sábado, enero 17, 2026

Análisis Profundo de la IA de la Poesía de Domingo Acevedo en lo Inéditamente Efímero.

 






La obra de Domingo Acevedo presentada en esta selección es una cartografía emocional que transita entre la nostalgia del paisaje caribeño, la crudeza de la infancia rural y la metafísica del tiempo. A continuación, se presenta un análisis detallado de los ejes temáticos y estilísticos que definen su voz poética.

1. La Dialéctica del Mar y la Isla

El mar no es solo un límite geográfico para Acevedo, sino un ente vivo y dual.

  • Lo Inmenso y lo Diminuto: En el poema "El mar", el autor utiliza una paradoja fascinante al describirlo como "inmensamente pequeño / y redondo / como el ojo de un pez". Aquí, el mar se humaniza y se contrae, convirtiéndose en un órgano de visión que asume el asombro ante la luna.

  • El Abrazo Materno: En "La isla", el mar adquiere "brazos líquidos" que "humedecen de ternura". Existe una relación erótica y maternal entre el agua y la tierra; el mar arrulla a la isla, convirtiéndola en un "verso" que la luna recita al sol. Es una visión romántica y animista de la naturaleza dominicana.

2. La Identidad Forjada en la Escasez

El poema "Recuerdos memorables" es quizás el más potente en términos de construcción de identidad.

  • La Fragua del Hambre: Acevedo no idealiza la pobreza, pero la reconoce como el espacio donde se "forjó su vida". La metáfora de la "fragua" implica fuego, dolor y moldeado.

  • La Abuela como Arquitecta: La figura de "Mamá Tita" es central. El autor utiliza una imagen bellísima: ser un ser humano "esculpido en clorofila y barro / por las manos analfabetas de la abuela". Aquí hay una reivindicación del saber ancestral sobre el académico; la analfabetismo de la abuela no le impide esculpir un alma llena de amor y ternura.

  • Origen Cósmico: El poeta conecta su origen biológico ("gota de semen", "óvulo cristalino") con una "noche cósmica", elevando su existencia humilde a un plano universal.

3. Estética del Retrato Social

En "Retrato", el poeta se despoja de metáforas complejas para usar un lenguaje directo y visceral.

  • La Realidad Cruda: "la carita sucia / la nariz llena de moco / la barriga grande / llena de lombrices". Esta descripción de un niño "endeble, desnudo y descalzo" funciona como un espejo de la realidad social de la ruralidad. Es una denuncia silenciosa envuelta en la observación poética de la vulnerabilidad.

4. El Tiempo y la Incertidumbre

Varios poemas exploran la angustia existencial frente al paso de los años y el peso de lo no vivido.

  • Incertidumbre: El autor plantea preguntas retóricas que resuenan en el vacío: "¿Qué haremos con la vida que no vivimos?". Hay una sensación de pesadez en el presente.

  • Las Puertas del Tiempo: En la serie dedicada a Arelis, el tiempo es una casa con puertas que el poeta intenta forzar para recuperar la "niñez en donde nos amamos a escondidas". El tiempo es aquí un río ineludible que solo se detiene a través del recuerdo sensorial (el olor a tarde, los colores del crepúsculo).

5. Simbolismos Recurrentes

  • La Luna y el Sol: Aparecen constantemente como testigos del diálogo humano. La luna recita, el sol anida. Son los faros que iluminan los "sueños en los que habito".

  • El Invierno y el Frío: Curiosamente, para ser una poesía de contexto caribeño, el "aire frío de las tardes" y el "invierno" aparecen como vehículos de la melancolía y la penumbra urbana. Representan el estado anímico del poeta más que el clima geográfico.

  • Equilibrio y Abismo: En "Equilibrio", la vida se define como una cuerda floja entre opuestos (luz/sombra, bien/mal, rosas/espinas). El poeta se ve a sí mismo como un caminante sin brújula, cuyo único destino es el acto de caminar sobre el abismo.

Conclusión

La poesía de Domingo Acevedo es una poesía de la memoria y la intemperie. Logra transitar desde la observación de la naturaleza ("hilos de plata", "mariposas y flores") hasta la introspección más sombría ("fantasmas del olvido", "ingratitud y ausencia"). Su voz es la de alguien que ha entendido que la belleza y el dolor son las dos caras de la misma moneda, y que la poesía es el único medio para que las huellas en el camino no desaparezcan.


