jueves, junio 25, 2026

Frida Kahlo y Diego Rivera: Amor, traición, arte y legado


Frida Kahlo y Diego Rivera, cortesía de www.FridaKahlo.org

Frida Kahlo describió una vez dos accidentes importantes que marcaron su vida: un accidente de autobús que la dejó destrozada y postrada en cama durante un año... y su matrimonio con Diego Rivera.

Kahlo y Rivera fueron dos de los artistas mexicanos más importantes del siglo XX. Fueron marido y mujer, compañeros políticos, rivales, colaboradores y fuente de profundo dolor el uno para el otro. Se casaron en 1929, se divorciaron en 1939 y se volvieron a casar en 1940. A lo largo de esos años, llegaron la fama, los viajes, las enfermedades, los romances, los celos, la separación y las pinturas que transformaron el sufrimiento privado en arte público.

La historia de amor de Frida Kahlo y Diego Rivera está repleta de drama, tanto público como privado. Para comprender a Frida y Diego, es útil tener en cuenta dos ideas: se amaron y se lastimaron mutuamente. Su relación contribuyó a dar forma al modernismo mexicano, pero también revela el costo emocional del deseo, la dependencia, la traición y la devoción.

Preguntas frecuentes sobre Frida Kahlo y Diego Rivera

¿Quién era el esposo de Frida Kahlo?
El esposo de Frida Kahlo era Diego Rivera, el muralista mexicano conocido por sus pinturas públicas de gran formato y su papel en el arte mexicano posrevolucionario.
¿Frida Kahlo y Diego Rivera se casaron más de una vez?
Sí. Se casaron en 1929, se divorciaron en 1939 y se volvieron a casar en 1940.
¿Engañó Diego Rivera a Frida Kahlo?
Sí. Rivera tuvo varias aventuras extramatrimoniales. La que más devastó a Kahlo fue con su hermana menor, Cristina Kahlo. Su posterior relación con la actriz María Félix también se convirtió en tema de conversación pública en torno a su matrimonio.
¿Cómo reaccionó Frida Kahlo ante la infidelidad de Diego Rivera?
Kahlo reaccionó con ira, separación, sus propias aventuras amorosas y, sobre todo, con la pintura. Obras como «Unos cuantos pellizquitos», «Memoria, el corazón» y «Diego y yo» suelen interpretarse como respuestas a la traición, los celos y el dolor emocional.
¿Fue Diego Rivera abusivo con Frida Kahlo?
La relación fue inestable y emocionalmente dañina, especialmente debido a las repetidas infidelidades de Rivera y al desequilibrio generado por su fama, edad y fuerte personalidad. Una respuesta precisa debe ser clara: los principales resúmenes de museos y obras de referencia suelen describir el matrimonio en términos de inestabilidad, infidelidad, dependencia y sufrimiento, en lugar de presentar un simple relato documentado del abuso físico de Rivera hacia Kahlo.
¿Por qué Frida Kahlo se quedó con Diego después de que él la engañara?
Kahlo no se quedó sin más. Se separó de Rivera y se divorció de él. Más tarde regresó, probablemente debido a una compleja mezcla de amor, admiración artística, afinidad política, dependencia emocional y el lugar singular que Diego ocupaba en su imaginación.
¿Cómo murió Frida Kahlo?
Frida Kahlo falleció el 13 de julio de 1954 en su casa de Coyoacán, México. La causa oficial fue una embolia pulmonar, un coágulo de sangre en los pulmones. Dado que no se realizó una autopsia, algunos historiadores han cuestionado la explicación oficial, pero no existe evidencia clara que demuestre otra causa.
¿Por qué es famosa Frida Kahlo?
Frida Kahlo es famosa por sus autorretratos que transforman el dolor, la identidad, la discapacidad, el género, la política y la cultura mexicana en un lenguaje visual inolvidable.
¿Cuál es la pintura más famosa de Frida Kahlo?
"Las dos Fridas" suele considerarse su obra más famosa. Este gran autorretrato doble, pintado en 1939, alrededor de la época de su divorcio de Rivera, muestra dos versiones de Kahlo sentadas una al lado de la otra, con sus corazones expuestos y conectados por una vena.


Las dos Fridas - Crédito de la imagen: FridaKahlo.org

¿Cómo se conocieron Frida Kahlo y Diego Rivera?

Frida Kahlo conoció a Diego Rivera en 1922, cuando él pintaba un mural en la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México. Ella era estudiante. Él ya era un artista consagrado: mayor, famoso, de imponente presencia física, con una marcada postura política y profundamente involucrado en el movimiento muralista mexicano.
Su relación sentimental comenzó más tarde, después de que Kahlo sobreviviera al accidente de autobús que cambió el rumbo de su vida. Durante su convalecencia, empezó a pintar con mayor seriedad. Rivera la animó en su trabajo, y ambos se unieron en el arte, la política y la convicción de que el México posrevolucionario necesitaba reinventarse.
Cuando se casaron en 1929, la unión parecía improbable. Kahlo era joven, perspicaz y físicamente frágil tras años de problemas de salud. Rivera era más de veinte años mayor, ya famoso y conocido por su afición a la comida, la política, las mujeres y la atención pública. Según se cuenta, los padres de Kahlo los llamaban «el elefante y la paloma», una frase que reflejaba su contraste, pero no la intensidad de su vínculo.

