Mujeres clave en la Independencia dominicana, integradas en La Trinitaria y La Filantrópica, incluyeron a Rosa Duarte (hermana de Juan Pablo), María Trinidad Sánchez (quien transportó pólvora y cosió la primera bandera), Concepción Bona (confeccionadora de la bandera), y otras como Baltasara de los Reyes, Filomena Gómez de Cova, y Josefa Antonia Pérez. Estas heroínas arriesgaron sus vidas confeccionando banderas, ocultando patriotas y fabricando balas.
Rosa Duarte y Diez: Participó activamente en La Trinitaria y La Filantrópica, confeccionando balas y recaudando fondos.
María Trinidad Sánchez: Figura central, transportaba pólvora en sus faldas y confeccionó la primera bandera nacional.
Concepción Bona: Destacada por confeccionar la bandera nacional.
María Baltasara de los Reyes: Reconocida por ocultar a Juan Pablo Duarte durante la persecución haitiana.
Filomena Gómez de Cova: Trajo de Venezuela la flor blanca, símbolo de los trinitarios.
Josefa Antonia Pérez (Chepita): Cedió su hogar para reuniones conspirativas.
María de Jesús Pina: Participó en la confección de la bandera.
Isabel Sosa: Ayudó en la confección de la bandera.
Micaela Antonia Rivera de Soto: Confeccionó cartuchos para las tropas.
Petronila Abréu Delgado: Colaboradora de la causa.
Ana Valverde Fernández: Colaboradora de la causa.
Manuela Díez Jiménez: Madre de Juan Pablo Duarte, miembro
Fue una de las francotiradoras más letales de la Segunda Guerra Mundial: era soviética, acumuló 59 bajas confirmadas. Ella solo quería ir a la universidad y volver a ver la primavera. Murió a los 20 años.
Roza Shanina Nació el 3 de abril de 1924 en una aldea del norte de Rusia y, antes de la guerra, su vida parecía ir en otra dirección. Caminaba largas distancias para estudiar, llegó a recorrer unos 200 kilómetros por la taiga para poder continuar su educación y trabajó en un jardín de niños. Pero la invasión nazi lo cambió todo: uno de sus hermanos murió en 1941 y Roza decidió alistarse.
Entró en la Escuela Central Femenina de Francotiradoras y destacó tanto que le ofrecieron quedarse como instructora, pero ella rechazó esa opción porque quería ir al frente. Se incorporó al combate en abril de 1944 y en sus primeros días ya comenzó a sumar bajas. Para finales de agosto de 1944 llevaba 42, y poco después su cuenta subió a 46 y luego a 51, hasta llegar a las 59 por las que sería recordada.
Su fama creció tanto que incluso periódicos occidentales la llamaron el “terror invisible de Prusia Oriental”. Fue además la primera mujer del 3er Frente Bielorruso en recibir la Orden de la Gloria, y obtuvo también la 2ª clase de esa misma condecoración y la Medalla al Valor. Aun así, en su diario minimizaba su celebridad y escribía como alguien agotado por la guerra, no como una heroína triunfal.
En enero de 1945, durante la ofensiva soviética en Prusia Oriental, la situación se volvió brutal. En una carta escribió que su unidad había perdido 72 de 78 hombres. El 27 de enero fue gravemente herida por un fragmento de proyectil mientras protegía a un oficial herido, y m4rió al día siguiente, el 28 de enero de 1945.
Ahí está la parte más dura de su historia: detrás de los récords, medallas y titulares, había una joven de 20 años que no soñaba con m4tar, sino con estudiar, vivir y ver otra primavera. Su diario sobrevivió a la guerra y terminó revelando que una de las tiradoras más mortales del conflicto seguía siendo, en el fondo, una estudiante a la que la guerra le robó el futuro.
