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domingo, agosto 09, 2026
" la tribu Cheyenne o “Tsistsistas”, comúnmente conocidos entre ellos mismos como “la gente”, “el pueblo”.
Hoy los nacionalistas pretenden que neguemos nuestra negritud.
Hoy los nacionalistas pretenden que neguemos nuestra negritud, que renunciemos a nuestras tradiciones africanas, para seguir viviendo bajo los parámetros coloniales eurocentrista.
Los haitianos no son los enemigos de la patria, los enemigos de la patria son los gobiernos que entregan nuestras riquezas y nuestra soberanía a las multinacionales criollas y extranjeras.
Domingo Acevedo.
Agosto/2026.
Vote por Gustavo Petro.
En 4 años nunca busqué a Gustavo Petro para pedirle nada. Él ni siquiera sabrá que existo. Y, sin embargo, hoy me cuesta despedirlo.
Me cuesta despedir al hombre que se blindó con el amor de su pueblo y que nos enseñó que se podía gobernar sin estallido social, sin expropiar, sin cerrar medios de comunicación, ni guerra.
Un hombre al que le atacaron a sus hijas, al que le metieron chismes hasta en su vida privada, al que los noticieros criticaron por su forma de vestir, de comer y hasta de hablar. Al que llegaron a amenazar incluso con un misil.
Y al día siguiente, mientras aquí hablaban de él, se iba para China, Arabia, España y hasta donde el Papa, a decirle al mundo que Colombia era un país maravilloso, que aquí había gente buena y que teníamos mucho por mostrar.
Y sí, lloro de tristeza.
Porque me duele despedirlo. Porque cuando voté por él, no lo hice pensando en lo que podía recibir yo. Lo hice pensando en quienes casi nunca tienen voz: en las madres comunitarias y los médicos internos que por primera vez empezaron a recibir una remuneración; en el ciudadano al que le duplicaron su salario mínimo; en los abuelos que les triplicaron su bono; en los soldados que les cuadriplicaron su ayuda; y en los campesinos que recibieron 5 veces más tierras que en muchos gobiernos anteriores.
Y quizá lo más curioso es que durante cuatro años nos dijeron que Petro convertiría a Colombia en un caos, que acabaría con todo, que sería un dictador.
Y al final, no fue eso lo que vimos. Bajó el dólar. Nos convertimos en la cuarta economía de la región. La canasta familiar no subió, Colombia se volvió una potencia mundial de la vida, del turismo, de la tierra.
Hoy, de cada 10 colombianos a su alrededor, 8 tienen iPhone; 6 pueden ir a conciertos carísimos y hacen sold out; 4 salen del país de vacaciones; y 2 fueron al mundial.
Sí, seguramente muchos dirán que eso es producto de su propio esfuerzo. Y claro que lo es. Pero también pudimos vivir en un país que abrió esas condiciones a favor del pueblo, del pais de todos.
Isidro Rojas.
Cuando enseñamos karate.
Cuando enseñamos, debemos hacerlo con dedicación y amor, ya que lo que hacemos es transmitir nuestros conocimientos y valores a nuestros alumnos; de lo que enseñemos y cómo lo enseñemos depende muchas veces el éxito y el camino que ellos tomarán. En las artes marciales y específicamente en karate, que es lo que me compete, debemos tener sumo cuidado cómo lo enseñamos, porque enseñamos un peligroso arte de combate, que si no está acompañado de la parte espiritual y filosófica, estableciendo claramente que el camino a seguir es el de la mansedumbre, la tolerancia, la paz, el honor, la lealtad y, sobre todo, el amor al prójimo, estaríamos formando simplemente peleadores carentes de sensibilidad, de honor, de lealtad y respeto por los demás, que en cualquier momento podrían desviarse del camino correcto y convertirse en un problema para las sociedades en las que viven. Los que enseñamos artes marciales, nuestra misión es formar ciudadanos correctos, al servicio de la paz, el amor y la justicia.
sábado, agosto 08, 2026
El silencioso éxodos de los animales contra la extinción.
