jueves, septiembre 24, 2026

Amín Abel Hasbún.

 Quién fue Amín Abel Hasbún, asesinado un día como hoy, hace 56 años?

Amín Abel Hasbún, participó de manera activa en las luchas a favor de la autonomía de la la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD

Amín Abel Hasbún, participó de manera activa en las luchas a favor de la autonomía de la la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD

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Hoy 24 de septiembre se conmemora el 56 aniversario de la muerte de Amín Abel Hasbún, quien participó de manera activa en las luchas a favor de la autonomía de la la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y el fuero universitario, para que la misma fuese abierta, democrática y popular.

Pero, ¿Quién fue Amín Abel Hasbún? Este líder estudiantil nació el 12 de octubre del año 1942, en Santo Domingo, fue hijo de Mahoma Abel y de Liliana Hasbún, estudió en el Colegio La Salle de donde egresó como bachiller con importantes reconocimientos por sus excelentes calificaciones.

Llega a la universidad durante la última etapa de la tiranía sintiendo aquel aire de libertad y de compromiso con el pueblo y la academia, motivando esto su ingreso al entonces “Movimiento 14 de Junio» y al grupo Fragua luego de la decapitación de la tiranía trujillista en 1961.

Amín Abel como presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), organizó las grandes movilizaciones estudiantiles que enfrentaron la barbarie golpista en contra del gobierno constitucional del profesor Juan Bosch el 25 de septiembre de 1963, en donde el nuevo orden político se adueña de la academia y los estudiantes fueron perseguidos y apresados.

Al producirse el levantamiento del 24 de abril de 1965 y posterior intervención militar extranjera, Amín se integró activamente a la lucha en los comandos del «14 de Junio» y permaneció hasta el final en los frentes de batalla, enarbolando simultáneamente armas y principios democráticos.

Amín continuó sus luchas en defensa del pueblo dominicano y en contra de la dictadura balaguerista reinstalada en 1966 con el apoyo de Mirna Santos, quien fuera su esposa y madre de sus hijos, y quien lo respaldó hasta el último momento de su vida.

Pero las fuerzas más recalcitrantes del gobierno de entonces no podían resistir las luchas de Amín, no solo en la UASD sino en el seno de la población, así que tramaron su asesinato, que fue consumado aquel 24 de septiembre 1970.

La UASD conmemora. La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), conmemora la fecha y su rectora , doctora Emma Polanco Melo, resaltó la entereza, valentía y el compromiso que caracterizó a Amín Abel Hasbun tanto con la UASD como con el país, convirtiéndose en la pieza clave en el grupo estudiantil Fragua y además colaborando en el proceso del Movimiento Renovador, donde sus acciones fueron la base en la reconstrucción de la universidad del pueblo.

De su lado, el decano de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura (FIA), ingeniero Amparo Céspedes, señaló que, al producirse la muerte de Amín, el Consejo Universitario lo invistió con el título de Ingeniero Civil Magna Cum Laude, e instauró en su honor el “Premio al Mérito Estudiantil Amín Abel Hasbun.”

#UASD.

#REP. DOMINICANA.

#PALESTINA.

miércoles, septiembre 23, 2026

El legado mas caro de un maestro.



El legado mas importante de un maestro.

Lo mas importante en un maestro no es la cantidad de años que tengas en las artes marciales, ni los grados que poseas, ni los trofeos y medallas ganados, ni los muchos alumnos que hayan pasado por sus manos.

Pienso que lo verdaderamente valioso es que, al mirar hacia atrás, uno se puedas sentir satisfecho del camino recorrido y puedamos ver con regocijo cómo nuestros alumnos siembran en tierra fértil la semilla de nuestras enseñanzas.

Ese pienso, es el mayor logro de un maestro al llegar al ocaso de su vida, que su legado fructifique y se multiplique en el tiempo.

Domingo Acevedo
Noviembre de 2023

Un hongo






 

ANDRES DIROCIE MONTAS DE LA ESCUELA DE de Comandos Hombres Rana.

 