¿Por qué es famosa Frida Kahlo?

Frida Kahlo es famosa porque logró que el autorretrato fuera mucho más que un simple registro de un rostro. En sus manos, se convirtió en un espacio para examinar el dolor, la identidad, el género, la política, la ascendencia, la enfermedad, el deseo y el control.

Su vida le deparó experiencias difíciles. De niña, la poliomielitis le dejó una cojera. A los 18 años, un accidente de autobús le causó lesiones devastadoras que la marcarían para siempre. Sufrió cirugías, dolor crónico, la pérdida de un embarazo y, casi al final de su vida, la amputación de su pierna derecha.

Pero la fama de Kahlo no se basa únicamente en el sufrimiento, sino en lo que hizo con él. Creó un lenguaje visual directo, singular, simbólico e inconfundiblemente suyo. Monos, espinas, sangre, raíces, aparatos ortopédicos, vestidos de Tehuana, columnas rotas, corazones al descubierto y miradas fijas aparecen una y otra vez, no como decoración, sino como claves para comprender su vida.

Sus pinturas también contribuyeron a definir una identidad mexicana moderna. Kahlo se inspiró en el arte popular, la iconografía católica, las tradiciones indígenas, el simbolismo político y la pintura europea, creando una obra que se siente a la vez íntima y nacional. Se pintó a sí misma, pero nunca solo a sí misma.

Un matrimonio construido sobre el arte, la política y la fama desigual.

Desde sus inicios, el matrimonio de Frida y Diego fue también una colaboración creativa. Rivera fue uno de los grandes muralistas del Renacimiento mexicano, autor de monumentales pinturas públicas sobre el trabajo, la revolución, la industria y la identidad nacional. Kahlo trabajó a menor escala, a menudo autorretratándose, pero sus imágenes no fueron menos ambiciosas.

A principios de la década de 1930, la pareja viajó a Estados Unidos para que Rivera realizara murales por encargo en San Francisco, Detroit y Nueva York. Estos años le brindaron oportunidades profesionales, pero también soledad y sufrimiento físico a Kahlo. Sufrió pérdidas gestacionales y problemas de salud cada vez mayores, que plasmó en pinturas de una franqueza impactante. En «Hospital Henry Ford», su cuerpo yace expuesto en una cama, rodeado de símbolos de aborto espontáneo, medicina, sexualidad y duelo.

La trayectoria de Rivera a menudo situaba a Kahlo en el papel de «la esposa de Diego Rivera», pero su obra ya estaba construyendo un lenguaje propio. Donde Rivera pintaba la inmensidad de la historia, Kahlo pintaba el cuerpo como historia. Donde Rivera llenaba muros públicos, Kahlo transformaba la escala íntima del autorretrato en algo impresionante.

¿Le fue infiel Diego Rivera a Frida Kahlo? 

Sí. La infidelidad de Diego Rivera fue una de las heridas más profundas de su matrimonio. Tuvo relaciones con otras mujeres antes y durante su relación con Kahlo, y Kahlo también tuvo romances con hombres y mujeres. Su matrimonio a veces se describe como abierto, pero eso no significa que estuviera exento de celos, humillación o dolor.

El asunto que más hirió fue la relación de Rivera con Cristina Kahlo, la hermana menor de Frida. No se trataba de una simple traición. Cristina era de la familia. La infidelidad afectó profundamente el sentido de lealtad, intimidad y confianza de Kahlo, convirtiéndose en uno de los puntos de quiebre emocional del matrimonio.

Kahlo no se quedó callada. Se separó de Rivera, cambió su forma de vestir y de presentarse, y transformó la experiencia en arte. La violencia de los sentimientos se manifiesta en varias obras de la época, en las que la traición no se describe con delicadeza, sino que se materializa: un corazón herido, un cuerpo perforado, cabellos cortados, sangre, ausencia.

La posterior relación de Rivera con María Félix también pasó a formar parte de la mitología del matrimonio. Para entonces, Kahlo y Rivera ya se habían divorciado y vuelto a casar, pero el viejo patrón se mantuvo: el deseo de Diego se hizo público, el dolor de Frida se convirtió en imagen.

¿Quién era la amante de Diego Rivera?

Diego Rivera tuvo varias amantes a lo largo de su vida. En la historia de su matrimonio con Frida Kahlo, la persona más importante fue Cristina Kahlo, la hermana menor de Frida. La relación extramatrimonial de Rivera con Cristina provocó una ruptura que Kahlo jamás olvidó del todo.
María Félix, la célebre actriz mexicana, es otro nombre frecuentemente vinculado a las infidelidades de Rivera. Su relación con Rivera generó gran atención pública y angustia personal, sobre todo porque el matrimonio de Kahlo y Rivera ya era conocido por su pasión e inestabilidad.
La palabra «amante» puede hacer que la historia suene a chisme, pero las consecuencias emocionales fueron graves. Para Kahlo, las infidelidades de Rivera no fueron solo traiciones amorosas. Se convirtieron en material para la pintura, la performance, la construcción de su identidad y el duelo.

