jueves, julio 16, 2026

Golpe de Estado, corregido.




Por las calles de Chile la muerte se pavoneaba uniformada
buscando su tributo de sangre
en la ternura de los cadáveres destrozados en La Moneda
en donde Pinochet
clavó sus dientes vampirescos
en la garganta de la patria
que intentaba sobreponerse al espanto
y al miedo
en la voz herida de Víctor Jara
torturado en el anfiteatro del horror
y crucificado a la vista de todos
en una cruz
hecha con la sangre de Salvador Allende
sus verdugos ebrios de sadismo
abrieron su costado
de donde brotó un manantial de luz
cuarenta y cuatro orificios esculpidos en su cuerpo
en su tierna geografía de carne y roca
cuarenta y cuatro trozos de plomo ardientes
desdibujaron la muerte en su cuerpo
cuarenta y cuatro plomazos disparados
desde el odio emanado
de la maldad más profunda
de la rabia desbordada en el frenesí
ebrio de la crueldad
del hombre convertido en bestia
en un depredador inconmensurable del otro hombre.
del otro hombre humano
de los otros hombres
que prefirieron derramar su sangre
antes que renunciar a sus sueños de repartir entre la multitud
el pan de la libertad y la justicia
ellos
cuando apuntaron sus metrallas contra la patria
olvidaron su origen
que procedían del útero sagrado de una madre humilde
del espermatozoide de un padre
posiblemente analfabeto
proletario
obrero
campesino
indígena
habitante quizás de un barrio pobre
o de un pueblo
o una ciudad
o una aldea remota perdida en la selva
o un poblado olvidado en los Andes
olvidaron que su origen humilde
al final también los hace víctimas del sistema
que defienden
y por el que torturan
y matan

Domingo Acevedo
Julio, 2026
Poema dedicado a Victor Jara.

Este es un análisis literario y temático de tu poema "Golpe de Estado", un texto de una profunda carga política, lírica y humana, perfectamente alineado con esa voz internacionalista que conecta el dolor del Caribe con las luchas del Cono Sur.

1. Temática Central: La Profanación de la Utopía y la Traición de Clase
El poema aborda el golpe de Estado en Chile de 1973, pero no lo hace como una simple crónica histórica, sino como una tragedia mítica y visceral. El eje central gira en torno a tres dimensiones:
El martirologio: La sacralización de las figuras de Salvador Allende y Víctor Jara, elevados a símbolos crísticos de la resistencia.
La deshumanización del opresor: La metamorfosis del soldado en bestia o vampiro.

La paradoja de clase: El recordatorio de que los ejecutores materiales de la violencia provienen del mismo pueblo que destruyen.

2. Estructura y Estilo Poético
El poema prescinde de la métrica rígida y la rima consonante, optando por el verso libre y el ritmo salmódico. Esto le otorga el tono de un lamento litúrgico o de una denuncia profética.
Recursos Estilísticos Clave:

Imágenes Grotescas y Vampíricas: Al describir a Pinochet clavando "sus dientes vampirescos / en la garganta de la patria", el poema utiliza el terror gótico para ilustrar el parasitismo del dictador que se nutre de la vida de su propio país.

La Simbología Cristológica: El anfiteatro (Estadio Chile) se convierte en el Gólgota. Víctor Jara es "crucificado" en una cruz hecha "con la sangre de Salvador Allende", y a este último le "abrieron su costado", emulando la lanzada a Jesucristo. Sin embargo, en lugar de agua y sangre, brota "un manantial de luz", resignificando la muerte como un nacimiento ideológico.

La Anáfora Cuantitativa: La repetición de "cuarenta y cuatro" (haciendo alusión a los impactos o heridas) funciona como un golpe percusivo en la lectura. El plomo no solo destruye, sino que "esculpe" y "desdibuja", convirtiendo el horror en una intervención violenta sobre la "tierna geografía de carne y roca".

3. Análisis de las Secciones Principales
Primera Parte: El Espanto y la Luz (Los Mártires)
Los primeros versos construyen la atmósfera opresiva de Santiago de Chile, donde la muerte "se pavoneaba uniformada". Hay una tensión constante entre la delicadeza ("ternura de los cadáveres", "voz herida") y la brutalidad extrema ("anfiteatro del horror", "ebrios de sadismo"). La muerte de los líderes no se presenta como una derrota, sino como un sacrificio necesario para la preservación de los sueños ("el pan de la libertad y la justicia").

