1/LA TÍA TATÍN
Aún la Tía Tatín
barre el patio de su utopía
con su escoba arrincona contra las tardes
los recuerdos más lejanos de nuestra memoria
y enciende junto al camino real
las hogueras de nuestra ira ancestral
la tía Tatín
menuda frágil leve
sus pasos cansados por los años
se pierden en el tiempo
entre los limoncillos y los mamones florecidos
sus pasos no volverán del olvido
porque una tarde se murió de pena
cuando sintió la aguda ausencia
de los pájaros y el trueno
y preguntó por la lluvia
y le dijeron que Mamá Tita
casi muerta
se había ido envuelta en un manto de lágrimas
a otras tierras lejanas y extrañas
-¿y las flores?
Preguntó
-la primavera agoniza
le contestaron
-con razón la tarde huele a sangre-
dijo
y se vistió de tristeza
y por la ventana abierta del crepúsculo
miró con ternura por última vez
las anacahuitas gemelas
que junto al camino real arañaban el cielo
y que ella amaba tanto
porque en la oquedad de sus troncos
junto a sus hijos
ella sobrevivió a la furia
del ciclón San Zenón
fue aquella tarde
cuando por primera vez
sintió el ruido macabro de los tractores
destruyendo el bosque
y sintió sobre sus hombros
el peso de la primavera que moría
2/CATÓ
A Cató la guardo en mi corazón
todavía la imagino en las mañanas
distantes y grises
junto a los fogones encendidos
haciendo café como siempre
fabricando arepas de sueños
y conconetes de ternura
no olvido la expresión de sus ojos
siempre llenos de flores azules
y mariposas amarillas
creando el alba de mi infancia
en que yo iba hacia su casa
sembrando en todo el camino mis sueños
iba feliz
a buscar la leche
donde el tío Juan de la Rosa
su compañero en la senda del amor
recuerdo cuando yo llegaba a la cocina
con mi traje de neblina y rocío
y la encontraba intacta
entre el fuego de los fogones
y las flores del crepúsculo
fabricando con sus manos colores
con que se visten los amaneceres
en el horizonte lejano de nuestra utopía
y le decía
-madrinita madrinita
y ella con una sonrisa enigmática
me respondía
--mi ahijaito mi ahijaito
y me daba un poco de café
para ahuyentar los duendes del frío
y entonces yo me iba al potrero
donde el tío Juan
junto a Chobolo Guancho y Mañé
ordeñaba las vacas
de regreso a casa
el recuerdo de Cató
ponía alas mis pies
3/LAS COSAS MÁS SENCILLAS
Esta noche
hemos tomado el camino
hacia Borronoso
allá la tía Eufemia
siempre nos espera
con los brazos abiertos
Pipí nos contará un cuento
y seremos felices
contaremos las estrellas
y nos sentaremos
junto a la hoguera
y hablaremos como siempre
de las cosas más sencillas
tomaremos café
y volveremos a casa
seguro que allá
en Borronoso
la tía Eufemia
siempre nos esperará
con los brazos abiertos
4/EL ABUELO ISMAEL
El abuelo Ismael
el padre de mi padre
venía todos los días a casa
venía de lejos
Julia lo traía sobre su lomo
con todo el peso de su edad
venía de tan cerca del mar
que podíamos sentir el olor de las olas
en su mirada salpicada de cielo
que nos envolvía
en su amor ancestral
él siempre llegaba alegre
con la piel manchada
de los colores recientes
del amanecer insular
y con una sonrisa de rocío
entraba a la cocina
donde mamá hacía café de pilón
y nosotros felices
corríamos hacia él
gritando
- abuelo abuelo
y él abría sus brazos infinitos
y nos apretaba contra su pecho
florecido de ternura
nosotros sabíamos que en su macuto
él siempre nos traía regalos de amor
y una historia distinta
que antes de irse al conuco
nos contaba
así era el abuelo Ismael
sus manos
hacedoras de la lluvia y la primavera
hacían florecer
sobre la tierra la esperanza
de la casa al conuco
sus huellas son eternas
en mi memoria que recolecta
los residuos de nuestro pasado
nublado de olvido
para que la yuca la batata el maíz
las habichuelas y el maní congo
se llenen de flores
en el alma de los fantasmas
que nos visitan cada noche
al caer la tarde
