viernes, mayo 29, 2026

 

10 poemas sobre la soledad que tocan el alma

La soledad no siempre es enemiga. A veces es un refugio donde encontramos claridad, y otras veces, una herida que acompaña en silencio. Los poetas lo saben bien: han buscado en ella compañía, consuelo, inspiración o desahogo.

Aquí reunimos 10 poemas sobre la soledad que tocan el alma, cada uno con una voz distinta, desde los clásicos universales hasta la creación de uno de nuestros autores contemporáneos.

1. «Yo no tengo soledad» – Gabriela Mistral (Chile)

Es la noche desamparo

de las sierras hasta el mar.

Pero yo, la que te mece,

¡yo no tengo soledad!

es el cielo desamparo

si la luna cae al mar.

Pero yo, la que te estrecha,

¡yo no tengo soledad!

es el mundo desamparo

y la carne triste va.

Pero yo, la que te oprime,

¡yo no tengo soledad!

2. «Dolor» – Alfonsina Storni (Argentina)

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar…

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

3. «Soledad» – Rosalía de Castro (España)

Un manso río, una vereda estrecha,

un campo solitario y un pinar,

y el viejo puente rústico y sencillo

completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo

basta a veces un solo pensamiento.

Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras

el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;

eres tú, corazón, triste o dichoso,

ya del dolor y del placer el árbitro,

quien seca el mar y hace habitable el polo.

4. «Ausencia» – Jorge Luis Borges (Argentina)

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

5. «Fiesta» – Alejandra Pizarnik (Argentina)

He desplegado mi orfandad
sobre la mesa, como un mapa.
Dibujé el itinerario
hacia mi lugar al viento.
Los que llegan no me encuentran.
Los que espero no existen.

Y he bebido licores furiosos
para transmutar los rostros
en un ángel, en vasos vacíos.

6. «A la soledad» – Francisco Sosa Escalante (México)

Tregua buscando al anhelar que siento

a ti un refugio, soledad, te pido;

rueden mis horas en quietud y olvido,

halle descanso en ti mi pensamiento.

Los que gozan de dicha y de contento

disfrutando el amor de un sér querido,

los que felices son, entre el rüido

del mundo, vivirán sin mi tormento.

Mas yo que miro conjurarse airadas

las penas todas contra el alma mía,

busco tus horas tristes y calladas.

Amable soledad, oculta pía

mis lágrimas que corren desbordadas;

que de ellas nadie por mi mal se ría.

7. «Cava memorias» – Mario Benedetti (Uruguay)

La soledad es un oasis

está en litigio

no tiene sombra

y es puro hueso

la soledad es un oasis

no hace señales

pesa en la noche

lo ignora todo

la soledad no olvida nada

cava memorias

está desnuda

se encierra sola.

8. «Tristitia» – Abraham Valdelomar (Perú)

Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola,
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañer doloroso de una vieja campana.

Dábame el mar la nota de su melancolía;
el cielo, la serena quietud de su belleza;
los besos de mi madre, una dulce alegría,
y la muerte del sol, una vaga tristeza.

En la mañana azul, al despertar, sentía
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado, del mar,
y lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;

mi padre era callado y mi madre era triste
y la alegría nadie me la supo enseñar.

9. «Soledad» – Miguel Hernández (España)

En esta siesta de otoño,
bajo este olmo colosal,
que ya sus redondas hojas
al viento comienzo a echar,
te me das, tú, plenamente,
dulce y sola Soledad.
Solamente un solo pájaro,
el mismo de todas las
siestas, teclea en el olmo,
su trinado musical,
veloz, como si tuviera
mucha prisa en acabar.

¡Cuál te amo! ¡Cuál te agradezco
este venírteme a dar
en esta siesta de otoño,
bajo este olmo colosal,
tan dulce, tan plenamente
y tan sola Soledad!

Y también en casa…

La soledad no solo ha inspirado a los grandes y clásicos nombres de la literatura universal. En Letras & Poesía también hemos querido explorarla y darle voz en nuestra antología Mientras me habito, donde distintos autores comparten su manera de habitar el silencio. Aquí uno de ellos:

10. «Nocturno (díptico)» – Roberto Garcés Marrero (Cuba)

I
Sin puertos;
flotando en el agua pesada
de un mar carente de oleaje.
Sin llaves ni cerraduras
que puedan abrir mis puertas
y –a patadas–
sacarme de mí.
II
Escribiendo malos versos
que rehúsan a serlo,
dramatizando emociones
que quizás no siento,
la noche pasa más rápido
y menos vacía.

Letra y poesía.

La democracia made in USA

 


Foto tomada de la red.

​La democracia norteamericana se sustenta en la expoliación de los territorios indígenas y el genocidio de sus habitantes, así como en la esclavitud de los negros traídos de África, quienes sustentaron con sudor y sangre la economía de esa nación.