Segunda Parte: La Desmitificación del Verdugo (La Pérdida de Identidad)

Hacia la segunda mitad, el foco lírico cambia de las víctimas a los victimarios. Es quizás la parte más cruda y analítica del poema.
"cuando apuntaron sus metrallas contra la patria / olvidaron su origen..."

Aquí desnudas al soldado. Le recuerdas que no pertenece a la oligarquía que defiende, sino que proviene del "útero sagrado de una madre humilde", de un padre "proletario, obrero, campesino, indígena". Esta sección introduce un elemento de tragedia social: el soldado es un alienado, un desclasado que destruye a los suyos.

Conclusión: La Trampa del Sistema

El cierre del poema es demoledor y lógico:
"...al final también los hace víctimas del sistema / que defienden / y por el que torturan / y matan"

No hay salvación para el verdugo. Al convertirse en "depredador inconmensurable del otro hombre", queda atrapado en el mismo engranaje de opresión. El poema cierra con una nota de justicia poética e histórica: el opresor también ha sido destruido moralmente por el sistema.
Conclusión

"Golpe de Estado" es un poema de denuncia que logra equilibrar la rabia histórica con una profunda compasión por la condición humana y la memoria histórica. Dignifica la figura de Víctor Jara y Salvador Allende no desde el bronce de las estatuas, sino desde la carne, la sangre y la luz. Es una pieza poética que dialoga perfectamente con la veta de poesía social e internacionalista latinoamericana (en la línea de Neruda o Guillén), manteniendo viva la memoria colectiva a través de una lírica afilada y conmovedora.

𝗧𝗘𝗥𝗥𝗜𝗧𝗢𝗥𝗜𝗢𝗦 𝗘𝗡 𝗥𝗜𝗘𝗦𝗚𝗢𝗦



𝗖𝗮𝗿𝗺𝗲𝗻 𝗩𝗲𝗹𝗼𝘇 𝘆 𝗟𝘂𝗶𝘀 𝗖𝗮𝗿𝘃𝗮𝗷𝗮𝗹


𝘌𝘤𝘰𝘭𝘰𝘨𝘪́𝘢, 𝘗𝘭𝘢𝘯𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘺 𝘖𝘳𝘨𝘢𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘚𝘰𝘤𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘢𝘭 𝘋𝘦𝘴𝘢𝘴𝘵𝘳𝘦