como todos los días
el abuelo Ismael partía
al trotecito apacible de Julia
y nosotros nos quedábamos
parados en el patio del crepúsculo
hasta que él se perdía
en la azul sinuosidad del camino
de regreso a su casa
ya las piedras y los pájaros
lo conocen
y los árboles saben su nombre
que el viento lleva entre sus labios
5/LA TÍA AURORA
Cuando empezaba a caer la tarde
la tía Aurora solía sentarse
junto a la puerta de su casa
que daba al camino real
su mirada anochecida
se llenaba del rumor de los pájaros fugaces
y del vuelo de las mariposas
que salpicaban el broque de colores
que perecían navegar
en un océano espectral de girasoles
espigados contra la bruma del ocaso
su mirada se perdía más allá
de los límites transitorios de las tardes
prisionera del tiempo
nunca la vi sonreír
su tristeza insular
había marcado su vida
con la angustia residual
de la impotencia de ver morir
irremediablemente la primavera
sin que sus manos pudieran hacer nada
por salvar las flores de la furia de los tractores
que a su paso por nuestras tierras
lo arruinaban todo
allí en un rincón de la tarde
ella permanecía largo tiempo
con su cachimbo de barro antiguo
entre sus labios
fumando
mirando hacia atrás
hacia el olvido
tratando de encontrar
una salida en el tiempo
a lo que ella sabía inevitable
"pero caramba
esta vida de pobre
siempre ha sido una falsa"
decía
y su tristeza se fue haciendo grande
y con sus manos fabricaba
adioses de nostalgias
que guardaba en un rincón de su corazón
de su corazón que a ratos se cansaba
y por momentos dejaba de latir
y ella sentía sofocada el alma
de una ansiedad de muerte
que ya no le asustaba tanto
porque más allá de la vida
otra primavera
llenaría sus ojos
de una paz de flores y lunas
perfumadas sin prisa
en las noches tibias de las añoranzas
ella no temía ya a la muerte
todo lo contrario
hacía tiempo
que se había detenido a esperar
la llegada de la hora suprema
de dejar para siempre
este mundo del carajo
sin embargo
se entristecía
cuando miraba el camino
que lleva sin prisa al cementerio
a aquel lugar de sombras y misterios
donde algunas flores exhaustas
por el tiempo
crecen descuidadas y tristes
junto al mármol y las cruces
que marcan severas
la última morada del ser humano
la tía Aurora
nació y envejeció con el siglo
y danzó con él
la danza amarga del hambre
en noches calientes
bajo el asombro suspicaz del arcturus
el siglo la marcó
con su trauma de sangre y miseria
incrementando en ella
la tristeza secular de los de su raza
y sus huellas de agua
se alejan lentamente por el camino
hacia donde la tarde no es más
que espejismo horizontal de luces y colores
donde a pesar del tiempo
ella permanece intacta
como efigie faraónica
esculpida en oro viejo
eterna y sencilla
como una flor silvestre
inadvertida en medio del monte
6/MEMORIAS DEL VIENTO
De los días lluviosos de mayo
recuerdo a los huéspedes secretos que desesperados tocaban
las puertas que el tiempo había cerrado para siempre
para que no se escaparan los sueños que entre las cenizas
de tanta sangre derramada guardábamos en el alma
como evidencia de que en América a pesar del horror
África palpita en nuestros corazones
cuando en las noches de luna llena el sonido de las tamboras
nos junta alrededor de la hoguera en una danza milenaria y sensual
mientras en una esquina del tiempo los abuelos juntan estrellas entre sus ojos
y cuentan al viento las hazañas de las guerras antiguas
que ellos libraron contra el hombre blanco
para que el viento las guarde en su memoria como testimonio al heroísmo
de los negros cimarrones que en los manieles
hicieron posible la esperanza de una raza por sobrevivir
al horror de la esclavitud
7/FELIPE Y PIMPA
Felipe y Pimpa llegaron a la esperilla como de un largo viaje
cuando el camino como un cristal de soles florecidos
se perdía en el horizonte