ANDRES DIROCIE MONTAS

Andrés Dirocié Montas nació en la provincia de San Juan de la Maguana el 4 de septiembre del año 1942. Ingreso a la Marina de Guerra el 3 de abril del 1961 y en el mes de febrero de 1962, ingresa a la ¨Escuela de Comandos Hombres Rana¨, junto a más de cien aspirantes, trasladado al municipio de Boca Chica, asignados a un campamento en Andrés; de ese grupo el 24 de febrero del 1964 se graduaron siete, siendo Dirocié uno de ellos. En el momento que estalla la Revolución de Abril ostentaba el rango de cabo del ¨Comando Hombres Rana¨, de la Marina de Guerra de la Republica Dominicana. El y solo él nos puede narrar su participación en esos días glorioso de la Patria.
-¨Mi participación en los acontecimientos del abril, se inicia en la Francia Nueva, Villa Duarte, donde vivía. Había tomado mis vacaciones el día 15 de abril de la jefatura de la Marina de Guerra, en el Centro de los Héroes y esperaba cobrar mi sueldo para ir a visitar mis familiares a San Juan, luego de haber regresado de la escuela de las Américas de la Republica de Panamá al suspender mis estudios, ya que todos los militares que se encontraban fuera del país fueron regresados, a causa de los acontecimientos políticos que se estaban suscitando en el país. Aproximadamente a la 1:30 de la tarde de ese sábado llame a la jefatura de la MdeG, para informarme si estaban pagando el sueldo del mes de abril. La respuesta de mi interlocutor fue que el comandante Jiménez Collado se había llevado mi cheque junto con loa de los compañeros que prestaban servicios en San Souci. Pues, pensé, cobrare el lunes.
Cuando Salí del cuartel de la Policía Nacional, desde el cual hice la llamada me sorprendo con la multitud en las calles al grito de: ¨Juan Bosch y la Constitución del 63¨. Me dirigí a mi casa y junto a los vecinos y algunos compañeros militares, evaluamos y comentábamos los acontecimientos. Al oír las noticias de que mis compañeros hombres rana, al frente del cual estaba el comandante Montes Arache, estaban del lado del honor y protagonizaban las acciones de combate, el domingo en la mañana, Salí hacia el campamento de Sans Souci, junto a varios civiles. Entramos al local y encontramos algunos fusiles Máuser y dos ametralladoras Cristóbal. En ese momento, el campamento 18 de diciembre, sede del Ejercito Nacional, en Villa Duarte, se unía al pueblo y junto a los compañero hombres rana Juan Vicente Calderón, los hermanos Marmolejos, el sargento E.N., Martin Colon y otros militares y civiles hicimos frente a los guardias del CEFA por las inmediaciones del proyecto del Faro a Colon, replegándose estos hasta el hospital Darío Contreras. De ahí nos unimos a los compañeros acantonados sobre el puente Duarte, protegiéndonos de los bombardeos con los camiones del CEA y obstáculos que impedían el tránsito de tanques y movimientos vehiculares con soldados desde San Isidro¨.
¨La noche del domingo, quien suscribe, pernotamos en un sótano de la casa del primer teniente Colon, tío de los hermanos Martin y Andrés Colon, con sus familias y mi esposa Dalila, con una niña de apenas dos meses. Fue de esa manera que con el trasnoche y el cansancio, en las primeras horas del lunes 26 me decidí abandonar el refugio, con la ropa que llevábamos puesta mi esposa y yo, los biberones y algunas pertenencias de la niña. Envolví mi pistola en los pañales, tome la niña en mis brazos, para no despertar sospecha. Llegamos hasta la orilla del rio Ozama, por las inmediaciones donde se levantó el puente Sánchez (el de la bicicleta), contrate un yolero por diez centavos y así hicimos la riesgosa travesía. En la calle Vicente Nobles con Avenida Mella, luego de más de dos horas, bajo los tiros, logramos llegar hasta la línea Estrella Blanca, frente a los bomberos de la Avenida Mella. le propuse a Dalila que se fuera a San Juan con la niña, porque yo me quedaría apara integrarme a la lucha. Ante la negativa de ella, tratando de persuadirla, sufrió un ataque de histeria, por lo que fue necesario sedarla en la clínica del Dr. Franco.
Media hora después se calmó y le entregue la niña a una señora que sería compañera de viaje. Esa despedida fue muy triste, pero el deseo de luchar junto a mis compañeros hombres ranas, quienes ya habían adquirido renombre en los primeros combates, me obligaba patrióticamente a unirme a ellos. De allí me dirigí al parque Independencia. Durante el ¨corre y corre¨ identifique algunos compañeros, y un pueblo en las calles reclamando sus derechos de libertad. En ese momento se conjugaban todos los sectores de la sociedad. Médicos, abogados, estudiantes, obreros de diferentes sindicatos y lo que era muy importante, mujeres de todas las edades y clases sociales, entre ellas jóvenes de 14,15 y 16 años, con piedras, palos y algunas con escopetas y apones de pescar adquiridos en las tiendas de equipos deportivos de la zona.
Fueron acciones que al presenciarlas era necesario tener una mente muy conservadora y recalcitrante para no sumarse a aquel plebiscito. Igual panorama se registraba en todas las provincias a nivel nacional. La gente corría enfurecida a las guarniciones militares y policiales a buscar armas, muchos de los cuales se unían al pueblo con sus armas, de reglamento; otros aunque apoyaban el movimiento, se mantenían en sus cuarteles esperando el desenlace de los acontecimientos. El público se movilizaba por las calles a pie y en vehículos, como demostración de apoyo al movimiento que se iniciaba. Del lado de la Policía Nacional, específicamente los llamados ¨casco blancos¨, eran enviados a reprimir al pueblo en las ¨perreras o ¨guaguas celulares y hacían prisioneros a los luchadores contra el régimen de facto, mientras que los insubordinados, con los pocos medios que disponían hacían frente a las unidades represivas. Es de esa manera que mi primera acción fue enfrentar con mi pistola una patrulla de los ¨cascos blancos¨, junto a una multitud que les hizo frente en las calles Espaillat, Santomé y Arzobispo Nouel, donde murieron varios policías y algunos lograron escapar heridos, por los patios de unas casas derribando las puertas a culatazos.
