martes, marzo 10, 2026

Cómo fue el legendario Imperio persa.

 

Cómo fue el legendario Imperio persa, la primera superpotencia de la historia que sólo pudo derrotar Alejandro Magno

Detalle de un friso que representa arqueros. Procedente del palacio aqueménida de Darío I en Susa, Irán.

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Lo que se ha ido descubriendo es espectacular. (Detalle de un friso que representa arqueros, del palacio aqueménida de Darío I en Susa, Irán).
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      BBC News Mundo
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A mediados del siglo VI a.C., los persas eran una desconocida tribu de las montañas de la región de Persis, en el suroeste de la meseta iraní.

Pero surgió un fabuloso líder y, en cuestión de una sola generación, arrasó Medio Oriente, conquistando antiguos reinos, asaltando ciudades famosas y construyendo un imperio que llegaría a ser el más grande que se había visto jamás.

Gobernaba más del 44% de la población mundial, abarcando desde los Balcanes y Egipto en el oeste, la mayor parte de Asia occidental y de Asia central en el noreste, y el valle del Indo en el sur de Asia en el sureste.

Los gobernantes de su dinastía serían los más poderosos del planeta. Sus recursos, tan asombrosos que parecerían ilimitados.

La velocidad y la escala sin precedentes de sus conquistas les otorgarían un aura de invencibilidad.

Hasta que llegó otro líder fabuloso que conquistó a los conquistadores y se quedó con sus conquistas.

Esta es una historia que comenzó en 559 a.C., con el ascenso de Ciro el Grande, una de las figuras más notables del mundo antiguo, y terminó 230 años después, a manos del gigante macedonio Alejandro Magno.

Como suele suceder, en ella se mezclan lo fidedigno con lo fantasioso, pero el primer triunfo notable de quien se consagraría como el fundador del primer imperio de los persas fue vencer al rey de los vecinos medos.

Habiendo extendido su dominio por la meseta central de Irán y gran parte de Mesopotamia, se enfrentó al poderoso reino de Lidia en Asia Menor, capturando su rica capital, Sardis, y abriendo el camino para apoderarse de otras ciudades importantes a lo largo de la costa jónica.

Pero su gran victoria llegó cuando Ciro lanzó un ataque contra el imperio neobabilónico, centrado en Mesopotamia, y entró en la culturalmente sofisticada y fabulosamente rica Babilonia.

Conquistó la ciudad en el año 539 a.C., y lo sabemos porque los arqueólogos hallaron uno de los primeros ejemplos de propaganda política de la historia que tenemos.

Se lo conoce como el Cilindro de Ciro y tiene, inscrito en diminutas líneas de escritura cuneiforme, una descripción sobre cómo "el rey del mundo" había vencido, no por medio de la violencia, sino de la tolerancia.

El Cilindro de Ciro

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Encontrado en Babilonia en 1879, el Cilindro de Ciro es uno de los descubrimientos más célebres del mundo antiguo.

Una liberación de los pueblos

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El cilindro fue escrito por orden de Ciro para ser enterrado en los cimientos de la muralla de la ciudad de Babilonia, cumpliendo con una tradición de la región para asegurar el favor divino y registrar los logros de un gobernante para la posteridad.

Relata que el anterior rey, Nabonido, había pervertido los cultos de los dioses babilónicos, incluyendo a Marduk, el dios de la ciudad de Babilonia, e impuesto el trabajo forzoso a su población libre, que se quejó a los dioses.

Marduk buscó a un paladín que restaurara las antiguas costumbres, detalla el Museo Británico de Londres, que alberga el antiguo documento.

El dios eligió a Ciro, lo declaró rey del mundo y le ordenó marchar sobre Babilonia, donde el pueblo aceptó con alegría su reinado.

Luego la voz cambia a primera persona:

"Soy Ciro, rey del mundo, el gran rey, el poderoso rey, rey de Babilonia, rey de Sumer y Acad, rey de los cuatro puntos cardinales (del mundo)...

"Mi vasto ejército marchó a Babilonia en paz. No permití que nadie asustara a la gente y procuré el bienestar de Babilonia y todos sus lugares sagrados".

Ciro se presenta como un adorador de Marduk que luchó por la paz en la ciudad y, además de restaurar las tradiciones religiosas, permitió que quienes habían sido deportados regresaran a sus asentamientos.