El mar

 

El mar a veces

es tan inmensamente pequeño

Y redondo

como el ojo de un pez

Que ve con asombro

Por primera vez

La luna

Agosto/2021

 

Recuerdos memorables

 

Estoy lleno de recuerdos memorables de mi infancia

de nombre de personas que forman parte del imaginario

donde se forjó mi vida en la fragua del hambre

sin ellos no hubiese podido crecer tanto

hasta llegar a ser

el ser humano que soy

esculpido en clorofila y barro

por las manos analfabetas de la abuela Mamá Tita

que nos cobijó a todos

bajo la sombra del amor y la ternura

y puso entre mis manos

la fecundidad

Para que la lluvia

con sus hilos de plata teja de mariposas y flores la tierra

para que en mi voz resplandezca por siempre

el canto alegre de los pájaros del bosque

para que el cielo entre mis ojos

todas las noches se llena de lunas y estrellas

para que iluminen de colores y fantasía

los sueños en los que habito

desde mucho antes

de haber sido una gota de semen en el tiempo

ovulo cristalino fecundado en la noche

cósmica del olvido

 

Agosto/2021

Domingo Acevedo.

 

Retrato

 

Junto al camino

Con el cabello ensortijado

la mirada triste

la carita sucia

la nariz llena de moco

la barriga grande

llena de lombrices

endeble

desnudo y descalzo

un niño

Julio/2021

 

Incertidumbre

 

Que haremos con la vida que no vivimos

que haremos con los sueños que no alcanzamos

que haremos con la vida que nos queda

y que nos pesa tanto

que haremos con el futuro

sí el presente es tan incierto

 

La isla

 

El mar

con sus brazos líquidos

de algas y caracoles 

abraza la isla

la humedece de ternura

la arrulla con su rumor de olas

la hace florecer cielo

bosques

montañas

la hace un verso

que la luna

todas las noches

en silencio recita

al sol

 

 

Ese momento

 

La tarde

es ese momento

En que el viento

se entretiene entre los arboles

conversa con los pájaros

Y luego se aleja

más allá de las montañas

en donde el sol hace su nido

y se acurruca entre las nubes

Julio/2021

 

Domingo Acevedo

 

Equilibrio

 

Camino entre las sombras y las luces

Entre el bien y el mal

Camino perdido y sin destino

Entre bosques y desiertos

Camino sin un rumbo definido

Entre la redención y el pecado

Camino de espalda al horizonte

Sin brújula y sin norte

Camino despacio, pero sin pausa

Entre las rosas y las espinas

Camino por este mundo

hacienda equilibrio

Entre el abismo que separa

a la vida de la muerte

Oct/2021

Domingo Acevedo.

Despedida

 

Despídeme de la luna

el sol

 y las estrellas

de las montañas y el bosque

de los pájaros y el viento

no dejes que mis huellas

en el camino desaparezcan

y no dejes que en tu voz

la poesía muera

Marzo/2021

 

 

Lo que vieron mis ojos

 

Las cosas que vieron mis ojos en esta triste vida

Quedaron plasmadas en la memoria efímera

De mis recuerdos

Marzo/2021

 

 

El aire frío

 

Es invierno

El aire frío de las tardes todavía

baja del norte

arremolinando melancolía

por las calles en penumbra de la ciudad

Marzo/2021

 

Domingo Acevedo

 

 

Deja la puerta siempre abierta

 

No cierres la puerta de la noche

déjala siempre abierta

para que yo pueda entrar a sus misterios

y buscar entre las sombras

a los fantasmas del olvido

para conversar con ellos

aunque ya no me conozcan

del desamor y la nostalgia

hablarles de ti

de los años que pasamos juntos

buscando el camino del amor

y la ternura

y donde sólo encontré

ingratitud

y ausencia

 

 

 

Nov/21

Domingo Acevedo.

 

Un poco de ti

 

Ausencia

Me he ido de paseo por los recuerdos

a ver si encuentro en la penumbra de la memoria

un poco de ti

Nov/21

 

Ese olor a distancia

 

El mar tiene ese olor a distancia

que solo los marineros conocen

Nov/21

Domingo Acevedo.