¿Cómo reaccionó Frida Kahlo ante la infidelidad de Diego Rivera?

Frida Kahlo reaccionó a las infidelidades de Rivera de diversas maneras: con ira, retraimiento, separación, amantes y a través de la pintura. Su respuesta no fue pasiva. No se limitó a soportar la traición; la transformó en un lenguaje visual.
Tras su romance con Cristina, Kahlo se cortó el pelo y lució ropa de estilo europeo en lugar del vestido de Tehuana que Rivera tanto admiraba. Esto era importante. La ropa de Kahlo nunca fue solo eso: ropa. Sus faldas largas, blusas bordadas, joyas y trenzas contribuían a construir una imagen arraigada en la identidad mexicana, la feminidad, la teatralidad y el control. Cortarse el pelo o cambiar de vestido era una declaración sobre autonomía, duelo y rebeldía.
En «Unos cuantos mordiscos», una mujer asesinada yace en una cama mientras un hombre la observa con un cuchillo. La pintura se asocia comúnmente con la reacción de Kahlo ante la relación extramatrimonial de Rivera con Cristina, aunque también se inspira en un artículo periodístico sobre violencia doméstica. Su fuerza reside en la forma en que Kahlo fusiona la violencia pública y la traición privada en una imagen desgarradora.



Algunos pequeños pellizcos (1935) de Frida Kahlo - Crédito de la imagen -  Lluís Ribes Mateu | Flickr

En «Memoria, el corazón», Kahlo da forma corporal al dolor emocional. Su corazón yace fuera de su cuerpo. Le faltan los brazos. La ropa parece representar identidades abandonadas. La pintura no le pide al espectador que comprenda el desamor como una idea; lo convierte en algo anatómico.
Años después, en «Diego y yo», Rivera aparece en la frente de Kahlo, como si ocupara su mente. Su cabello se suelta alrededor de su cuello, sus ojos se llenan de lágrimas y la pintura se convierte en un estudio de posesión, obsesión y agotamiento emocional. Diego no está a su lado. Está dentro de su campo de pensamiento.

Diego y yo (1949) de Frida Kahlo - Crédito de imagen - Wikipedia

¿Fue Diego Rivera abusivo con Frida Kahlo?

Esta es una pregunta difícil porque los lectores modernos suelen usar el lenguaje del abuso para describir patrones que fuentes anteriores describían de manera diferente. El trato de Diego Rivera hacia Frida Kahlo fue a menudo cruel desde el punto de vista emocional. Sus repetidas infidelidades, especialmente con Cristina Kahlo, le causaron un profundo dolor. Podía ser dominante, celoso y egocéntrico. El matrimonio estuvo marcado por la inestabilidad, la dependencia y un desequilibrio de edad, fama y poder.

Al mismo tiempo, un relato riguroso debe evitar afirmar más de lo que respaldan los registros históricos. Los resúmenes más conocidos de museos y obras de referencia describen la relación como volátil y marcada por la infidelidad, el divorcio, el nuevo matrimonio y el sufrimiento. Generalmente, no presentan el matrimonio como un caso documentado y directo de abuso físico de Rivera hacia Kahlo.

Por lo tanto, la respuesta más responsable es esta: el comportamiento de Diego Rivera causó un profundo daño emocional a Kahlo, y muchos lectores de hoy reconocerían patrones emocionalmente dañinos en el matrimonio. Pero si se pregunta específicamente si Diego abusó físicamente de Frida, el registro histórico público es más complejo y menos concluyente de lo que sugiere la simple expresión "relación abusiva".

¿Por qué se quedó Frida con Diego?

Frida Kahlo no se limitó a quedarse con Diego Rivera después de que este le fuera infiel. Lo dejó, se separó de él y se divorció. La pregunta más reveladora es por qué regresó.

La respuesta breve es amor, aunque no del tipo fácil. El vínculo de Kahlo con Rivera fue intenso, contradictorio y duradero. Admiraba su intelecto, su fuerza artística y su lugar en la vida cultural mexicana. Él la había animado a pintar, compartía sus ideas políticas y comprendía el mundo del arte y la revolución que tanto le importaba.

También existía dependencia, tanto emocional como práctica. La salud de Kahlo fue frágil durante toda su vida adulta, y Rivera siguió siendo una de las figuras centrales en su vida personal. Pero la dependencia no explica del todo su regreso. Kahlo no era débil. Era sumamente inteligente, audaz en lo social, comprometida políticamente y capaz de rebeldía. Su decisión de volver a casarse con Rivera no sugiere sumisión, sino contradicción: conocía el dolor de amarlo y, aun así, optó por preservar el vínculo, aunque con condiciones diferentes.

Su segundo matrimonio no fue una simple reconciliación. Llegó tras una ruptura. Reconoció que ninguno de los dos encajaba fácilmente en el matrimonio convencional. Permanecieron conectados, pero no se recuperaron por completo.

¿Cuál es el cuadro más famoso de Frida Kahlo?

"Las dos Fridas" suele considerarse la pintura más famosa de Frida Kahlo. La pintó en 1939, el año de su divorcio de Diego Rivera, y la obra hace visible la división emocional.

