sábado, marzo 07, 2026

“ANATOMÍA DE LA SANGRE”, DE DOMINGO ACEVEDO

 

“ANATOMÍA DE LA SANGRE”, DE DOMINGO ACEVEDO

  
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ANATOMÍA DE LA SANGRE. Foto Fausto Aybar.
ANATOMÍA DE LA SANGRE. Foto Fausto Aybar.
Poeta José González Rossi, presenta el poemario Anatomía de la sangre (Foto: Fausto Aybar).
Poeta José González Rossi, presenta el poemario Anatomía de la sangre (Foto: Fausto Aybar).

Por José González Rossi (Poeta).

El día de hoy nos reúne un libro que no se limita a exhibir un conjunto de poemas: nos convoca una obra que se asume a sí misma como testimonio, como instrumento y como territorio. Me refiero a Anatomía de la sangre, del poeta Domingo Acevedo, un autor cuya voz habita —sin pedir tregua— en la zona donde la poesía, la historia y la conciencia humana se entrelazan.

Domingo, permíteme decirte de frente y con el corazón abierto: esta noche no estamos lanzando solo un libro. Estamos lanzando un acto de resistencia poética.

Porque Anatomía de la sangre no es un título cualquiera. Es una declaración. La sangre es lo que nos mantiene vivos, lo que nos une a los ancestros, lo que se derrama en las contiendas, lo que late en el amor y lo que grita en la denuncia. Y Domingo Acevedo, en cada verso de este libro, nos abre las venas de esa sangre para que veamos qué hay dentro: compromiso, ternura, rabia, esperanza y una profunda raíz revolucionaria.

Domingo Acevedo es un poeta en guardia

Domingo Acevedo, puesta en circulación de su 5to. libro. Foto Fausto Aybar.
Domingo Acevedo, puesta en circulación de su 5to. libro. Foto Fausto Aybar.

Y por eso, y antes de entrar en la materia de este libro que a partir de hoy comenzará a circular por el universo poético, me permitiré leerles un fragmento crítico que escribí hace unos cinco años, cuando tuve la oportunidad de leer Antología del asombro, uno de los cinco libros que forman el ecosistema literario de nuestro autor. En aquel entonces dije:

“Al leer a Domingo, me advierto de que su poética posee suficiente fuerza para estar inscrita en la enciclopedia que da a la palabra su carácter sublime.

En la obra Antología del asombro, este autor recurre a los insumos del verbo para edificar en los cimientos de la metáfora la efigie que perfila el rostro de la poesía. Esa es la principal aspiración que embarga a quien escribe. La voz que se escucha cuando lo leemos se caracteriza por poseer el matiz épico que utilizaban los narradores de contiendas milenarias.

Tiene los influjos que atraen la mirada, que cosquillean el oído y que abren las rendijas que transportan hacia los espacios de la cultura. Entonces puedo decir que es un poeta orgánico y que para fluir no requiere utilizar una retroexcavadora, pues abre surcos en la mente recurriendo a su solidaridad, a sus sufrimientos atávicos y a su particular concepción sobre el amor”.

Así me expresé hace cinco años, pero hoy les expongo mi análisis sobre el libro actual, Anatomía de la sangre, y para hacer esto conviene situar al autor.

Vista parcial del publico asistente a la puesta en circulación (Foto Fausto Aybar).
Vista parcial del publico asistente a la puesta en circulación (Foto Fausto Aybar).

Domingo Acevedo no es un escritor que observa desde un balcón distante: su palabra nace directamente desde el cuerpo social. Su escritura es, a la vez, fruto de su experiencia vital y de su compromiso histórico.

El prólogo lo define con claridad cuando señala que su obra “se arma con estética en el compromiso, la denuncia, la esperanza, los ensueños y la resistencia”.

Esta afirmación es clave, porque en la tradición poética dominicana no siempre ha sido sencillo equilibrar poética y praxis sin caer en la estridencia panfletaria o en la complacencia académica.