Un millón y medio de ñus, gacelas y cebras que atraviesan la sabana del Serengueti, levantando una nube de polvo que se funde con el horizonte, mientras los cocodrilos acechan en el río Mara y los leones esperan al borde del camino. No es un documental, sino la crónica de la Gran Migración, un espectáculo de la naturaleza que, sin embargo, está en peligro. La imagen de la mariposa monarca, con sus alas naranjas y negras, que recorre 4.500 kilómetros desde Canadá hasta México, una hazaña que dura tres o cuatro generaciones, y cuya población se ha reducido un 90% en 40 años. La imagen de la ballena jorobada, que defeca constantemente y con su hierro fertiliza el fitoplancton, el responsable de más del 50% del oxígeno que respiramos. Estas imágenes, que EL PAÍS reúne en un reportaje sobre la crisis de las especies migratorias, no son postales de la biodiversidad, sino la de una advertencia: más de una quinta parte de las 1.189 especies migratorias estudiadas están en peligro de extinción, víctimas de la degradación de sus hábitats (75%) y de la caza y pesca (70%). La imagen de los animales viajeros, que cada año emprenden rutas milenarias, es la de un éxodo que se enfrenta a un mundo de obstáculos.
Este reportaje no es un compendio de datos, sino el relato de un colapso anunciado. Es el mismo escalofrío que produce la extinción del pigargo o la pérdida de los ojos del tetra de cueva, pero aquí la escala es planetaria. La periodista y los fotógrafos que han documentado estas migraciones (Ralph Pace con sus ballenas, Jaime Rojo con sus monarcas, los Scott con los ñus) nos muestran cómo la acción humana está desgarrando el tejido de la vida. El crecimiento urbano en los Emiratos Árabes Unidos amenaza los manglares, que son el refugio de aves migratorias. La deforestación del bosque Mau en Kenia, que ha perdido el 12% de sus árboles, pone en riesgo el caudal del río Mara, que es la arteria de la migración de los ñus. El uso de herbicidas en Estados Unidos ha eliminado el algodoncillo, la única planta de la que se alimentan las orugas de la monarca. Y en el mar, la ballena jorobada del mar Arábigo, que no migra y está aislada genéticamente, es un ejemplo de la vulnerabilidad de las poblaciones que no pueden moverse. La imagen de la monarca, que ha pasado de ocupar 20 hectáreas de bosque en los años noventa a tan solo una en el último año, es la de un colapso que se mide en hectáreas, pero que significa una pérdida incalculable de belleza y función ecológica.
Las raíces de esta crisis se hunden en la lógica del crecimiento económico y la expansión agrícola, que fragmentan los corredores migratorios y envenenan los ecosistemas. La caza y la pesca, que diezman a las poblaciones, son el otro gran factor. Pero la degradación del hábitat, que afecta al 75% de las especies, es la amenaza principal. La construcción de ciudades, carreteras y presas, la deforestación para el cultivo de aguacate o soja, y el uso de pesticidas, son las herramientas de una guerra silenciosa contra la vida. La imagen del fotógrafo Jaime Rojo, que muestra una oruga de monarca en un algodoncillo junto a un campo de maíz, es una metáfora de la frontera entre la vida y la destrucción. Los conservacionistas Angela y Jonathan Scott, que llevan décadas observando la migración en Kenia, advierten que "estamos presenciando extinciones en tiempo real". Y el oceanógrafo Ralph Pace recuerda que la protección de las especies a menudo se rige por la rentabilidad económica: el atún se salva, pero la vaquita marina, que no es rentable, tiene "los días contados". Es una lógica que olvida que las migraciones no son un lujo, sino un servicio ecosistémico: las ballenas, al defecar, fertilizan el fitoplancton que nos da la mitad del oxígeno que respiramos.
En medio de este éxodo hacia el abismo, la esperanza realista reside en la conciencia y en la acción. Los proyectos de reforestación de manglares en Emiratos, la educación en reservas como Khor Kalba, y la presión de los fotógrafos y científicos para visibilizar el problema, son ejemplos de que se puede actuar. La reducción del uso de herbicidas y la restauración de hábitats clave, como el bosque Mau, son pasos necesarios. La clave está en que la protección de las migraciones se convierta en una prioridad global, que trascienda las fronteras y los intereses económicos. La convención de la ONU sobre especies migratorias es un marco, pero su implementación requiere voluntad política y financiación. El reto es que la historia de las monarcas, de los ñus y de las ballenas no sea solo un réquiem, sino un llamado a la acción.