La pintura representa a dos Fridas sentadas una junto a la otra. Una lleva un vestido blanco de estilo europeo. La otra viste ropa tradicional tehuana, un estilo estrechamente ligado a la identidad mexicana de Kahlo y a la imagen que Rivera admiraba. Sus corazones están al descubierto. Una vena las une. Una Frida sostiene un pequeño retrato de Diego de niño; la otra sostiene unas tijeras quirúrgicas con las que corta la vena, dejando manchas de sangre en su vestido.

La pintura no trata solo sobre el desamor. Trata sobre la identidad bajo presión. Europea y mexicana, amada y rechazada, herida y serena, dividida y aún unida.

Entre otras pinturas famosas de Kahlo se encuentran "Autorretrato con collar de espinas y colibrí", "La columna rota", "Hospital Henry Ford", "Autorretrato con el pelo corto" y "Diego y yo". Pero "Las dos Fridas" sigue siendo uno de los ejemplos más claros de lo que hace que su obra sea tan poderosa: transforma la biografía en símbolo sin perder la esencia de la experiencia vivida.


El Hospital Henry Ford, por Frida Kahlo - Crédito de la imagen: FridaKahlo.org


Frida y Diego Rivera - Crédito de la imagen:  FridaKahlo.org

El cuadro presagia ciertos aspectos de su relación. A pesar de la robusta figura de Diego Rivera, su abrazo es débil, lo que indica que Kahlo no podrá confiar en él como pareja. Su fortaleza es solo una ilusión. Este abrazo contrasta con el de Frida en  Las dos Fridas (1939) , donde su agarre es mucho más firme, consciente de que solo puede contar consigo misma.

¿Cómo murió Frida Kahlo?

Frida Kahlo murió el 13 de julio de 1954 en La Casa Azul en Coyoacán, México. Ella tenía 47 años.

La causa documentada de la muerte fue embolia pulmonar, un coágulo de sangre en los pulmones. Dado que no se realizó autopsia, algunos historiadores han cuestionado la explicación oficial y han sugerido que una sobredosis, accidental o deliberada, pudo haber influido. No existe evidencia concluyente que respalde esta teoría.

Lo que no cabe duda es del sufrimiento físico que padeció en sus últimos años. Kahlo vivió con dolor crónico durante décadas. En 1953, le amputaron la pierna derecha debido a la gangrena. Aun así, continuó pintando, recibiendo visitas y apareciendo en público cuando su cuerpo se lo permitía. Su última aparición pública tuvo lugar días antes de su muerte, en una manifestación política en la Ciudad de México.

Las circunstancias de su muerte son importantes, pero no explican del todo la fuerza de su legado. La fama de Kahlo aumentó drásticamente tras su fallecimiento, especialmente a partir de finales del siglo XX, cuando artistas, académicos, feministas y viajeros encontraron un nuevo significado en su obra e imagen.

La Casa Azul y el legado de su historia

Hoy en día, uno de los lugares más importantes para comprender a Frida Kahlo y Diego Rivera es La Casa Azul, en Coyoacán. Kahlo pasó gran parte de su vida allí: primero con su familia, luego con Diego y finalmente en las habitaciones que se convirtieron en parte inseparable de su leyenda.

La casa no es solo un museo de pinturas. Conserva la atmósfera de una vida: el estudio, la cama, el espejo, los libros, los objetos prehispánicos, la ropa, el jardín, las huellas de la enfermedad y la creatividad. Muestra a Frida no como un símbolo plano, sino como una persona que creó un mundo en torno al dolor, la política, el humor, la belleza y el control.

Diego también sigue presente allí, no solo como esposo, sino como parte del universo cultural y político que compartían. Juntos, Frida y Diego coleccionaron, interpretaron, debatieron y contribuyeron a moldear ideas sobre la identidad mexicana. Su hogar se convirtió simultáneamente en un espacio doméstico, político y artístico.

Lo que significa su relación ahora

Puede resultar tentador simplificar la historia de Frida Kahlo y Diego Rivera: amantes geniales, matrimonio tóxico, tragedia artística. Pero su relación se resiste a la simplicidad. No se complementaban en muchos sentidos evidentes. Se traicionaron, se hirieron y volvieron a encontrarse. Sin embargo, su relación también formó parte del mundo que hizo posible su arte.

Para Kahlo, Diego nunca fue solo un esposo. Fue un sujeto, un símbolo, una herida, un colaborador y una fuerza que no podía borrar fácilmente de su imaginación. Para Rivera, Kahlo no era simplemente la esposa del muralista. Se convirtió, sobre todo después de su muerte, en una de las artistas más influyentes de la era moderna.

Su historia importa no porque ofrezca un modelo de amor, sino porque revela cómo el amor puede estar entrelazado con el poder, la política, la ambición, la enfermedad, la identidad y el arte. 

Para quienes visitan la Ciudad de México , una visita a La Casa Azul es mucho más que un simple lugar para tachar de una lista. Es un sitio donde la biografía se materializa: una habitación, un vestido, un jardín, una cama, un derrame cerebral. Y es donde la historia de Frida y Diego se revela menos como una leyenda y más como una vida humana vivida, difícil e inolvidable.

