martes, junio 23, 2026

ESPEJISMO DE UN FESTIVAL DE LITERATURA EN SANTO DOMINGO.




ESPEJISMO DE UN FESTIVAL DE LITERATURA EN SANTO DOMINGO


© JOSÉ CARVAJAL 


Leo acerca del entusiasmo mediático local que al parecer ha despertado el último Festival de Literatura Mar de Palabras (2026) que organiza la Fundación René del Risco Bermúdez en un hotel de la zona colonial de Santo Domingo. Por un lado me alegra la iniciativa, pero por otro me entristece. 


Me alegra por el éxito que significa para los organizadores y el propósito del mismo; y me entristece porque eso refleja una realidad subyacente al dar a entender que como en República Dominicana no hay escritores con la calidad suficiente que concite el entusiasmo público de esa manera, entonces hay que traerlos de fuera, es decir, contratarlos con el fin de que muestren al país sus obras bien editadas y compartan sus reflexiones y pensamientos con tribus ávidas de fama y conocimiento, y de paso impresionar a círculos sociales locales y a lectores de novedades. Vienen por tres días a dialogar y ayudarnos a «pensar» y «reflexionar» con profundidad, a mostrarnos cómo incursionaron en el mundo profesional del libro, y cómo se sienten bajo la tutela de la industria editorial que tiene sus propias reglas de juego para competir en los mercados internacionales.


Hace tiempo que noto algo de desesperación en algunos escritores dominicanos que quieren ser conocidos más allá de las costas de esta isla, sin una obra que respalde ese deseo que a veces raya en la obsesión. En esa dinámica se acercan a los famosos de otros lugares, los invitan al país con todos los gastos pagos, e incluso los hospedan en sus residencias y hasta les facilitan vicios... Pero, ¡válgame Dios!, sin una obra sólida, bien escrita, es poco lo que se puede hacer.


En ocasiones me pregunto, por ejemplo, ¿qué tanto buscan (joden) ciertos escritores dominicanos en España? No los entienden en esta pequeña isla donde viven (ni en sus barrios) y aún así pretenden conquistar lectores en la cuna de nuestro idioma. Peores son todavía los que compran méritos, homenajes ridículos o pagan por servicios editoriales y publicar allí sus obras mediocres, como siempre. Pero, ¿para qué?, ¿qué pretenden?, ¿acaso no se leen ellos mismos para entender lo mal que escriben?, ¿acaso no tienen amigos de verdad, de aquí o de allá, que les hagan despertar a la realidad? Todo lo contrario, de aquel lado cuentan con admiradores tan necios como esos que cruzan el Atlántico creyendo que representan lo mejor de la literatura dominicana, cuando las más de las veces se trata de lo peor. 


Lo increíble es que ese mal viene de lejos. Ya en 1916 Miguel de Unamuno lo llamó «hiperbolismo», un fenómeno que a su juicio había «presentado como a genios a escritores no más que pasaderos, si es que no mediocres y aun disparatados. Y cuando la hipérbole procede de espíritu de secta, de catarro, de conventículo o de partido político es ya cosa insoportable».


Para sorpresa de muchos, el ejemplo de «hiperbolismo» mencionado por Unamuno tiene que ver con un dominicano de quien no dijo el nombre por delicadeza: «Recuerdo que se me recomendó como el más grande de los sociólogos de todos los tiempos y países a cierto escritor dominicano que no pasaba de discreto».

 

El buen escritor no tiene tiempo para buscar aplausos, porque toda su atención está en crear en la soledad del oficio. Pero el dominicano es obsesivo, impertinente y se cree merecedor de atención universal sin averiguar primero el tamaño de su aldea.


En cuanto a Mar de Palabras, no es el «primer festival internacional de literatura en la región del Caribe», como pregonan sus organizadores, pues sin que vayamos demasiado lejos geográficamente basta aclarar que mucho antes que este de la Fundación René del Risco Bermúdez, en 2010, la escritora Mayra Santos Febres fundó en Puerto Rico, y llevó sobre sus hombros hasta el cansancio, su exitoso Festival de la Palabra. Sin embargo, el dominicano que no lee, el que vive en una burbuja social, siempre cree ser primero en todo lo que se inventa o protagoniza.


No digo que no se celebre el aparente éxito de Mar de Palabras mientras dure, aunque creo que no será mucho tiempo, por desgaste. La propuesta tampoco es innovadora; me recuerda los años dorados de la Feria del Libro de Santo Domingo bajo el Ministerio de Cultura encabezado por el fallecido José Rafael Lantigua. La diferencia está en que Mar de Palabras es de una fundación privada, y por lo tanto el objetivo, cualquiera que sea, no deja de ser de interés personal o empresarial. De modo que, para mí, es puro espejismo; un «bluff» en el sentido literario; y como tal, no aporta nada al desarrollo de las letras dominicanas, ni mucho menos a su visibilidad internacional.


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EN LA FOTO: José Carvajal en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en Bogotá, Colombia; 2026.

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