La imagen de los animales migrantes, que cruzan océanos, desiertos y montañas, es la de una memoria viva de la Tierra. Nos habla de un planeta que se ha movido al ritmo de las estaciones y los instintos durante milenios. La pregunta que su viaje nos deja es profunda y urgente: si los ñus, las mariposas y las ballenas nos enseñan que la vida es movimiento, ¿por qué nosotros, los humanos, hemos decidido construir muros y envenenar el camino? La respuesta está en nuestra capacidad para cambiar. La migración no es solo un fenómeno natural, sino un espejo de nuestra propia humanidad. Si queremos salvar a las especies viajeras, debemos aprender a viajar con ellas, a respetar sus rutas y a entender que su destino está ligado al nuestro. Como dijo Ralph Pace, "no estamos separados de los animales". Su viaje es nuestro viaje. Y si su viaje se detiene, el nuestro también.
Mi paso en grafica por las artes marciales.
viernes, agosto 07, 2026
Teatro de títeres sobre la península arábiga.
EL CUERPO DE LA GUARDIA REVOLUCIONARIA ISLÁMICA EXHIBE RESTOS DE AERONAVES ESTADOUNIDENSES E ISRAELÍES EN UNA EXPOSICIÓN SUBTERRÁNEA
EL CUERPO DE LA GUARDIA REVOLUCIONARIA ISLÁMICA EXHIBE RESTOS DE AERONAVES ESTADOUNIDENSES E ISRAELÍES EN UNA EXPOSICIÓN SUBTERRÁNEA
La tragedia del lago Nyos en el noroeste de Camerún.
La noche del 21 de agosto de 1986, el Lago Nyos en el noroeste de Camerún sufrió una erupción límnica masiva que liberó una gigantesca nube invisible de dióxido de carbono (CO₂), asfixiando y provocando la muerte de 1.746 personas y más de 3.500 animales de granja en cuestión de minutos. Se trata de uno de los desastres naturales más extraños y letales de la historia continental. [1, 2, 3]
- La acumulación del gas: El Lago Nyos está situado en el cráter de un volcán inactivo. Durante siglos, una bolsa de magma profunda filtró dióxido de carbono al fondo del lago. La enorme presión del agua mantenía el gas disuelto y atrapado en las capas más profundas, como si fuera una gigantesca botella de refresco a presión. [1, 2, 3]
- El detonante: Alrededor de las 21:00 o 22:00 horas, un factor externo imprevisto —probablemente un desprendimiento de tierra, un pequeño temblor o fuertes lluvias— rompió el equilibrio y mezcló las capas de agua. [1, 2, 3]
- La liberación masiva: El agua del fondo subió rápidamente. Al perder presión, liberó de golpe entre 100.000 y 300.000 toneladas de CO₂ en una violenta explosión silenciosa que generó columnas de agua de hasta 45 metros. [1, 2, 3, 4, 5]
- Nube pesada: El CO₂ es un gas un 50% más pesado que el aire común. Tras salir a la superficie, la densa nube invisible no se disipó hacia el cielo, sino que descendió por las laderas del cráter a velocidades cercanas a los 100 km/h. [1, 2, 3]
- Asfixia masiva: El gas inundó los valles circundantes y se introdujo en las casas de aldeas como Nyos, Cha y Subum mientras los habitantes dormían. Al desplazar por completo el oxígeno, las personas y los animales perdieron el conocimiento y murieron asfixiados casi al instante, sin signos de violencia física. [1, 2, 3, 4]
- El paisaje del día siguiente: Al amanecer, los pocos sobrevivientes (quienes pasaron hasta 36 horas inconscientes) despertaron en un silencio absoluto. Encontraron aldeas repletas de cadáveres intactos de familiares, vacas, aves e insectos. Las aguas del lago cambiaron drásticamente de su azul natural a un color rojo opaco, debido al hierro extraído del fondo por la erupción. [1, 2, 3, 4, 5]


