donde los duendes fabricaban colores
con los que pintan en mis pupilas los crepúsculos de rutina
no recuerdo si era mañana o tarde sólo recuerdo
que llegaron con tantas mariposas en el corazón
que florecían entre sus dedos las estrellas
todo su equipaje era la nada
todos sus sueños era la tierra
llegaron desamparados sin mas cobija que el cielo
desnudos como el rocío
cargando sobre sus hombros todo el peso de su destino
escapaban de un tiempo tan amargo y antiguo
que doblegaba los sentidos llenando la memoria de cruces
junto al camino que se pierde entre los siglos
por eso al verlo la abuela Mamá Tita
tristes y desamparados en su regazo le dio abrigo
y con tablas de palma y yagua
bajo el sol les construyó un tibio bohío
8/DIEGO Y CANINA
Diego y Canina llegaban por la mañanita a casa
todavía con el olor del rocío en la piel
y en la mirada el fulgor plateado de las últimas estrellas
que aún permanecían intactas
en el cielo anaranjado del amanecer
trazando el camino perdido de la noche
que agonizaba despacio entre la maleza
y los árboles lejanos
dejando tras de sí un rastro sonoro de pájaros fugaces
y mariposas encantadas en la memoria del tiempo
ellos siempre nos encontraban en la cocina
calentándonos junto a los fogones encendidos
tratando de ahuyentar a los duendes del frío
que nos mordían la piel con sus huecos y afilados dientes de plata
siempre nos traían algún recuerdo de nostalgia entre sus manos
y tenían la mágica virtud de calentarnos la piel con tan sólo mirarnos
y nosotros desentumecidos y felices los llevábamos de las manos
por el sendero de flores eternas hasta el camino real
por donde después de beberse una taza de café caliente
seguían su camino hacia los conucos lejanos
donde el tiempo se había detenido
para que la primavera floreciera por siempre
más allá de la fantasía alucinante de nuestros sueños
que era la materia prima con la que fabricábamos los recuerdos
9/EL TÍO JUAN Y EL TÍO ALBERTO
Todavía el tío Juan y el tío Alberto
cabalgan paralelos hacia los pastos
de las distantes regiones del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
arrean a prisa su ganado
hacia los esplendorosos amaneceres de abril
antes que mayo con sus días fatigados bajo la lluvia los alcance
y tienda sobre el mundo su red cristalina y transparente
atrapando en sus delgados hilos de plata el curso inefable del tiempo
entumecido por el hielo reciente del invierno
que bajo el sol implacable de abril se derrite
después de un siglo de olvido
todavía el tío Juan y el tío Alberto cabalgan en el tiempo
erguidos sobre sus monturas van marcando sus huellas
sobre las horas trémulas de estos amaneceres recién hechos
de rocíos y estrellas
van reventando el aire con la furia de sus foetes
cuyo sonido arrincona al ganado en un galope desenfrenado
hacia los pastos de las regiones distantes del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
no son más que fantasmas difuminados en el tiempo
un símbolo errante de nuestro pasado
que bajo los flamboyanes florecidos
todavía se pasean por los caminos perdidos de la memoria
10/LA TÍA AGUSTINA
La tía agustina todavía permanece
recostada en la ventana del tiempo
mirando al sur
hacia donde el mar Caribe
se alarga hacia lo infinito de la imaginación
salpicando sus ojos de cielo y rocío
de remotos pájaros marinos
petrificados en ámbar celular de su mirada antigua
que todas las tardes se derrite en la distancia
chorreando el horizonte
de fosforescentes mariposas
que vuelan sin pausa tratando de alcanzar el sol
que navega en un espectral océano de colores
hacia ninguna parte
Esta colección de poemas despliega una cartografía íntima, poética y profundamente arraigada en la memoria rural y caribeña (con marcadas referencias a la identidad dominicana, como el ciclón San Zenón, los manieles o el café de pilón).