Tenía 13 años y quedó atrapada entre los escombros de su pueblo destruido, Omaira Sánchez, una adolescente colombiana que murió de manera trágica durante la erupción del volcán Nevado del Ruiz en 1985. Quedó atrapada entre los restos y el lodo generado por la avalancha de lahares que arrasó Armero. Lo más impactante y doloroso fue que, pese a los esfuerzos de rescate, no lograron liberarla a tiempo. Pasó casi tres días atrapada, y la escena fue ampliamente difundida por televisión. Su historia se recuerda no solo por la tragedia, sino también por la dignidad y el coraje que mostró mientras enfrentaba la muerte con plena conciencia de su inevitabilidad. #fblifestyle
Poeta José González Rossi, presenta el poemario Anatomía de la sangre (Foto: Fausto Aybar).
Por José González Rossi (Poeta).
El día de hoy nos reúne un libro que no se limita a exhibir un conjunto de poemas: nos convoca una obra que se asume a sí misma como testimonio, como instrumento y como territorio. Me refiero a Anatomía de la sangre, del poeta Domingo Acevedo, un autor cuya voz habita —sin pedir tregua— en la zona donde la poesía, la historia y la conciencia humana se entrelazan.
Domingo, permíteme decirte de frente y con el corazón abierto: esta noche no estamos lanzando solo un libro. Estamos lanzando un acto de resistencia poética.
Porque Anatomía de la sangre no es un título cualquiera. Es una declaración. La sangre es lo que nos mantiene vivos, lo que nos une a los ancestros, lo que se derrama en las contiendas, lo que late en el amor y lo que grita en la denuncia. Y Domingo Acevedo, en cada verso de este libro, nos abre las venas de esa sangre para que veamos qué hay dentro: compromiso, ternura, rabia, esperanza y una profunda raíz revolucionaria.
Domingo Acevedo es un poeta en guardia
Domingo Acevedo, puesta en circulación de su 5to. libro. Foto Fausto Aybar.
Y por eso, y antes de entrar en la materia de este libro que a partir de hoy comenzará a circular por el universo poético, me permitiré leerles un fragmento crítico que escribí hace unos cinco años, cuando tuve la oportunidad de leer Antología del asombro, uno de los cinco libros que forman el ecosistema literario de nuestro autor. En aquel entonces dije:
“Al leer a Domingo, me advierto de que su poética posee suficiente fuerza para estar inscrita en la enciclopedia que da a la palabra su carácter sublime.
En la obra Antología del asombro, este autor recurre a los insumos del verbo para edificar en los cimientos de la metáfora la efigie que perfila el rostro de la poesía. Esa es la principal aspiración que embarga a quien escribe. La voz que se escucha cuando lo leemos se caracteriza por poseer el matiz épico que utilizaban los narradores de contiendas milenarias.
Tiene los influjos que atraen la mirada, que cosquillean el oído y que abren las rendijas que transportan hacia los espacios de la cultura. Entonces puedo decir que es un poeta orgánico y que para fluir no requiere utilizar una retroexcavadora, pues abre surcos en la mente recurriendo a su solidaridad, a sus sufrimientos atávicos y a su particular concepción sobre el amor”.
Así me expresé hace cinco años, pero hoy les expongo mi análisis sobre el libro actual, Anatomía de la sangre, y para hacer esto conviene situar al autor.
Vista parcial del publico asistente a la puesta en circulación (Foto Fausto Aybar).
Domingo Acevedo no es un escritor que observa desde un balcón distante: su palabra nace directamente desde el cuerpo social. Su escritura es, a la vez, fruto de su experiencia vital y de su compromiso histórico.
El prólogo lo define con claridad cuando señala que su obra “se arma con estética en el compromiso, la denuncia, la esperanza, los ensueños y la resistencia”.
Esta afirmación es clave, porque en la tradición poética dominicana no siempre ha sido sencillo equilibrar poética y praxis sin caer en la estridencia panfletaria o en la complacencia académica.
Acevedo logra ese equilibrio mediante un lenguaje donde conviven la imagen sensorial, la referencia histórica y la emoción inmediata. Su poesía es el espejo donde se refleja una sensibilidad social que no es prestada, ni teórica ni epidérmica: es vivida.
II. Una arquitectura literaria con respiración propia
Puesta en circulación libro de Domingo Acevedo
Anatomía de la sangre se organiza en seis capítulos, cada uno con una respiración distinta, como si el autor fuera un anatomista que abre capas sucesivas de la experiencia humana:
Eco de eternidad El ojo metafísico, el paisaje interior, la contemplación.