Acevedo logra ese equilibrio mediante un lenguaje donde conviven la imagen sensorial, la referencia histórica y la emoción inmediata. Su poesía es el espejo donde se refleja una sensibilidad social que no es prestada, ni teórica ni epidérmica: es vivida.

II. Una arquitectura literaria con respiración propia

Puesta en circulación libro de Domingo Acevedo
Puesta en circulación libro de Domingo Acevedo

Anatomía de la sangre se organiza en seis capítulos, cada uno con una respiración distinta, como si el autor fuera un anatomista que abre capas sucesivas de la experiencia humana:

  1. Eco de eternidad
    El ojo metafísico, el paisaje interior, la contemplación.
  2. Noche póstuma
    La angustia, el caos, la guerra, la polis.
  3. Rastro de eternidad
    La ternura filial, la memoria personal, la infancia.
  4. A pesar de los pesares
    La ciudad, el amor, la derrota y el deseo.
  5. Septiembre de luto azul
    La historia política, los mártires, la rebeldía. y
  6. La insignificante grandeza                                            La ciudad interior y la ciudad histórica.

Cada capítulo se comporta como un órgano del cuerpo: uno bombea afecto, otro bombea memoria, otro bombea rabia y otro bombea reflexión.

El lector atento percibirá que no hay versos al azar. La estructura interna es coherente: comienza con una poesía cósmica y existencial y culmina en el territorio político-social de la memoria dominicana y latinoamericana.

III. La sangre como símbolo total

El título del libro ya no es solo un código: es una tesis.

¿Qué es la sangre aquí? No es únicamente lo biológico; es también:

  • genealogía
  • conciencia histórica
  • lucha colectiva
  • dolor de los cuerpos
  • linaje afectivo
  • memoria política
  • evidencia del sacrificio
Nicole Román, declamadora
Nicole Román, declamadora

En el capítulo Eco de eternidad, la sangre aparece como huella metafísica del tiempo. En Noche póstuma, aparece como derramamiento bélico. En Rastro de eternidad, la sangre es maternidad, paternidad e infancia. En Septiembre de luto azul, la sangre es mártir, héroe, desaparecido.

No es casual, por ejemplo, que en el poema Pesada es la oscuridad el yo poético afirme:

“Pesada es la oscuridad de esta noche
en que el canto inefable de los grillos
enciende todas las estrellas de un cielo
que se apaga entre mis ojos”.

Ese verso opera como radiografía del mundo contemporáneo: un paisaje donde la luz existe, pero agoniza; donde la belleza está, pero se oscurece.

IV. La ternura como resistencia

Sería injusto reducir este libro a su dimensión política. Aquí hay un poeta del amor y del cuidado humano, y eso —hoy— es igualmente político.

Cuando Acevedo escribe sobre la madre como “ciguapa” que habita “a la sombra de los flamboyanes dormidos en el viento”, está activando un imaginario donde lo materno no es solo biológico, sino mítico, paisajístico y hasta telúrico.

Y cuando le dice al hijo:

“pon una flor en su pecho
haz florecer en su mejilla
el candor de la aurora”,

Anatomía de la sangre abre una puerta que la poesía social pocas veces se ha permitido: la puerta de la ternura como resistencia. Porque el cuidado —en sociedades violentas— también es un acto revolucionario.

V. Historia, mártires y desobediencia

Allí donde el libro conmueve por lo íntimo, conmueve también por lo histórico. El capítulo Septiembre de luto azul no es un conjunto de poemas: es una galería de nombres que la República Dominicana, América Latina y el mundo están obligados a recordar.

Aquí desfilan:

  • Lemba
  • Enriquillo
  • Fidel Castro
  • Ernesto Che Guevara
  • Narciso González
  • Manolo Tavárez Justo
  • Orlando Martínez
  • Barbarín Mojica
  • Mártires estudiantiles de la UNER
  • Víctimas de Palestina
  • Víctimas de Nanjing
  • Lucas Villa

En el poema sobre Narciso González leemos:

“Ellos quisieron matar al viento
pero tu sonrisa inocente y tibia
detuvo la espada asesina”.