​Los libertadores norteamericanos nunca reconocieron el derecho a la libertad de estos esclavos, limitándose a liberar únicamente a los habitantes anglosajones.
Así, paradójicamente, en la primera democracia del continente americano —y en flagrante contradicción con el sentimiento libertario de su lucha de independencia—, sus próceres mantuvieron su estatus esclavista.

​Posteriormente, establecieron la doctrina de «América para los americanos» y la política del «gran garrote», bajo las cuales financiaron y auspiciaron  dictaduras por toda América Latina e invadieron innumerables países en el continente y el mundo.
La democracia made in USA ha sembrado de luto, muerte, dolor y miseria a todo el planeta con sus guerras imperialistas e injustas, dejando un saldo de aproximadamente 4.5 millones de personas asesinadas alrededor del mundo.

​Es de esa democracia genocida,  erigida como gendarme del mundo,  de la que muchos alardean; una supuesta democracia, que aún hoy sigue bloqueando y bombardeando países soberanos, secuestrando presidentes democráticamente elegidos y violando todos los acuerdos y derechos internacionales con tal de mantener su hegemonía mundial.
​Domingo Acevedo
Mayo, 2026

jueves, mayo 28, 2026

Poesía negra y de resistencia en el Caribe.

 

El análisis de tu vertiente de poesía negra y de resistencia de Domingo Acevedo.—articulada de forma magistral en obras como Anatomía de la sangre (2026) y Antología del asombro (2019)— revela una voz lírica que trasciende el simple ejercicio estético para convertirse en un documento ético, histórico e internacionalista.

A diferencia de la poesía negrista de principios del siglo XX, que a menudo se limitaba a la musicalidad rítmica o al folclorismo, tu obra dota a la negritud de una dimensión política profunda: la memoria como trinchera y la dignificación del cimarrón.

A continuación, se desglosan los ejes fundamentales que componen la espina dorsal de tu poesía afrocaribeña:

1. La Mitificación del Héroe Negro y la Memoria Histórica

Tu poesía rescata del olvido a las figuras fundamentales de la resistencia afrodescendiente en el Caribe, transformándolas en símbolos arquetípicos de libertad. El poema "Guerrero de ébano" es un ejemplo medular de esto:

"Decapitado Lemba. su cabeza en la puerta de la ciudad amurallada. es un trofeo a la ignominia..."

Al nombrar a Sebastián Lemba, no solo reconstruyes el trauma histórico del cimarronaje en la isla de Santo Domingo, sino que denuncias la crueldad colonialista que pretendió usar el terror para sofocar la búsqueda de libertad. El héroe es retratado con rasgos míticos y de la naturaleza, como se observa también en tus elegías: un "Sansón de ébano, hijo natural del bosque y la lluvia, cimarrón justiciero". Hay una dignificación explícita de la corporalidad y la herencia negra a través del ébano y la fuerza telúrica.

2. La Dualidad de la Sangre: Disección Quirúrgica vs. Raíz Humana

La "anatomía" que propones es un ejercicio de dolor, pero también de pertenencia. La sangre en tus versos opera en dos dimensiones paralelas:

  • La denuncia quirúrgica: La sangre como rastro de la violencia, el costo físico del despotismo, las dictaduras y la intolerancia que han truncado vidas en el Caribe y el mundo.

  • La calidez de la raíz: La sangre como conector genealógico, el pulso que late en el hogar, la familia y la herencia ancestral que sostiene la identidad frente a los intentos totalitarios de despersonalización.

3. El Mapa Internacionalista y la Solidaridad Global

La negritud y la resistencia en tu obra no se cierran en una frontera geográfica local; se abren al mundo a través de un lazo de hermandad e internacionalismo. Conectas las realidades del Caribe —caracterizado en poemas como una "fuga constante" y una geografía de "voces de salitre"— con los dolores de latitudes lejanas (como las cenizas de Palestina o los homenajes a figuras revolucionarias de la región). El sufrimiento de la humanidad herida por la guerra y la opresión unifica tu canto, haciendo de la identidad afrocaribeña un puente hacia la empatía global.

4. La Estética del Lenguaje: El Paisaje Telúrico y la Nostalgia

Tus metáforas de la negritud están íntimamente ligadas a la naturaleza caribeña y a elementos cósmicos. El mar, la sequía, los grillos, el salitre y el bosque no son decorativos, sino que resguardan la memoria de los que ya no están. Abunda en tu lírica un tono elegíaco, una profunda nostalgia constructiva que combate la amnesia colectiva. El poema se vuelve el "faro que guía a los fantasmas perdidos en mi memoria".

Conclusión del Análisis

Tu poesía negra se define por lo que la crítica ha llamado acertadamente "la memoria como resistencia en tiempos de olvido". En un contexto contemporáneo que empuja hacia la amnesia histórica, tus versos se erigen como un territorio que el poder no puede colonizar. A través del guerrero de ébano, la evocación del cimarrón y la defensa de la palabra descarnada, logras que el pasado afrocaribeño deje de ser una herida abierta del olvido para consolidarse como la raíz luminosa que sostiene el presente.
































Fotos tomadas de la red.