"Todo el pueblo de Babilonia bendijo con insistencia mi reinado, y me aseguré de que todos los países vivieran en paz".

El texto fue también reproducido en tabletas, que los expertos piensan eran leídas en público.

Lo que había sido una conquista, se presentó como una liberación de los pueblos.

La reina Tomiris con la cabeza de Ciro el Grande, de Luca Ferrari

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La reina Tomiris con la cabeza de Ciro el Grande, de Luca Ferrari.

La campaña publicitaria parece que funcionó.

Desde tiempos antiguos, Ciro ha sido considerado un gobernante benévolo y noble, incluso por sus enemigos.

Quizás haya sido cierto, pero lo importante es que, como dice el dicho, no basta con ser, hay que parecer.

Y el Cilindro de Ciro sirvió para diseminar esa imagen, consiguiendo afectar la opinión sobre el forjador del Imperio persa durante generaciones.

El historiador griego Jenofonte (~430–354 a.C.) lo presentó como un líder ideal en su "Ciropedia", mientras que textos del Antiguo Testamento elogiaban a Ciro por poner fin al exilio judío en Babilonia y permitir su regreso a casa en Jerusalén para reconstruir su templo.

Así, a lo largo de los siglos ha sido admirado como el epítome de las grandes cualidades que se esperaban de un gobernante en la antigüedad, y asumió rasgos heroicos como un conquistador tolerante y magnánimo, además de valiente y audaz.

Y, en tiempos modernos, su cilindro hasta ha sido referenciado como la primera declaración de derechos humanos, ya que parece fomentar la libertad de culto y la tolerancia.

No obstante, los expertos advierten que esos conceptos necesariamente resonarían en el siglo VI a.C., cuando el ambiente era politeísta y a los conquistadores -antes y después de Ciro- les convenía no pasar por alto a los dioses de los lugares que tomaban bajo control.

Como le dijo a la BBC Mateen Arghandehpour, investigador del Proyecto Invisible East de la Universidad de Oxford, "cuando hablamos del mundo antiguo, la religión no era como la entendemos ahora, una entidad organizada".

"Alguien de Babilonia que adoraba a Marduk, tal vez también adoraba a otros dioses. Entonces, ¿libertad religiosa? Sí. Ciro no obligó a nadie a ir contra la religión, pero no mucha gente lo hacía en ese entonces".

Alejandro, quien derrocó al Imperio Persa, llega a la tumba de su fundador, Ciro el Grande (590/580–c. 529 a. C.), solo para descubrir que ha sido profanada.

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Alejandro en la tumba de Ciro el Grande (Artista: Pierre Henri de Valenciennes, 1796).

"Yo, el rey Ciro, un aqueménida"

Poco se sabe poco sobre los últimos años de la vida de Ciro, y existen varias versiones contradictorias sobre su muerte.

Falleció mientras hacía campaña en la frontera oriental de su imperio.

Heródoto ofrece un relato de su caída en el que muere intentado conquistar a un grupo nómada, y la reina, a cuyo hijo Ciro había asesinado, ordenó que le cortaran la cabeza.

Sin embargo, el mismo Heródoto aclara que esa es solo una de las varias versiones de los hechos que escuchó.

La tumba, en cualquier caso, estaba en Pasargada, el lugar donde Ciro hizo su capital.

Yacía en el centro de un enorme jardín amurallado formal, rodeado de exuberante vegetación y aguas que fluían, una declaración del poder civilizador de Ciro contra el desierto salvaje más allá.

Ahora todo lo que sobrevive es su tumba, aparentemente modesta para el fundador no solo del Imperio Persa, sino también del sentido de identidad nacional de su pueblo.

Una simple inscripción tallada en escritura persa antigua, elamita y acadia proclama: "Yo, el rey Ciro, un aqueménida".

Es una declaración de que el nuevo y vasto imperio de Ciro el Grande estaba bajo el dominio de los aqueménidas, una dinastía real persa.

Otro grande

Ciro el Grande pudo haber forjado el primer Imperio persa, que sus dos siguientes sucesores expandieron, pero fue Dario I quien lo consolidó.

El ascenso de quien rivalizaría con Ciro como el más consumado de todos los gobernantes persas y presidiría el imperio en su cenit se dio por medio de la fuerza bruta.