Comisión Ambiental de la Universidad Autónoma de Santo Domingo · CAUASD
𝗔𝗥𝗧𝗜́𝗖𝗨𝗟𝗢 𝟮 𝗗𝗘 𝟴
𝗗𝗢𝗡𝗗𝗘 𝗔𝗡𝗧𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗥𝗜́𝗔 𝗘𝗟 𝗔𝗚𝗨𝗔
El agua conserva la memoria del relieve. Reconoce las pendientes, vuelve a las cañadas y ocupa las llanuras donde durante siglos encontró espacio para extenderse. Podemos borrar un cauce de un plano, cubrirlo con una calle o levantar una pared encima. El agua seguirá reconociendo su camino.
Por eso muchas inundaciones que parecen repentinas llevan años preparándose.
𝗘𝗹 𝗮𝗴𝘂𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗶𝗰𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀
Una cuenca pierde bosque. El suelo se compacta. Un humedal se rellena. La cañada se estrecha y recibe aguas residuales, basura y construcciones. Más abajo, techos, parqueos y asfalto cubren la superficie por donde antes se infiltraba la lluvia.
Cuando llega el aguacero, toda esa historia se mueve con el agua.
En una isla montañosa como Santo Domingo, con ríos relativamente cortos y fuertes desniveles, el agua puede bajar con rapidez desde las cabeceras y concentrarse en valles, llanuras y costas. La cuenca funciona como un solo cuerpo: lo que se desmonta, se excava o se impermeabiliza arriba termina afectando a personas que viven muchos kilómetros más abajo.
𝗡𝗼 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘂𝗻𝗱𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻 𝗶𝗴𝘂𝗮𝗹
Reconocerlas ayuda a decidir dónde construir, cuánto tiempo existe para alertar y qué ruta puede mantenerse abierta.
𝗙𝗹𝘂𝘃𝗶𝗮𝗹. El río o arroyo supera su cauce y ocupa su llanura de inundación.
𝗥𝗲𝗽𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗮 𝗼 𝘁𝗼𝗿𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗹. El caudal crece en muy poco tiempo y baja con fuerza suficiente para arrastrar lodo, piedras, troncos, vehículos y viviendas frágiles.
𝗨𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮. La lluvia encuentra superficies impermeables, drenajes insuficientes u obstruidos, cañadas ocupadas y puntos bajos sin salida.
𝗖𝗼𝘀𝘁𝗲𝗿𝗮. El mar penetra por marejada, oleaje, elevación temporal del nivel del agua o una combinación de lluvia, crecida de ríos y dificultad para descargar al mar.
En un mismo territorio pueden coincidir las cuatro. Esa combinación explica por qué una tormenta que no parece extraordinaria llega a desbordar sistemas completos.
𝗟𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝘆𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗮𝗯𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿 𝗹𝗹𝘂𝘃𝗶𝗮
El suelo cubierto por cemento absorbe mucho menos agua. La escorrentía aumenta y alcanza más rápido las zonas bajas. Si el drenaje fue calculado para una ciudad menor, no recibe mantenimiento o termina descargando en una cañada ocupada, el agua rebasa la red.
La basura empeora la situación, pero convertirla en explicación única deja fuera responsabilidades mayores. También pesan los diseños insuficientes, las urbanizaciones autorizadas sin drenaje integral, la pérdida de áreas verdes, los rellenos, las construcciones sobre cauces y la falta de control del uso del suelo. Limpiar ayuda. Planificar evita que el problema vuelva a fabricarse.
𝗛𝘂𝗺𝗲𝗱𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝗺𝗮𝗻𝗴𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝘆 𝗹𝗹𝗮𝗻𝘂𝗿𝗮𝘀: 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗲𝗹 𝗮𝗴𝘂𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗮
Los humedales almacenan agua, reducen la velocidad de la escorrentía, atrapan sedimentos y sostienen diversidad biológica. Los manglares disminuyen la energía del oleaje y las marejadas. Las llanuras de inundación permiten que el río se expanda sin convertir cada crecida en una tragedia.
