lunes, enero 19, 2026

Juan Isidro Pérez de la Paz — fundador, perseguido y olvidado… pero jamás rendido.


 


El Trinitario que la Patria no supo cuidar:

Juan Isidro Pérez de la Paz — fundador, perseguido y olvidado… pero jamás rendido.
Hay patrias que se levantan con juramentos… y luego rompen el corazón de quienes los hicieron posibles.
La vida de Juan Isidro Pérez de la Paz no es solo biografía: es una pregunta moral que todavía arde:
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¿cómo tratamos hoy a los hombres y mujeres que sirven sin pedir recompensa?
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JUAN ISIDRO PÉREZ DE LA PAZ (1817–1868)
Cofundador de La Trinitaria · Intelectual patriota · Figura trágica de la Independencia
Hablar de Juan Isidro Pérez es entrar en una de las historias más humanas —y más duras— del nacimiento de la República Dominicana. No fue un nombre decorativo: fue organizador, conspirador, educador político, oficial, exiliado y perseguido. Y aun así, nunca traicionó el juramento.
Nació en Santo Domingo el 19 de noviembre de 1817, hijo de Josefa Pérez de la Paz (Chepita) y del sacerdote Valentín Morales. Su red familiar lo conectó con figuras relevantes del siglo XIX: fue cuñado de Manuel Jimenes y tío de Juan Isidro Jimenes, ambos futuros presidentes.
Recibió lecciones de filosofía y latinidad del presbítero Gaspar Hernández, maestro influyente en la formación de varios trinitarios. Desde joven, además, mostraba disciplina física y carácter: se le recuerda por su destreza como espadachín.
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La Trinitaria: el riesgo real, no la foto
El 16 de julio de 1838, Juan Isidro Pérez fue uno de los nueve fundadores de La Trinitaria, la sociedad secreta concebida por Duarte para alcanzar la separación definitiva y fundar una República independiente. La Trinitaria fue método, disciplina, secreto, propaganda y continuidad: una estructura hecha para resistir persecución y traición.
La tradición histórica sostiene que su casa fue lugar de reuniones trinitarias: eso no es un detalle romántico, es un dato con sentido práctico. Abrir una puerta para conspirar era abrir la puerta al destierro o a la muerte.
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Cultura como arma: ideas que caminan
Pérez entendió algo decisivo: la independencia no era solo un alzamiento, era una batalla por la conciencia. Participó en espacios culturales asociados a la difusión patriótica —como La Filantrópica— donde el teatro y la palabra funcionaron como propaganda encubierta.
Mientras el poder vigilaba fusiles, los trinitarios cultivaban nación.
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Reforma de 1843, Guardia Nacional y persecución
En el contexto del Movimiento de la Reforma de 1843, que removió el tablero político haitiano, Juan Isidro Pérez militó activamente y fue declarado capitán de una compañía de la Guardia Nacional.
Pero la persecución empujó a muchos líderes a salir. Juan Isidro Pérez tuvo que abandonar temporalmente la causa, junto a Duarte y Pedro Alejandrino Pina. Volvieron en marzo de 1844 a bordo de la goleta-bergantín Leonor.
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Función pública y choque con el poder de Santana
Luego del 27 de febrero, Juan Isidro Pérez se desempeñó como secretario de la Junta Central Gubernativa del 9 al 12 de junio de 1844. Su presencia ahí simbolizaba la continuidad del proyecto duartista: república, soberanía e institucionalidad.
Pero el país recién nacido cayó rápido en el forcejeo del mando: Pedro Santana disolvió la Junta y se autoproclamó presidente. Desde ese instante, Juan Isidro Pérez pasó de fundador a estorbo.
Fue víctima de un atentado de seguidores de Santana y tuvo que protegerse en el consulado francés. Y el 22 de agosto de 1844, fue desterrado junto a Duarte y otros patriotas, declarado “traidor a la patria”.
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Exilio, estigma y tragedia personal
En el exilio aparecen señales de deterioro mental. Regresó al país en 1848, durante el gobierno de Manuel Jimenes González, y lejos de recibir respeto fue estigmatizado, perseguido y encarcelado varias veces. Con crueldad, lo llamaron “El Ilustrado Loco”.
Este punto duele porque es una lección nacional:
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la República Dominicana nació heroica… pero no siempre fue justa con sus héroes.
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Muerte
El viernes 7 de febrero de 1868, murió en Santo Domingo a causa del cólera, en el Hospital Militar. Murió sin el reconocimiento que merecía, pero con algo intacto: la fidelidad a su juramento.
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Valoración y reconocimiento (Pensamiento)
En mi opinión, Juan Isidro Pérez de la Paz es símbolo de los patriotas que sostienen una nación sin poseerla.
No hizo de la Patria una escalera.
La Patria, tristemente, lo dejó caer.
Y por eso recordarlo hoy es más que historia: es una exigencia moral.
Porque el juramento trinitario no se honra recitándolo: se honra viviendo con decencia, defendiendo la soberanía y cuidando la dignidad del servicio público.
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¿Crees que el país ha sido justo con sus fundadores, o seguimos repitiendo la misma ingratitud histórica?
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¿Qué significa “Dios, Patria y Libertad” en la vida real, hoy?
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¿A quiénes estamos dejando solos en nuestra sociedad actual, como se dejó solo a Juan Isidro?
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Fuentes y referencias (para verificación)
Academia Dominicana de la Historia, revista Clío (estudios biográficos de trinitarios).
Vetilio Alfau Durán, trabajos sobre la Trinitaria y el período duartista.
Frank Moya Pons, Manual de Historia Dominicana (contexto general del período).
Archivo General de la Nación (AGN), fondos del siglo XIX.
Emilio Rodríguez Demorizi, compilaciones documentales del período santanista (contexto 1844).

