- Radio: Se desempeña como operadora técnica, locutora y conductora radial desde hace más de diez años en emisoras como Radio Raíces FM 88.5 MHz. [1, 2, 3]
- Gestión Cultural: Ejerce como directora artística en proyectos radiofónicos. Produce y conduce el programa "Calidoscopio", una plataforma dedicada de forma exclusiva a la difusión de la música del mundo y la poesía internacional. [1, 2, 3]
- Poesía: Su producción literaria se enfoca en la poesía reflexiva. Ha participado como recitadora y difusora en diversos festivales literarios y artísticos de la región. [1, 2]
- Línea Editorial: Su obra y sus espacios de comunicación promueven valores universales de tolerancia, fraternidad y paz entre los pueblos. [1]
- Prensa Internacional: Colabora activamente con artículos de opinión y textos creativos en publicaciones digitales iberoamericanas como la revista Vox Localis. [1]
Ana María Garrido
Periodista, conductora de radio, poeta. Comencé en el periodismo escrito hace 33 años y en radio hace 10. Conduzco desde José León Suárez, provincia de Buenos Aires, un programa dedicado a difundir música del mundo y poesía, convencida de que la poesía y la música son un buen punto de encuentro para toda la humanidad. La idea es dar un a favor de la tolerancia y la paz.
VOXLOCALIS 74
Algunos de sus poemas.
El oasis y el páramo
¿Dónde encontrar
el eje de la vida
si todo está cumplido?
¿En el agua?
¿En las rocas?
¿En la simiente grave?
¿En el secreto peso de la luz
sobre tus párpados
recién tatuados por la luna?
No hay plegaria
que exceda los límites
de tus cuatro paredes temerosas
que el insomnio tapiza con sus lágrimas,
si no pones en ella
el fuego perenne de la Gracia.
Tres golpes en la puerta
no significan
que ha arribado el que esperas.
La luz en tu ventana
no es,
necesariamente,
el alba rumorosa
ni un farol en la noche desvelada.
Cada camino lleva consigo
el triunfo y la derrota,
el oasis y el páramo,
tu voz y tus silencios
en perpetua armonía.
No permitas
que el amor se consuma
como el agua dolida de una acequia
cuando arrecia el verano.
No hay certeza más honda
que el alma que te habita.
El dolor que no emigra
La soledad
toma formas difusas,
ingrávidas,
anárquicas.
Usurpa
los sonidos remotos
de esa música
que viene de la infancia,
del éxodo fragante del invierno
que siempre
duele más en la memoria.
Quien parte no comprende
la vulnerable
piel de la distancia,
la herrumbre silenciosa
del corazón que espera
sin celo ni codicia
los ritos redimibles del amor,
el dolor que no emigra,
la certeza del llanto
que muestra sus estrías
su sed
sus cicatrices
en el sublime
atrio de la luz.
Hay un rumor lejano
de lentas cacerías.
Hay luces con sordina,
acalladas,
erráticas
como pasos inermes
en la noche
de espejos infinitos,
la memoria del fuego
y su tácita sombra,
su espéculo de niebla,
su jubón de nostalgia.
Entre los huesos yermos
del sueño que se fuga,
la tempestad oprime
las pieles de la aurora
con su espuma de ausencia.
La luna tiene miedo
de alumbrar cuando llueve.
Los faroles se extinguen
a ras del abandono.
Y cuando la mañana
ofusca las retinas de los parques,
los perros de la noche
que todavía husmean
en las calles sin dueño
lamen en las veredas
los vestigios de muerte,
los cúmulos de olvido,
los terrones de llanto.
Las voces infinitas
No perturbes el sueño
con su avío,
su siembra,
sus dólmenes,
sus dogmas,
su fervor de verbena,
de paraíso intacto,
de arcilla,
de arboleda.
La inquietud no se fuga
como el humo sumiso
ni alimenta los pájaros
que profanan el viento,
el pan deliberado,
las semillas amargas,
los insectos,
el fuego.
El tiempo
que es monarca,
mendigo y alfarero
fatiga con sus grillos
el tedio de los puentes,
la pulpa del ocaso,
su secreto más hondo,
la íntima memoria
de lejanas batallas
libradas contra el miedo.
Es el dolor de ser,
de perpetuarse
en el leve linaje de la espiga,
en el áureo retablo de los días
y su bagaje de voces infinitas.
Ana Maria Garrido.