Y más adelante, como un acto de restitución simbólica:

“y te hiciste pueblo
lo que siempre quisiste ser
un canto de amor y libertad”.

Esta poesía no cuelga cuadros en la pared: restituye memoria en la voz. Y cuando la poesía hace eso, no está hablando del pasado, sino del futuro.

VI. Valor literario: estilo y riesgos

Domingo Acevedo trabaja con imágenes densas, a veces al borde del surrealismo, donde:

  • la luz “ruge”
  • la lluvia “galopa”
  • los ángeles “esconden sus alas”
  • la ciudad “se suicida”
  • el niño “tiene alas en la espalda”.

Ese arsenal imagístico produce un efecto interesante: el lector no puede ser pasivo. Tiene que procesar, decodificar y relacionar.

Eso exige algo que la lectura contemporánea tiende a evitar: esfuerzo. Y ese esfuerzo es premiado.

La otra virtud es el riesgo. Este libro no pide permiso para mezclar religiosidad, misticismo, violencia, infancia, política, sensualidad y naturaleza. Podría haber salido mal —y sin embargo— sale bien, porque la voz es orgánica, no impostada.

VII. ¿Qué aporta este libro al presente?

Esta es la pregunta clave, porque presentar libros no es describirlos: es justificar su existencia.

Desde mi lectura, Anatomía de la sangre aporta al presente:

  1. Memoria, en tiempos de amnesia histórica.
  2. Sensibilidad, en tiempos de cinismo emocional.
  3. Complejidad, en tiempos de consumo rápido.
  4. Humanismo, en tiempos de deshumanización digital.

Y, sobre todo, aporta una certeza: la poesía sigue siendo necesaria no por lo que describe, sino por lo que repara.

VIII. Palabras finales

Presentar este libro es un homenaje a la palabra que no se rinde, a la memoria que no se apaga y a la sangre que no olvida. Es, en cierta medida, un gesto de gratitud hacia la literatura que todavía se atreve a decir, a denunciar, a nombrar y a salvar, incluso en medio de la tormenta.

Domingo Acevedo nos recuerda que la sangre no es solo el fluido que corre en nuestras venas: es también aquello que nos une, nos marca y nos sobrevive. Es genealogía, es historia, es duelo, es linaje y es futuro; es el registro íntimo y colectivo de todo lo que hemos sido y de todo lo que aún nos falta ser.

Anatomía de la sangre.
Anatomía de la sangre(Foto Fausto Aybar). .

En un mundo donde la indiferencia pretende convertirse en norma, este poeta nos convoca a sentir; y en un tiempo donde el olvido avanza como una maquinaria pesada, este libro nos obliga a recordar y a conservar lo esencial. Leerlo es hacer un alto en la prisa y permitir que la sensibilidad vuelva a formar parte de lo cotidiano.

Por eso, esta noche celebramos no solo la publicación de Anatomía de la sangre, sino también la vigencia del espíritu humano que late detrás de cada una de sus páginas: ese espíritu que se rehúsa al silencio, que se aferra a la dignidad y que, aun herido, sigue andando.

Muchas gracias.

Anatomía de la sangre: poemario de Domingo Acevedo.

 Anatomía de la sangre: poemario de Domingo Acevedo

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Domingo Acevedo (Mario Alegría),  ‘nació en La Esperilla, junto al camino real en una casita de yagua con piso de tierra…´es un poeta que levanta su voz por los que han soñado con un país libre,  donde impere la justicia social y cuyas vidas han sido malogradas por el despotismo, la intolerancia, la sinrazón.

El poema ‘Hoy la patria’ (página 62) nos confirma:

Hoy la patria se me antoja

un buen lugar

tribuna

desde donde pueda levantarme

de mi silencio

elevar mi voz

por los que sufren

por los que pasan hambre

por los que mueren todos los días

atrapados tras los barrotes

de la pobreza

 

A veces reflexionamos y creemos que estamos muertos ante la indiferencia de las realidades que lastiman y que merecen nuestra atención. Nuestra generación siente, a veces, que parece que todos hemos muerto por esa misma indiferencia ante las circunstancias del tiempo presente.

