jueves, agosto 13, 2026

“El señor de Oxford que eligió el monte”: la vida, lucha y eterno descanso de John Palmer entre los wichí




“El señor de Oxford que eligió el monte”: la vida, lucha y eterno descanso de John Palmer entre los wichí

Dejó atrás los privilegios de la academia europea para convertirse en un hermano más del Chaco salteño. Defendió el territorio frente a las topadoras, tradujo la incomprensión de la justicia criolla y formó una familia trilingüe en el corazón de las comunidades originarias. Hoy, su cuerpo descansa bajo la misma tierra que protegió.
A finales de la década de 1970, el destino parecía trazado con letras de molde para un joven y brillante estudiante británico. Formado en las aulas de la prestigiosa Universidad de Oxford, John Palmer tenía ante sí el camino pavimentado hacia el éxito académico internacional, las conferencias europeas y el confort de la élite intelectual. Sin embargo, un llamado invisible —el de la incertidumbre, el de lo desconocido y, fundamentalmente, el de la justicia humana— cambió el rumbo de su historia para siempre.
En 1978, Palmer desembarcó en el Chaco salteño para realizar el trabajo de campo de su tesis doctoral. Lo que debió ser una estancia temporal de investigación antropológica se transformó en un viaje de ida sin retorno. Conmovido por la realidad, la desposesión y la profunda riqueza espiritual de los pueblos originarios, decidió dejarlo todo. Se despojó de los trajes occidentales, del prestigio heredado y de las comodidades del primer mundo para fundirse en la espesura del monte y nacer de nuevo como un wichí más.
El nacimiento de un lazo inquebrantable Palmer no fue el clásico científico que observa la realidad desde la distancia de una libreta de notas. Él entendió que para comprender la cosmovisión de la comunidad Hoktek T’oi (Lapacho Mocho), cerca de Tartagal, debía habitar su misma intemperie. Su tesis doctoral, titulada "La buena voluntad wichí: una espiritualidad indígena", no fue un simple requisito académico; fue su declaración de principios y el mapa de su nueva vida.
En el monte encontró el amor y formó su hogar junto a Tojueia, una mujer wichí. Juntos criaron a seis hijos en una casa donde las fronteras de los mundos se diluían de forma natural: allí se hablaba con fluidez inglés, wichí y castellano. John se convirtió en un puente viviente entre la Inglaterra victoriana de sus ancestros y la resistencia ancestral de los habitantes legítimos del Gran Chaco. Para sus vecinos y hermanos de la comunidad, dejó de ser el "gringo" o el "etnógrafo" para convertirse en un miembro pleno, alguien que compartía el agua escasa, el calor agobiante y la mesa comunitaria.
El abogado del monte y el choque de dos mundos Una de las facetas más heroicas y desgarradoras de la vida de Palmer fue su rol voluntario como asesor legal y traductor cultural de los wichí ante la justicia formal de la provincia de Salta. El antropólogo se topó con un sistema judicial ciego y sordo a las realidades indígenas, que solía criminalizar las pautas culturales ancestrales bajo el estigma del prejuicio criollo.
Su lucha más célebre y dolorosa se dio en el caso de Qatú, un miembro de la comunidad penalizado por un sistema que no comprendía el derecho consuetudinario wichí ni sus dinámicas familiares. Palmer pasó años recorriendo tribunales, redactando informes, traduciendo declaraciones y exponiendo ante los jueces la profunda desconexión entre las leyes escritas en los despachos urbanos y la vida en las comunidades. No buscaba impunidad, sino el reconocimiento elemental de que la justicia no puede ser justa si ignora la identidad de a quién juzga.
Paralelamente, John comprendió que la supervivencia de sus hermanos estaba ligada a la supervivencia de su entorno. Se convirtió en un férreo activista contra el desmonte masivo del bosque nativo. Codo a codo con organizaciones ambientales, denunció el avance implacable de las topadoras del agronegocio que devoraban los árboles sagrados, despojando a las comunidades de su alimento, su medicina y su memoria histórica. Para Palmer, la desforestación y la protección de la tierra no eran debates ecológicos abstractos, sino una cuestión de vida o muerte para su pueblo elegido.
Semillas en la universidad local A pesar de su inmersión total en la vida comunitaria, Palmer nunca abandonó su vocación docente. Durante años, los estudiantes de la sede de Tartagal de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) tuvieron el privilegio de tenerlo como profesor en la carrera de Comunicación Social.
Quienes pasaron por sus aulas recuerdan a un hombre de andar pausado, hablar extremadamente respetuoso y una humildad que contrastaba con su inmensa cultura. En sus clases, John no solo enseñaba teoría; transmitía la urgencia de escuchar las voces históricamente silenciadas y la responsabilidad social de los profesionales frente a las periferias postergadas.
El último descanso en la tierra elegida El 30 de mayo de 2023, la voz de John Palmer se apagó físicamente tras dar batalla a una dura enfermedad. Tenía 69 años. La noticia causó un hondo dolor en los pasillos académicos, en el ámbito del activismo ambiental y, sobre todo, en el norte salteño.
Pero su historia no terminó con un adiós convencional. Fiel a la vida que construyó y al pacto de sangre y espíritu que selló con su entorno, el deseo de John y su familia se cumplió de manera estricta: hoy sus restos descansan sepultados en la misma tierra de la comunidad, rodeado por los suyos, bajo la sombra de los árboles que defendió y junto a los ancestros del pueblo que lo adoptó.
La aventura de John Palmer no fue la de un colonizador ni la de un turista exótico. Fue la revolución silenciosa de un hombre que demostró que la patria no es el lugar donde se nace, sino el sitio donde decidimos entregar el corazón, luchar por la dignidad del prójimo y sembrar las raíces que nos sostendrán para siempre en la memoria de la tierra.

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