Le arrebató el poder al hijo de Ciro, Bardiya, en un sangriento golpe de Estado, y fue despiadado cuando el imperio fue sacudido por una ola de revueltas.

En poco más de un año, derrotó, capturó y ejecutó a los líderes rebeldes, y durante el resto de su reinado de 36 años nunca más fue amenazado con un levantamiento.

Pero su formidable reputación no se basó sólo en el poderío militar.

Darío, en pocas palabras, organizó el imperio.

Creó un sistema postal, introdujo pesos y medidas estandarizados, y también la acuñación de monedas.

Para lidiar con el enorme desafío logístico de presidir tan vasto imperio, dividió los territorios en provincias o satrapías, e introdujo impuestos.

En los cargos más altos, nombraba a un pequeño grupo salido exclusivamente de los escalones más altos de la aristocracia persa.

Además, se aseguró de que se implementaran proyectos de ingeniería y construcción en todo el imperio, entre ellos un canal en Egipto entre el Nilo y el mar Rojo.

Con dominios tan extensos, se requerían vías que conectaran los principales centros con el núcleo imperial.

Y las tenían: las carreteras eran excelentes y dotadas de estaciones de servicio para facilitar los largos viajes.

Según estudiosos, la calidad de la infraestructura del Imperio persa fue un factor que le dio una ventaja competitiva crítica.

Fue ese genio administrativo el que le valió el título de Darío el Grande.

Y otra genialidad lo hizo resplandecer: la fundación de la joya de la corona del Imperio: la legendaria ciudad de Persépolis.

Apadana en Persépolis: Procesión de las delegaciones de las naciones vasallas del Imperio aqueménida con ofrendas.

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Apadana en Persépolis: procesión de las delegaciones de las naciones vasallas del Imperio aqueménida con ofrendas.

Persépolis

Incluso hoy en día, las ruinas del monumental complejo no dejan lugar a dudas sobre el esplendor del lugar que reflejaba la grandiosidad del Imperio.

Las magníficas terrazas con edificios y columnas de hasta de 20 metros, algunas de ellas con sus capiteles en la parte superior en los que aún se ven pájaros, leones y toros.

En los muros exquisitos relieves muestran escenas y personajes de ese mundo perdido.

En los de las escaleras que conducen a la plataforma donde se encuentra el gran salón del trono o Apadana, quedaron inmortalizadas delegaciones de los 23 pueblos súbditos llevándole tributos al rey.

Por el increíble detalle en sus rostros y trajes nacionales, se puede ver que vienen de todas partes, desde el sureste de Europa hasta India, trayendo polvo de oro, especias, textiles, joyas, colmillos de elefante, animales y hachas de batalla.

Ingresarían por la imponente Puerta de Todas las Naciones que estaba protegida por toro y criaturas mitológicas llamadas lamassus, unos hombres-toro originarios de Babilonia y Asiria que los persas habían adoptado, para ahuyentar el mal.

Y es que, en la arquitectura y en el arte aqueménida también se refleja la inmensidad del imperio.

Era esencialmente una mezcla ecléctica de estilos y motivos extraídos de diferentes partes, pero fusionados para producir una apariencia distintiva y armoniosa que era claramente persa.

Persépolis fue una obra maestra de la arquitectura imperial.

Y se podría suponer que se construyó explotando a un vasto ejército de esclavos.

Pero los arqueólogos hicieron un descubrimiento sorprendente.

Encontraron las Tablillas de la Fortaleza y las del Tesoro de Persépolis, un conjunto de documentos administrativos escritos en arcilla, que muestran un cuidadoso mantenimiento de registros y tasas de cambio para pagos en especie.

Incluyen numerosos datos de transacciones, relacionadas principalmente con la distribución de víveres, la gestión de rebaños y el aprovisionamiento de trabajadores y viajeros.

Entre otras cosas, hablan de grandes operaciones para el transporte de diversos productos básicos de un lugar a otro según las necesidades económicas, y de la emisión de plata y alimentos a los trabajadores de la economía real en Persépolis y sus alrededores.

Así, revelan quiénes eran los habitantes de la ciudad, dónde vivían, qué hacían y hasta qué comían.

