¡ÚLTIMO MINUTO! RUSIA ORDENA EVACUAR EMBAJADAS EN KIEV Y ANUNCIA ATAQUES MASIVOS A CENTROS DE MANDO
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lunes, mayo 25, 2026
RUSIA ORDENA EVACUAR EMBAJADAS EN KIEV Y ANUNCIA ATAQUES MASIVOS A CENTROS DE MANDO
Las tres vertientes de la poesía de Domingo Acevedo.
SE ACABARON LOS DISCURSOS! RUSIA DESATA EL INFIERNO BALÍSTICO SOBRE KIEV.
¡SE ACABARON LOS DISCURSOS! RUSIA DESATA EL INFIERNO BALÍSTICO SOBRE KIEV TRAS LA BURLA DE LA OTAN POR LOS NIÑOS DE STAROBILSK
¡El lenguaje de la diplomacia ha sido sustituido por el rugido del misil hipersónico! En este lunes 25 de mayo de 2026, el Kremlin ha cerrado oficialmente la vía de las negociaciones y las notas de protesta. Ante el desprecio, las risas y la complicidad de las potencias occidentales en la ONU frente al asesinato de 21 adolescentes, la orden de Vladímir Putin fue directa al grano: destrucción total.
🧱 Un ataque nocturno ucraniano dirigido en tres oleadas de drones destruyó un centro de formación de maestros de preescolar y primaria en Lugansk, asesinando a 21 adolescentes de entre 13 y 18 años. Mientras Moscú presentó las pruebas fotográficas en el Consejo de Seguridad de la ONU, el bloque europeo reaccionó con un cinismo escalofriante.
🤬 El representante de Letonia desestimó la masacre con una sonrisa de satisfacción, el canciller polaco Sikorski acusó a Rusia de mentir y el delegado de Dinamarca admitió abiertamente que no sentían ninguna vergüenza por las víctimas. Para rematar, el almirante de la OTAN, Dragone, aplaudió las incursiones ucranianas contra civiles declarando: "Si yo estuviera en su lugar, intentaría usar todos los medios disponibles".
📺 La BBC británica rechazó la invitación para visitar el lugar de los hechos, CNN se tomó "vacaciones repentinas" y Japón prohibió a sus medios cubrir la noticia. En lugar de dar el pésame, el diario británico The Times publicó un polémico artículo celebrando las bajas y el secretario general de la OTAN, Rutte, pidió más dinero para el ejército de Kiev.
Siguiendo órdenes directas de Putin de no limitarse a comunicados, el Ministerio de Defensa lanzó un ataque combinado colosal contra instalaciones en 149 distritos de Ucrania. El bombardeo provocó incendios de tal magnitud en la capital que los satélites de la NASA los registraron a simple vista desde el espacio; los propios canales ucranianos lo catalogaron como "la noche más terrible".
El misil estratégico Oreshnik impactó de lleno contra los puestos de mando subterráneos del Comando General de las Fuerzas Terrestres y de la Dirección Principal de Inteligencia (GUR). El impacto de estos vectores convirtió las bases fortificadas en magma fundido, sepultando a decenas de altos mandos ucranianos y asesores militares de la OTAN.
Oculto en su búnker, Zelenski difundió un video desesperado exigiendo ayuda a EE. UU. y Europa, amenazando con que "Rusia no debe quedar impune", mientras en Bruselas, la jefa de la diplomacia europea, Kallas, convocó a una reunión de emergencia para castigar la "intimidación nuclear" de Moscú.
#Geopolítica2026 #MasacreDeStarobilsk #FinDeLaDiplomacia #MisilOreshnik #KievBajoElFuego #DmitriMedvedev #ÚltimaHora #BúnkerDelGUR #ConsejoDeSeguridad #OTAN #MundoMultipolar #CenizasNazis
Un héroe llamado Togo.
Lo apartaron porque era demasiado pequeño y enfermizo para tirar de un trineo. Doce años después, ese mismo perro recorrió más de 400 kilómetros en una tormenta brutal de Alaska y ayudó a salvar a los niños de toda una ciudad.
Se llamaba Togo.
Nació en 1913 en el criadero de Leonhard Seppala, un musher nacido en Noruega que vivía en Nome, Alaska. Era pequeño. Era débil. Tenía problemas de salud. Seppala lo miró y pensó que aquel cachorro nunca serviría para el camino.
Así que hizo lo que muchos hacían entonces: lo entregó como perro de compañía a una mujer del pueblo. Si alguien quería un perro pequeño, pensó, ese serviría.