GENERAL FELIPE CARRASCO: EL PRÓCER OLVIDADO QUE RECLAMA SU LUGAR EN LA HISTORIA





​En las entrañas de Neiba, un 1 de enero de 1826, nació un hombre destinado a ser escudo y espada de la libertad dominicana: el General Felipe Carrasco. Hoy, al cumplirse el bicentenario de su natalicio, su nombre resurge del silencio gracias a la reseña de Augusto Gómez Rivas, quien nos recuerda que la gratitud es la memoria del corazón de un pueblo.
​Carrasco fue un soldado de lealtad inquebrantable que no conoció el descanso mientras la Patria estuviera en peligro.
Apenas siendo un joven de veinte años, ya ostentaba el grado de capitán, demostrando una bravura que lo llevaría a combatir en la histórica batalla de El Número bajo las órdenes del General Antonio Duvergé.
No conforme con defender la Independencia, años más tarde volvió a empuñar las armas en la gesta de La Canela junto a José María Cabral, entregando su aliento por la Restauración de la República en las tierras que hoy forman parte de Galván.
​A pesar de haber alcanzado el rango de General por sus méritos en el campo de batalla, el destino le reservó un final amargo: murió en la más absoluta pobreza y envuelto en el manto del olvido.
Pero el tiempo de la justicia ha llegado. Este bicentenario es el llamado urgente a los hijos de Neiba y a toda la nación para rescatar su memoria del polvo del tiempo.
Que cada neibero, en cualquier rincón de su jurisdicción, deposite una flor y eleve una oración por su gloria, porque honrar al General Felipe Carrasco es, hoy más que nunca, consolidar nuestra sagrada dominicanidad.
​¡Loor eterno al General Felipe Carrasco! ¡Que viva Neiba, su cuna inmortal! ¡Viva la República Dominicana!

Margaret, aprendió rápido que la fama no se come y que el honor no paga las cuentas.




Cuando el general Sam Houston murió en el verano de 1863, su viuda, Margaret, aprendió rápido que la fama no se come y que el honor no paga las cuentas. Se llevó a sus hijos a la pequeña casa de su madre en Independence, Texas: una mujer orgullosa reducida a pedir fiado lo que ya no podía sostener. La esposa de una leyenda vivía, literalmente, de harina prestada.