Venían de todas partes del Imperio aqueménida a trabajar en la ciudad, y recibían salarios.

Una pista de cómo llegaban allá está en una inscripción de Susa, una de las ciudades más importantes del antiguo Medio Oriente, donde Darío habla de su deseo de construir un salón del trono.

Les asigna a los pueblos del Imperio la tarea de reunir diferentes bienes necesarios.

Así, por ejemplo, a los asirios se les dice que traigan madera de cedro, y a los afganos, turquesas y lapislázuli; a los babilonios les pide que vayan a producir ladrillos; de Egipto se requerían orfebres y trabajadores del marfil.

De esa manera, además de los tributos e impuestos, llegaban las riquezas de esos "cuatro puntos cardinales" que regían los aqueménidas al corazón del imperio.

La Copa de Oro de Jerjes, rey del Imperio persa aqueménida

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La Copa de Oro de Jerjes, rey del Imperio persa aqueménida.

Persépolis floreció durante casi dos siglos y era conocida como la ciudad más rica bajo el Sol.

Y no era solo la arquitectura la que proyectaba la riqueza y la cultura aqueménida.

Hermosos objetos decorativos y joyas, hechas de oro macizo y plata, con piedras preciosas y semipreciosas, la confirmaba lujosamente.

Persépolis se convirtió en objeto de deseo, particularmente para un lugar que los persas nunca lograron conquistar: Grecia.

Un rey con el imperio en la mira

El intento de subyugar a Grecia de Darío el Grande había terminado sangrientamente en la batalla de Maratón en 490 a.C.

Darío murió cuatro años después y la tarea de expandir el imperio quedó en manos de su hijo Jerjes.

Aunque capturó Atenas en el 480 a.C., sus fuerzas sufrieron serias derrotas ante los griegos tanto en el mar (Salamina) como en tierra (Platea y Micale).

Ante la realidad de que Grecia nunca se incorporaría a su imperio, Jerjes desistió.

Durante el siguiente siglo y medio hubo rebeliones internas, se perdió y reconquistó Egipto y se sofocó una revuelta en Sidón (en el actual Líbano).

A pesar de todas esas crisis, la primacía de Persia continuó sin ser cuestionada, hasta que, en la antigua Macedonia, surgió un rey que desde su ascenso al trono, tenía en su mira al Imperio persa.

Había crecido con esa idea. Además, necesitaba la riqueza del enemigo de Grecia para mantener su ejercito y continuar con sus conquistas.

Pasaría a la historia como Alejandro Magno, y derribaría todo el edificio aqueménida en unos pocos años.

En el año 330 a.C., invadió Persia.

A Persépolis la saqueó, y se dice que se llevó 200 vagones de oro y plata.

En lo que aún se considera uno de los mayores actos de vandalismo de la historia, luego la incendió.

No se sabe a ciencia cierta por qué.

Alejandro luchando contra los persas, de Las hazañas de Alejandro Magno, 1608. Artista Antonio Tempesta.

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Alejandro Magno construiría un imperio que eclipsaría incluso al de los persas.

La razón de la destrucción

El destacado intelectual iraní Al-Biruni, en su "Cronología de las naciones antiguas", del año 1000, dio una razón con la que varias fuentes concuerdan.

"[Alejandro] quemó toda Persépolis como venganza contra los persas, pues al parecer el rey persa Jerjes había incendiado la ciudad griega de Atenas hacía unos 150 años. Se dice que, incluso en la actualidad, se pueden ver rastros del fuego en algunos lugares".

Otros, creen que fue para anunciarle a Oriente el fin del Imperio aqueménida.

O porque quería borrar la cultura y la identidad persa, y hacer desaparecer la memoria de los reyes que una vez vivieron allá.

De ser así, de cierta forma lo consiguió: mucho desapareció por completo de la historia.

Siglos más tarde, cuando los visitantes deambulaban por las ruinas y se encontraban con estatuas de extrañas bestias fantásticas, imaginaban que reyes míticos, no los aqueménidas, habían gobernado el Imperio persa.

En el siglo X, el poeta persa Abul-Qasem Ferdousí recopiló esas fábulas y las incluyó en su gran obra Shāhnāmé o "El libro de los Reyes".

Ni Ciro, ni Darío, ni Jerjes eran mencionados en ese épico libro, que ocupa un lugar central en el sentido de identidad iraní.