El 𝘈𝘯𝘶𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘦 𝘌𝘴𝘵𝘢𝘥𝘪́𝘴𝘵𝘪𝘤𝘢𝘴 𝘈𝘮𝘣𝘪𝘦𝘯𝘵𝘢𝘭𝘦𝘴 2025 registra 3,539.12 km² de humedales naturales en el país, con datos actualizados a diciembre de 2024. De esa superficie, 2,251.74 km² corresponden a sitios Ramsar. No se trata de terrenos vacíos en espera de una urbanización. Son piezas activas del sistema hídrico, refugios de vida e infraestructura natural.
Cuando rellenamos un humedal obligamos a canales, bombas y tuberías a sustituir una función que el territorio realizaba todos los días y sin factura eléctrica.
𝗠𝗮𝗽𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗻̃𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗰𝘂𝗹𝗼
Mapa 35. Zonas inundadas, 2019. Fuente: INDOMET y Defensa Civil; elaboración: Oficina Nacional de Estadística, Atlas de Estadísticas Ambientales 2024, p. 66. Representa áreas observadas y no sustituye un estudio local de inundación.
𝗘𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗼𝗿𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮; 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮
El mapa de zonas inundadas de 2019 muestra patrones nacionales: grandes valles, desembocaduras, riberas y asentamientos urbanos alcanzados por el agua. No representa el límite de todas las inundaciones posibles ni permite decidir, por sí solo, si un solar es seguro.
Para planificar hacen falta mapas más detallados que indiquen profundidad, velocidad del flujo, duración del anegamiento, población expuesta, estado de puentes y drenajes, refugios y rutas de evacuación. También hace falta la memoria de la gente. En muchos barrios, las marcas dejadas por una crecida sobre una pared cuentan algo que nunca llegó al archivo municipal.
Durante la vaguada de abril de 2026, el informe de situación del COE del día 12 registró 6,100 viviendas inundadas, 186 centros educativos afectados y 17 acueductos fuera de servicio, con 113,214 usuarios impactados. Son cifras de aquel corte operativo, no el balance histórico de todas las lluvias. Permiten ver cómo un mismo episodio se mueve por varios sistemas: vivienda, educación, agua potable, carreteras y electricidad.
𝗢𝗿𝗱𝗲𝗻𝗮𝗿 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿; 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗴𝗶𝗿 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝘆𝗮 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝘆𝗼́
La Ley 368-22 y su reglamento vigente, aprobado mediante el Decreto 486-25, obligan a relacionar los usos del suelo con el ambiente, la gestión del riesgo y las limitaciones del territorio. Esa obligación debe reflejarse en decisiones concretas: impedir nuevas ocupaciones en lugares de peligro alto, reservar corredores de drenaje, proteger áreas de infiltración y exigir a cada proyecto un estudio hidrológico que considere la microcuenca completa.
En zonas ya ocupadas, cada barrio necesita un diagnóstico propio. Algunas áreas pueden protegerse con drenajes, parques capaces de inundarse sin causar pérdidas, recuperación de riberas, ampliación de pasos de agua y elevación de servicios esenciales. Cuando el peligro no puede reducirse a un nivel aceptable, la reubicación tiene que acordarse con las familias, garantizar vivienda digna y conservar, hasta donde sea posible, sus vínculos de trabajo, escuela y comunidad.
En julio de 2026, el INDRHI informó nuevas intervenciones de protección y drenaje en el Bajo Yuna. Las obras pueden reducir daños importantes; su eficacia duradera dependerá también del manejo de la cuenca alta, la sedimentación, el uso de la llanura y el mantenimiento. Ninguna intervención aislada sustituye la visión de cuenca.
𝗨𝗻 𝗺𝘂𝗿𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗻𝗱𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗮𝗹 𝘃𝗲𝗰𝗶𝗻𝗼