Pero Togo tenía otros planes.
Escapó casi de inmediato. Rompió una ventana. Corrió de vuelta hasta el criadero de Seppala atravesando la nieve. Se sentó frente a la puerta hasta que lo dejaron entrar. Seppala, vencido, lo aceptó de nuevo.
Togo creció causando problemas. Mordisqueaba a los perros guía. Tiraba de los arneses. Se metía en peleas. Era, para Seppala, una auténtica pesadilla.
Hasta que un día, cuando Togo tenía unos ocho meses, Seppala probó algo distinto. Puso al cachorro inquieto en un arnés y lo añadió al equipo del trineo, solo para ver qué pasaba.
Al final de aquel primer día, Togo había corrido una distancia impresionante. Para cuando cayó la noche, Seppala lo había movido desde la parte trasera del equipo hasta la posición de guía junto al perro líder.
Seppala miró a aquel cachorro pequeño y resistente, jadeando sobre la nieve, y entendió algo que cambiaría sus vidas:
Había encontrado un líder natural.
Pasaron doce años.
Para el invierno de 1925, Togo tenía 12 años, una edad avanzada para un perro de trineo, y se había convertido en el perro guía de Seppala tras miles de kilómetros por los senderos de Alaska. Pesaba poco más de 20 kilos. Su hocico empezaba a ponerse gris.
Y entonces llegó la peor noticia que podía recibir una ciudad remota de Alaska.
Nome estaba en peligro.
A finales de enero de 1925, el médico Curtis Welch identificó los síntomas en sus pacientes más jóvenes con horror. Difteria. Una infección bacteriana capaz de matar a un niño en pocos días. La reserva local de antitoxina estaba caducada. Los niños empezaban a enfermar.
Y Nome, atrapada por el hielo marino, aislada por las tormentas y a cientos de kilómetros del ferrocarril más cercano, no tenía salida fácil.
La antitoxina disponible debía llegar primero por tren hasta Nenana. Desde allí, tenía que cruzar cientos de kilómetros de naturaleza salvaje de Alaska, en uno de los inviernos más duros que se recordaban.
No había aviones seguros para hacer el viaje. Los barcos estaban bloqueados por el hielo. Las únicas criaturas capaces de atravesar lo que venía eran los perros.
Se organizó un relevo. Veinte mushers. Más de 150 perros. El paquete de suero pasaría de equipo en equipo como una esperanza envuelta contra el frío, atravesando algunos de los terrenos más despiadados del planeta.
El tramo más peligroso —en medio de la tormenta, con el atajo mortal sobre Norton Sound— fue confiado a uno de los mejores mushers de Alaska.
Seppala.
Con Togo al frente.
Seppala salió de Nome para encontrarse con el suero que venía en camino. Todavía no lo tenía. Debía avanzar hacia el este, encontrarse con otro equipo y luego regresar llevando la antitoxina hacia Nome.
Las condiciones eran casi imposibles.
El viento golpeaba con una fuerza feroz. El frío podía sentirse como cuchillas en la piel. La visibilidad desaparecía. El camino se borraba bajo la nieve. Seppala no podía confiar en sus ojos ni en sus oídos.
Dependía por completo de los sentidos de un perro pequeño y canoso que corría delante de él en la oscuridad.
Después de recorrer una gran distancia desde Nome, Seppala se encontró con el musher Henry Ivanoff cerca de Shaktoolik. Ivanoff le entregó el suero en medio del temporal.
Entonces Seppala dio la vuelta.
Ahora tenía que volver hacia el oeste, con el suero, por Norton Sound, bajo una tormenta cada vez peor, con la luz fallando y el hielo marino bajo sus pies.
El atajo por el estrecho podía ahorrar un día entero. Rodearlo podía significar la muerte de más niños.
Seppala eligió el atajo.
Y dejó que Togo guiara.
Durante aquella travesía, el equipo avanzó por hielo peligroso, con viento, oscuridad y un frío extremo. Cada paso podía ser el último. Cada grieta podía tragarse a los perros, al trineo, al hombre y al pequeño paquete que llevaba la vida de Nome dentro.
Togo siguió adelante.
No era el perro más grande. No era el más joven. No era el más fuerte a simple vista.
Pero sabía leer el hielo. Sabía sentir el camino. Sabía cuándo avanzar y cuándo detenerse. Y Seppala confiaba en él con una confianza absoluta.
Seppala y Togo completaron su parte del relevo tras recorrer más de 400 kilómetros en total, mucho más que cualquier otro equipo. Cruzaron algunos de los tramos más peligrosos de toda la ruta. Sobrevivieron a lo que parecía imposible.