En Occidente, sus historias se contaban desde el punto de vista de los antiguos griegos y romanos.

Las ruinas de Persépolis permanecieron sin identificar hasta 1620.

Numerosos viajeros y académicos europeos visitaron y describieron el lugar en los siglos XVIII y XIX.

Pero no fue sino hasta 1924, cuando el gobierno iraní le encargó al erudito alemán Ernst Herzfeld (1879-1948), especialista en arqueología, historia y lenguas de Irán, que fuera a explorar el inmenso complejo palaciego aqueménida que su historia empezó a desenterrarse.

Desde entonces, cada vez es más posible contarla con las voces de esos antiguos persas, y los hallazgos arqueológicos continúna afinándola.

Así, esta historia que empezó y terminó con dos "grandes" conquistadores se sigue escribiendo.

Principales fuentes: BBC serie "In Our Own Time", episodios "Cyrus the Great" y "Persepolis"; BBC serie "Art of Persia".

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lunes, marzo 09, 2026

HAYKU

 Nevado del Ruiz

entre los escombros

Omayra muere
Domingo Acevedo



Anatomía de la sangre: poemario de Domingo Acevedo

 

Anatomía de la sangre: poemario de Domingo Acevedo

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Domingo Acevedo (Mario Alegría),  ‘nació en La Esperilla, junto al camino real en una casita de yagua con piso de tierra…´es un poeta que levanta su voz por los que han soñado con un país libre,  donde impere la justicia social y cuyas vidas han sido malogradas por el despotismo, la intolerancia, la sinrazón.

El poema ‘Hoy la patria’ (página 62) nos confirma:

Hoy la patria se me antoja

un buen lugar

tribuna

desde donde pueda levantarme

de mi silencio

elevar mi voz

por los que sufren

por los que pasan hambre

por los que mueren todos los días

atrapados tras los barrotes

de la pobreza

Creo que a todos nos pasa alguna vez por la mente en nuestras reflexiones que creemos que estamos muertos ante la pasividad e indiferencia ante realidades que duelen, que lastiman y que merecen más atención, generalizamos y creemos que es nuestra generación que ya no siente, que parece que somos muertos vivos por la indiferencia ante las circunstancias del tiempo presente.

El poeta lo expresa en el poema: ‘Parece que aquí’ (página 38)

todos murieron hace tiempo

solo queda un gran árbol

florecido de cadáveres

suspendidos en el aire. 

“Anatomía de la sangre” tiene 141 páginas, cuenta con un proemio de José Espinal Marcelo y siete capítulos:

I: Eco de eternidad, tiene 37 poemas cortos y haikus vamos a compartir el número 32 título a este capítulo.

Eco de eternidad que brota de mi voz

tibio reflejo de luciérnagas en la noche 

faro que guía a los fantasmas

perdidos en mi memoria

telaraña que atrapa ángeles caídos

arboles de cenizas

huellas de cíclopes moribundos

centauros que cabalgan en las infinitas

praderas de la utopía

hacia el olvido. 

Y el número 36/ Tu carne

Ellos mataron tu carne

pero tus palabras en los libros

se hicieron primavera.

A García Lorca.

 

  1. Noche póstuma es el segundo capítulo, tiene 14 poemas compartimos el que lleva ese título en la pág. 34:

Tronco de árbol perezoso

que crece en el bosque de la nostalgia

raíz de agua luminosa

enredaderas de sombras

noche póstuma

hoguera celestial

enluta la primavera

la sangre de la humanidad

herida por las guerras.

III. Rastro de eternidad

Inicia con el poema ‘Ciguapa dormida en el viento’ dedicado a su madre Consuelo Acevedo, Espejo de aguaLa tardeUna flor en el pecho, dedicado a su hijo Randor, Con alas en la espalda, dedicado a su hijo Guaroa, Manuel, dedicado a su hijo Sergio Emmanuel, Un día de otoñoCimarrón herido por el tiempo y Ausencias dedicados a su hermano Felipe Acevedo…

El dolor de la ausencia del hermano nos conmueve:

‘Cimarrón herido por el tiempo’. 