Noche póstuma La angustia, el caos, la guerra, la polis.
Rastro de eternidad La ternura filial, la memoria personal, la infancia.
A pesar de los pesares La ciudad, el amor, la derrota y el deseo.
Septiembre de luto azul La historia política, los mártires, la rebeldía. y
La insignificante grandeza La ciudad interior y la ciudad histórica.
Cada capítulo se comporta como un órgano del cuerpo: uno bombea afecto, otro bombea memoria, otro bombea rabia y otro bombea reflexión.
El lector atento percibirá que no hay versos al azar. La estructura interna es coherente: comienza con una poesía cósmica y existencial y culmina en el territorio político-social de la memoria dominicana y latinoamericana.
III. La sangre como símbolo total
El título del libro ya no es solo un código: es una tesis.
¿Qué es la sangre aquí? No es únicamente lo biológico; es también:
genealogía
conciencia histórica
lucha colectiva
dolor de los cuerpos
linaje afectivo
memoria política
evidencia del sacrificio
Nicole Román, declamadora
En el capítulo Eco de eternidad, la sangre aparece como huella metafísica del tiempo. En Noche póstuma, aparece como derramamiento bélico. En Rastro de eternidad, la sangre es maternidad, paternidad e infancia. En Septiembre de luto azul, la sangre es mártir, héroe, desaparecido.
No es casual, por ejemplo, que en el poema Pesada es la oscuridad el yo poético afirme:
“Pesada es la oscuridad de esta noche en que el canto inefable de los grillos enciende todas las estrellas de un cielo que se apaga entre mis ojos”.
Ese verso opera como radiografía del mundo contemporáneo: un paisaje donde la luz existe, pero agoniza; donde la belleza está, pero se oscurece.
IV. La ternura como resistencia
Sería injusto reducir este libro a su dimensión política. Aquí hay un poeta del amor y del cuidado humano, y eso —hoy— es igualmente político.
Cuando Acevedo escribe sobre la madre como “ciguapa” que habita “a la sombra de los flamboyanes dormidos en el viento”, está activando un imaginario donde lo materno no es solo biológico, sino mítico, paisajístico y hasta telúrico.
Y cuando le dice al hijo:
“pon una flor en su pecho haz florecer en su mejilla el candor de la aurora”,
Anatomía de la sangre abre una puerta que la poesía social pocas veces se ha permitido: la puerta de la ternura como resistencia. Porque el cuidado —en sociedades violentas— también es un acto revolucionario.
V. Historia, mártires y desobediencia
Allí donde el libro conmueve por lo íntimo, conmueve también por lo histórico. El capítulo Septiembre de luto azul no es un conjunto de poemas: es una galería de nombres que la República Dominicana, América Latina y el mundo están obligados a recordar.
Aquí desfilan:
Lemba
Enriquillo
Fidel Castro
Ernesto Che Guevara
Narciso González
Manolo Tavárez Justo
Orlando Martínez
Barbarín Mojica
Mártires estudiantiles de la UNER
Víctimas de Palestina
Víctimas de Nanjing
Lucas Villa
En el poema sobre Narciso González leemos:
“Ellos quisieron matar al viento pero tu sonrisa inocente y tibia detuvo la espada asesina”.
Y más adelante, como un acto de restitución simbólica:
“y te hiciste pueblo lo que siempre quisiste ser un canto de amor y libertad”.
Esta poesía no cuelga cuadros en la pared: restituye memoria en la voz. Y cuando la poesía hace eso, no está hablando del pasado, sino del futuro.
VI. Valor literario: estilo y riesgos
Domingo Acevedo trabaja con imágenes densas, a veces al borde del surrealismo, donde:
la luz “ruge”
la lluvia “galopa”
los ángeles “esconden sus alas”
la ciudad “se suicida”
el niño “tiene alas en la espalda”.
Ese arsenal imagístico produce un efecto interesante: el lector no puede ser pasivo. Tiene que procesar, decodificar y relacionar.
Eso exige algo que la lectura contemporánea tiende a evitar: esfuerzo. Y ese esfuerzo es premiado.