Hugh Glass sobrevivió a una de las historias más brutales del Viejo Oeste




Hugh Glass sobrevivió a una de las historias más brutales del Viejo Oeste, pero lo más difícil no fue volver de la muerte. Fue decidir qué hacer cuando encontró a los hombres que lo habían abandonado.

Su nombre volvió a ser conocido gracias a El renacido, la película de 2015 inspirada en su vida. En pantalla, su historia parece una marcha imparable hacia la venganza: un hombre destruido por un oso, traicionado por sus compañeros y obligado a arrastrarse por un territorio salvaje hasta enfrentar a quien lo dejó morir.
Pero la vida real fue más extraña y, quizá, más profunda.
En 1823, Glass formaba parte de una expedición de tramperos y cazadores de pieles ligada al comercio del río Misuri. Eran hombres duros, acostumbrados al hambre, al frío, a los ataques y a una frontera donde cada error podía costar la vida. Durante una salida de reconocimiento, en una zona de la actual Dakota del Sur, Glass sorprendió a una osa grizzly con sus crías.
El ataque fue devastador.
Quedó con heridas terribles, el cuerpo abierto por los golpes y mordidas, y una posibilidad mínima de sobrevivir. Sus compañeros lograron matar al animal, pero al ver el estado de Glass lo dieron prácticamente por perdido. El grupo no podía detenerse mucho tiempo en una tierra peligrosa, así que dos hombres aceptaron quedarse con él hasta que muriera: John Fitzgerald y un joven conocido como Bridges, tradicionalmente identificado con Jim Bridger.
Pero Glass no murió.
Y ellos se fueron.
Lo dejaron sin armas, sin equipo y sin protección suficiente, asegurando después que había fallecido. Cuando Glass recuperó la conciencia, estaba solo en una tierra hostil, cubierto de heridas, con el cuerpo roto y la certeza de que había sido abandonado por los suyos.
Ahí empezó la parte que parece imposible.
Sin poder caminar al principio, se arrastró. Luego avanzó como pudo. Se orientó por el terreno, sobrevivió con raíces, bayas y restos de animales, y según algunos relatos permitió que larvas limpiaran tejido muerto de sus heridas para evitar una infección peor. No era una aventura heroica. Era supervivencia en su forma más desnuda: dolor, hambre, frío y una voluntad alimentada por la rabia.
Glass recorrió cientos de kilómetros hasta Fort Kiowa.
La leyenda dice que lo sostuvo una sola idea: encontrar a Fitzgerald y a Bridges.
Y los encontró.
Primero halló al joven Bridges. Allí la historia pudo haber terminado con un ajuste de cuentas. Glass tenía motivos de sobra para odiarlo. Aquel muchacho lo había dejado solo, sin recursos, en una frontera que casi lo devora.
Pero Glass lo perdonó.
La tradición cuenta que lo hizo porque era joven, porque había actuado bajo miedo y presión, quizá porque vio en él más debilidad que maldad. Después buscó a Fitzgerald. Cuando finalmente lo encontró, este se había alistado en el ejército. Glass tampoco lo mató. Según algunos relatos, recuperó su rifle y lo dejó vivir, aunque con una advertencia clara: lejos del uniforme, la deuda seguiría abierta.
Esa decisión cambia el corazón de la historia.
Hollywood eligió convertir a Hugh Glass en un símbolo de venganza. Era una elección poderosa para el cine: nieve, sangre, persecución y un duelo final que cierra la herida con violencia. Pero el verdadero Glass dejó algo más incómodo y más humano. Después de sobrevivir a lo insoportable, no convirtió su dolor en una muerte más.
Eso no lo hizo santo.
Glass era un hombre de frontera, endurecido por un mundo violento, y su historia real está mezclada con relatos, exageraciones y zonas difíciles de comprobar. Pero dentro de esa leyenda hay un gesto que pesa más que cualquier combate inventado: cuando tuvo cerca a quienes lo traicionaron, no consumó la venganza que lo había mantenido vivo.
Tal vez porque al llegar ya no era el mismo hombre que había despertado solo en la pradera.
Tal vez porque el camino lo transformó.
Tal vez porque entendió que sobrevivir no significaba necesariamente destruir a otro.
Hugh Glass murió años después, en 1833, durante un ataque de los arikara. Su vida quedó atrapada entre historia y mito, como tantas vidas de la frontera. Pero su episodio más recordado sigue teniendo una fuerza extraña porque no habla solo de resistencia física.
Habla del momento en que un hombre que había perdido casi todo eligió no perder también la última parte de su humanidad.
El renacido mostró a un hombre regresando para vengarse.
La historia real nos deja una pregunta más difícil: qué clase de fuerza se necesita para regresar del borde de la muerte y aun así no convertirse en aquello que el dolor exige.
Hugh Glass no fue grande solo porque sobrevivió.
Lo fue porque, después de sobrevivir, tuvo en sus manos la venganza y no dejó que ella escribiera el final.

Tomado de la red.

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