Después entregaron el suero al siguiente equipo.
Días más tarde, el último tramo fue llevado hasta Nome por otro equipo, guiado por Balto.
El suero llegó a tiempo. La ciudad se salvó.
Pero aquí viene la parte que duele.
Cuando los periódicos contaron la historia, no podían explicar fácilmente un relevo de veinte equipos. Necesitaban un héroe sencillo. Un rostro. Un nombre.
Eligieron al perro que cruzó la línea final.
Balto recibió los titulares. Balto recibió la estatua en Central Park. Balto recibió los desfiles, la fama y el lugar más visible en la memoria popular.
Togo quedó en segundo plano.
El perro que había recorrido la distancia más larga, que había cruzado el tramo más peligroso, que había guiado a Seppala por el hielo y la tormenta, apenas fue mencionado al principio.
Seppala pasó el resto de su vida repitiendo que el reconocimiento había sido injusto. Para él, Togo era el verdadero gran héroe del camino de Alaska.
Togo vivió sus últimos años en Maine, donde contribuyó a generaciones de perros de trineo siberianos. Recibió una medalla de Roald Amundsen, el legendario explorador polar. También fue presentado ante el público en grandes actos.
Pero no tuvo la estatua. No en vida. No durante mucho tiempo.
El 5 de diciembre de 1929, con 16 años, Togo murió en Maine. Su cuerpo fue conservado y, con el tiempo, su historia comenzó a recuperar el lugar que merecía.
Décadas después, su nombre volvió a escucharse con fuerza. Se levantaron homenajes. Se contaron mejor los hechos. La gente empezó a mirar más allá del final de la carrera y a entender quién había cargado con la parte más dura del viaje.
Era, quizá, lo que Seppala siempre había sabido.
Que cuando Nome necesitó vida en forma de suero, no fueron máquinas ni promesas las que la llevaron hasta allí.
Fueron hombres sobre trineos.
Y perros corriendo contra la muerte.
Un cachorro que alguna vez fue considerado demasiado débil.
El perro que ayudó a llevar la esperanza de toda una ciudad sobre el hielo.
A veces los héroes más grandes son los más pequeños.
Y a veces la historia tarda casi un siglo en darse cuenta.
Fuente: National Park Service ("Togo", 19 de abril de 2023)
Nuestra existencia.
Hay una profunda poesía en el contraste entre la perfección del equilibrio y su fragilidad. Nos recuerda que, aunque veamos la Tierra como un suelo firme y eterno, en realidad somos tripulantes de una balsa diminuta que navega en una "vastedad inalcanzable", rodeados de un silencio que sobrecoge. Esa ausencia de "vecinos aparentes" no hace más que agigantar la responsabilidad de cuidar este milagro donde nos tocó existir y contemplar las estrellas.
Una reflexión bellísima, Domingo. Un fogonazo de lucidez cósmica plasmado con una precisión impecable para este mayo de 2026.
domingo, mayo 24, 2026
REGIMIENTO GAGARIN DE INDONESIA SOLIDARIZA CON EL GENERAL DE EJÉRCITO RAÚL CASTRO RUZ
REGIMIENTO GAGARIN DE INDONESIA SOLIDARIZA CON EL GENERAL DE EJÉRCITO RAÚL CASTRO RUZ
Marcha en Santiago contra la explotacion minera en la Cordillera Septentrional.
Los Aché.
Los Aché no fueron perseguidos por ser enemigos de nadie. Fueron perseguidos porque su existencia estorbaba a quienes querían quedarse con el bosque.
Durante generaciones, este pueblo indígena vivió en las selvas orientales de Paraguay, con una forma de vida cazadora recolectora profundamente unida al territorio. El bosque no era solo alimento. Era refugio, memoria, medicina, camino, hogar y mundo espiritual. Allí estaban sus rutas, sus historias, sus vínculos y su manera de entender la vida.
Pero en el siglo XX, ese mundo empezó a cerrarse sobre ellos.
A partir de la expansión agrícola, ganadera y maderera, los territorios Aché se convirtieron en objetivo de colonos, terratenientes y empresas que veían la selva como tierra disponible. Para quienes llegaban desde fuera, el bosque era un obstáculo que debía abrirse. Para los Aché, era la vida misma.
La violencia llegó con una lógica brutal: expulsarlos, capturarlos o hacerlos desaparecer del territorio.
Durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, muchos Aché fueron perseguidos en expediciones organizadas. Hubo ataques contra grupos familiares, separaciones forzadas, niños entregados como sirvientes, mujeres sometidas a abusos y comunidades arrancadas de la selva para ser llevadas a asentamientos donde ya no podían vivir como antes.
Uno de los nombres más señalados en esta historia fue Manuel Jesús Pereira, un terrateniente local cuya propiedad fue usada como lugar de concentración para Aché capturados. Aquello fue presentado por las autoridades como una forma de “protección” o “pacificación”, pero para muchos sobrevivientes significó hambre, enfermedad, encierro y pérdida de libertad.
La tragedia no ocurrió en secreto absoluto.
Antropólogos paraguayos y extranjeros denunciaron lo que estaba pasando. Miguel Chase-Sardi, Bartomeu Melià, Mark Münzel y otros investigadores intentaron documentar la persecución mientras el régimen de Alfredo Stroessner mantenía un control férreo sobre el país. Algunos pagaron un precio alto por hablar: perdieron trabajos, fueron presionados o expulsados.
El informe de Mark Münzel, difundido en los años setenta, sacó el caso Aché al escenario internacional. Luego Richard Arens reunió denuncias y testimonios que ayudaron a convertir esta historia en uno de los casos más discutidos de violencia contra pueblos indígenas en América Latina.
Pero incluso entonces, la verdad encontró resistencia.
Gobiernos, instituciones y sectores académicos debatieron si lo ocurrido debía llamarse genocidio, etnocidio, complicidad estatal o violencia colonial extrema. Esa discusión no fue menor. Nombrar el crimen significaba reconocer responsabilidades. Negarlo o suavizarlo permitía que el mundo siguiera mirando hacia otro lado.
Mientras se discutían las palabras, los Aché contaban sus muertos, sus niños perdidos y sus bosques destruidos.
El caso llegó a ser tan incómodo que incluso organizaciones internacionales revisaron sus propias posturas. Cultural Survival, que en los años setenta había cuestionado la idea de una política oficial de genocidio, reconoció décadas después la gravedad de los ataques y apoyó la lucha Aché por justicia, derechos y autodeterminación.
Hoy, los sobrevivientes y sus descendientes siguen buscando reconocimiento. En 2014, representantes Aché se sumaron en Argentina a una causa basada en el principio de jurisdicción universal, que permite investigar crímenes graves como genocidio y crímenes contra la humanidad cuando las víctimas no encuentran justicia en su propio país.
Esa búsqueda no es solo legal.
Es una forma de decir que los Aché no fueron una nota al margen de la historia paraguaya. Fueron un pueblo perseguido mientras el mundo hablaba de progreso, desarrollo y frontera agrícola. Fueron obligados a pagar con su vida y su cultura el avance de un modelo que veía más valor en la tierra que en quienes la habitaban.
La frase atribuida al abogado Juan Maira resume la dureza de esa memoria: los Aché fueron perseguidos como animales porque se buscaba confinarlos, apartarlos y quebrar su forma de vida. Se estima que una parte enorme de su población desapareció durante ese período, entre ataques, enfermedades, hambre, cautiverio y desplazamiento.
Y aun así, el pueblo Aché no desapareció.
Sus bosques fueron reducidos, sus territorios ocupados y su historia muchas veces negada. Pero su población volvió a crecer. Sus comunidades siguen reclamando tierra, memoria y respeto. Su existencia actual es una respuesta viva contra quienes pensaron que podían borrar a un pueblo entero.
La historia de los Aché no debe recordarse solo como una tragedia.
Debe recordarse como una advertencia.
Cuando una sociedad llama progreso al despojo, cuando convierte a un pueblo en obstáculo y cuando decide que una cultura vale menos que una plantación o un rancho, la historia entra en uno de sus territorios más oscuros.
Los Aché sobrevivieron a la persecución.
Y su memoria sigue diciendo algo que nadie debería ignorar: un pueblo puede ser herido profundamente, pero mientras conserve su voz, todavía puede reclamar justicia frente al mundo.
Atrapado en la mirada de un niño.
Quede atrapado en la mirada de esos niños que parados sobre los escombros de la ciudad bombardeada, me dicen adiós, mientras esperan a que la muerte traspase su inocencia.
Domingo Acevedo.
Mayo/2026.
LA GRAN SIMULACIÓN: El día que la dinastía del Furrial cayó ante los Hermanos Siniestros.