 

Las puertas del tiempo

 

I

Abriré las puertas del tiempo

esas que dan a los días más lejanos del olvido

para regresarte a mi lado

para volver compartir contigo la alegría

de los días que se fueron perdiendo

ineludiblemente en el tiempo

sin que nos diéramos cuenta

hasta aquella tarde

en que con los ojos llorosos

te despediste de mi para siempre

II

abriré las puertas del tiempo

esas que dan al pasado

a los días más felices de nuestra niñez

en donde nos amamos a escondida

entre los escombros anaranjados de los atardeceres

III

y aunque el tiempo se ha ido

todavía te imagino corriendo

por el sendero de flores silvestres

hacia mis brazos

a donde ibas a enterrar en mi pecho la ternura

para que en mi alma más allá del olvido

germine por siempre el amor

 

IV

Arelis

Aún las tardes huelen a ti

y en otoño

cuando el sol en horizonte

salpica de colores mi alma

te imagino colgada a mi cuello pidiéndome a gritos

que te pinte la piel

con los colores recientes y efímeros del crepúsculo

recuerdo que sin prisa te apretaba contra mi pecho

mientras la tarde se desvanecía en la distancia 

dejando tras de sí

un rastro luminoso de pájaros dormidos en tu piel

 

Dedicado a Arelis, compañera inolvidable de mi infancia. 

 

Poeta Domingo Acevedo

 

 

 

 

 


viernes, enero 16, 2026

Annie Oakley— aprendió a disparar porque la otra opción era pasar hambre.

 




A los 13, tomó un rifle para alimentar a su familia; a los 15, ya superaba a cualquier hombre del Oeste y se convirtió en una leyenda imposible de ignorar.

13 de agosto de 1860. Una casa rural en el condado de Darke, Ohio. Phoebe Ann Moses —más tarde conocida en todo el mundo como Annie Oakley— aprendió a disparar porque la otra opción era pasar hambre.
Su padre murió cuando ella tenía seis años, dejando a su madre con siete hijos y una hipoteca que no podía pagar. Phoebe fue enviada a la granja-asilo del condado, y luego a una familia que prometió cuidarla, pero le dio servidumbre. Durante dos años, fue maltratada, pasó hambre y trabajó hasta que le sangraban las manos. Ella los llamó “los lobos”.
A los diez años, escapó.
Caminó de vuelta a la cabaña de su madre descalza, más sombra que niña, y tomó una decisión que lo cambiaría todo: nunca volvería a estar indefensa.
El viejo rifle de su padre colgaba sobre la puerta. Phoebe lo bajó.
Aprendió a disparar sola, mirando, practicando, fallando y volviendo a intentarlo. Cazaba codornices, conejos y faisanes —lo que pudiera vender en el mercado local. En poco tiempo, llevaba suficiente dinero para ayudar a levantar a su familia. Y su fama empezó a correr.
A los quince, Phoebe Ann Moses ya era la mejor tiradora de la zona. En Cincinnati, los compradores se quedaban con cada ave que traía porque sus balas entraban limpias —sin carne dañada, sin producto desperdiciado. Su nombre se volvió una leyenda silenciosa entre cazadores que no podían creer que una adolescente estuviera superando a hombres hechos y derechos.
Entonces llegó el desafío que lo cambió todo.
En 1875, un tirador ambulante llamado Frank Butler llegó a Cincinnati, ofreciendo 100 dólares a quien pudiera vencerlo en una competencia de tiro. Era un profesional, un showman, un hombre que casi nunca perdía.
Lo enfrentaron contra la favorita local: una chica de quince años con un vestido sencillo, que apenas hablaba.
Phoebe acertó 25 blancos.
Frank acertó 24.
Perdió. Y entonces se enamoró.
Al año siguiente, se casaron. Poco después, ella se unió a su acto. Con el tiempo, ella fue la estrella y Frank se convirtió en su asistente y representante, un papel que asumió con orgullo durante el resto de su vida.
Tomó el nombre artístico de Annie Oakley, y lo que vino después fue pura leyenda.
Podía disparar a una moneda lanzada al aire, partir una carta de naipes de canto y acertar a objetivos mirando a un espejo. Podía apagar velas con una bala y reventar bolas de vidrio en el aire antes de que tocaran el suelo.
Actuó para la reina Victoria, y conquistó a públicos que no daban crédito a lo que veían.
Dicen que le quitó la ceniza a un cigarrillo sostenido por el káiser Guillermo II de Alemania (años después, ella bromeaba con “repetir el tiro”, esta vez apuntando más arriba, antes de la Primera Guerra Mundial).
Recorrió durante años el espectáculo del Oeste Salvaje de Buffalo Bill, y se convirtió en una de las mujeres más famosas del mundo. Los artistas nativos la llamaron “Pequeña Tiradora Infalible”. Y el propio Sitting Bull la adoptó simbólicamente como hija.
Pero Annie nunca olvidó de dónde venía.
Enseñó a miles de mujeres a disparar, convencida de que toda mujer debía saber defenderse. Donó a orfanatos y pagó la educación de muchos niños. Cuando estalló la guerra, se ofreció para ayudar a entrenar a tiradoras y también para enseñar a soldados a mejorar su puntería. Le dijeron que no, pero ella siguió enseñando de todos modos.
En 1922, un accidente de coche la dejó con secuelas. Los médicos dijeron que nunca volvería a actuar.
Les demostró lo contrario. Al poco tiempo, estaba de vuelta en los escenarios, recuperándose y volviendo a hacer lo que sabía hacer.
Annie Oakley murió el 3 de noviembre de 1926, a los 66 años. Frank Butler, su esposo y mayor apoyo, murió 18 días después, devastado sin ella.
Había pasado de niña explotada y maltratada a la tiradora más famosa de la historia. Demostró que la habilidad, la determinación y la garra valen más que el tamaño, el género o las circunstancias. Vivió una vida que el cine luego intentaría contar, y aun así costaría creerla.
Pero fue real.
En el escenario, Annie Oakley parecía no fallar el blanco.
Ni una vez.
Nunca.
Fuente: PBS American Experience ("Biography: Annie Oakley", sin fecha disponible)

