La guerra con Irán acaba de revelar una grieta importante dentro de la estructura militar estadounidense.
Según documentos clasificados citados por The Washington Post, los máximos responsables militares de Estados Unidos advirtieron al secretario de Defensa, Pete Hegseth, que prolongar las operaciones a gran escala contra Irán se está volviendo insostenible y está debilitando la capacidad estadounidense para responder a amenazas en otras regiones.
Los jefes de los comandos de Europa, el Pacífico y América Latina, junto con el máximo responsable de la Armada, llegaron incluso a presentar formalmente un “non-concur”: no estaban de acuerdo con prolongar determinados despliegues, aunque finalmente deben cumplir las órdenes.
La frase que resume el problema es brutal:
“Demasiado durante demasiado tiempo.”
La guerra ya lleva seis meses y Estados Unidos mantiene decenas de miles de efectivos vinculados al conflicto.
El costo no es solamente financiero.
Son barcos, aviones, personal, municiones, inteligencia y sistemas de defensa que dejan de estar disponibles para otras regiones.
Y mientras Washington intenta cerrar el frente iraní, Rusia continúa siendo un problema en Europa y China sigue siendo el principal desafío estratégico en Asia.
Precisamente por eso llamó tanto la atención el viaje secreto del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú.
La visita fue real y ocurrió esta semana. Lo que se discutió exactamente todavía permanece parcialmente oculto. Pero Axios reportó que Ratcliffe planteó a funcionarios rusos la posibilidad de una cumbre entre Trump, Putin y Zelensky para intentar reactivar las negociaciones sobre Ucrania.
Al mismo tiempo, existen advertencias dentro de Washington sobre la posibilidad de que Irán intente realizar una “sorpresa de octubre” antes de las elecciones de mitad de mandato.
Eso, por ahora, es una hipótesis, no un hecho.
Pero el cálculo es sencillo: una nueva escalada que dispare nuevamente el precio del petróleo, provoque bajas estadounidenses o afecte infraestructura energética podría convertirse también en un problema político para Trump justo antes de las elecciones.
Y aquí aparece otro problema:
el petróleo.
Trump acaba de anunciar que Estados Unidos utilizará petróleo venezolano para comenzar a rellenar la Reserva Estratégica de Petróleo, que se encuentra cerca de mínimos de 44 años, alrededor de 290 millones de barriles.
Pero Venezuela no puede simplemente abrir el grifo y producir millones de barriles adicionales mañana.
Su industria petrolera necesita inversiones enormes después de años de deterioro, falta de inversión y problemas operativos.
Así que Washington tiene simultáneamente que manejar:
Una guerra que está consumiendo recursos militares.
Una guerra europea que todavía no termina.
Una Rusia que podría intentar aprovechar cualquier debilidad occidental.
Una China que sigue siendo el principal desafío estratégico a largo plazo.
Un mercado energético todavía vulnerable.
Una deuda estadounidense gigantesca y un mercado de bonos que exige cada vez más atención.
Y encima…
elecciones de mitad de mandato en noviembre.
Por eso el otoño puede ser mucho más importante de lo que parece.
No necesariamente porque vaya a ocurrir una nueva guerra.
Sino porque Washington tiene que conseguir algo extremadamente difícil: terminar o reducir un conflicto mientras evita que otro adversario aproveche el momento para abrir un nuevo frente.
La pregunta ya no es solamente si Estados Unidos puede ganar una guerra.
Es si puede sostener varias crisis simultáneamente sin comenzar a perder capacidad en todas ellas.
Porque una superpotencia no necesita perder una batalla para comenzar a perder margen de maniobra.
A veces basta con tener demasiados incendios encendidos al mismo tiempo.
¿Estamos entrando en uno de los otoños geopolíticamente más peligrosos de las últimas décadas, o estamos viendo simplemente una acumulación temporal de crisis?
Tomado de la red.