El poeta lo expresa en el poema:  ‘Parece que aquí’ (página 38)

todos murieron hace tiempo

solo queda un gran árbol

florecido de cadáveres

suspendidos en el aire. 

Este poemario tiene 141 páginas,  cuenta  con un proemio de José Espinal Marcelo. Tiene siete capítulos:

I: Eco de eternidad,

II. Noche póstuma

III. Rastro de eternidad

IV. A pesar de los pesares.

V. Septiembre de luto azul

VI: Lo in-edita mente efímero y

VII:  La insignificante grandeza.

Vamos a compartir  I: Eco de eternidad, (página 28).

Eco de eternidad que brota de mi voz

tibio reflejo de luciérnagas en la noche 

faro que guía a los fantasmas

perdidos en mi memoria

telaraña que atrapa ángeles caídos

arboles de cenizas

huellas de cíclopes moribundos

centauros que cabalgan en las infinitas

praderas de la utopía

hacia el olvido. 

 

II. Noche póstuma

 

Tronco de árbol perezoso

que crece en el bosque de la nostalgia

raíz de agua luminosa

enredaderas de sombras

noche póstuma

hoguera celestial

enluta la primavera

la sangre de la humanidad

herida por las guerras.

III. Rastro de eternidad

Inicia con el poema ‘Ciguapa dormida en el viento’ dedicado a su madre Consuelo Acevedo, Espejo de luna, La tarde, Una flor en el pecho, dedicado a su hijo Randor, Con alas en la espalda, dedicado a su hijo Guaroa, Manuel, dedicado a su hijo Sergio Emmanuel, Un dia de otoño, Cimarrón herido por el tiempo dedicado a su hermano Felipe Acevedo…

El dolor de la ausencia de su hermano Felipe Acevedo nos conmueve:

‘Cimarrón herido por el tiempo’. 

Que te puedo

yo

decir

hermano

si ya estas muerto

si te has ido silencioso y solitario

a poblar los lejanos recintos del olvido

si nos has dejado aquí

solos

desamparados

tristes en el dolor de tu partida

con las miradas heridas de ausencia

con las manos vacías de ternura

acongojados

arrinconados en la angustia inmensa

de saber que te hemos perdido para siempre

Sansón de ébano

hijo natural del bosque y la lluvia

cimarrón justiciero que tejía con los hilos del rocío

los colores horizontales de los amaneceres

centauro que habita a la sombra de los recuerdos

cazador siempre al acecho de su presa

entre los matorrales achicharrados por la sequía

pescador

dueño de las noches salitreras del Mar Caribe

adormecido al arrullo del canto de los grillos

en tu voz de salitre

el mar aun arremolina estrellas y sueños.

Su hermano es «Centauro», «pescador», «cazador»  definen la personalidad fuerte paciente, valiente y con ansias de libertad. «Sansón de ébano» y «cimarrón justiciero» sugieren resistencia y una identidad indígena o afro-descendiente, resaltando su carácter heroico y su pertenencia a un mundo ancestral.

En su poemario ‘Antología del asombro’ (2019) también dedica un poema con el titulo:

Enrique herido de ausencia

‘sombra que aletea en mi memoria y se hace luz

cuando grito tu nombre

cuando te busco en las habitaciones del olvido

y solo encuentro tristeza

sinsonte de cristal herido bajo la lluvia

relámpago súbito de flores que ilumina la noche

lirio roto junto al camino de la tarde

unicornio que cabalga solitario

por las praderas memorables de la eternidad

canto que duele en la mirada

ausencia que mina la alegría

que enlutece nuestras vidas…

IV. A pesar de los pesares.

Te amo

desde la plenitud

de mi soledad…

Te amo

a pesar del odio

de los hombres que me apartan de ti

y me atan al olvido…

V. Septiembre de luto azul inicia con ´Soy un fantasma´

Soy un fantasma caminando

en la memoria del olvido

removiendo las cenizas de Palestina

destruida por Israel…

continua con  ‘Guerrero de ébano’