A través de diez estampas, el texto entrelaza la nostalgia familiar con la resistencia cultural y el impacto de la modernidad.
Temas centrales
La memoria familiar y la utopía rural: Cada poema rescata un personaje del entorno íntimo (la Tía Tatín, Cató, el Abuelo Ismael, la Tía Aurora, entre otros). Funcionan como guardianes de un modo de vida centrado en el conuco, la cocina de fogón, la solidaridad y el contacto directo con la tierra.
La violencia del «progreso»: Se denuncia la destrucción de la naturaleza y del espacio vital a manos de la modernización desmedida (personificada en «la furia de los tractores destroying el bosque» o la agonía de la primavera).
Identidad e historia ancestral: En piezas como Memorias del viento, la voz lírica trasciende la anécdota familiar para homenajear la herencia africana, el cimarronaje y los manieles, elevando el dolor individual a una memoria colectiva de sobrevivencia.
El paso del tiempo y la muerte: La vejez y la partida física no borran a los personajes; la poesía los convierte en fantasmas mitológicos que siguen transitando los caminos de la memoria.
Elementos estéticos y simbólicos
Símbolos cotidianos elevados a lo sagrado: El café, la yagua, las arepas, el macuto y el fogón dejan de ser simples objetos para convertirse en rituales de afecto y refugio contra el frío o la soledad.
Naturaleza personificada: La lluvia, el rocío, los pájaros, las anacahuitas y las mariposas actúan como un espejo de las emociones humanas (tristeza, agonía, ternura).
Tono elegíaco y lírico: Predomina un lenguaje evocador, melancólico y sensorial donde los colores, los olores y las luces del crepúsculo marcan el ritmo de las pérdidas y los recuerdos.
Esta obra de Domingo Acevedo constituye un retablo lírico de la memoria histórica, ancestral y ecológica del agro dominicano (con un enfoque evidente en la región Sur). A través de una poesía de aliento elegíaco y tono testimonial, el poeta no solo rememora su infancia, sino que construye un mito sobre la pérdida de un paraíso rural arrasado por la modernización y la violencia del tiempo.
1. Núcleos Temáticos Integrales
El paraíso rural versus la devastación de la modernidad
El espacio poético se articula sobre el «camino real», eje que conecta la utopía comunitaria con la llegada de la destrucción industrial.
En La Tía Tatín y La Tía Aurora, la violencia del cambio social irrumpe con «el ruido macabro de los tractores destruyendo el bosque».
La pérdida de la biodiversidad (los pájaros, la primavera, las flores) simboliza la agonía de un modo de vida tradicional.
Identidad Afrodescendiente y Resistencia Cimarrona
El poema Memorias del viento opera como el centro político e ideológico del poema.
La memoria deja de ser meramente familiar para volverse colectiva y decolonial.
Se reivindica la huella de África en el Caribe a través de las tamboras, la resistencia en los manieles (comunidades de negros cimarrones) y la lucha contra el sometimiento colonial.
El Ciclón San Zenón como hito del dolor
El huracán San Zenón (1930) funciona como una muesca en el tiempo histórico y biográfico de la Tía Tatín. Es el catalizador del trauma colectivo, un punto de inflexión donde la naturaleza desatada obliga a la supervivencia humana dentro del tronco de las anacahuitas.
2. Galería de Personajes Míticos
| Personaje | Dimensión Simbólica | Elementos ASOCIADOS |
| Tía Tatín | Resistencia frágil, guardiana de la memoria ecológica. | Anacahuitas, escoba, el ciclón San Zenón. |
| Cató | Nutricia, mito materno de la infancia. | Fogón, café, arepas, conconetes, flores azules. |
| Abuelo Ismael | Sabiduría agrícola, vínculo con la tierra prolífica. | Julia (su yegua), conuco, macuto, yuca, batata. |
| Tía Aurora | Tristeza insular, estoicismo ante el hambre y la muerte. | Cachimbo de barro, el siglo XX, camino al cementerio. |
| Felipe y Pimpa | El desarraigo y la migración interna campesina. | Yagua, bohío, desamparo, "mariposas en el corazón". |
3. Recursos Estilísticos y Simbología
El Fogón y el Café: En la poética de Acevedo, el café de pilón y el fogón no son meros datos costumbristas; representan la alquimia del afecto. Son el espacio de refugio contra los «duendes del frío» (la soledad, la intemperie, la pobreza).