En la otra punta del estado, en Huntsville, la noticia corrió en voz baja… no por periódicos ni telegramas, sino por la memoria.
Joshua Houston se enteró.
Había sido esclavizado en la casa de los Houston. Había herrado caballos, arreglado carretas y aprendido a golpear el hierro hasta volverlo útil. Y cuando por fin llegó la libertad, Joshua se abrió camino como herrero y hombre de oficio: alguien que, con sus manos, se ganó su propio futuro.
Pero al saber que Margaret Houston estaba pasando necesidad, hizo algo que pocos hombres, de cualquier color, se atreverían a hacer.
Tomó cada dólar que había logrado ahorrar —dos mil dólares en oro, una fortuna en esos días— y emprendió el camino hacia Independence, atravesando un Texas marcado por la guerra.
Un hombre negro.
En caminos abiertos.
Cargando riqueza en un mundo que le negaba incluso el derecho de poseerla.
Cada tramo era un riesgo: soldados podían acusarlo de robo, bandidos podían matarlo por las monedas, y cualquier hombre blanco podía intentar poner en duda su libertad con una mentira. Pero Joshua siguió adelante.
Cuando por fin llegó a la puerta de Margaret, puso el oro frente a ella:
“He venido a ayudarla”.
Ella miró esas monedas… no como una limosna, sino como un milagro de gracia.
Y se las devolvió.
“No, Joshua”, le dijo entre lágrimas.
“El General querría que volvieras a casa y educaras a tus hijos”.
Y eso hizo.
Joshua regresó a Huntsville y convirtió ese oro en futuro: un futuro sobre el que se sostendrían sus hijos y sus nietos. Su hijo, Samuel Walker Houston, llegó a ser un educador afroamericano clave en Texas, abriendo puertas, creando oportunidades y dejando huella en generaciones.
Hoy, en Huntsville, hay estudiantes que entran a una escuela que lleva el nombre de Houston y muchos asumen que se trata del famoso general.
Pero la verdad es todavía mejor:
Se honra a Samuel Walker Houston, el hijo del hombre que un día cruzó Texas con valor en el bolsillo y lealtad en el corazón.
Un hombre nacido esclavizado…
que eligió la bondad de todos modos.
Un legado forjado no desde el poder…
sino desde el carácter.
Fuente: Texas State Historical Association ("The Life and Legacy of Joshua Houston: A Pioneer in Post-Civil War Texas (1822–1902)", 16 de septiembre de 2020)

Dr. Manuel Tejada Florentino, recordándolo el dia de su desaparición

 





El lunes 19 de enero de 1960,  a las nueve y media de la mañana, el doctor Manuel Antonio Tejada Florentino salió de su casa con destino al hospital Salvador B. Gautier, donde era Jefe del departamento de Cardiología. Fue la última vez que le vieron sus hijos y esposa. Agentes del SIM lo arrestaron en el centro de salud, incautaron su carro nuevo y otras pertenencias y luego se trasladaron a la vivienda familiar en procura del arma que portaba el facultativo, con permiso oficial.


El doctor Víctor Manuel Tejada Polanco, su hijo mayor, cardiólogo como el padre, expresa que en torno a las torturas, muerte y destino del cadáver de su progenitor, se han ofrecido cientos de versiones. Según informes recibidos por Marina Estela, hija de Tejada Florentino, a él lo hizo preso un tal Flicho Palma, de Tenares, que era su ahijado, quien justifica su acción con el argumento de que pensaba protegerlo, es la explicación que ha dado, agrega el primogénito.


Hace alusión al libro de Alicinio Peña Rivera, Historia oculta de un dictador: Trujillo en el que el ex jefe de Inteligencia relata que lo colocaron en la silla eléctrica con fines de torturarlo, no resistió la tortura y murió. También narra la explicación que le ofreció el doctor Ángel Concepción Lajara, amigo entrañable de su padre, a quien el cardiólogo encargó sus pacientes de Tenares meses antes del apresamiento.


"Mi papá tenía una cojera de su pierna izquierda que se le empezó a manifestar después de graduado". Decía que era su regalo de graduación. Era muy hipersensible a la corriente eléctrica, cualquier contacto, a él le producía una reacción más fuerte que a otra persona, manifiesta Tejada Polanco. 


Unos atribuían la limitación a un polio abortivo, otros a una inyección intra glútea o a una afección neurológica no diagnosticada. Lo cierto es que él tenía ese problema y sabía que si lo sentaban en la silla eléctrica, por su alta sensibilidad a la corriente no iba a soportar una descarga con fines de tortura.


La versión más socorrida, empero, es la de que padecía una lesión cardíaca que al parecer había ocultado a su familia. Cuando iban a torturarlo advirtió a sus verdugos su condición pero los sicarios no le creyeron, pensando que trataba de evadir el martirio. 


La verdad, sostiene el doctor Tejada, es que nunca la familia volvió a tener noticias concretas de él, nadie lo vio jamás. Su tumba es la del soldado desconocido y la que en su corazón llevamos los que jamás le podremos olvidar. Falleció, se afirma, el día que lo apresaron.


De la humildad a la cumbre


Manuel Antonio nació en Salcedo el 17 de diciembre de 1907, no en 1910 como se ha repetido. 


Era hijo de María Heriberta Tejada y Luis María Florentino, padre de otros 20 hijos pero la que fue su esposa. Luis María lo reconoció después que se graduó de médico. Entonces él lo aceptó como segundo apellido, el Tejada que lleva es de su mamá.


