Cuando el general Sam Houston murió en el verano de 1863, su viuda, Margaret, aprendió rápido que la fama no se come y que el honor no paga las cuentas. Se llevó a sus hijos a la pequeña casa de su madre en Independence, Texas: una mujer orgullosa reducida a pedir fiado lo que ya no podía sostener. La esposa de una leyenda vivía, literalmente, de harina prestada.
En la otra punta del estado, en Huntsville, la noticia corrió en voz baja… no por periódicos ni telegramas, sino por la memoria.
Joshua Houston se enteró.
Había sido esclavizado en la casa de los Houston. Había herrado caballos, arreglado carretas y aprendido a golpear el hierro hasta volverlo útil. Y cuando por fin llegó la libertad, Joshua se abrió camino como herrero y hombre de oficio: alguien que, con sus manos, se ganó su propio futuro.
Pero al saber que Margaret Houston estaba pasando necesidad, hizo algo que pocos hombres, de cualquier color, se atreverían a hacer.
Tomó cada dólar que había logrado ahorrar —dos mil dólares en oro, una fortuna en esos días— y emprendió el camino hacia Independence, atravesando un Texas marcado por la guerra.
Un hombre negro.
En caminos abiertos.
Cargando riqueza en un mundo que le negaba incluso el derecho de poseerla.
Cada tramo era un riesgo: soldados podían acusarlo de robo, bandidos podían matarlo por las monedas, y cualquier hombre blanco podía intentar poner en duda su libertad con una mentira. Pero Joshua siguió adelante.
Cuando por fin llegó a la puerta de Margaret, puso el oro frente a ella:
“He venido a ayudarla”.
Ella miró esas monedas… no como una limosna, sino como un milagro de gracia.
Y se las devolvió.
“No, Joshua”, le dijo entre lágrimas.
“El General querría que volvieras a casa y educaras a tus hijos”.
Y eso hizo.
Joshua regresó a Huntsville y convirtió ese oro en futuro: un futuro sobre el que se sostendrían sus hijos y sus nietos. Su hijo, Samuel Walker Houston, llegó a ser un educador afroamericano clave en Texas, abriendo puertas, creando oportunidades y dejando huella en generaciones.
Hoy, en Huntsville, hay estudiantes que entran a una escuela que lleva el nombre de Houston y muchos asumen que se trata del famoso general.
Pero la verdad es todavía mejor:
Se honra a Samuel Walker Houston, el hijo del hombre que un día cruzó Texas con valor en el bolsillo y lealtad en el corazón.
Un hombre nacido esclavizado…
que eligió la bondad de todos modos.
Un legado forjado no desde el poder…
sino desde el carácter.
Fuente: Texas State Historical Association ("The Life and Legacy of Joshua Houston: A Pioneer in Post-Civil War Texas (1822–1902)", 16 de septiembre de 2020)