En este enfrentamiento obtuve una carabina Cristóbal, con la cual junto a un grupo de soldados y civiles, partimos hacia la Av. Máximo Gómez, y enfrentamos a los soldados de transportación que avanzaban y desde la fábrica de clavos, el cementerio y la fábrica de sacos, se libraron grandes batallas y la multitud por cada soldado que caía se apropiaba de su fusil y se integraba al combate. Allí obtuve un fusil Fal y varios cargadores de un soldado que cayó en combate. A partir de esos acontecimientos se inició la organización de los comandos de resistencia. Conformados por militares salidos de los cuarteles y veteranos, comandados según los rangos. De igual manera, se formaron comandos de apoyo mixtos, conformados por militares y civiles, cuyos nombres obedecían a un prócer o mártir de la historia dominicana, agrupación política, sindicato, el de una provincia, por ejemplo, Comando Luperón, comando 14 de Junio, MPD, B-3, Los Rolitas, comando Barahona, los Sanjuaneros, Salcedo, Escuela Brasil, comando Escuela Chile, comando POASI, Pichirilo, Pedro Cadena, Luperón, comando de la Diecisiete, etc. De igual manera se unió a la lucha un grupo de haitianos con ideas progresistas formando su comando ¨Jean Viaux¨, en honor al gran poeta y combatiente caído en combate y otros de diferentes nacionalidades, quienes con su experiencia militar en sus países apoyaron la causa nuestra. Todo discutían en el fragor de la lucha y a diario caían en combates militares y civiles en mayor número. Muchos de los civiles como es natural, caían por falta de entrenamiento militar y el desconocimiento en el manejo de las armas. La consigna de los líderes del movimiento y la multitud en las calles era de: ¨Juan Bosch y el retorno a la Constitución¨.
El lunes 26, ante la incertidumbre, vacilación y las amenazas de la derrota del movimiento constitucionalista, el presidente Molina Ureña y algunos dirigentes del PRD se acogieron a la protección de embajadas amigas. Unos se escondían, otros se fueron a la vecina isla de Puerto Rico. Mientras tanto, los golpistas y traidores juntos a generales y coroneles, huían como ratas y buscaban refugio y protección en el portaviones Bóxer de USA. Otros, se refugiaron en la Base Aérea de San Isidro, desde donde observaban como el ¨gato sobre un árbol huyéndole al perro¨, esperando la oportunidad para tirarse hacia el lado que les ofreciera más protección. Según la versión del embajador John Bartlow Martin, enviado especial del presidente Lyndón B. Johnson, esos generales y coroneles lucían desesperados y llorosos, suplicando por la rápida intervención de Estados Unidos, demostrándose la incapacidad personal y operativa y la absoluta falta de mística de las FFAA; y de sus jerarcas militares, la que fue suplida por los interventores ¡QUE VERGÜENZA!
El martes 27 la mayoría de los regimientos militares tanto de la ciudad como de los pueblos fingían estar con el pueblo, mientras se negaban a entregarle las armas. Es de esa manera que las masas enardecidas, juntas al coronel Caamaño, junto a oficiales y algunos dirigentes del PRD y representantes de agrupaciones de izquierda fueron invitados por el embajador a la sede de la Embajada de EUA, donde se encontraba el presidente Molina Ureña, con la finalidad de negociar un alto al juego y ante el desprecio, la arrogancia y la humillación a que fueron sometidos por el funcionario, quien los conmino a que era hora de entregarse, Caamaño, lleno de coraje, le dijo: ¨Señor embajador, quiero que sepa que le vamos a demostrar que hay dominicanos que tenemos vergüenza y c cuando tenemos que morir, lo hacemos con honor, coño…este es un momento de lucha, no de entregarse¨.
¨Salieron bruscamente de la sede diplomática yanqui y junto a una comitiva marcharon hacia el parque independencia. Luego de reunirse con la plana mayor de oficiales y civiles, Caamaño lanzo la proclama en forma de arenga: él que se sienta ser un hombre y no tema morir que me siga¨. Ante ese clarín de guerra el coronel Montes Arache, el profesor italiano Illio Capozzi, el coronel Lora Fernández, el capitán Deño Suero (tío de Caamaño), el capitán Peña Taveras, el capitán Lachapelle Díaz, el capitán García German, el mayor ¨Chi¨Liberato MdeG, el capitán Silberberg, el capitán Vargas Luna, y otros oficiales, más de 80 hombres rana y un sin número de soldados de diferentes instituciones, policías y civiles junto al pueblo, marchamos en dirección al puente Duarte y al llegar a las proximidades de las calles Juana Saltitopa (Sector de Borojol), los bombardeos causados por los aviones de San Isidro habían destruido y ardía en llamas todo el sector y la inmensa humareda y los cadáveres y heridos esparcidos en las calles, la multitud enardecida con su sed de justicia , gritaba: ¨Caamaño, Caamaño¨, ¨queremos armas¨ , a lo que el coronel desde la capota de un vehículo respondía: ¨las armas las tiene el enemigo¨, lo que fue la arenga para escribir una página más en la historia del pueblo, donde surgieron los verdaderos generales con el fusil y la pólvora, en el campo de combate. Ese martes 27, en la cabeza del puente Duarte, con una tarde gris y nubarrones en el cielo, se dio una de las más grandes batallas, donde los soldados constitucionalistas, junto a sus unidades de artillería y armas arrebatadas al propio enemigo, compuestas por tanques, ametralladoras antiaéreas, cañones, bazucas , emplazadas en ese momento del lado de la trinchera del honor, se destacaron los comandantes de esas unidades, el capitán Píndaro Peña Perelló, quien en la mañana del domingo 25 había movilizado desde el interior del campamento 6 de noviembre 4 cañones Howitzer calibre105 mm, 4 ametralladoras cubre 50 y varias unidades de artillería de diferente calibre para impedir cruzar el puente Duarte y hacer resistencia a los tanques, unidades de combate y soldados de San Isidro. Al comandante Peña Perelló le acompañaban los tenientes Salcedo, Fabio Chestaro, Arias Collado y el teniente Bisonó, quien finalmente murió en ese combate. Asimismo, la valiosa participación de combatientes del hermano pueblo haitiano, como fue el gran mártir Rene Baptista, quien con su bazuca en hombro inutilizo la mayoría de los tanques del enemigo. También hay que mencionar las famosas bombas molotov. No podemos olvidarlos combatientes anónimos, quienes pusieron de manifiesto el coraje de un pueblo cuando se decide a ser libre, como sentencio Jefferson: ¨El árbol de la libertad hay que regarlo con sangre¨. Como también señala la sección III Art. 93, de la Constitución del 1963.
LA GUERRA CAUSO DIVISION ENTRE AMIGOS, HERMANOS Y ESPOSOS.
