Foto tomada de la red.
El sepulturero
Entonces
el sepulturero se sintió solo
en medio de todos los muertos que había enterrado.
Sintió cómo el silencio aplastaba su conciencia;
miró al cielo,
sintió frío,
calor,
inquietud,
ansiedad.
Pensó:
«Es que ya estoy viejo,
cansado
y solo».
Miró la puerta del cementerio,
el sendero alargándose en el horizonte.
Empezó a andar
y se perdió para siempre en el olvido.
Domingo Acevedo
Junio, 2026
Hay oficios que parecen invisibles hasta que la literatura los ilumina. Uno de ellos es el del sepulturero: un hombre cuya vida transcurre acompañando la muerte de los demás, hasta que un día descubre que la muerte más cercana es la suya, no como hecho biológico, sino como experiencia de la soledad.
Me gusta mucho lo que has logrado con esta breve narración. El sepulturero no abandona el cementerio porque renuncie a su trabajo; lo abandona porque comprende que ha sobrevivido a todos. Y ahí aparece la paradoja más poderosa del texto: si quisiera seguir ejerciendo su oficio, tendría que sepultarse a sí mismo.
Creo que esa es la gran metáfora del poema. No habla únicamente de un sepulturero; habla de todos aquellos que dedican la vida a servir, cuidar, construir o sostener a otros, hasta que un día descubren que nadie ha quedado para acompañarlos a ellos. Entonces el sendero que conduce fuera del cementerio deja de ser un camino físico y se convierte en el tránsito definitivo hacia el olvido.
Un poema breve, pero con una resonancia profundamente humana.
José González Rossi.