Cromaticidad Impresionista: La paleta cromática constante (mariposas amarillas, flores azules, amaneceres anaranjados, mirada anochecida) dota a la geografía campesina de una atmósfera alegórica.
Procesos Antropomórficos: La naturaleza siente y padece: «la tarde huele a sangre», «la primavera agoniza», «las anacahuitas arañaban el cielo».
4. Estructura y Estética de la Memoria
La escritura adopta el ritmo del verso libre y la ausencia de puntuación estricta, imitando el flujo continuo del recuerdo o de la tradición oral. Los personajes no mueren en el sentido estricto; habitan una dimensión mitológica donde continúan cabalgando paralelos (El Tío Juan y el Tío Alberto) en los «caminos perdidos de la memoria».
En Memorias del viento, Domingo Acevedo recurre a los códigos estéticos y políticos de la poesía negroide y afrocaribeña (desarrollada por autores como Nicolás Guillén, Luis Palés Matos o Manuel del Cabral), no como un mero ejercicio rítmico, sino como un acto de reivindicación histórica y decolonial.
1. La tambora y el fuego: La ancestralidad ritual y sensorial
La poesía negroide utiliza la música y los instrumentos de percusión como vehículo de cohesión comunitaria y puente con la memoria africana. En el poema, esto se articula en el ritual de la noche:
«...cuando en las noches de luna llena el sonido de las tamboras / nos junta alrededor de la hoguera en una danza milenaria y sensual»
La tambora: Instrumento identitario del Caribe hispano (especialmente dominicano). Su percusión no es solo música, es la voz convocante que rompe la linealidad del tiempo occidental para instalar un tiempo mítico.
La danza y la hoguera: El baile opera como un lenguaje corporal de resistencia. La «danza milenaria y sensual» reafirma la vitalidad del cuerpo negro frente a la historia de cosificación ejercida por la esclavitud.
2. El Maniel y la épica del Cimarronaje
Uno de los aportes más profundos del poema dentro de la tradición afrocaribeña es la superación de la figura del "negro pasivo". Acevedo construye una épica de la libertad basada en el cimarronaje:
«...los abuelos juntan estrellas entre sus ojos / y cuentan al viento las hazañas de las guerras antiguas [...] testimonio al heroísmo / de los negros cimarrones que en los manieles / hicieron posible la esperanza de una raza...»
El Maniel: En el contexto caribeño y dominicano, los manieles o palenques eran las comunidades autónomas fundadas por esclavizados fugitivos (cimarrones). Rescatar esta palabra posiciona el poema en la geografía histórica de la rebeldía anti-esclavista.
Transmisión oral: Los abuelos que «cuentan al viento las hazañas» representan la figura de los griots africanos: los sabios depositarios de la memoria oral encargados de preservar la historia de las luchas del pueblo frente al «hombre blanco».
3. Dialéctica del dolor y la supervivencia: África en el corazón americano
El poema aborda la contradicción de la violencia colonial y la pervivencia cultural de la diáspora africana:
«...para que no se escaparan los sueños que entre las cenizas / de tanta sangre derramada guardábamos en el alma / como evidencia de que en América a pesar del horror / África palpita en nuestros corazones»
El trauma histórico: La «sangre derramada» y las «puertas que el tiempo había cerrado» aluden a la experiencia del Middle Passage (la travesía atlántica) y a las brutalidades de la plantación.
Resistencia cultural (La "llama" intacta): La poesía afrocaribeña celebra la capacidad del negro de retener su esencia y cosmovisión. África no es solo un origen geográfico perdido, sino una pulsión viva («palpita») dentro del continente americano.