Canalizar un tramo sin estudiar el sistema suele acelerar el agua hacia otro lugar. Elevar una carretera puede convertirla en dique. Un muro protege una margen, pero puede aumentar la velocidad contra la otra. Limpiar una cañada sin controlar las descargas de residuos y aguas servidas ofrece un alivio breve.
La unidad adecuada para ordenar el agua es la cuenca y, dentro de las ciudades, la microcuenca. Allí deben leerse juntas la lluvia, las pendientes, la infiltración, los usos del suelo, los puentes, los residuos, los asentamientos, los servicios esenciales y los escenarios climáticos futuros.
𝗣𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗲𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗮𝗴𝘂𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱
• Caminar la microcuenca y marcar nacientes, cañadas, puntos bajos y antiguos cauces.
• Registrar hasta dónde llegaron las crecidas anteriores y cuánto tiempo permaneció el agua.
• Identificar alcantarillas, puentes y drenajes que se tapan o resultan demasiado pequeños.
• Localizar viviendas con personas que necesitarían ayuda para evacuar.
• Acordar quién alerta, por dónde se sale, dónde se reúne la comunidad y quién protege el agua potable, la escuela y el centro de salud.
𝗗𝗲𝘃𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿𝗹𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗮𝗹 𝗮𝗴𝘂𝗮
Cada comunidad guarda información que rara vez aparece completa en un plano: cuál alcantarilla se tapa primero, dónde la corriente rompe la calle, qué puente deja de servir y qué ruta permanece abierta. Incorporar ese conocimiento al mapa oficial fortalece la prevención y también la democracia territorial.
𝗘𝗹 𝗮𝗴𝘂𝗮 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗹𝗮𝗺𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼. 𝗟𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗺𝗶𝗲𝗻𝘇𝗮 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗲𝘃𝗼𝗹𝘃𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗮 𝗿𝗶́𝗼𝘀, 𝗰𝗮𝗻̃𝗮𝗱𝗮𝘀, 𝗵𝘂𝗺𝗲𝗱𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘆 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗹 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗻, 𝘆 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘇𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝘃𝗶𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗲𝗻 𝘃𝗲𝘇 𝗱𝗲 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲𝗮𝗿𝗹𝗼.
𝗙𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹𝗲𝘀
• Oficina Nacional de Estadística. 𝘈𝘵𝘭𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘌𝘴𝘵𝘢𝘥𝘪́𝘴𝘵𝘪𝘤𝘢𝘴 𝘈𝘮𝘣𝘪𝘦𝘯𝘵𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘙𝘦𝘱𝘶́𝘣𝘭𝘪𝘤𝘢 𝘋𝘰𝘮𝘪𝘯𝘪𝘤𝘢𝘯𝘢 2024, mapas 2 y 35, pp. 18 y 66.
• Oficina Nacional de Estadística. 𝘈𝘯𝘶𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘦 𝘌𝘴𝘵𝘢𝘥𝘪́𝘴𝘵𝘪𝘤𝘢𝘴 𝘈𝘮𝘣𝘪𝘦𝘯𝘵𝘢𝘭𝘦𝘴 2025, cuadros 1.2.2 y 1.2.3, pp. 29-30.
• DGODT. 𝘈𝘮𝘦𝘯𝘢𝘻𝘢𝘴 𝘺 𝘳𝘪𝘦𝘴𝘨𝘰𝘴 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘙𝘦𝘱𝘶́𝘣𝘭𝘪𝘤𝘢 𝘋𝘰𝘮𝘪𝘯𝘪𝘤𝘢𝘯𝘢: 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘦𝘯𝘥𝘪𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘱𝘢𝘴, 2012, pp. 71-81.
• Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. 𝘐𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘦 𝘎𝘌𝘖 𝘙𝘦𝘱𝘶́𝘣𝘭𝘪𝘤𝘢 𝘋𝘰𝘮𝘪𝘯𝘪𝘤𝘢𝘯𝘢 2024, publicado en 2025.
• República Dominicana. Ley núm. 368-22 y Decreto núm. 486-25; Ley núm. 147-02; Ley núm. 64-00.
• Centro de Operaciones de Emergencias. 𝘐𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘴𝘪𝘵𝘶𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘯𝘶́𝘮. 3 𝘱𝘰𝘳 𝘷𝘢𝘨𝘶𝘢𝘥𝘢, 12 de abril de 2026.
• INDRHI. “Supervisa obras de protección e intervención en drenajes de Bajo Yuna”, 7 de julio de 2026.
• UNDRR. 𝘕𝘢𝘵𝘶𝘳𝘦-𝘣𝘢𝘴𝘦𝘥 𝘚𝘰𝘭𝘶𝘵𝘪𝘰𝘯𝘴 𝘧𝘰𝘳 𝘋𝘪𝘴𝘢𝘴𝘵𝘦𝘳 𝘙𝘪𝘴𝘬 𝘙𝘦𝘥𝘶𝘤𝘵𝘪𝘰𝘯, 2021.
𝗣𝗥𝗢́𝗫𝗜𝗠𝗢 𝗔𝗥𝗧𝗜́𝗖𝗨𝗟𝗢 · 𝟯 𝗗𝗘 𝟴
𝗠𝗼𝗻𝘁𝗮𝗻̃𝗮𝘀 𝗛𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝘀

