
• Guayíga, yuca, areíto • Tamboras y palos • Símbolos fúnebres


La matriz Taína (La memoria aborigen): El poema Areito fúnebre es una invocación directa al pasado prehispánico. Aparecen términos clave como el behique (médico-sacerdote), la guayíga y la yuca (alimentos sagrados de resistencia contra la hambruna), el río Maguaca y la figura emblemática de la cacica Anacaona, cuyo cuerpo yace «preñado de sueños» protegido por las fuerzas del monte.

El Folclore Afro-Dominicano y la Mitología Mágica: Acevedo integra con naturalidad los seres del imaginario popular:

La Ciguapa: Figura mitológica femenina de pies invertidos, que en el poema es desmitificada y humanizada («embarazada por el último galipote», «huye en el lomo de un unicornio»). Sus huellas que «no van a ninguna parte» simbolizan la ambigüedad del destino caribeño.

El Galipote: El hombre transformado en bestia por conjuro, que en el universo de Acevedo deja de ser un monstruo temido para convertirse en un guardián de la memoria y la tierra.

Sincretismo Politéico y Sagrado: Conviven en un mismo espacio simbólico criaturas de la mitología clásica europea (centauros, minotauros, faunos, unicornios) con la cosmovisión campesina dominicana (la «vieja Belén», los santos, los ángeles caídos). Esto refleja el carácter mestizo e internacionalista de la voz poética, donde el mito universal dialoga con la manigua antillana.
Síntesis


El Capítulo VI: Metamorfosis del asombro es una elegía a la memoria colectiva. Domingo Acevedo logra transformar el dolor social, el peso de la historia colonial y la belleza agreste del paisaje caribeño en una metamorfosis poética. En este texto, la tierra no es solo polvo y vegetación: es un espacio sagrado donde los muertos, los mitos y los vivos marchan juntos hacia la utopía.

Analisis de la IA.


 

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