Después de los fieros combates del martes 27 y afianzar nuestras posiciones en la parte occidental del puente Duarte, Caamaño constituyo el Comando Central Constitucionalista, encabezado por él y seguido por el capitán de navío Manuel R. Montes Arache, comandante de operaciones, coronel Juan Ma. Lora Fernández, jefe de Estado Mayor E.N; coronel Marte Hernández, asistente del coronel Caamaño, mayor Manuel García German, coronel Álvarez Olguín, comandante zona norte, así como reconocidos oficiales y civiles, a quienes se les asignaron posiciones de entera confianza. El local elegido fue en la segunda planta de la calle Canela esquina Pina, Ciudad Nueva y en la seguridad del Comando Central fue nombrado el primer teniente Pimentel García, a quien le asignaron varios hombres rana y guardias del E.N; de cuyo equipo forme parte. Recuerdo que teníamos que dormir sobre unos cartones y por las mañanas matábamos las ¨chinchas¨ que se alimentaban de nuestra sangre.
Con esta demostración, desmoralizamos y humillamos a los ¨ jefotes inorgánicos¨ de San Isidro y la única resistencia contra el bando constitucionalista la constituía la Fortaleza Ozama. Pues, allí podían aterrizar helicópteros con militares de Wessin, para reforzar las posiciones de los ¨ cascos blancos¨. Regimiento policial, comandado por el coronel Manuel Valentín Despradel, amigo, compañero de armas y compadre del coronel Caamaño, a quien trataba de persuadir para que se integrara al movimiento. Es de esa manera, que ante la negativa del coronel Despradel, el viernes 30 en horas de la mañana se decidió poner fin a la única amenaza para el bando constitucionalista.
Como se pude demostrar, la guerra causo división entre hermanos de sangre; entre familias unidas durante toda la vida, de sacramento de compadres y comadres; de amigos y compañeros de armas inseparables hasta ese entonces. Me llega a la memoria que durante los acontecimientos de abril mi padre vino desde San Juan de la Maguana a tratar de persuadirme, al igual que a mis otros hermanos, para que nos saliéramos de la guerra. Mi dolorosa respuesta fue: ¨papá le voy a buscar un fusil para que este junto a nosotros¨. Ante mi reacción, lo note afligido y con cierta timidez me dijo: ¨mi hijo, tu sabes que por mi edad no puedo hacerlo¨, y le reposte: ¨pues con todo el respeto y el cariño que usted me merece, esa fue mi decisión y de aquí saldré solo muerto o con la victoria del pueblo¨. Debo confesarles que me fue muy doloroso decirle seo a mi padre y hasta los ojos se me humedecieron, pero entendía que el deber me llamaba y no debía defraudar a mi país, con la decisión de abrazar su causa.
Igual posición asumí con mi primo el segundo teniente de la policía Octavio Dirocie Adames, quien prestaba servicios en el Campamento Duarte de la avenida Independencia esquina Abraham Lincoln. En una conversación telefónica que sostuvimos en esos días me comunico que había hablado con su ¨jefe¨, un coronel de la institución para que me diera protección. Mi repuesta tajante y cortante fue: ¨Yo estoy del lado del honor, usted está del lado de los genocidas¨. Eso basto para que nos mantuviéramos distanciados hasta después del gobierno de Don Antonio Guzmán, cuando ya estaba pensionado y fue a visitar a mi mamá, a San Carlos, quien era su madrina. Pero el hecho más significativo que podemos comentar, fue el caso del mayor piloto Pedro Dipp Medina, quien participó en los bombardeos del puente Duarte y el Palacio Nacional, mientras que su esposa Fellita, prima hermana de Caamaño, junto a sus dos hijos, se mantuvo del lado del honor, como secretaria de su primo, el coronel Caamaño. Fellito, al finalizar la guerra acompaño al coronel Caamaño, junto a la familia de este, hasta el exilio de la ciudad de Londres, el 22 de enero de 1966, por temor a la represalia que pudiera venir en su contra, incluso por su propio esposo, causa por la cual no se reconciliaron jamás, ni a la hora de su muerte.
LLEGADA Y MUERTE DEL CORONEL FERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ Y SUS DECISIONES
El coronel Rafael Tomas Fernández Domínguez, soldado del pueblo y mártir de la libertad, fue el ideólogo y cabeza principal del movimiento por el retorno a la constitucionalidad de 1963, llego al país desde Puerto Rico, el día 14 de mayo y se integró de inmediato a la lucha. Desde el momento de pisar suelo dominicano entro en acción, se quitó las insignias de coronel y proclamo: ¨soy soldado raso y mi rango lo conseguiré en el frente de combate¨, fiel seguidor de las ideas del Che Guevara y, al igual que él, proclamaba; ¨ES PREFERIBLE MORIR DE PIES, QUE VIVIR DE RODILLAS¨, antes del 19, junto al coronel Montes Arache y sus hombres en la ¨Operación Lazo¨, causaron grandes bajas al enemigo apostado en el Palacio Nacional, pero luego de esas escaramuzas estos se reagruparon con la protección de los invasores y reforzaron sus posiciones. El coronel Fernández Domínguez se reunió en el edificio Copello con la plana mayor del gobierno constitucionalista y propuso la toma definitiva del Palacio Nacional como punto estratégico para instalar el gobierno constitucional; lo que produjo una serie de contradicciones entre los miembros del Estado Mayor y el ministro de guerra Montes Arache, quien considero esta acción una barbaridad. El coronel Fernández Domínguez planteaba la trascendencia y el efecto que causaría a los militares de San Isidro, quienes nos enrostraban que contaban con los aviones y que nuestro gobierno solo contaba con cuatro cuadras de la capital y con las garzas blancas que volaban en el malecón; finalmente, el presidente Caamaño dio el visto bueno al proyecto por la tesis del coronel Fernández Domínguez de que ¨la toma del Palacio significaba un símbolo de poder¨, además de que allí habían muchas armas y municiones, la cuales necesitábamos. Definitivamente se decidió la toma del Palacio el 19 de mayo.
Para la riesgosa misión se formaron tres frentes de combate: el primero encabezado por el propio coronel Fernández Domínguez, los Hombres Ranas, sargento Ramón E. Santiago, cabo Juan Concepción Santa, José del Orbe de la Cruz, Juan Castro Concepción, los tenientes de navío Fausto Vargas Luna y Lara Rivas, este último fue herido en un brazo, y un grupo de hombres pertenecientes en su mayoría a las organizaciones de izquierda como Juan Miguel Román, Euclides Morillo, Amaury German Aristy, Norge Botello. Esta columna partió desde el parque Independencia hacia el norte por la calle 16 de Agosto, calle Trinitaria, calle Abreu hasta la 30 de Marzo.