María Heriberta, modista, maestra, partera, alfabetizó al inquieto muchacho y le enseñó las reglas básicas de matemáticas. Él compensó el esfuerzo de la abnegada mujer trabajando desde niño para ayudarla económicamente. 


Fue limpiabotas, mensajero, cargador de maletas del ferrocarril. En su afán de estudiar se trasladó a la casa de su abuela Leonora Toribio viuda Tejada, en San Francisco de Macorís, que completó su enseñanza. 


Regresó a Salcedo e ingresó en la Escuela Graduada de la señorita María Josefa Gómez, y viajaba a Santiago a recibir los exámenes para obtener el título de Bachiller en Ciencias Físicas y Naturales. 


Aprendió música con el profesor Ramón Díaz y tuvo la oportunidad de ser el primer salcedense en dirigir la Banda de Música local. 


Tocaba guitarra, tambora, cornetín, bandoneón. Su hijo , el gran músico Manuel Tejada, manifiesta que era de carácter alegre, gustaba de las fiestas, era gran bailador y en sus años mozos llevaba serenatas.


Moro Pillet, de La Vega, le enseñó ebanistería por lo que más tarde instaló en Salcedo el taller que le facilitaría los medios para entrar a la Universidad de Santo Domingo a estudiar medicina. 


Terminada la carrera se estableció en Villa Tenares donde fundó clubes y organizó sociedades, como había hecho en Salcedo con la introducción de los Boy Scouts, el odfelismo, la masonería. 


Gran Maestro de la Logia Número 39, fue también miembro prominente del Club Rotario. 


En Tenares y Salcedo construyó escuelas, bibliotecas, logias, centros deportivos, algunos de los cuales llevan hoy su nombre.


El 23 de marzo de 1942, dos años después de graduarse, nació en Salcedo su primer hijo, Víctor Manuel, cuya madre es Altagracia Polanco con quien el doctor Tejada Florentino procreó también a Lucía Altagracia. 


En Tenares conoció a Sofía Tabar, con quien casó el 27 de diciembre de 1942. Es la madre de sus hijos Rosa Leonor, José Ignacio, Ana Sofía y Manuel Antonio. 


Otra hija es Marina Estela, fruto de su unión con Josefa Fernández. 


Todos son profesionales reconocidos, Manuel Antonio, además de médico veterinario, es músico y arreglista exitoso.


Dice que "Papá reconoció a todos sus hijos, nos dio calor de padre, quiso que todos conviviéramos como familia, nos conociéramos y quisiéramos como hermanos. Le debo los recuerdos más gratos de mi infancia, los mejores Reyes de Salcedo eran los míos. Pero su preocupación principal con nosotros era la educación. Año por año me mandaba los libros que necesitaba. Cuando entré al bachillerato me inscribió en La Salle, el mejor colegio de varones de esa época, los muchachos estudiaron en el Santo Domingo. O sea que, lo que él no tuvo, quiso dárnoslo, comenta."


Lo evoca alto, con unos dientes hermosísimos, agradable, simpático, caballeroso, galán. Tejada escribió poemas y discursos que se perdieron. Su oratoria más memorable fue la que pronunció en San Cristóbal, Trazando nuestro propio rumbo hacia la paz, en la que dejaba entrever su oposición al régimen.


En el 14 de Junio


Aunque no hay una obra dedicada a la vida y el martirio del destacado patriota, escritor, músico, masón, odfelo, poeta, maestro, muchos son los trabajos publicados sobre su actuación en la resistencia antitrujillista.


En 1951, cuando regresó de México donde hizo su especialidad en el Instituto Nacional de Cardiología, pocos podían sospechar sus sentimientos contra el régimen pues era el médico de José Arismendi Trujillo (Petán) y de Julia Molina, madre del tirano. Jamás sacó provecho de estas relaciones, afirma su hijo.


Su estancia en México le permitió entrar en contacto con un sistema de gobierno muy distinto al nuestro, opina Tejada Polanco, y esa diferencia reafirmó su oposición, ya afianzada por el dolor que le produjo el asesinato y la desaparición de su hermano Rafael, también víctima de la satrapía. 


Recuerdo que hablaba abiertamente de Trujillo, no se cuidaba, y mamá le decía: Manuel, no hables así.


Fue uno de los más decididos fundadores del Movimiento Revolucionario 14 de Junio y, según Fafa Taveras, colaboró con la organización de todos los focos antitrujillistas distinguiéndose como uno de los principales orientadores intelectuales del Movimiento. 