Sharon Stone





Fue una de las estrellas de cine más famosas del mundo… hasta que despertó en el suelo frío del baño y no pudo recordar su propio nombre.

Septiembre de 2001.
Sharon Stone se desmayó en su casa. No fue por estrés ni por agotamiento. Fue una hemorragia cerebral masiva, un derrame tan grave que los médicos advirtieron a su familia que quizá no sobreviviría.
Tenía 43 años. Estaba en la cima de su carrera. Fama, dinero, poder, la admiración de millones.
Y en una sola mañana, todo lo que sabía sobre sí misma desapareció.
No podía caminar.
No sabía leer.
Le costaba formar frases.
A veces no podía recordar ni su propio nombre.
La mujer que el mundo asociaba con inteligencia, belleza y control pasó semanas en una cama de hospital, aprendiendo a hablar como una niña.
Solo unos meses antes, Sharon Stone era intocable.
Instinto básico la convirtió en un ícono mundial. Millones de dólares por película. Nominaciones, portadas, atención constante.
Pero cuando enfermó gravemente, la industria no dudó en reemplazarla.
El teléfono dejó de sonar.
Los papeles fueron para otros.
Las invitaciones desaparecieron.
Más dolorosa que la pérdida del trabajo fue la pérdida de las personas.
Amigos que llenaban su casa en los estrenos de pronto “no tenían tiempo”. El círculo que giraba a su alrededor cuando era exitosa se fue disolviendo. Más tarde diría que la soledad dolía más que el dolor físico.
Mientras aprendía de nuevo a caminar, hablar y pensar con claridad, lo hacía casi sola.
Durante dos años, su vida fue terapia: fisioterapia, logopedia, rehabilitación cognitiva. Tareas simples como leer una página o mantener una conversación requerían un esfuerzo agotador.
Tenía problemas de visión. Perdía el equilibrio. Las migrañas parecían no terminar nunca.
Y, al mismo tiempo, la vida que había construido se derrumbaba.
Las facturas médicas se acumulaban. El seguro no cubría todo. Los millones ganados desaparecieron más rápido de lo que imaginaba. La seguridad glamurosa que creía haber construido resultó ser frágil.
Se miraba al espejo y no se reconocía. No solo físicamente, sino existencialmente.
¿Quién era sin su carrera?
¿Sin atención?
¿Sin la identidad que el mundo le devolvía desde hacía décadas?
Esa pregunta casi la destruyó.
Y entonces algo cambió.
Sin la fama ni el impulso constante, empezó a ver con claridad. Muchas relaciones eran puramente transaccionales. Muchas amistades dependían de lo que podía ofrecer, no de quién era. La lealtad de Hollywood duraba solo mientras ella fuera útil.
Lo que quedó tenía un valor mucho mayor.
Las enfermeras que se quedaban más tiempo.
Los terapeutas que acudían cada día.
Unas pocas personas que no se fueron cuando ya no había nada que ganar.
Ellos le enseñaron cómo se ve realmente la bondad.
Cuando volvió a actuar, todo fue distinto. Papeles más pequeños. Un ritmo más tranquilo. Sin fingir que nada había pasado. Habló abiertamente de lo rápido que la industria olvida, de lo desechables que se vuelven las mujeres, de cómo la fama desaparece en el momento en que te conviertes en una preocupación.