El segundo grupo lo encabezaba el coronel Montes Arache, con una columna formada mayormente por sus hombres rana, de la cual forme parte y recuerdo a los compañeros: Aníbal López, Alberto Rodríguez, Raúl Méndez Lama, Eduardo Ruiz Batista, Manuel Pineda, Máximo Cruz peña y tantos valiosos compañeros que con los años he olvidado, pero que cada uno de ellos tuvo su leyenda de la guerra. Este frente subió la calle 16 de Agosto, callejón Imbert, 30 de Marzo, hasta la esquina formada por la calle Manuel María Castillo; protegiéndonos con el edificio Garrido Puello de 5 plantas y desde la azotea, disparábamos a los nidos de ametralladoras en la cúpula del Palacio Presidencial, con fusiles y un mortero de mano manipulado por el francés Andrés Riviere. Quien esto escribe le suministraba los proyectiles de una mochila. Luego nos situamos en la parte norte del edificio en el patio contiguo; allí recibimos el tableteo de ametralladoras del banco enemigo y casi perdemos la vida, incluyendo al comandante Montes Arache, por un proyectil de mortero lanzado desde los jardines del Palacio Nacional y gracias a la destreza nuestra, solamente recibió una herida leve en la mejilla izquierda el compañero Raúl Méndez Lama.
El tercer grupo era encabezado por el profesor italiano Illio Capozzi, con una columna de hombres rana, soldados de diferentes instituciones y civiles, con una tanqueta como unidad de apoyo. Al llegar a la verja sur del Palacio Nacional, el comandante Capozzi puso en práctica sus grandes conocimientos y experiencias como veteranos de guerra pero cayo mortalmente herido en los jardines del Palacio, luego de saltar las verjas. Ya con la oscuridad de la noche nos replegamos al comando del callejón Imbert para reflexionar ante la triste noticia de que aun sin disparar su fusil había caído el coronel Fernández Domínguez, el gran líder del 14 de Junio Juan Miguel Román, el joven José Jiménez, Ramón Tavares Méndez y herido de gravedad el joven Euclides Morillo, quien falleciera posteriormente en el hospital Padre Billini.
¿QUIÉN FUE ILLIO CAPOZZI?
Un oficial guerrero y académico. Hablaba los idiomas italiano (idioma materno), alemán, francés, inglés y español.
Alcanzo el grado de capitán de la Gestapo de Hitler, con su experiencia en la guerra en Abisinia (Etiopia), Italia, Alemania, Francia, Polonia y Rusia. Fue miembro de la Legión Extranjera Francesa en el norte de África e indochina (Vietnam). Siendo instructor en la Escuela de Comandos de Hombres Rana, una unidad elite de la MdeG, comandada por el fiero coronel Montes Arache se unió a las fuerzas constitucionalistas lideradas por Francisco A. Caamaño. En la batalla del puente Duarte, Capozzi era el único veterano de guerra y enseño a Caamaño estrategias y tácticas de combate en alta lucha y cielo abierto. Entre disparos y disparos asesoraba e instruía a los demás combatientes a luchar en medio de la batalla, a pelear, a derrotar aplastantemente y ganar la guerra civil más patriótica y digna, pero la más sangrienta de nuestra historia. Illio Capozzi, el guerrero feroz y titán de mil batallas, perdió la vida en el asalto al palacio con el cañón humeante de su fusil G-3, cuando una ráfaga de ametralladora atravesó su casco protector. Nació en Roma el 16 de noviembre del año 1918, a la hora de su muerte tenía 46 años y después de pasarse toda su vida, coqueteándole y desafiando a la muerte, cae por la causa de un pueblo, sin importar su edad, del lado de la dignidad y el decoro.
Aquella derrota en el campo militar fue muy significativa para el movimiento constitucionalista, por la denotada participación directa de los invasores a favor del bando de San Isidro, ya que las balas que quitaron las vidas al coronel Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Euclides Morillo, José Jiménez y Ramón Taveras fueron disparadas por los intrusos, desde su trinchera de la calle México esquina 30 de Marzo, sin que les dieran tiempo a disparar sus armas. Fue una noche de gran tristeza para todo el movimiento revolucionario, sus comandantes, soldados y para el pueblo, que siempre estuvo a nuestro lado. Protegido en el comando del callejón Imbert con 30 de Marzo, desde las trincheras de los invasores y desde las posiciones de los militares lacayos desde las azoteas del palacio nacional, el tableteo de las ametralladoras de diversos calibres, nunca ceso, al extremo que una ambulancia de la Cruz Roja que bajo de reversa por la calle Abreu, con la finalidad de recoger los cadáveres de los caídos, fue tiroteada y su conductor y los paramédicos la abandonaron y sus luces se fueron apagando lentamente al descargarse su batería. Para reforzar el personal del comando, fuimos designados, junto a los compañeros rana Ulises Jiménez Melo, Evangelista Fabián, José Manuel Núñez, el cadete MdeG Manuel Herasme, ¨ Maneco¨, el cabo P.N. Perfecto Camacho y el profesor de lucha libre Antonio (El Árabe), entre otros militares y civiles.
Siendo aproximadamente las 8:00 de la noche llego el primer teniente Claudio Caamaño, con la orden expresa de sacar específicamente el cadáver del coronel Fernández Domínguez y llamo a una formación general, y nos arengo: ¨por órdenes del presidente Caamaño debemos sacar el cadáver del coronel Fernández Domínguez¨, señalando de la formación a cuatro de los presentes: al suscrito, al marinero Carlos Sánchez Payano, al combatiente ¨Cacaíto¨ y al combatiente luchador profesional Antonio ¨El Árabe¨. Nos miramos fijamente a los ojos a pesar de la oscuridad, cual luciérnagas. En mí reino un silencio sepulcral, pero al instante reflexioné sobre la orden militar que dice: ¨el buen soldado no se ofrece para una misión, pero tampoco se niega….¨
A sabiendas de que íbamos camino a la muerte emprendimos el viaje arrastrándonos por el contén mientras las balas silbaban a más o menos a un metro de nuestras cabezas, con una dirección que apenas utilizábamos el tacto de objetos que se nos pareciera a persona humana, los latidos de mi corazón se hacían tan intensos que por momentos creí se salía de mi espacio torácico. En ese instante pensé en mi traslado en pocos segundos de la vida a la muerte; del mismo modo pensé que también moriría el proyecto que mi mama se había planteado de venir del campo a la capital, en busca de un mejor futuro. En esa difícil misión logramos encontrar dos cadáveres, los que amarramos con cables del tendido eléctrico allí tirados, sin levantar la cabeza ni un centímetro por encima del contén, nuestro fiel protector y aliado en aquel momento tan crucial. Luego de esa acción llegamos al comando, ¡y qué sorpresa! No trajimos el cadáver del coronel Fernández Domínguez, por tales razones no nos quedó otra alternativa que emprender el segundo viaje a la muerte…
