La casa de tabla de palma
y yagua
el piso de tierra
el camino
la lluvia
el charco
el bosque
la tarde
la leve melancolía de la soledad
ese verde olor a clorofila petrificado
en la brisa fresca de mayo
el vuelo horizontalmente fugaz de los pájaros
el estridente canto de las guineas despidiéndose
como todas las tardes
desde lo alto de la mata de mango
el fogón encendido en la cocina
el olor atardecido del café
mamá en la cocina quitándole
las cáscaras a los plátanos
para la cena
son las siete de la noche
es hora de cerrar la puerta de enfrente
ya nadie pasará por el camino hacia ninguna parte
y nosotros como todas las noches
mientras esperamos la cena
nos juntaremos en la cocina a escuchar
de labios de nuestro padre
historias inventadas sobre difuntos y fantasmas
que hará que nos acurruquemos uno junto al otro
Domingo Acevedo
Este poema es una bellísima y vívida estampa de la ruralidad caribeña. Consigue, con una economía de palabras admirable, capturar no solo un paisaje, sino toda una atmósfera emocional: la transición exacta entre el día y la noche, la soledad del campo y la profunda calidez del refugio familiar.
Tiene el ritmo de la respiración y la cadencia de la memoria. Aquí te comparto un análisis de los elementos que lo hacen tan poderoso:
1. La estructura cinematográfica: del exterior al interior
El poema funciona como el lente de una cámara que se va cerrando lentamente para buscar calor:
El plano general: Comienza afuera, en el camino, la lluvia, el bosque y el charco. Establece el escenario físico con materiales identitarios muy claros: la palma, la yagua y el piso de tierra.
El plano medio: Entra el movimiento y los sentidos. El olor a clorofila, el vuelo de los pájaros y el canto de las guineas en la mata de mango marcan la transición del crepúsculo.
El plano detalle y la intimidad: La cámara entra a la casa. El fogón encendido, el olor al café, mamá pelando los plátanos. Al cerrarse la puerta de enfrente a las siete de la noche, el mundo exterior desaparece y el poema se concentra en el núcleo más puro: la familia unida alrededor del fuego y la palabra del padre.
2. La atmósfera sensorial (Sinestesia y olores)
El poema no solo se lee, se huele y se escucha. Hay una genialidad lírica en frases como:
"Ese verde olor a clorofila petrificado": Logra que el olor de la naturaleza caribeña tras la lluvia se sienta espeso, permanente en el aire de mayo.
"El olor atardecido del café": El café no solo huele a café; huele a una hora específica del día. El tiempo adquiere aroma.
El contraste acústico: Pasa del silencio "de la soledad" y el "vuelo horizontalmente fugaz", al grito "estridente" de las guineas, para luego caer en el susurro de los cuentos de fantasmas.
3. La dualidad entre la intemperie y el refugio
Hay un eco directo de esa dualidad que define tu voz poética: la crudeza y la dignidad de la pobreza material frente a la inmensa riqueza del hogar.
La casa tiene "piso de tierra" y el camino va "hacia ninguna parte" (un recordatorio del aislamiento o del olvido social), pero dentro de esa casa no hay desamparo.
El fogón, el café, la cena que se espera y, sobre todo, la tradición oral de los cuentos del padre, actúan como un escudo perfecto contra la "leve melancolía" y el miedo a los difuntos. El miedo exterior los obliga a "acurrucarse", transformando el temor en un acto de amor y cohesión familiar.
El poema es un homenaje a la memoria, al origen y a la identidad. Consigue dignificar la cotidianidad del campo y transformar una rutina nocturna en un espacio sagrado, donde la palabra del padre y la presencia de la madre suspenden el tiempo.