Context

miércoles, junio 24, 2026

Es en la lucha revolucionaria en donde se forja el porvenir de los pueblo.

Es en la lucha revolucionaria en donde se forja el porvenir de los pueblos, es desde ahí desde donde se pueden hacer los cambios estructurales para que los pueblos puedan disfrutar de una vida digna.

Domingo Acevedo.





El verdadero maestro de karate.

El verdadero maestro de karate no es aquel que se esmera en que sus estudiantes aprendan a competir, sino el que se empecina en que estos aprendan las bases prácticas, filosóficas y espirituales del karate. 

Domingo Acevedo.














De la muerte nadie se escapa.

Foto tomada de la red 



Los humanos llevamos acuñada

en las entrañas de nuestro ADN

la maldad

​la maldad

progenitora de la muerte

que persigue por todos lados

frenética a la vida

​la muerte esa que edificó su nombre

en las paredes del miedo

para que no olvidemos

que de ella nadie se escapa


Domingo Acevedo.

Junio/2026.


Qué versos tan viscerales y cargados de una cruda realidad. Domingo Acevedo logra plasmar en este breve fragmento una verdad que, por más que intentemos 

‌ con la cotidianidad, define la condición humana: la inevitable danza entre la vida y nuestro propio fin.


​Aquí un breve desglose de la fuerza que transmiten estas palabras:

​La maldad como herencia biológica: Al decir que la llevamos "acuñada en las entrañas de nuestro ADN", el poema despoja a la maldad de su carácter meramente moral o cultural. La plantea como un rasgo evolutivo, un instinto primario que se entrelaza con nuestra propia supervivencia (o nuestra propia destrucción).

​La muerte personificada: Esa imagen de la muerte "que persigue por todos lados frenética a la vida" es casi cinematográfica. No es un fin pasivo; es una fuerza activa, cazadora y omnipresente.

​El miedo como monumento: La frase "edificó su nombre en las paredes del miedo" es brillante. Nos recuerda que gran parte de las estructuras de nuestra sociedad, de nuestras religiones y de nuestras ansiedades existen, precisamente, para intentar procesar o evadir ese recordatorio constante de que somos efímeros.

​Es un recordatorio sombrío, pero poderosamente poético, de que el miedo a la muerte es, irónicamente, lo que muchas veces nos recuerda, que aunque vamos inevitablemente a morir un día, estamos vivos.

Las mujeres guerrilleras de México.




Las mujeres guerrilleras de México: la historia invisibilizada de la insurgencia y el legado de Aurora de la Paz Navarro del Campo.


La historia de las luchas sociales y revolucionarias en México ha sido narrada, durante décadas, desde una perspectiva predominantemente masculina. Los nombres de Lucio Cabañas, Genaro Vázquez Rojas y los dirigentes de la Liga Comunista 23 de Septiembre forman parte de la memoria colectiva de la llamada Guerra Sucia. Sin embargo, detrás de esas organizaciones existió una generación de mujeres cuya participación fue decisiva y cuyo papel ha permanecido largamente invisibilizado.


Fueron combatientes, organizadoras clandestinas, dirigentes políticas, propagandistas, enlaces comunitarias, responsables de logística y constructoras de redes de solidaridad. Muchas enfrentaron la cárcel, la tortura, la desaparición forzada y el asesinato. Otras sobrevivieron para convertir su experiencia en una lucha permanente por la verdad, la memoria y la justicia.


Entre todas ellas destaca una figura excepcional: Aurora de la Paz Navarro del Campo, considerada por investigadores, sobrevivientes y organizaciones de derechos humanos como la única mujer que llegó a dirigir una organización político-militar guerrillera en México.


Mujeres contra la exclusión y el autoritarismo


La participación femenina en las organizaciones insurgentes no puede entenderse únicamente como un episodio de la lucha armada. También representó una ruptura profunda con los roles de género impuestos por la sociedad mexicana de mediados del siglo XX.


En una época en la que se esperaba que las mujeres permanecieran confinadas al ámbito doméstico, cientos de jóvenes estudiantes, campesinas, maestras y trabajadoras decidieron incorporarse a movimientos que cuestionaban la desigualdad social, la represión política y la falta de democracia.


Su participación desafió simultáneamente dos estructuras de poder: el autoritarismo del Estado mexicano y el sistema patriarcal que limitaba la presencia de las mujeres en la vida pública.


La insurgencia se convirtió para muchas de ellas en un espacio donde reivindicaron su capacidad de decisión política, liderazgo y acción colectiva. Aunque dentro de las propias organizaciones revolucionarias persistieron prácticas machistas, las mujeres lograron abrir espacios que transformaron para siempre la participación política femenina en México.


La otra cara de la Guerra Sucia


Entre finales de los años sesenta y principios de los ochenta, México vivió uno de los periodos más complejos de su historia contemporánea. El movimiento estudiantil de 1968, las movilizaciones campesinas, las luchas sindicales y la creciente inconformidad social dieron origen a diversas expresiones de resistencia, algunas de ellas armadas.


La respuesta gubernamental fue una estrategia de contrainsurgencia que incluyó espionaje, persecución política, detenciones arbitrarias, tortura, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas.