Queridos lectores, hoy estoy contando estos hechos y me parecen como un sueño del cual se despierta con una pesadilla, pero según la ley de la vida ese día no estaba marcado para morir, tampoco el de los demás compañeros que han contado esa hazaña y experiencias de la guerra, razón por la cual he querido dejar plasmada esta experiencia que espero ninguno de los que tengan la amabilidad de leerlas la vivan. No debemos de dejar de mencionar que las ropas que vestíamos al momento del rescate de los cadáveres fue necesario quemarla porque fue manchada de sangre en su totalidad. Debemos resaltar de igual manera que los organismos de seguridad del enemigo planificaron muy bien el golpe de efecto que nos ocasionarían, ya que su principal objetivo fue asesinar a las tres cabezas principales de los frentes que atacamos el palacio. No sucedió lo mismo con el comandante Montes Arache y sus hombres, por las destrezas y los conocimientos militares para lo que fuimos entrenados y que pusimos en práctica, por lo que debemos recordara que fuimos el terror tanto de los militares contrarios como de los propios invasores, como veremos en los acontecimientos del 15 y 16 de junio.
Se hizo notar loa cobardía y ensañamiento por parte de los saldados que prestaban servicios en el Palacio Nacional por el hecho de que al caer mortalmente herido el profesor Illio Capozzi, en los jardines de la parte sur del Palacio, su cadáver fue profanado por los militares de San Isidro y no permitían que fuera retirado del lugar por el equipo de médicos del Hospital Padre Billini. Recuerdo que estando de servicio en el puesto de avanzada en la esquina Manuel María Castillo con 30 de Marzo, junto al compañero Estanislao Núñez, como a las 8:00 de la mañana del día 20.pasaron dos limpiabotas y nos dijeron: ¨miren, allí hay un hombre muerto vestido con ropa igual a la de ustedes¨. De esta maneara nos dimos cuenta que era el cadáver de Capozzi, por lo que avisamos al comandante Montes Arache y luego de varias diligencias, fue por mediación de la Cruz Roja Internacional y unas monjitas del hospital Padre
Billini fue sacado el cadáver el día 20 y llevado hasta el hospital antes mencionado.
BATALLA DEL HOTEL MATUM
Transcurría el mes de diciembre y el sábado. Día 18 en horas de la mañana el coronel Caamaño, fue llamado a las 10:00 a.m. por el Presidente provisional García Godoy a su residencia, y le sugirió no asistir a la ciudad de Santiago, a la misa en recordación al coronel Fernández Domínguez, al cumplir siete meses de su muerte, como estaba programado.
Ante la sugerencia, el coronel Caamaño le informo, que para estos actos ya se habían hecho invitaciones por varios medios, escritos y radiales. El Dr. García Godoy reitero su oposición al viaje, porque conocía de las reuniones que habían celebrado en la Base Aérea de San isidro, el teniente general Bruce Palmer jefe de los invasores de EUA, el secretario de las FFAA, contraalmirante Rivera Caminero y el jefe de las Fuerzas Aérea Dominicana, general Juan de los Santos Céspedes, para planear los atentados contra Caamaño y su plana mayor, en la ciudad de Santiago. El coronel Caamaño le riposto que iría sin importarle las consecuencias y salió apresuradamente de la oficina. Me relata el comandante Pedro German Ureña, jefe de la escolta, que ante la negativa de Caamaño a desistir del viaje, fue llamado por el presidente por segunda vez a las 2: p.m. y Caamaño mantuvo su posición, por última vez fue llamado a las 6: pm. Ante la aptitud firme de Caamaño y su negativa a desistir del viaje, el presidente lo despidió diciéndole, ¨está bien, caco duro, te van a atacar en el camino, cuídate¨. Ante esta acción, el comandante Ureña, quien esperaba a Caamaño sentado en un banco en el ante despacho, un sargenteo de la seguridad de García Godoy le coloco el cañón de su fusil en el abdomen en forma amenazante y salieron apresurados. Esa noche, se ultimaron los detalles y en las primeras horas de la mañana del día 19, partimos en caravana, desde el malecón y antes de las 7 de la mañana ya estábamos en la iglesia. Durante el desarrollo de la misa en la explanada exterior había un murmullo y se pudo identificar a algunos calieses espiándonos, con quienes se produjeron algunos incidentes de poca importancia, razón por la cual el sacerdote, aun sin terminar la misa mostro cierto temor y nos conminó a que saliéramos del recinto religioso.
Nos trasladamos al cementerio a depositar una corona en la tumba del coronel Fernández Domínguez, luego de las palabras del coronel Caamaño, en el momento en que el señor Héctor Aristy exponía algunas semblanzas en honor al Prócer, Héroe y Mártir fue detectada una carga de explosivos, discretamente colocada al lado de un nicho, que de haber explotado las consecuencias habrían sido impredecibles, la cual fue desactivada por el compañero José Quezada. De allí partimos para el hotel Matum y desde un hotel frente al cementerio fuimos asediados con ráfagas de fusiles y por suerte, salimos ilesos. El centro de operaciones era dirigido desde la Base Aérea de Santiago, por el teniente coronel de la FAD, Juan Manuel Ortega Piñeiro, quien recibía órdenes directas del general De Los Santos Céspedes, cuyos planes eran nuestro exterminio en esa ciudad. Llegamos al hotel y aproximadamente a las 9:30 de la mañana, donde se nos había preparado un agasajo. Apenas se habían sentado en el comedor los comandantes y las comitivas de civiles (los miembros de la seguridad permanecimos de pies a su alrededor), comenzaron los disparos desde el exterior. Habían colocado tres tanques en la parte frontal, sur y norte los que avanzaban en apoyo a los soldados de artillería fuertemente armados, mientras hacían vuelos rasantes aviones de la FAD. A todas esas agresiones, el coronel Caamaño ordeno no contestar el fuego. Ante tanto asedio, la evidente agresión y el avance de los soldados junto a los tanques, en ese momento el coronel Caamaño trato de comunicarse con el presidente García Godoy. Con los agresores disparando a corta distancia es que el comandante Montes Arache proclamo: ¨ ¡Caamaño, coño!, ¿es que nos vamos a dejar matar?, y con la orden de fuego del comandante Montes Arache se inició de inmediato el enfrentamiento. Es preciso resaltar la valentía del combatiente Víctor Marranzini, junto a dos compañeros, quienes bajo el fuego cruzado, desde el hotel se desplazaron raneando hasta un carro, para buscar sus fusiles los que habían dejado en el baúl de dicho auto.