«Decapitado Lemba

su cabeza en la puerta de la ciudad amurallada

es un trofeo a la ignominia…

Continua con el poema ‘Hoy la patria’  y ‘Hace tanto tiempo comandante´, dedicado a Fidel Castro

…tu figura sigue cabalgando…

encendiendo hogueras

alimentando sueños

agigantándose en el tiempo

ejemplarizadora

indoblegable

indestructible

tu figura de David

El poema ´Vienes de la pena´ esta dedicado al comandante Che Guevara

Vienes de la pena…

venciendo tu asma

caminando victorioso

a través de la selva…

 

A Narciso González, le dedica los poemas ‘Lejos de la noche que amaba’ y ‘Quisieron matar al viento’

Lo mataron lejos de la noche

que amaba

puñales de luna en su alma

… pereció de frio …

‘Diciembre  del 1963’ dedicado a Manolo Tavares Justo y a los que junto a el se inmolaron en las escarpadas montañas de nuestro país y ‘Manolo’:

‘permanece

como una flor herida 

que se resiste a morir

olvidada. 

‘Liborio’, ‘Barbarin’ ‘Orlando’ ‘Combatientes anónimos’, ‘Estupor’, ‘Viejo roble’, dedicado a Eduardo Mármol, caído en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el 23 de septiembre de 1990. ‘Tus manos’, ‘Llueve sobre la ciudad’ dedicado a Marino Baez, asesinado en Ecuador, ‘Evidencia fatal’, dedicado a Juan Ramón, Carlos, Pedro Livio y Ezequiel, compañeros caídos en Nagua. ‘Sobre tus hombros’ para Apolinar Toribio, asesinado por los esbirros del mal llamado Partido de la Liberación Dominicana.

‘Pequeño gran hombre. In memoriam’ a Isidro Beriguete, ‘Quijote de plata’, dedicado al Dr. Eduardo Umaña Mendoza, insigne abogado colombiano , que defendió a los dominicanos que estuvieron presos en ese pais. Umaña fue asesinado por los Escuadrones de la muerte.

Exilio II, dedicado a Roque Dalton, ‘Quienes’, dedicado a Roque Dalton y a Pancho, su acompañante, asesinados. 

Exilio II, de Domingo Acevedo. Anatomía de la sangre (2026).

Hoy añoro mi patria

desde la distancia más honda 

que habita en mis recuerdos

mi patria herida

por el frio cristal del odio  

herida por la muerte

que persigue y aniquila

a los que levantan en sus manos  

la bandera multicolor  

de la esperanza  

la muerte enseñoreada  

en su incansable maldad

la que sin tregua traspasa el tiempo

hasta el último aliento de la vida

la muerte regocijada

en su trono purpura

escupiendo azufre

sobre el fervoroso sueño

de la multitud

la muerte

la incansable muerte

 la que se esconde

detrás del estridente destello 

de la metralla

la que danza alegre 

al compás fúnebre de la sangre  

la muerte

la que aniquila y destierra

la muerte

la fatídica muerte

la verdadera muerte

hoy añoro mi patria

desde la distancia más honda 

de esta ciudad en la que habito

en Mexico o Praga

en Paris o Costa Rica

en Argentina o España

en Bélgica o Chile

las calles serán siempre

igualmente, solas y tristes

 

 

 

QUIENES

 

Quiénes mataron a la flor

la palabra

el amor

la esperanza

quienes mataron a la voz

del viento

quienes mataron

a Roque Dalton

no

ya no quiero saber quiénes

lo mataron

prefiero ignorar

que fueron ustedes

sus hermanos

sus camaradas

quiénes fusilaron al poeta

junto a Pancho

 A Roque Dalton y a Pancho, su acompañante, asesinados.

‘Exilio III’ para María Luisa Abreu (Jocelin)

 

VI: Lo in-edita mente efímero y

VII:  La insignificante grandeza.

 

Federico García Lorca le dedica este poema:

Ellos mataron tu carne

pero tus palabras en los libros

se hicieron primavera.

TECLALIBRE.

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