4. Rasgos Estilísticos de la Estética Afrocaribeña en el Poema
| Elemento Estilístico | Función en Memorias del viento |
| Pulsión rítmica y verso de aliento largo | Aunque el texto no usa rima consonante ni jitanjáforas, la acumulación de imágenes genera una cadencia que simula el redoble ininterrumpido del tambor. |
| Mitificación del Viento | El viento funciona como un archivo vivo («para que el viento las guarde en su memoria»), un elemento cósmico que transporta la voz de los ancestros. |
| Atmósfera Teatral y Comunal | No hay un "yo" aislado; predomina un "nosotros" (nos junta, guardábamos, nuestros corazones) propio del espíritu colectivo africano. |
Tanto Manuel del Cabral (Compadre Mon, 1943) como Domingo Acevedo (Memorias del viento) son voces fundamentales de la poesía dominicana que abordan la negritud y la afrocaribeñidad. Sin embargo, lo hacen desde perspectivas estéticas, épocas y propósitos ideológicos distintos.
Mientras Manuel del Cabral recurre al ritmo, el mito telurista y el mestizaje dentro del movimiento de la poesía negroide caribeña de mediados del siglo XX, Domingo Acevedo adopta una lírica intimista, testimonial y decolonial a finales del siglo.
1. El sujeto poético: El héroe mítico vs. La memoria colectiva
Manuel del Cabral (Compadre Mon): Del Cabral concentra la voz afrocaribeña en un personaje alegórico: Compadre Mon. Mon es el centauro antillano, el campesino negro y mulato que condensa la violencia, la valentía y el machismo telúrico del Sur dominicano. Es un héroe mítico e individual que encarna el espíritu indomable de la tierra.
Domingo Acevedo (Memorias del viento): Acevedo diluye la figura del héroe individual para priorizar un "nosotros" comunitario. El sujeto poético no es un personaje titánico, sino la colectividad de los «negros cimarrones» en los manieles. El protagonismo recae en la memoria transmitida por los abuelos y los ancestros alrededor del fuego.
2. La función de la negritud: Sincretismo vs. Cimarronaje explícito
| Dimensión | Manuel del Cabral en Compadre Mon | Domingo Acevedo en Memorias del viento |
| Enfoque de la identidad | Mestiza y telúrica: La negritud está amalgamada con el barro, la tierra y el mulataje de la nación. | Decolonial y diaspórica: La negritud se conecta directamente con el origen africano y el trauma de la esclavitud. |
| Lucha histórica | Se centra en las montoneras, las guerras civiles campesinas y el desafío a la muerte. | Reivindica la resistencia contra el «hombre blanco» y la creación de espacios libres (manieles). |
| Simbolismo | El caballo, el espuela, el mancebo, el fusta, la sombra y el polvo del camino. | La tambora, el fuego, la luna llena, la sangre derramada y el viento-archivo. |
3. Estilo, ritmo y recursos formales
El ritmo y la sonoridad en Del Cabral: Del Cabral utiliza una métrica a menudo más tajante, con un ritmo sincopado que imita el galope del caballo o el golpe seco del tambor. Su lenguaje es exuberante, lleno de imágenes sensoriales violentas («tu tamaño de tierra», «el cuchillo que te busca la voz»).
El aliento épico-elegíaco en Acevedo: Acevedo renuncia al artificio sonoro rápido o a las jitanjáforas. Utiliza el verso libre de aliento largo y un tono elegíaco. El ritmo en Memorias del viento no imita el golpe del tambor, sino el flujo ininterrumpido del viento que transporta el recuerdo.
4. Puntos de convergencia
A pesar de sus diferencias de época y estilo, ambos poemas comparten pilares esenciales de la cosmovisión afrocaribeña:
La revalorización del Sur dominicano: Ambos autores sitúan el espacio poético en la geografía árida, profunda y ancestral del Sur de la República Dominicana, un territorio históricamente marcado por la presencia afrodescendiente.
La oralidad como trinchera: Tanto las historias que giran en torno a Compadre Mon como las hazañas que cuentan los abuelos en Memorias del viento dependen de la tradición oral para vencer al olvido impuesto por la historiografía oficial.