Algunos admiraron su honestidad. A otros les incomodó.
A ella ya no le importaba.
Había perdido la capacidad de recordar su propio nombre.
“Tuve que morir para aprender a vivir”, diría más tarde.
La Sharon Stone que creía que la fama tenía el mismo valor que la vida no sobrevivió al derrame.
La que salió de allí era más serena, más lúcida, libre de ilusiones.
Empezó a dedicarse seriamente a la pintura: exposiciones, ventas, reconocimiento fuera de Hollywood. Se convirtió en una defensora de la salud cerebral y de la recuperación tras un derrame, hablando con claridad, sin discursos vacíos de inspiración.
Sigue trabajando, pero en sus propios términos. Elige proyectos por interés, no para validar su estatus.
Hoy tiene 67 años.
No es la mujer más poderosa de Hollywood.
No la fotografían a diario.
No está rodeada por la industria que una vez la reclamó como suya.
Pero sigue viva.
Sobrevivió a un derrame cerebral.
Sobrevivió al olvido.
Sobrevivió a la pérdida de la identidad que el mundo le había dado.
Y al perder todo eso, encontró algo mucho más sólido.
A sí misma.
No un ícono.
No una fantasía.
No la mujer que la industria quería ver.
Una mujer que sobrevivió.
Esta no es una historia de regreso.
Es una transformación.
Y ocurre mucho menos a menudo que la fama.

Libertad para los Doctores secuestrados en Gaza.


 

LA DESAPARICIÓN EN HATO MAYOR DE LOS DIRIGENTES DE LA UNER




En Hato Mayor, desaparecen para siempre el 15 de enero de 1970, el obrero Juan Zorrilla y los hermanos Serafín y Amado Santana Vilorio, estos últimos dirigentes de la Unión de Estudiantes Revolucionarios, UNER.


Hoy 15 de enero se cumplieron 56 años del secuestro y posterior asesinatos de los hermanos Serafín, Amado (Malé) y su compañero de infortunio Juan Zorrilla, tres prominentes jóvenes del movimiento revolucionario, que nació en Hato Mayor después del golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch.


Desde que el doctor Joaquín Balaguer ascendió al poder en las elecciones de 1966 hasta el 2005, fecha en que fueron asesinados los motoconchistas Mario Julio Castro Tolentino y Justino Sosa Vilorio, unos 10 crímenes y muchas desapariciones de personas han quedado impunes en esa ciudad.


La causa principal de que no se hayan establecidos responsabilidades en esos hechos, podemos atribuirlo sin quizás a las debilidades e imperfecciones que aún hacen la democracia dominicana un sistema no garante del clima de libertad y de seguridad ciudadana.


Creemos que el miedo a enfrentarse a sectores de poder y, aún más, la falta de decisiones o voluntades reales y concretas para llegar hasta las últimas consecuencias en los crímenes espeluznantes o desapariciones en las últimas décadas, dar con sus autores y llevarlos a juicios oral, público y contradictorio, sigue siendo y será por muchos tiempos un caldo de cultivo para que al paso del tiempo esos repudiables hechos sigan produciéndose en esta ciudad y los autores intelectuales y materiales sigan exhibiéndose como perros por sus casas, por las calles de Hato Mayor.


