Durante 22 años, los habitantes de una aldea de la India escucharon los golpes de un martillo contra una montaña. El hombre que los producía era un jornalero sin estudios de ingeniería ni maquinaria. Trabajaba con un cincel, retirando pequeños fragmentos de roca mientras sus vecinos se preguntaban si había perdido la razón.
Se llamaba Dashrath Manjhi y estaba intentando abrir un camino por el lugar donde su esposa había sufrido un accidente que cambió su vida.
Vivía en Gehlaur, una pequeña aldea del estado de Bihar, rodeada de colinas rocosas. Para llegar a determinadas poblaciones, mercados y servicios médicos, los habitantes debían dar enormes rodeos o arriesgarse a cruzar las laderas por senderos peligrosos.
En 1959, su esposa, Falguni Devi, sufrió una caída mientras atravesaba aquellas rocas.
Manjhi contó años después que ella había resultado herida cuando intentaba llevarle comida al lugar donde trabajaba. La falta de un acceso rápido a la atención médica era uno de los problemas más graves de la aldea.
Falguni murió aquel año. Según relató su esposo, cuando enfermó no pudieron trasladarla a tiempo hasta un hospital.
Su muerte lo llevó a tomar una decisión que parecía imposible.
En 1960 consiguió un martillo y un cincel y comenzó a golpear la montaña.
La idea era abrir una vía directa entre las poblaciones que aquella barrera natural mantenía separadas.
Al principio, los vecinos se burlaban de él. Un hombre solo, sin recursos económicos y armado únicamente con herramientas manuales, pretendía atravesar una enorme formación rocosa.
Manjhi continuó trabajando.
Durante el día debía ganarse la vida como jornalero. En las horas que le quedaban regresaba a la montaña para golpear, desprender piedras y retirar escombros.
Había jornadas en las que el avance apenas resultaba visible.
Pasaron los meses. Después, los años.
Mientras otros caminos seguían siendo difíciles de recorrer, en aquella ladera comenzó a formarse una abertura.
Algunos habitantes, que inicialmente habían considerado absurda su decisión, terminaron ayudándolo con alimentos y dinero para comprar herramientas.
Manjhi siguió excavando.
Finalmente, en 1982, completó el trabajo que había comenzado 22 años antes.
Había abierto un paso de aproximadamente 110 metros de longitud, nueve metros de anchura y casi ocho metros de profundidad en algunos puntos.
El nuevo camino redujo de unos 55 a 15 kilómetros el recorrido entre las zonas de Atri y Wazirganj.
Las personas que antes debían rodear la montaña encontraron una conexión mucho más corta para llegar a los mercados, las escuelas y los servicios médicos.
Con el tiempo, la prensa india comenzó a llamarlo «el hombre de la montaña».
Su trabajo también atrajo la atención de las autoridades.
En 2006, cuando Manjhi se presentó ante el jefe del Gobierno de Bihar, Nitish Kumar, este le cedió su silla frente a los periodistas y lo invitó a explicar personalmente su historia.
Pero el jornalero todavía tenía peticiones pendientes.
Quería que su camino fuera mejorado para permitir el paso de vehículos y que se construyera un hospital cerca de la aldea.
En agosto de 2007, mientras recibía tratamiento por un cáncer, habló nuevamente de aquellos proyectos. Esperaba recuperarse para poder verlos terminados.
Murió el 17 de agosto de ese año, a los 73 años.
Su esposa nunca llegó a recorrer el camino que él abrió después de perderla.
Pero durante las décadas siguientes, miles de habitantes de aquella región pudieron atravesar la montaña por el lugar donde Dashrath Manjhi había trabajado durante 22 años.