Fue electo presidente del Comité del Distrito Nacional, añade, pero declinó. De su autoría, según Taveras, es el esbozo de lo que vendría a ser la plataforma de lo que Tejada Florentino llamaba Partido Revolucionario Institucional Dominicano. 


En papeles de la Logia se asegura que Minerva Mirabal lo convenció para el cambio de nombre.


En Santo Domingo, Tejada Florentino vivió en la calle Socorro Sánchez y en la avenida Bolívar. Su hijo cuenta: Se levantaba de madrugada, iba al Gautier, regresaba al medio día, de ahí salía para el consultorio y llegaba tarde porque hacía visitas domiciliarias a los pacientes. 


Asistía al club, la logia, después compró una finca en Sevicos y viajaba los fines de semana. En la casa organizaba reuniones científicas para mantenerse al día. Entre sus colegas estaban José Antonio Fernández Caminero y Nicolás Pichardo.


Gustaba brindar las cosas más nuestras: agua de coco, de limón, dulces criollos. Era una persona admirable. Nos dejó como legado su sensibilidad, el patriotismo, el haber sido de procedencia tan humilde y llegar donde llegó. Se dolía de los pobres y le mortificaban la explotación y la ignorancia. Colegas suyos, como Antonio Zaglul y Ángel Concepción, decían que su consultorio era el más lleno, por eso siempre salía más tarde, cansado y cojeando, pero siempre sonreído… 


Trataba, en su mayoría, pacientes de escasos recursos económicos a quienes regalaba la consulta y el tratamiento. Después de una agotadora jornada de trabajo, sus bolsillos estaban vacíos…


Texto: Angela Peña

El pueblo NUBIO sobrevivió a imperios, inundaciones y fronteras sin perder su identidad ancestral






El pueblo nubio es una de las civilizaciones indígenas más antiguas del noreste de África, con una historia que se remonta a más de cuatro mil años a lo largo del valle del Nilo, en lo que hoy es el sur de Egipto y el norte de Sudán. Mucho antes de que el Antiguo Egipto alcanzara su esplendor, los nubios ya dominaban el comercio, la metalurgia y la arquitectura, convirtiéndose en una potencia regional que llegó incluso a gobernar Egipto durante la dinastía de los faraones negros, un episodio histórico que rara vez se menciona fuera de círculos académicos.
Uno de los aspectos menos conocidos del pueblo nubio es su fuerte relación con el territorio y el río Nilo, no solo como fuente de vida, sino como eje espiritual y cultural. Las aldeas tradicionales nubias se construían con casas de adobe pintadas con colores vivos y símbolos protectores, una arquitectura pensada para resistir el calor extremo y mantener la vida comunitaria. Estas viviendas no eran solo hogares, sino expresiones visibles de identidad, donde cada familia dejaba su huella cultural.
A lo largo del siglo XX, los nubios vivieron uno de los episodios más traumáticos de su historia: el desplazamiento forzado provocado por la construcción de la presa de Asuán. Miles de familias fueron obligadas a abandonar sus tierras ancestrales, quedando sus pueblos sumergidos bajo las aguas del lago Nasser. Este hecho no solo significó la pérdida del territorio físico, sino también una ruptura profunda en su forma de vida, su economía agrícola y su conexión espiritual con el entorno.
A pesar de ello, el pueblo nubio ha demostrado una notable capacidad de resistencia cultural. Su lengua, dividida en varios dialectos como el nobiin y el kenzi, sigue hablándose en comunidades dispersas, aunque hoy se encuentra en peligro de desaparición. La música, la danza y la tradición oral continúan siendo herramientas fundamentales para transmitir la historia y mantener viva la memoria colectiva frente a la presión de la modernidad y la homogeneización cultural.
Para el viajero interesado en culturas indígenas vivas, conocer comunidades nubias implica hacerlo desde el respeto y la observación consciente. No se trata de un destino turístico masivo, y precisamente ahí reside su valor. Visitar aldeas nubias permite entender cómo una cultura milenaria se adapta al presente sin renunciar a su esencia, pero también exige sensibilidad frente a una historia marcada por el desarraigo y la lucha por el reconocimiento.
El pueblo nubio no es solo un vestigio del pasado africano, sino una cultura viva que sigue reclamando su espacio en la historia. Su legado no se mide en monumentos colosales, sino en la persistencia de su identidad frente a imperios, fronteras modernas y cambios irreversibles, recordándonos que algunas civilizaciones no desaparecen: aprenden a resistir.

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