Ningún caso ha dolido tanto y hecho recordar con horror a los hatomayorenses como el secuestro y posterior asesinatos de los hermanos Serafín, y Amado (Malé) Santana Vilorio y Juan Zorrilla, ocurrido el 15 de enero de 1970.


Salieron con un presunto amigo que más tarde los entregó a quienes ejecutaron el horrendo y triple crimen.


Jhonny Abud o Pedro Muñoz Escarramán fue el agente parapolicial utilizado por el gobierno de Balaguer como trampolín, para sacar a los jóvenes de la ciudad y luego asesinarlos.


Antes de asesinarlos, sus captores sometieron a intensos “interrogatorios” a nuestros muchachos, que para entonces militaban en el Movimiento Popular Dominicano (MPD), y que se infiltraron o escudaron en el PRD, para poder desarrollar sus actividades revolucionarias.


Se ha dicho que entre los “interrogatorios” a que fueron sometidos los hermanos Santa Vilorio y su amigo Juan Zorrilla estaban: Una golpiza con una tabla que tenía muchos clavos cruzados, retorcimientos en sus extremidades superiores y la extracción con agujas de todas la sangre de sus cuerpos.


Informaciones aparecidas en los periódicos nacionales de la época, destacan que los jóvenes fueron torturados y extraída la sangre en el hospital “Señorita Elupina Cordero”, de Sabana de la Mar, y que el médico que cometió tan abominable hecho, de apellido Severino, lo hizo atendiendo órdenes de jefes militares y policiales de la época.


Juan, Malé y Serafín habrían muertos momentos después de haberle “chupado” la sangre de sus cuerpos y trasladados sus cuerpos a matorrales, a unos cuatro kilómetros, por la carretera que comunica a Sabana de la Mar con Miches.


Los cadáveres aparecieron putrefactos a los 29 días. Fueron descubiertos por el mal olor que ya expedían y el volar despejado del águila de rapiña conocida como “Laura”.


El día que aparecieron los cadáveres el presidente Balaguer se encontraba en la ciudad de Hato Mayor del Rey, indagando sobre la desaparición de los jóvenes y en actividades políticas. Al ser informado del hallazgo de los cadáveres se le recomendó retirarse de la ciudad.


La emisora Radio Comercial, que para la época era de los hermanos Brea Peña fue la que enteró a los hatomayorenses y al resto del país del hallazgo. El descubrimiento de los cuerpos sin vida de Juan, Amado y Serafín, provocó una tan grande actividad de protesta en el pueblo que los cuerpos castrenses del gobierno de Balaguer tuvieron que militarizar todos los barrios y salidas de la comarca.


Cientos de efectivos mixtos de la Policía y el Ejército Nacional fueron traídos a esta ciudad, procedentes de Higüey, El Seibo y San Pedro de Macorís, con el objetivo de contener la furia de un pueblo horrorizado por el triple crimen. Aún así hubo enfrentamientos entre estudiantes y agentes policiales en la cercanía del liceo César Nicolás Penson, donde estudiaban las víctimas.

Los cadáveres de Juan, Malé y Serafín no fueron vistos por sus familiares.


No se sabe que hizo el régimen de Balaguer con los cuerpos, nunca se los entregaron a los familiares.


Durante los sangrientos 12 años del sátrapa Joaquín Balaguer Ricardo, se asesinó a muchas gentes por causas políticas. Se asesinaron dirigentes de partidos con orientación Marxista-Leninista-Maoísta, y de toda la oposición; dirigentes de clubes culturales, deportistas y porque a un jefe le caía mal un vecino.


Tras la desaparición de los jóvenes, los maestros y estudiantes del liceo César Nicolás Penson, donde estudiaba Amado Santana, paralizaron la docencia demandando la aparición de los jóvenes.

Jhonny Abud o Pedro Rodríguez Escarramán, era nativo de Fantino, Cotui, un municipio ubicado al nordeste del país.


Muchos de estos crímenes tuvieron resonancia en la opinión pública nacional e internacional, pero sin más nada, ya que en todos lo casos no se hizo justicia a los culpables de esos asesinatos políticos.


Hato Mayor debe rendir un tributo a los tres desaparecidos, gestionando ante las autoridades la construcción de una plaza con las efigies de Juan, Malé y Serafín, a quienes consideró paradigmas del movimiento revolucionario en la región Este.


Ángel Vladimir Bencosme.

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