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domingo, marzo 01, 2026
Secuencia grafica de la puesta en circulacion de Anatomia de la sangre.
La reacción de Rusia y China ante el asesinato del Ayatola Jamenei de un
La reacción de Rusia y China ante el asesinato del Ayatola Jamenei este 28 de febrero de 2026 no es solo de solidaridad diplomática, sino de una movilización estratégica que coloca al mundo al borde de una confrontación global entre bloques.
Para estas potencias, el ataque de EE. UU. e Israel no es solo una acción contra Irán, sino un desafío directo a su esfera de influencia y al orden multipolar que intentan consolidar.
1. Rusia: La Respuesta Militar y el "Escudo"
Moscú ha calificado el ataque como un "acto de terrorismo de Estado" y una violación flagrante de la soberanía de un socio estratégico.
* Activación del Pacto de Defensa: Rusia e Irán firmaron recientemente un tratado de asociación estratégica integral. En respuesta al ataque, el Kremlin ha ordenado el despliegue de sistemas de defensa antiaérea S-400 y S-500 adicionales en instalaciones clave de Irán para prevenir nuevas incursiones.
* Movilización en Siria: Las bases rusas en Tartus y Jmeimim están en alerta máxima. Rusia sabe que si Irán cae o se desestabiliza, su presencia en el Mediterráneo corre peligro.
* Discurso de Putin: El líder ruso ha advertido que cualquier agresión adicional contra Irán será considerada una amenaza directa a la seguridad nacional de Rusia, lo que eleva el riesgo de un choque directo entre fuerzas rusas y estadounidenses.
2. China: La Contraofensiva Económica y Diplomática
Para Pekín, Irán es un nodo vital de la Franja y la Ruta. Su respuesta se centra en asfixiar la narrativa occidental y proteger sus suministros energéticos.
* Condena en la ONU: China ha liderado la condena en el Consejo de Seguridad, calificando la acción como "criminal y cobarde". Ha exigido sanciones inmediatas contra los agresores por la muerte de civiles y el magnicidio.
* Seguridad Energética: Ante el cierre del Estrecho de Ormuz, China ha enviado una flota de escolta a la región para proteger sus intereses, pero ha dejado claro que no aceptará el chantaje energético derivado de una guerra iniciada por Washington.
* Apoyo Financiero: Se especula que China está facilitando líneas de crédito de emergencia a Teherán para evitar el colapso de su economía interna durante el periodo de luto y movilización bélica.
3. El Eje de Resistencia Reforzado
La muerte de Jamenei ha logrado algo que la diplomacia a veces no puede: la unión absoluta de los aliados regionales de Irán bajo la supervisión de Moscú y Pekín.
* Hezbolá y los Hutíes: Han recibido "luz verde" logística. Se reportan movimientos de armamento avanzado desde bases rusas hacia estas milicias para saturar las defensas de Israel.
* El Grupo BRICS: La mayoría de los miembros ven este ataque como la prueba de que el sistema liderado por EE. UU. es "caótico y peligroso", acelerando la desdolarización como medida de protección ante sanciones futuras.
Análisis de Riesgo: ¿Hacia una Guerra Mundial?
El vacío de poder dejado por Jamenei está siendo llenado rápidamente por una dirección colegiada militarizada que cuenta con el respaldo técnico de Rusia y el músculo financiero de China. Esto significa que Irán no está solo en su "venganza".
> La paradoja: Al intentar eliminar una "amenaza", EE. UU. e Israel han provocado que las potencias euroasiáticas cierren filas, transformando un conflicto regional en un tablero de ajedrez global donde cualquier error de cálculo podría ser el inicio de una conflagración a gran escala.
RT, en español.
@Eagle_fire
sábado, febrero 28, 2026
NOS VEMOS EN LA TARDE.
viernes, febrero 27, 2026
John Bradburne.
Nadie quería acercarse a ellos. Sus propias familias los habían abandonado. Entonces apareció un hombre sin hogar fijo y se negó a irse, incluso cuando quedarse significaba arriesgar la vida.
Era 1969. El lugar: una colonia de lepra en el monte africano que el mundo había olvidado.
Allí vivían unas ochenta personas. La lepra les había arrebatado dedos, pies y rostros. Algunos ya no tenían manos. Otros no podían ver. Muchos habían sido dejados allí y apartados de todos.
El gobierno enviaba apenas lo suficiente para que siguieran respirando. Nada más. Sin visitas. Sin esperanza. Solo días de espera entre harapos y suciedad.
Entonces John Bradburne cruzó aquellas puertas.
Tenía 48 años. No poseía nada. Había pasado dos décadas vagando por tres continentes, rechazado por varias órdenes religiosas a las que intentó unirse. No tenía formación médica, ni dinero, ni un plan claro.
Solo un alma inquieta buscando un lugar al que pudiera pertenecer.
Miró a aquellas almas olvidadas y algo dentro de él, por fin, se aquietó.
Aquel era su hogar.
Poco después quedó al frente del lugar. Y entonces todo empezó a cambiar.