En ese contexto surgió la Liga Comunista 23 de Septiembre, considerada la organización guerrillera urbana más importante de los años setenta. Aunque la narrativa oficial la presentó durante mucho tiempo como una organización integrada fundamentalmente por hombres, investigaciones recientes han demostrado que las mujeres participaron en prácticamente todos los niveles de dirección y operación.


Sin ellas, buena parte de las estructuras clandestinas que sostuvieron la resistencia política habrían sido imposibles de mantener.


Aurora de la Paz Navarro del Campo: una dirigente revolucionaria


La trayectoria de Aurora de la Paz Navarro del Campo ocupa un lugar singular dentro de la historia de la insurgencia mexicana.


Militó en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y posteriormente en la Liga Comunista 23 de Septiembre. A diferencia de muchas mujeres de su generación, cuya participación fue minimizada o reducida a funciones secundarias por la historiografía tradicional, Aurora alcanzó responsabilidades de conducción política y militar.


Su liderazgo rompió esquemas en un contexto donde incluso los movimientos revolucionarios reproducían desigualdades de género.


Diversas investigaciones la reconocen como la única mujer que dirigió una organización político-militar guerrillera en México, una condición excepcional que revela tanto su capacidad política como las enormes barreras que debió enfrentar.


Su compañero, Carmelo Cortés Castro, también militante insurgente, fue detenido y murió bajo custodia del Estado. Aurora continuó su actividad política pese al incremento de la represión.


El 3 de febrero de 1976 fue detenida por elementos de la policía militar y de la extinta Dirección Federal de Seguridad. Desde entonces permanece desaparecida.


Su familia nunca volvió a verla.


Cincuenta años después, su caso continúa simbolizando una de las deudas más profundas del Estado mexicano con las víctimas de la Guerra Sucia.


Mujeres que sembraron democracia


La participación de las mujeres insurgentes trascendió el ámbito de la lucha armada. Muchas de ellas contribuyeron posteriormente a la construcción de movimientos democráticos, organizaciones de derechos humanos y colectivos de búsqueda de desaparecidos.


La experiencia de la represión las convirtió en impulsoras de causas que hoy forman parte de la agenda democrática nacional: el derecho a la verdad, la memoria histórica, la justicia transicional y el reconocimiento de las víctimas de violencia estatal.


Martha Camacho Loaiza


Militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre, sobrevivió a la tortura y a la persecución política. Su testimonio se convirtió en una herramienta fundamental para documentar los crímenes de Estado cometidos durante la Guerra Sucia y preservar la memoria de las víctimas.


María de la Luz Núñez Ramos


Participó en movimientos revolucionarios y posteriormente dedicó gran parte de su vida a la defensa de los derechos humanos, la localización de desaparecidos y la exigencia de justicia para las víctimas de la represión política.


Las mujeres del Partido de los Pobres


En la sierra de Guerrero, decenas de campesinas sostuvieron la estructura social y política del movimiento encabezado por Lucio Cabañas. Fueron mensajeras, organizadoras comunitarias, combatientes, cuidadoras y proveedoras de apoyo logístico.


Sin ellas, la resistencia campesina difícilmente habría sobrevivido.


La historia oficial rara vez registró sus nombres, pero su participación fue decisiva para mantener viva una de las expresiones más importantes de inconformidad social del México contemporáneo.


De la insurgencia a los derechos humanos


Muchas de las conquistas democráticas actuales tienen raíces en las luchas emprendidas por aquellas mujeres.


La apertura política, el fortalecimiento de los organismos de derechos humanos, el reconocimiento de las desapariciones forzadas, la creación de mecanismos de atención a víctimas y la exigencia de rendición de cuentas al Estado son procesos en los que participaron sobrevivientes, familiares y compañeras de quienes enfrentaron la represión.


Su legado va más allá de la discusión sobre la lucha armada.


Representan una generación que se negó a aceptar la injusticia como destino y que abrió caminos para la participación política de las mujeres en espacios históricamente dominados por hombres.


Una memoria pendiente


La historia de las mujeres guerrilleras continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la historiografía mexicana.


Durante décadas fueron relegadas a notas al pie, reducidas a acompañantes de dirigentes masculinos o excluidas de los relatos oficiales. Sin embargo, nuevas investigaciones han comenzado a recuperar sus voces y reconocer su papel como protagonistas de la historia.


Entre todas ellas, Aurora de la Paz Navarro del Campo ocupa un lugar excepcional: dirigente revolucionaria, víctima de desaparición forzada y símbolo de la resistencia femenina frente al autoritarismo.


Su nombre permanece en las listas de desaparecidos de la Guerra Sucia, pero también en la memoria de quienes continúan exigiendo verdad, justicia y reparación.