Que te puedo

yo

decir

hermano

si ya estas muerto

si te has ido silencioso y solitario

a poblar los lejanos recintos del olvido

si nos has dejado aquí

solos

desamparados

tristes en el dolor de tu partida

con las miradas heridas de ausencia

con las manos vacías de ternura

acongojados

arrinconados en la angustia inmensa

de saber que te hemos perdido para siempre

Sansón de ébano

hijo natural del bosque y la lluvia

cimarrón justiciero que tejía con los hilos del rocío

los colores horizontales de los amaneceres

centauro que habita a la sombra de los recuerdos

cazador siempre al acecho de su presa

entre los matorrales achicharrados por la sequía

pescador

dueño de las noches salitreras del Mar Caribe

adormecido al arrullo del canto de los grillos

en tu voz de salitre

el mar aun arremolina estrellas y sueños.

Define a su hermano: «Centauro», «pescador», «cazador» sugieren una personalidad fuerte paciente, valiente y con ansias de libertad., la resistencia de un «Sansón de ébano» y la identidad indígena o afro-descendiente del «cimarrón justiciero»

En su anterior poemario ‘Antología del asombro’ (2019) muestra igual dolor y pena por la ausencia, el poema Enrique herido de ausencia

‘sombra que aletea en mi memoria y se hace luz

cuando grito tu nombre

cuando te busco en las habitaciones del olvido

y solo encuentro tristeza

sinsonte de cristal herido bajo la lluvia

relámpago súbito de flores que ilumina la noche

lirio roto junto al camino de la tarde

unicornio que cabalga solitario

por las praderas memorables de la eternidad

canto que duele en la mirada

ausencia que mina la alegría

que enlutece nuestras vidas…

 

 El capítulo IV:  A pesar de los pesares, tiene cinco poemas comparto un trozo del mismo:

 

Te amo

desde la plenitud

de mi soledad…

Te amo

a pesar del odio

de los hombres que me apartan de ti

y me atan al olvido…

 

  1. Septiembre de luto azul inicia con ´Soy un fantasma´

Soy un fantasma caminando

en la memoria del olvido

removiendo las cenizas de Palestina

destruida por Israel…

continua con ‘Guerrero de ébano’

«Decapitado Lemba

su cabeza en la puerta de la ciudad amurallada

es un trofeo a la ignominia…

‘Hoy la patria’ y ‘Hace tanto tiempo comandante´, dedicado a Fidel Castro

…tu figura sigue cabalgando…

encendiendo hogueras

alimentando sueños

agigantándose en el tiempo

ejemplarizadora

indoblegable

indestructible

tu figura de David

El poema ´Vienes de la pena´ lo dedica al comandante Che Guevara

 

Vienes de la pena…

venciendo tu asma

caminando victorioso

a través de la selva…

 

Narciso González, le dedica los poemas ‘Lejos de la noche que amaba’ y ‘Quisieron matar al viento’

Lo mataron lejos de la noche

que amaba

puñales de luna en su alma

… pereció de frio …

‘Diciembre del 1963’ dedicado a Manolo Tavares Justo y a los que junto a él se inmolaron en las escarpadas montañas de nuestro país y ‘Manolo’:

‘permanece

como una flor herida 

que se resiste a morir

olvidada. 

‘Liborio’, ‘Barbarin’ ‘Orlando’ ‘Combatientes anónimos’, ‘Estupor’, ‘Viejo roble’, dedicado a Eduardo Mármol, caído en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el 23 de septiembre de 1990. ‘Tus manos’, ‘Llueve sobre la ciudad’ dedicado a Marino Baez, asesinado en Ecuador, ‘Evidencia fatal’, dedicado a Juan Ramón, Carlos, Pedro Livio y Ezequiel, compañeros caídos en Nagua. ‘Sobre tus hombros’ para Apolinar Toribio, asesinado por los esbirros del mal llamado Partido de la Liberación Dominicana.

‘Pequeño gran hombre. In memoriam’ a Isidro Beriguete, ‘Quijote de plata’, dedicado al Dr. Eduardo Umaña Mendoza, insigne abogado colombiano, que defendió a los dominicanos que estuvieron presos en ese país. Umaña fue asesinado por los Escuadrones de la muerte.

Exilio II, dedicado a Roque Dalton, ‘Quienes’, dedicado a Roque Dalton y a Pancho, su acompañante, asesinados. 