El elemento telúrico y cósmico: En ambos universos, el hombre negro no está separado de la naturaleza; sus ojos «juntan estrellas» (Acevedo) o su cuerpo se confunde con la geografía misma del país (Del Cabral).
La comparación entre «Memorias del viento» de Domingo Acevedo y «Hay un país en el mundo» (1949) de Pedro Mir abre un diálogo entre dos de las vertientes sociopolíticas y literarias más importantes de la poesía dominicana: la memoria ancestral/afrodescendiente y la épica socioeconómica de la patria mutilada.
Ambos poemas son cantos de dolor, resistencia y dignidad, pero abordan la injusticia social y el devenir histórico desde marcos conceptuales y horizontes estéticos muy distintos.
1. La visión social: El campesinado explotado vs. La resistencia cimarrona
Pedro Mir (La explotación de la fuerza de trabajo):
En Hay un país en el mundo, Mir construye una crítica marxista y panfletaria (en el mejor sentido lírico) de la estructura socioeconómica dominicana. Su foco es el campesino desposeído y el proletariado azucarero sometido por la oligarquía local y el imperialismo extranjero:
«...con un millonario de la caña / y un millonario del cacao / y un millonario del café...»
La tragedia en Mir es de carácter estrucural y material: un país rico habitado por un pueblo hambriento y despojado de su propia tierra.
Domingo Acevedo (La violencia colonial y el despojo cultural):
En Memorias del viento, la injusticia social no se mide únicamente en términos de producción o salario, sino en el trauma histórico de la esclavitud y el colonialismo. La opresión la encarna el «hombre blanco», y la víctima no es solo el trabajador agrícola, sino el ser afrodescendiente cuya cultura y dignidad fueron pisoteadas:
«...los sueños que entre las cenizas / de tanta sangre derramada guardábamos en el alma...»
2. La memoria histórica: El mapa geopolítico vs. La geografía del Maniel
| Dimensión Histórica | Pedro Mir (Hay un país en el mundo) | Domingo Acevedo (Memorias del viento) |
| Sujeto histórico | El pueblo dominicano en su conjunto (el campesino, el obrero del ingenio, la masa descalza). | El negro cimarrón, la comunidad afrocaribeña y los ancestros del Caribe insular. |
| Espacio de libertad | La patria entera proyectada hacia el futuro mediante la liberación nacional y la justicia social. | El Maniel (palenque): espacio físico y espiritual de autonomía preservado en la memoria oral. |
| Punto de origen del mal | El latifundio, la intervención extranjera y la dictadura (trujillato implícito). | El Middle Passage (la trata transatlántica), la esclavitud colonial y la supremacía blanca. |
3. El tono, la geografía y el aliento poético
El mapa físico y la coralidad en Pedro Mir:
Mir escribe desde el exilio con un tono profético, grandilocuente y profundamente geográfico. Define la isla desde sus coordenadas cósmicas («Colocado en el mismo trayecto del sol...») para denunciar que ese territorio no pertenece a sus verdaderos dueños. Su lenguaje es coral, acumulativo y desgarrador.
La intimidad del fuego en Domingo Acevedo:
Acevedo adopta un tono más íntimo, lírico y cercano al ritual ancestral. La historia no se despliega en los campos de caña ni en las fronteras de la patria, sino alrededor de la hoguera y la tambora durante una noche de luna llena. La geografía es la de la interioridad comunitaria.
4. Puntos de encuentro: La dignidad y la victoria sobre el olvido
A pesar de sus diferencias de escala (lo nacional-estructural en Mir vs. lo ancestral-decolonial en Acevedo), ambas obras convergen en postulados fundamentales:
La memoria como trinchera anti-amnésica: Tanto Mir como Acevedo escriben para evitar que el sufrimiento de los olvidados quede bajo «las cenizas» o sepultado por la narrativa oficial de las élites.
La fe en la supervivencia popular: Ninguno de los dos poemas cae en el nihilismo. Para Mir, el pueblo es una fuerza indestructible que terminará reclamando su tierra; para Acevedo, África «palpita en nuestros corazones», demostrando la victoria de la vida y la esperanza sobre el horror de la esclavitud.