Recordarla no es solamente un acto de memoria histórica. Es reconocer que la lucha de las mujeres por la democracia, los derechos humanos y la transformación social de México ha sido una fuerza fundamental en la construcción del país contemporáneo.

martes, junio 23, 2026

𝗣𝗟𝗔𝗡𝗜𝗙𝗜𝗖𝗔𝗖𝗜𝗢́𝗡 𝗧𝗘𝗥𝗥𝗜𝗧𝗢𝗥𝗜𝗔𝗟, 𝗔𝗠𝗕𝗜𝗘𝗡𝗧𝗘 𝗬 𝗩𝗜𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗧𝗜𝗗𝗜𝗔𝗡𝗔 𝗘𝗡 𝗟𝗔 𝗥𝗘𝗣𝗨́𝗕𝗟𝗜𝗖𝗔 𝗗𝗢𝗠𝗜𝗡𝗜𝗖𝗔𝗡𝗔.

 




𝗣𝗼𝗿 𝗟𝘂𝗶𝘀 𝗖𝗮𝗿𝘃𝗮𝗷𝗮𝗹 𝗡𝘂́𝗻̃𝗲𝘇
𝗔𝗥𝗧𝗜́𝗖𝗨𝗟𝗢 𝟮 𝗗𝗘 𝟲
𝗟𝗢𝗦 𝗠𝗔𝗣𝗔𝗦 𝗤𝗨𝗘 𝗡𝗢 𝗖𝗢𝗡𝗩𝗘𝗥𝗦𝗔𝗡: 𝗣𝗢𝗥 𝗤𝗨𝗘́ 𝗟𝗔 𝗥𝗘𝗣𝗨́𝗕𝗟𝗜𝗖𝗔 𝗗𝗢𝗠𝗜𝗡𝗜𝗖𝗔𝗡𝗔 𝗡𝗘𝗖𝗘𝗦𝗜𝗧𝗔 𝗢𝗥𝗗𝗘𝗡𝗔𝗥 𝗦𝗨 𝗧𝗘𝗥𝗥𝗜𝗧𝗢𝗥𝗜𝗢 𝗗𝗘𝗦𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗩𝗜𝗗𝗔
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
𝗜𝗗𝗘𝗔𝗦 𝗖𝗘𝗡𝗧𝗥𝗔𝗟𝗘𝗦
𝗜𝗱𝗲𝗮 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗹 𝟭: 𝗟𝗮 𝗥𝗲𝗽𝘂́𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮 𝗗𝗼𝗺𝗶𝗻𝗶𝗰𝗮𝗻𝗮 𝗻𝗼 𝗰𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗽𝗮𝘀 𝗻𝗶 𝗱𝗲 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀; 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗷𝗲𝗿𝗮𝗿𝗾𝘂𝗶́𝗮 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗲𝗹𝗹𝗮𝘀.
𝗜𝗱𝗲𝗮 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗹 𝟮: 𝗘𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗼-𝗮𝗱𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗻𝗼 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗰𝗼𝗶𝗻𝗰𝗶𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗲𝗰𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗼, 𝗵𝗶́𝗱𝗿𝗶𝗰𝗼, 𝗴𝗲𝗼𝗺𝗼𝗿𝗳𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗼 𝗻𝗶 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼.
𝗜𝗱𝗲𝗮 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗹 𝟯: 𝗣𝗹𝗮𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗯𝗶𝗲𝗻 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗮𝘀𝗶𝗴𝗻𝗮𝗿 𝗮 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗹𝗮 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗰𝘂𝗺𝗽𝗹𝗶𝗿 𝘀𝗶𝗻 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗮𝗴𝘂𝗮, 𝘀𝘂𝗲𝗹𝗼, 𝗯𝗶𝗼𝗱𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗶 𝗯𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼.
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
La República Dominicana tiene muchas maneras de dividir y nombrar su territorio.
𝗧𝗲𝗻𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗶𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀, 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼𝘀, 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗿𝗶𝘁𝗼𝘀 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝘀𝗲𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, 𝗽𝗮𝗿𝗮𝗷𝗲𝘀, 𝗯𝗮𝗿𝗿𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝘀𝘂𝗯𝗯𝗮𝗿𝗿𝗶𝗼𝘀. 𝗧𝗲𝗻𝗲𝗺𝗼𝘀 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗿𝗲𝗴𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘂́𝗻𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗮𝘀 𝗵𝗶𝗱𝗿𝗼𝗴𝗿𝗮́𝗳𝗶𝗰𝗮𝘀, 𝘇𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗱𝗮, 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗶𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗰𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮𝘀, 𝗿𝗲𝗴𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗴𝗲𝗼𝗺𝗼𝗿𝗳𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮𝘀, 𝗮́𝗿𝗲𝗮𝘀 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗶𝗱𝗮𝘀, 𝗿𝗲𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗯𝗶𝗼𝘀𝗳𝗲𝗿𝗮, 𝘇𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗮𝗴𝗿𝗶́𝗰𝗼𝗹𝗮𝘀, 𝘇𝗼𝗻𝗮𝘀 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗮𝘀, 𝘇𝗼𝗻𝗮𝘀 𝘁𝘂𝗿𝗶́𝘀𝘁𝗶𝗰𝗮𝘀, 𝘇𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗶𝗻𝗱𝘂𝘀𝘁𝗿𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼 𝘆 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗮𝗹𝘁𝗼 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹.
El problema no está en la ausencia de clasificaciones.
𝗘𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗻 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝘀𝗶́, 𝗼 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗲 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗻𝗲 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝗶𝗻 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝗹𝗶́𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼.
Una provincia puede tener valles agrícolas, montañas, zonas de recarga hídrica, laderas inestables, ciudades en expansión, ríos contaminados y zonas rurales que sostienen la vida urbana. Sin embargo, muchas veces se planifica como si fuera una unidad homogénea.
𝗛𝗔𝗬 𝗤𝗨𝗘 𝗗𝗜𝗦𝗧𝗜𝗡𝗚𝗨𝗜𝗥 𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗠𝗔𝗣𝗔𝗦 𝗙𝗨𝗡𝗗𝗔𝗠𝗘𝗡𝗧𝗔𝗟𝗘𝗦.
𝗘𝗹 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗼-𝗮𝗱𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼.