Desde las posiciones estratégicas que ocupamos, desde una habitación en la segunda planta del hotel, fueron blanco de un cañonazo disparado por unos de los tanques A-13 genocidas, el coronel Juan Ma. Lora Fernández y su chofer Domingo Peña, lo que produjo la ira de todos y se demostró de nuevo el coraje de los Hombres Rana con su comandante como principal jefe y los compañeros Pedro German Ureña, José Quezada Tiburcio, Ramón E. Santiago, Aníbal López, Francisco Lora de León, Rafael Noboa, Máximo Cruz Peña, Mártires Polanco, Carmelo Águeda de León, Gabriel German, Alberto Rodríguez, el suscrito, entre otros.
Debemos destacar la valentía del compañero Rubén Darío Guerrero, quien desde la primera planta del hotel con su fusil G-3 lanzó una granada antitanque al que nos atacaba de frente, inutilizándolo y causando la estampida de los soldados que se protegían con este. En adición a los hombres rana se destacó la participación de los comandantes Canela Escaño, Héctor Lachapelle, Luis Tolentino, coronel Quiroz Pérez, capitán Ernesto González, Claudio Caamaño, Jesús de la Rosa, Fidencio Vásquez Caamaño, capitán William García Duval, Tte., Sención Silverio, Evelio Hernández, Héctor Aristy, Manolo Bordas, quien disparaba con su sombrero blanco desde la segunda planta, Diego Guerra, Dr. Jottin Cury, ministro del gobierno del Presidente Caamaño, el Cadete Julio Domínguez, quien recupero el fusil del coronel Lora Fernández, al caer herido, el cadete José Urbano Rodríguez. Dentro de las personalidades civiles recordamos al ex vicepresidente del gobierno de Bosch Segundo A. González Tamayo, Dr. Jorge Blanco, junto a su esposa y un grupo de distinguidas damas de la gallarda ciudad de Santiago y el Dr. Hugo Tolentino, el primero presidente de la Republica durante el periodo 1982-1986 y el segundo prestigioso profesor, Rector de la UASD y alto dirigente del PRD, así como tantos valiosos y aguerridos compañeros, que me excusen por la distancia de los años se me hace difícil recordar . Hay que destacar que no estuvieron presentes principalmente las esposas de los comandantes, porque desde la noche anterior, Doña Norma esposa de Montes Arache, Doña Alba de Tolentino, entre otras mujeres, mostraron su interés por ir, pero Montes les advirtió, que ese era un viaje para hombres, que las mujeres se quedaban.
Luego aproximadamente de ocho horas de combate fueron numerosas las bajas de soldados del bando contrario, mientras que dentro del hotel fueron secuestrados, por órdenes de Caamaño y Montes Arache, 18 técnicos del ¨Circo Palizadas Park¨ de nacionalidad americana y unos funcionarios de The Royal Bank of Canadá, quienes vacacionaban en ese establecimiento.
Con esta hazaña demostramos que no hay hombre valiente ni cobarde cuando se imponen los principios, la gallardía y el decoro de la causa por la cual se lucha. Después de un cese al fuego, el comandante montes Arache al ver tantos soldados muertos, su rostro se conmovió y lleno de tristeza y nostalgia comento: ¨! Estos infelices fueron víctimas de los errores de sus jefes, quienes envían a esos ingenuos al frente de los combates, pero por cobardía nunca dan el frente! ¨ fue en ese momento que intervino el coronel del ejército brasileño John J. Costa y un cónsul americano, quienes conversaron con Caamaño, asegurándole que seriamos evacuados del hotel sin ningún riesgo, mientras que el general Bruce Palmer proponía evacuar a los ciudadanos americanos y los civiles parar ordenar un nuevo ataque y demoler el hotel con bombardeo de los aviones, con tanta seguridad de que nos exterminarían, que el general Bruce Palmer, había convocado una recepción en el hotel Hispañiola de la Capital a las 6:30pm, para celebrar aquel genocidio. Mientras que El coronel Costa se mantuvo opuesto a un nuevo ataque. En respuesta a estas agresiones, en algunos sectores de Santiago surgieron manifestaciones de repudio, mientras que en la capital, el pueblo se tiró a las calles llamando de nuevo a las armas, destacándose la valiosa participación de doña Alba Custodio Trinidad, esposa del comandante Luis Manuel Tolentino, quien junto a una multitud recorrió desde el parque Independencia, Ciudad Nueva, San Carlos y varios sectores. Igual aptitud fue la del comandante García German quien ocupo una emisora de radio, llamando al pueblo a tomar de nuevo las armas y retomar las trincheras, en apoyo a los sitiados en el Matum.
Dentro de la tregua y negociaciones, alrededor de las 5:00 de la tarde, se acordó evacuar el personal y traerlos en helicópteros de la FIP a la capital bajo la responsabilidad del capitán Peña Taveras y se produjo un solo viaje, ya que oscureció y la parte restante permanecimos en vigilancia durante toda la noche y fue al día siguiente, cuando termino la evacuación de los helicópteros, trayéndonos hasta la parte frontal de la Brigada Mixta Gregorio Luperón, mientras que por la vía terrestre vinieron los vehículos en caravana, encabezados por el dirigente del PRD, Manolo Bordas y el Comandante Evelio Hernández, entre otros, previo acuerdo entre Caamaño y el representante de la FIP, custodiado por dos helicópteros. fue una de las pesadillas más a la que nos sometieron el Imperio invasor y los lacayos criollos, donde se puso de manifiesto la complicidad y debilidad del gobierno provisional a favor de los invasores, quien en ningún momento asumió la responsabilidad para la que fue designado.
Al llegar a la explanada frontal de la Brigada Mixta Gregorio Luperón, que fue donde aterrizamos, al descender de la nave, el oficial extranjero que venía con nosotros, quiso desarmar al comandante Montes Arache. Quiso quitarle un fusil AR-15, que precisamente le había quitado a un gringo en pleno combate, originándose allí un forcejeo entre ellos que por poco termina en una desgracia. Pues, todos los Hombres Rana y demás militares que allí nos encontrábamos, nos pusimos en posición de combate y apuntando directamente al oficial extranjero, hizo que este desistiera de su intención, al momento que el comandante Montes Arache le dijo: ¨este fusil lo guardare como reliquia y recuerdo de los malditos gringos que me lleve por delante¨. Así termino lo que pudo haber sido una desgracia.
POR: ANDRES DIROCIE MONTAS.
 de Tirso Medrano 