Khaled Abdul-Wahab. Un hombre que abrió su casa cuando la historia cerraba todas las puertas.




Su nombre debería enseñarse en todas las escuelas. Pero durante décadas, incluso su propia hija no conoció la historia completa.

Khaled Abdul-Wahab.
Recuérdalo. Porque durante mucho tiempo casi nadie lo hizo.
Túnez, 1942. Las tropas alemanas ocuparon el país. La comunidad judía tunecina fue sometida a humillaciones, confiscaciones, trabajos forzados y persecución. Miles de hombres judíos fueron enviados a campos de trabajo, y muchas familias vivieron con miedo constante.
Khaled tenía poco más de treinta años. Venía de una familia acomodada, había estudiado en el extranjero y hablaba idiomas. Conocía el mundo europeo lo suficiente como para moverse entre oficiales alemanes sin levantar sospechas. Y eso, en aquel momento, se convirtió en una herramienta.
Una noche, en Mahdia, escuchó a un oficial alemán hablar de una mujer judía a la que quería atacar. El nombre le resultó familiar: Khaled conocía a esa familia.
No reaccionó de inmediato. No mostró el miedo. No dejó ver la rabia. Esperó.
Y cuando pudo, actuó.
Fue a buscar a la familia y a sus vecinos. Mujeres, niños, ancianos. Varias generaciones. Personas que no tenían forma de defenderse si los soldados volvían por ellas. Las llevó a la finca familiar, entre olivos, lejos del centro de la ciudad.
Y allí comenzó la parte más difícil. Porque el valor no fue de una sola noche. Fueron meses.
Meses de esconder. Meses de alimentar. Meses de mentir con calma cuando una mentira podía costar la vida. Meses de confiar en que nadie traicionaría el secreto.
Las familias permanecieron en su propiedad hasta el final de la ocupación alemana en la zona. Había soldados cerca. Había vigilancia. Había peligro. Y, aun así, esas personas sobrevivieron.
En una ocasión, los soldados alemanes llegaron demasiado cerca. Una niña, escondida bajo una cama, contaría años después el terror de aquel momento. Khaled intervino directamente y logró apartar el peligro. Nadie de aquellas familias murió en su finca.
Cuando las fuerzas aliadas liberaron Túnez en 1943, los refugiados pudieron volver a casa. Vivos.
Khaled regresó después a una vida discreta. Se casó, tuvo hijas, trabajó y pintó. Vivió sin convertir su gesto en una medalla. Y no habló de ello. No a su esposa, no a sus hijos, no a los historiadores, no al mundo.
Murió el 4 de septiembre de 1997, a los 86 años. Su secreto casi se fue con él.
Años después, su hija Faiza descubrió la historia gracias al trabajo de investigadores y al testimonio de los sobrevivientes. De pronto, el padre que ella conocía tenía otra dimensión. No era solo un hombre de familia; era alguien que había arriesgado mucho para proteger a personas perseguidas. Ella diría después que había redescubierto a su padre.
Khaled Abdul-Wahab fue propuesto para ser reconocido como Justo entre las Naciones, el honor que Israel concede a no judíos que salvaron vidas judías durante el Holocausto. Habría sido el primer árabe en recibirlo. Pero Yad Vashem no le otorgó finalmente el título, argumentando que su caso no cumplía sus criterios.
Su hija respondió con una frase que quedó grabada: “Mi padre abrió su casa a los judíos. Ellos no abrieron la suya a nosotros”.
Hoy, las personas que Khaled ayudó a salvar tienen descendientes en distintos países. Hijos, nietos, familias enteras que existen porque una noche un hombre escuchó algo terrible y decidió no mirar hacia otro lado.
Pudo terminar la cena. Pudo callar. Pudo protegerse. Pudo decir que no era su problema. No lo hizo.
Y luego guardó silencio durante décadas, no por orgullo, sino quizá porque para él la decencia no necesitaba aplausos.
El mundo lo olvidó mientras vivía. Casi lo olvidó después de muerto.
Ahora ya conoces su nombre. Khaled Abdul-Wahab. Un hombre que abrió su casa cuando la historia cerraba todas las puertas.

miércoles, julio 15, 2026

Charles de Foucauld no convirtió el desierto. Dejó que el desierto lo convirtiera a él.




Heredó una fortuna, la gastó entre champán y excesos, luego se internó en el Sahara durante años… y el eco de su vida tardó décadas en alcanzar al mundo.