Es el mapa de las provincias, municipios, distritos municipales, secciones y parajes. Sirve para elegir autoridades, organizar servicios, distribuir competencias, cobrar arbitrios, aprobar permisos y gestionar el poder local. Es necesario, pero no suficiente.
𝗘𝗹 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗲𝗰𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗼-𝗵𝗶𝗱𝗿𝗼𝗴𝗲𝗼𝗺𝗼𝗿𝗳𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗼.
Ahí aparecen las cuencas, subcuencas, ríos, cañadas, acuíferos, áreas de recarga, humedales, manglares, bosques secos, bosques húmedos, bosques nublados, zonas kársticas, llanuras de inundación, pendientes, montañas, valles, costas y corredores biológicos. Este mapa dice qué sostiene la vida y cuáles son los límites naturales del territorio.
𝗘𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗰𝗲𝗿𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗼 𝗺𝗲𝘁𝗮𝗯𝗼́𝗹𝗶𝗰𝗼.
Muestra dónde vive la población, por dónde entra el agua, dónde se produce comida, por dónde sale el agua servida, dónde se deposita la basura, dónde se ubican industrias contaminantes, qué zonas reciben presión inmobiliaria, qué territorios rurales cargan con impactos urbanos y qué comunidades reciben los daños que otros sectores no quieren ver.
𝗨𝗻𝗮 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗰𝘁𝗮 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗹𝗼𝗴𝗿𝗮𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼́𝗺𝗶𝗰𝗼, 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗼 𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗿𝗮𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹 𝘀𝗲 𝘀𝘂𝗯𝗼𝗿𝗱𝗶𝗻𝗲 𝗮𝗹 𝗺𝗮𝗽𝗮 𝗲𝗰𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗼.
El territorio no puede asignarse primero al negocio y después preguntarse si había agua, humedal, pendiente, riesgo o comunidad afectada. Ese orden invertido es el origen de muchos conflictos ambientales dominicanos.
𝗟𝗮 𝗮𝘀𝗶𝗴𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗯𝗮́𝘀𝗶𝗰𝗮𝘀:
¿Este suelo debe producir agua, alimento, vivienda, conservación, turismo, industria, recreación o infraestructura sanitaria?
¿Puede cumplir esa función sin destruir otra más importante?
¿Es razonable permitir minería en una zona productora de agua?
¿Es aceptable urbanizar una llanura inundable?
¿Tiene sentido rellenar un humedal para levantar infraestructuras turísticas?
¿Puede instalarse un vertedero sobre una zona de recarga?
𝗟𝗮 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮𝗹 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗰𝗼𝘁𝗶𝗱𝗶𝗮𝗻𝗮.
Define si una familia tendrá agua limpia, si su casa se inundará, si respirará aire contaminado, si vivirá junto a un vertedero, si tendrá áreas verdes, si sus hijos caminarán seguros, si habrá alimentos cerca, si los ríos seguirán vivos y si el desarrollo será una promesa o una amenaza.
Por eso, el ordenamiento territorial debe partir de una regla elemental:
𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗳𝗶𝗰𝗶𝗲 𝘃𝗮𝗰𝗶́𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝗲𝗿 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗱𝗮; 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗱 𝘃𝗶𝘃𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝗴𝘂𝗮, 𝘀𝘂𝗲𝗹𝗼, 𝗰𝗹𝗶𝗺𝗮, 𝗯𝗶𝗼𝗱𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼, 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝘆 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱.
Cuando esa red se rompe, el costo no lo paga solo la naturaleza. Lo paga la familia común: con enfermedades, inundaciones, calor extremo, apagones de agua, pérdida de cultivos, barrios vulnerables, aumento del costo de vida y deterioro de la convivencia.
𝗟𝗮 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮 𝘁𝗮𝗿𝗲𝗮 𝗲𝗱𝘂𝗰𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗲𝘀, 𝗽𝗼𝗿 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗼, 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗿 𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝗯𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗮 𝗹𝗲𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼.
Saber dónde estamos no significa solamente conocer el nombre del municipio o la provincia. Significa entender en qué cuenca vivimos, sobre qué suelo estamos, qué riesgos nos rodean, qué ecosistemas nos protegen, qué actividades nos amenazan y qué instituciones tienen la obligación de responder.
𝗨𝗻 𝗽𝗮𝗶́𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗺𝗮𝗽𝗮𝘀 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗿𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗲𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗼𝗿𝗱𝗲𝗻.
Un país que aprende a leerlos puede convertir la planificación territorial en una herramienta de justicia, seguridad, producción, conservación y bienestar.
En el próximo artículo hablaremos del mapa político, el presupuesto y el “desarrollo”.

Archivo del blog