LA GRAN SIMULACIÓN: El día que la dinastía del Furrial cayó ante los Hermanos Siniestros
La traición no se improvisa; se cultiva en el frío de la sombra. Durante años, Delcy Rodríguez masticó el resentimiento. Desde sus inicios en la política, sintió el rechazo sistemático del entonces presidente Hugo Chávez Frías, quien jamás le dio una oportunidad real en su gabinete. Chávez, con su astucia llanera, la despachó en más de una ocasión con frialdad; intuía que en las venas de los hermanos corría el gen de la deslealtad. Al lado de Delcy, su hermano Jorge —el estratega del cinismo— tejía los hilos de un plan macabro.
El 3 de enero el plan se consumó. Mientras Nicolás Maduro y Cilia Flores ponían una resistencia estéril a su arresto, Delcy ya sostenía una llamada crucial con Donald Trump. Su justificación ante los suyos fue un calmante retórico: "Es una cooperación necesaria para mantener el poder, una retirada táctica para luego ripostar con fuerza".
Mentiras. Cinco meses bastaron para desmantelar un sistema entero y revelar la verdadera realidad: el legado de Chávez fue pisoteado.
En un abrir y cerrar de ojos, la iconografía del PSUV fue borrada de las calles. Los ojos de Chávez y el rostro de Maduro desaparecieron, sustituidos de la noche a la mañana por el color azul. La purga interna fue implacable:
Destitución fulminante de Vladimir Padrino López y Tarek William Saab.
Extradición inmediata de Alex Saab y la expulsión de toda su familia del territorio nacional.
Cancelación de la concesión a Mario Silva y el silenciamiento de los principales influenciadores del régimen.
Neutralización sistemática de los jefes de los colectivos armados.
Expulsión silenciosa de los asesores e intereses cubanos, rusos y chinos.
El último bastión, el "Monstruo del Furrial", observa su propio final. En su reciente transmisión de Con el Mazo Dando, la prepotencia habitual dio paso a una tristeza abrumadora, la mirada fija de quien se sabe acorralado en sus últimos días.
La última pieza en caer fue el influenciador Michelo, quien tras recibir una paliza monumental, fue extraditado a Argentina. Hoy, nadie está a salvo la desconfianza es a todos los niveles, mientras los Estados Unidos despliegan sus maniobras bélicas en suelo venezolano, queda claro que la entrega fue total: los hermanos Rodríguez entregaron a Nicolás Maduro a cambio de salvar sus propios patrimonios y asegurar un retiro dorado.
Mientras tanto, un sector del pueblo chavista sigue sumido en la ingenuidad, creyendo en retóricas baratas de un falso retorno de Maduro. Atrás quedaron las promesas de la milicia, la lealtad de la Fuerza Armada y los discursos incendiarios contra el imperio.
El panorama político se reconfigura de cara a unas elecciones inminentes que pondrán fin a este gobierno en las sombras. El pacto final ya se redacta: los hermanos siniestros negocian el país de su exilio, mientras preparan un "alacranato" a la medida para enfrentar a la líder María Corina Machado; un candidato prefabricado que cuenta con el respaldo de un Rodríguez Zapatero hoy cercado por la justicia en su propia patria.
Al final, los hermanos Rodríguez lograron hacerle honor a su herencia de sangre. Replicaron con exactitud la historia de su padre, aquel que lideró el secuestro del empresario estadounidense William Frank Niehous (cometiendo el error de pasearlo por el estado Sucre), movido por supuestas utopías de izquierda que terminaron convirtiéndose en la más baja de las codicias.
Aquel hombre traicionó a sus propios compañeros de armas al quedarse con el dinero del rescate.
Y la historia, que es cíclica y cruel, no olvida los nombres.
Hoy, Delcy y Jorge creen haber ganado la partida perfecta: entregaron las llaves del palacio, vendieron a sus antiguos camaradas y aseguraron sus cuentas bancarias en un paraíso extranjero.
Sin embargo, olvidaron la regla de oro del submundo que tanto dominan. En el código de las mafias, la traición se paga con la misma moneda. Al igual que le ocurrió a su padre cuando decidió no repartir el botín con sus cómplices, a los hermanos siniestros les espera el mismo destino de los que juegan a la doble cara.
Disfrutarán de su riqueza en el exilio con el cuello rígido, mirando siempre sobre el hombro, sabiendo que en cualquier esquina, en cualquier restaurante de lujo o en la cubierta de cualquier yate, la factura de la traición tocará a su puerta. Porque cuando no se reparte la cochina, el final siempre es el mismo.
Tomado de la red.