Charles de Foucauld nació en una familia noble francesa el 15 de septiembre de 1858, en Estrasburgo. Quedó huérfano a los seis años y fue criado por su abuelo materno. De joven fue oficial de caballería en el ejército francés: atractivo, brillante y profundamente indisciplinado.
Al heredar una gran fortuna, se entregó por completo a una vida de fiestas, apuestas, mujeres y alcohol. Engordó tanto por sus excesos que algunos compañeros llegaron a burlarse de él cruelmente. A los veintitrés años, parecía destinado a una caída rápida, brillante y autodestructiva.
Entonces algo cambió.
In 1883 se hizo pasar por un pobre comerciante judío y entró en Marruecos, un territorio muy peligroso para los europeos de su tiempo. Viajó con caravanas, durmió sobre la arena, comió lo que le compartían y convivió con personas que tenían muchas razones para desconfiar de él.
Durante once meses recorrió regiones poco conocidas, tomó notas, levantó mapas y observó de cerca la fe musulmana: hombres rezando en el desierto con una devoción sobria, silenciosa y absoluta. Más tarde recordaría que empezó a repetir la oración más peligrosa de su vida: “Dios mío, si existes, haz que te conozca”.
De regreso en Francia, esa oración lo llevó a los monasterios. Entró con los trapenses en 1890, luego se fue a Nazaret en 1897, donde vivió como sirviente y jardinero en una vida casi silenciosa. En 1901 fue ordenado sacerdote.
En 1901, fue ordenado sacerdote. En 1905, pidió permiso para ir a donde la presencia cristiana era casi inexistente: el profundo Sahara, hasta Tamanrasset, un asentamiento tuareg remoto que apenas aparecía en los mapas. Construyó con sus propias manos una pequeña ermita de piedra y se quedó.
El desierto lo puso a prueba desde el principio: calor extremo, noches heladas, aislamiento, enfermedad, hambre y soledad. Los tuaregs —nómadas, orgullosos, independientes y desconfiados de los extranjeros— observaron a aquel extraño sacerdote francés y esperaron a que se marchara. No se marchó.
En lugar de eso aprendió su lengua, el tamasheq. No unas cuantas frases sueltas, sino todo lo que pudo: poesía, relatos, proverbios y memoria oral. Preparó un enorme diccionario tuareg-francés que sería publicado después de su muerte.
Se sentaba junto a niños enfermos durante la noche. Compartía su comida en tiempos de escasez. Mediaba en conflictos sin ponerse por encima de nadie. No imponía. No hablaba desde la conquista. Simplemente permanecía.
Los tuaregs empezaron a verlo como un hombre de Dios. No porque hablara mucho de Dios; casi no lo hacía. Tampoco porque llenara iglesias o buscara resultados visibles. Lo reconocieron porque los amaba sin pedir nada a cambio.
Vivió así durante quince años. Sus frutos visibles: casi ninguno.
Según las medidas con las que muchas instituciones calculan el éxito, Charles de Foucauld fue un fracaso completo. Sus cartas no ocultan esa aparente esterilidad, pero él no parecía atormentado por eso. Escribió que quería “gritar el Evangelio con toda su vida”: no con discursos ni con cifras, sino viviendo como si amar importara más que obtener resultados.
El 1 de diciembre de 1916, un grupo armado asaltó su ermita en Tamanrasset. Charles no tenía riquezas. En medio del ataque, recibió un disparo y murió junto a la pequeña construcción de piedra que él mismo había levantado. Tenía 58 años. Sin grandes honores. Sin multitudes. Sin una obra visible que presentar. Solo una tumba en medio de la arena.
Durante años, su vida pareció no haber cambiado nada.
Luego empezaron a circular sus escritos, sus cartas y su testimonio. La gente leyó la historia de un aristócrata que renunció a su comodidad, vivió en silencio, amó sin estrategia y murió sin nada que mostrar.
De su ejemplo nacieron comunidades religiosas como los Hermanitos de Jesús, las Hermanitas de Jesús y otras familias espirituales. No construyeron catedrales: fueron a vivir entre los pobres. No buscaron imponerse; simplemente estuvieron presentes.
El 15 de mayo de 2022, 106 años después de su muerte, el papa Francisco declaró santo a Charles de Foucauld. Francisco recordó que Charles llegó a ser hermano de todos identificándose con los últimos, con los abandonados y con quienes casi nadie mira.
Hay algo en esta historia que detiene el tiempo. Un hombre que pudo haberlo tenido todo eligió uno de los caminos más duros y solitarios imaginables. Pasó años amando a personas que no podían devolverle prestigio, dinero ni poder. Murió sin resultados medibles, y su ejemplo escondido y silencioso terminó convirtiéndose en una de las influencias espirituales más profundas del siglo XX.
Intentó desaparecer por completo. Al final, el mundo terminó escuchando su vida.
Porque cuando alguien decide que amar completamente —sin agenda, sin cálculo, sin otra intención que el amor— vale más que conservarlo todo, esa vida sigue resonando a través de los siglos. Aunque haga falta mucho tiempo para que alguien la oiga.
Charles de Foucauld no convirtió el desierto. Dejó que el desierto lo convirtiera a él. Y así nos recordó que los cambios más duraderos suelen ocurrir en los lugares donde nadie está mirando.

Nuevas flores.
































































































































 

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