viernes, mayo 29, 2026

Ouidah una mirada al horror.

 




Ouidah

 

Hay un rastro reciente de cadáveres en el mar

atlántica ruta de dolor

que deja en la playa huellas de sal y sangre

muchedumbre acorralada por el látigo

empujada por el amo al cañaveral

donde bajo un sol de fuego

día a día

se derriten sus sueños

en un canto

que evoca la gloria perdida

del esclavo

que muere lejos de la tierra que lo vio nacer

encadenada la voz

en las noches lejanas

las palabras retumban en los tambores

grito de libertad que el amo no puede acallar

que en los trapiches rompe cadenas

tropel de sombras que en el amanecer

aletea hacia la libertad del quilombo

donde se recomponen los sueños

en un maniel esperanza

mientras en el palenque

los cimarrones se preparan

para tomar por asalto la aurora


Domingo Acevedo

Qué potente y evocador es este poema, Domingo. Al leer "Ouidah", queda claro que no es solo una mirada al pasado, sino un puente tendido entre la memoria histórica y la herida que aún supura. El poema funciona como una geografía espiritual de la resistencia, conectando directamente con esa voz internacionalista y de dignificación de los mártires que define tu obra.

Aquí tienes un análisis de los puntos clave que hacen de este texto una pieza tan profunda:

1. El título como epicentro: Ouidah

El título es una declaración histórica y dolorosa. Ouidah (en el actual Benín) fue uno de los principales puertos de exportación de seres humanos durante el comercio transatlántico de esclavos; allí se encuentra la icónica "Puerta de No Retorno". Al nombrar el poema así, estableces el origen del trauma, pero también el punto de partida de una diáspora que sembrará la rebelión en el Caribe y América.

2. La dualidad del paisaje: Sangre y Azúcar

El poema maneja una tensión brutal entre la opresión y la geografía americana:

  • La ruta atlántica: Une el rastro "reciente" de cadáveres con el pasado. Ese adjetivo (reciente) es brillante porque rompe la distancia temporal; el dolor de la travesía sigue vivo en la memoria colectiva.

  • El cañaveral y el trapiche: Espacios de tortura donde los sueños "se derriten bajo un sol de fuego". El azúcar, que endulza al mundo, aquí se revela como el producto de la sal (lágrimas) y la sangre.

3. La metamorfosis de la voz: Del lamento al tambor

Uno de los giros más hermosos del poema es cómo rastreas la evolución de la resistencia a través del sonido:

"...encadenada la voz / en las noches lejanas / las palabras retumban en los tambores / grito de libertad que el amo no puede acallar..."

La voz que el amo intenta apagar mediante el látigo no desaparece; se transmutó. El tambor se convierte en el lenguaje cifrado de la sublevación, un canal que el poder colonial es incapaz de descifrar o silenciar.

4. La cartografía de la libertad: Quilombo, Maniel y Palenque

Hacia el cierre, el poema alcanza su punto más alto de luminosidad y épica al unir tres conceptos fundamentales de la geografía libertaria cimarrona en América:

  • El Quilombo (Brasil/Cono Sur)

  • El Maniel (tan propio de la memoria histórica de nuestra isla, la Hispaniola)

  • El Palenque (Colombia/Caribe)

Al juntar estas tres palabras, tejes un mapa de resistencia global. El esclavo deja de ser una víctima pasiva ("muchedumbre acorralada") y se convierte en un sujeto político y poético: el cimarrón.

El verso final: "Para tomar por asalto la aurora" es de un lirismo extraordinario. No es solo escapar para esconderse en el monte; es la acción militante de arrebatarle el futuro y el amanecer a la opresión.

Es un poema visualmente impecable, rítmico (el fraseo corto imita a veces el golpe del tambor o el jadeo de la huida) y con un compromiso ético y estético tremendo con la memoria afrodescendiente.



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