Loor eterno a nuestros compañeros caidos en la Universidad Autonoma de Santo Domingo el 23 de septiembre del 1990.

 En el preámbulo de un proceso huelgario en el 1990, un 23 de septiembre cayeron abatidos, Eduardo. Pedro y Ayanes, miembros activos de la Union de Estudiantes Revolucionarios UNER, hoy 23 años después nosotros sus compañeros honramos su memoria recordándolos y siguiendo su ejemplo de lucha y sacrificios.

Ellos murieron luchando por construir una mejor sociedad, justa y solidaria.

 




 

 

Estupor

 

Después del estupor

nos queda la terrible sensación

de la ausencia

y un hondo vacío nos llena

y la soledad nos atrapa

en su irreal maraña de silencio

y angustia

y la alegría desde entonces

nos sabe amarga

y en medio de la pena

el recuerdo de los amigos

que partieron a destiempo

nos sobrecoge el alma

y nos deja en la boca

el sabor a sangre de la tristeza

por los que partieron con prisa

y sin querer

por Mármol

que fue el constructor

infatigable de sueños

el eterno y solidario militante

el combatiente

el hombre

el amigo

leal

y humilde

abnegado

y justo

lo recuerdo

en medio de los gases lacrimógenos

y el fuego de los neumáticos

en medio de las banderas multicolores

entre los estudiantes sudorosos

y las consignas airadas

en medio de todo

siento que retorna en el viento

que germina en la lluvia

y se multiplica entre las flores

sabéis

Mármol

tiene de la noche

la estatura de las estrellas

por Ayanes

que fue siempre díscolo

romántico y fraterno

siempre presto al sacrificio

a dar lo mejor de él en la lucha

por la redención del pueblo

Ayanes

siempre vivirá entre los sueños

de la multitud que ama

y construye con tesón

el futuro cierto de la patria

por Pedro

el militante puro y simple

que nos dejó su sonrisa fresca

su tierna alegría

su ejemplo

sus sueños

un volveré impreso en la noche eterna

de un septiembre envenenado y maldito

que nos arrebató de las manos

a los amigos que no olvidaremos nunca

sé Pedro

que allá entre los sueños y la alegría

entre las mariposas y las flores

duermen ustedes apacibles

esperando que nosotros

construyamos con su ejemplo

la nueva patria

donde ustedes dejarán de ser

simples mártires de la pequeña burguesía

afiches olvidados en paredes húmedas

un recuerdo doloroso en el tiempo

y se convertirán entonces

en luz

esperanza 

amor

y libertad

Domingo Acevedo.

 

Este poema está dedicado a mis compañeros 

de la Uner, a Pedro, Ayanes y Eduardo, 

caídos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 

República Dominicana

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