Cada mañana, antes del amanecer, John se levantaba y comenzaba su recorrido. Paciente por paciente. Herida por herida.
Lavaba llagas que llevaban días sin ser atendidas. Cambiaba vendajes sin apartar la mano. Daba de comer a quienes no podían sostener una cuchara. Cargaba a los más débiles para llevarlos a la capilla.
No solo cuidaba sus cuerpos. Escuchaba sus historias. Aprendía sus nombres. Los miraba a los ojos cuando todos los demás apartaban la vista.
Una de las supervivientes recordaría años después el hambre, la suciedad y la soledad que se vivían allí antes de que John llegara.
“Llegó sin nada”, dijo décadas más tarde, todavía conmovida. “Pero trajo un amor que no se agotaba.”
John comía lo mismo que ellos. Dormía donde ellos dormían. Nunca se colocó por encima de nadie.
Para las almas olvidadas de Mutemwa, no era “el encargado”.
Era Baba John. Padre John. Familia.
Pero amar a los olvidados también le ganó enemigos.
John discutía sin descanso con las autoridades. Exigía mejor comida, medicinas de verdad y una dignidad mínima. Cuando alguien intentaba recortar a costa de sus pacientes, él se enfrentaba.
En 1973, las tensiones llegaron demasiado lejos. Lo apartaron y lo expulsaron.
La mayoría se habría marchado. Habría buscado otro sitio. Habría empezado de nuevo.
John se instaló en una pequeña choza de chapa cerca de allí.
Durante un tiempo vivió en ese refugio austero. Sin electricidad. Sin agua corriente. En verano, el sol convertía el metal en un horno. Dormía sobre una estera, casi sin nada.
Pero cada día regresaba para cuidar a sus pacientes. Seguía lavando sus heridas. Seguía dándoles de comer. Seguía queriéndolos cuando nadie más lo hacía.
En 1979, la guerra civil ya había alcanzado Zimbabue. Los guerrilleros se movían por la zona. Los civiles blancos estaban en peligro.
Sus amigos le suplicaron que se fuera.
“Si te quedas, vas a morir”, le dijo el padre Mukonori con total franqueza.
John siguió tocando su flauta.
Incluso sus pacientes, las personas que más lo querían, le rogaron que huyera. No soportaban la idea de ver morir a Baba John por ellos.
“No puedo dejarlos”, respondió con sencillez.
El 2 de septiembre de 1979, unos guerrilleros fueron a buscar al hombre blanco de Mutemwa.
Lo acusaron de ser espía. ¿La prueba? Una radio común que usaba para escuchar música.
Cuando un comandante le exigió que explicara de qué lado estaba, esperando súplicas o excusas, John hizo algo extraordinario.
Se arrodilló y empezó a rezar en voz alta. El Padrenuestro y el Avemaría. Con la voz serena y clara en la noche africana.
Más tarde, en una reunión, una joven madre con gemelos terminó sentándose a su lado. Los bebés se durmieron en su regazo mientras él los mecía con suavidad.
Cuando se los devolvió, la miró a los ojos.
“No volverás a verme”, le dijo en voz baja. “Pero rezaré por ti.”
Luego volvió a arrodillarse una última vez delante de todos. Alzó los brazos hacia el cielo. Y recitó el Padrenuestro.
En la madrugada del 5 de septiembre de 1979, se lo llevaron al monte.
Lo golpearon y luego le dispararon por la espalda.
Tenía 58 años.
Cuando la noticia llegó a Mutemwa, los pacientes lloraron como huérfanos. Le habían suplicado que se fuera. Él se negó. Lo habían amado como a un padre. Y ahora ya no estaba.
En su funeral, algunos presentes dijeron haber visto sangre filtrándose del féretro. Para muchos, aquello fue una señal.
Hoy, cada 5 de septiembre, miles de peregrinos viajan a Mutemwa para honrar a Baba John. Suben la montaña donde rezaba. Recogen agua del lugar donde se bañaba, convencidos de que trae consuelo y alivio.
La Iglesia católica mantiene abierta su causa de beatificación. Si algún día prospera, podría convertirse en el primer santo católico de Zimbabue.
Pero para quienes sintieron sus manos lavando sus heridas, para quienes lo vieron quedarse cuando cualquiera habría huido, ya era un santo.
Pasó años recorriendo el mundo, buscando una cueva donde poder rezar en soledad.
En cambio, encontró a ochenta almas olvidadas que necesitaban que alguien las amara.
Y cuando la muerte llegó a buscarlo, los eligió a ellos por encima de su propia vida.
Hay personas que pasan toda su existencia buscando un propósito.
John Bradburne lo encontró en uno de los lugares más rotos de la tierra: entre las personas a las que nadie más quería tocar.
Encontró su hogar entre los olvidados.
Y nunca se fue.
Fuente: BBC News ("Why Briton John Bradburne could become Zimbabwe's first Catholic saint", 20 de septiembre de 2019)



























































