Estoy completamente de acuerdo con una justa aplicación de la ley para todos aquellos que la incumplen: para los motociclistas que se han convertido en un problema —incluso para quienes usan ese peligroso medio de transporte para trabajar y ganarse la vida honradamente—, para los camioneros y choferes de autobuses con sus constantes imprudencias, para quienes mantienen en zozobra a sus vecinos con la música alta, y para los delincuentes de los barrios.
Pero esa misma ley también debe aplicarse, con igual rigor, a los de arriba: a los estafadores y ladrones del Estado, a los políticos corruptos, y a los empresarios evasores de impuestos y maestros del contrabando.
El gran problema en la República Dominicana es que, como bien decía Eduardo Galeano, la justicia sólo muerde a los descalzos.
El aumento de la inseguridad y la delincuencia va mucho más allá de las bocinas y los motores; es un asunto mucho más complejo y delicado como para resumirlo en esos dos aspectos.
Ya que mientras las autoridades concentran sus esfuerzos en perseguir ruidos y motocicletas, la corrupción estatal en todos sus aspectos, la delincuencia y el narcotráfico se adueñan de las calles del país robándose el futuro de la nación y arrebatando vidas útiles a nuestra sociedad.
Domingo Acevedo
Junio, 2026.
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