Exilio II, de Domingo Acevedo. Anatomía de la sangre (2026).

Hoy añoro mi patria

desde la distancia más honda 

que habita en mis recuerdos

mi patria herida

por el frio cristal del odio  

herida por la muerte

que persigue y aniquila

a los que levantan en sus manos  

la bandera multicolor  

de la esperanza  

la muerte enseñoreada  

en su incansable maldad

la que sin tregua traspasa el tiempo

hasta el último aliento de la vida

la muerte regocijada

en su trono purpura

escupiendo azufre

sobre el fervoroso sueño

de la multitud

la muerte

la incansable muerte

 la que se esconde

detrás del estridente destello 

de la metralla

la que danza alegre 

al compás fúnebre de la sangre  

la muerte

la que aniquila y destierra

la muerte

la fatídica muerte

la verdadera muerte

hoy añoro mi patria

desde la distancia más honda 

de esta ciudad en la que habito

en Mexico o Praga

en Paris o Costa Rica

en Argentina o España

en Bélgica o Chile

las calles serán siempre

igualmente, solas y tristes

 

QUIENES

 

Quiénes mataron a la flor

la palabra

el amor

la esperanza

quienes mataron a la voz

del viento

quienes mataron

a Roque Dalton

no

ya no quiero saber quiénes

lo mataron

prefiero ignorar

que fueron ustedes

sus hermanos

sus camaradas

quiénes fusilaron al poeta

junto a Pancho

 A Roque Dalton y a Pancho, su acompañante, asesinados.

‘Exilio III’ para María Luisa Abreu (Jocelin), Horas amargas, Septiembre de luto azul, Haití, Presagio de muerte, Febrero era gris entonces, Nanjing, La Paz, Colombia SOS, Pergaminos de eternidad, Maximiliano, dedicado a Maximiliano Gómez (El Moreno)

Maximiliano

Quien dibujo tu rostro con sangre

en los pergaminos del viento

quien Moreno…

 

VI: Lo inéditamente efímero (algunos intentos de haikus) 32 haikus compartimos los siguientes:

12

Anacahuita

bajo tu sombra

Los niños juegan

16

Un continente

lleno de esperanza

es América

 

VII:  La insignificante grandeza. Versos en prosa: Desde donde vivo, A esta hora el camino real, El sol chorrea, El largo camino de la esperanza, Labradores de sueños, La insignificante grandeza, Que triste y sola esta la casa, El centauro, Ángel, Ángel II, Papo, y Una canción me hizo recordar, dedicado a Ramón Almanzar, su gran amigo.

Comparto un trozo de este relato que eriza la piel: “Recuerdo aquella vez en que te apresaron antes de llegar adonde yo te esperaba e intentaron por todos los medios intimidarte, doblegarte, desaparecerte, asesinarte y no pudieron, tu valor y tu dignidad se multiplicaron en el pecho de todo el pueblo que en las calles pedía a gritos tu libertad. En Nagua los esbirros acorralados por la multitud enardecida que gritaba libertad, libertad, libertad, temblaron y no pudieron consumar el propósito de tu muerte y no pudieron llevarte a ningún otro lado, sino a la libertad pura y simple, victorioso, el pueblo te acompaño en caravana por todas las calles de Nagua hasta tu casa en la capital.

La unidad y la resistencia del pueblo vencieron las pretensiones del gobierno de matarte, hoy no estas entre nosotros, Ramón, la muerte traidora te llevo lejos, pero seguimos tu ejemplo, eres nuestro guía, eres la luz que ilumina nuestro sendero”

 

https://www.youtube.com/watch?v=KLiVnrPtZ4I&t=7s

Fausto Aybar, poeta y amigo considera que: ‘Domingo Acevedo se consolida como una voz de la poética contemporánea dominicana, que resiste y emerge, cual ave fénix, en un mundo a menudo sumergido en las vorágines de la deshumanización’.

https://espejismodelunallena.blogspot.com/2026/03/secuencia-grafica-de-la-puesta-de.html

 

 

Joaquín

 




Joaquín
No es verdad que te has ido para siempre
aquí vives en nosotros
habitas en nuestras palabras
eres cielo
nubes
horizonte
montañas
bosques
ríos
lluvia
ave
resistencia
bondad
ternura
amor
humanidad
Domingo Acevedo.

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