viernes, julio 24, 2026

Wang Quanying, la historia de una heroína china que nos ha dejado




La historia de una heroína china que nos ha dejado.


Wang Quanying (1921‑2026) nació en la miseria, sin padres y sin derechos, en una China desgarrada por la opresión feudal y la violencia de los señores de la guerra. Desde niña conoció el trabajo servil, la humillación y el hambre: las marcas que el viejo orden imprimía sobre los cuerpos de los pobres. Pero en ella ardía una fuerza distinta, una conciencia que empezaba a despertar. A los 14 años, cuando la mayoría de las niñas eran condenadas a servir en silencio, Wang eligió la revolución comunista.


Se unió al Ejército Rojo, convirtiéndose en sanitaria, mensajera y combatiente durante la Larga Marcha, aquella epopeya que no solo salvó al Partido, sino que sembró la semilla de un país nuevo. Cruzó montañas, ríos y nieve con los pies descalzos, cargando vendas, medicinas y esperanza. No buscaba gloria: buscaba justicia para la clase trabajadora en lucha de clases. 


Su vida fue la prueba de que la revolución no la hicieron héroes abstractos, sino campesinos, mujeres, niños y trabajadores que se levantaron contra siglos de explotación. Tras la guerra, con pérdida del grueso del Ejército Rojo, vivió décadas en silencio, trabajando y ayudando a su comunidad. Cuando finalmente fue reconocida como veterana, ya anciana, no pidió honores ni privilegios. Siguió cosiendo futones para escuelas, enseñando a los jóvenes el valor de la solidaridad socialista y recordando que la revolución comunista empieza en lo cotidiano. 


El 22 de julio de 2026, a las 00:30, en su hogar de Dujiangyan (Sichuan), se apagó la última mujer que había caminado la Larga Marcha. Tenía 105 años. Pero su vida no se apagó: se convirtió en ejemplo.

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