La otra virtud es el riesgo. Este libro no pide permiso para mezclar religiosidad, misticismo, violencia, infancia, política, sensualidad y naturaleza. Podría haber salido mal —y sin embargo— sale bien, porque la voz es orgánica, no impostada.
VII. ¿Qué aporta este libro al presente?
Esta es la pregunta clave, porque presentar libros no es describirlos: es justificar su existencia.
Desde mi lectura, Anatomía de la sangre aporta al presente:
Memoria, en tiempos de amnesia histórica.
Sensibilidad, en tiempos de cinismo emocional.
Complejidad, en tiempos de consumo rápido.
Humanismo, en tiempos de deshumanización digital.
Y, sobre todo, aporta una certeza: la poesía sigue siendo necesaria no por lo que describe, sino por lo que repara.
VIII. Palabras finales
Presentar este libro es un homenaje a la palabra que no se rinde, a la memoria que no se apaga y a la sangre que no olvida. Es, en cierta medida, un gesto de gratitud hacia la literatura que todavía se atreve a decir, a denunciar, a nombrar y a salvar, incluso en medio de la tormenta.
Domingo Acevedo nos recuerda que la sangre no es solo el fluido que corre en nuestras venas: es también aquello que nos une, nos marca y nos sobrevive. Es genealogía, es historia, es duelo, es linaje y es futuro; es el registro íntimo y colectivo de todo lo que hemos sido y de todo lo que aún nos falta ser.
Anatomía de la sangre(Foto Fausto Aybar). .
En un mundo donde la indiferencia pretende convertirse en norma, este poeta nos convoca a sentir; y en un tiempo donde el olvido avanza como una maquinaria pesada, este libro nos obliga a recordar y a conservar lo esencial. Leerlo es hacer un alto en la prisa y permitir que la sensibilidad vuelva a formar parte de lo cotidiano.
Por eso, esta noche celebramos no solo la publicación de Anatomía de la sangre, sino también la vigencia del espíritu humano que late detrás de cada una de sus páginas: ese espíritu que se rehúsa al silencio, que se aferra a la dignidad y que, aun herido, sigue andando.
Domingo Acevedo (Mario Alegría), ‘nació en La Esperilla, junto al camino real en una casita de yagua con piso de tierra…´es un poeta que levanta su voz por los que han soñado con un país libre, donde impere la justicia social y cuyas vidas han sido malogradas por el despotismo, la intolerancia, la sinrazón.
El poema ‘Hoy la patria’ (página 62) nos confirma:
Hoy la patria se me antoja
un buen lugar
tribuna
desde donde pueda levantarme
de mi silencio
y elevar mi voz
por los que sufren
por los que pasan hambre
por los que mueren todos los días
atrapados tras los barrotes
de la pobreza
A veces reflexionamos y creemos que estamos muertos ante la indiferencia de las realidades que lastiman y que merecen nuestra atención. Nuestra generación siente, a veces, que parece que todos hemos muerto por esa misma indiferencia ante las circunstancias del tiempo presente.
El poeta lo expresa en el poema: ‘Parece que aquí’ (página 38)
todos murieron hace tiempo
solo queda un gran árbol
florecido de cadáveres
suspendidos en el aire.
Este poemario tiene 141 páginas, cuenta con un proemio de José Espinal Marcelo. Tiene siete capítulos:
I: Eco de eternidad,
II. Noche póstuma
III. Rastro de eternidad
IV. A pesar de los pesares.
V. Septiembre de luto azul
VI: Lo in-edita mente efímero y
VII: La insignificante grandeza.
Vamos a compartir I: Eco de eternidad, (página 28).
Eco de eternidad que brota de mi voz
tibio reflejo de luciérnagas en la noche
faro que guía a los fantasmas
perdidos en mi memoria
telaraña que atrapa ángeles caídos
arboles de cenizas
huellas de cíclopes moribundos
centauros que cabalgan en las infinitas
praderas de la utopía
hacia el olvido.
II. Noche póstuma
Tronco de árbol perezoso
que crece en el bosque de la nostalgia
raíz de agua luminosa
enredaderas de sombras
noche póstuma
hoguera celestial
enluta la primavera
la sangre de la humanidad
herida por las guerras.
III. Rastro de eternidad
Inicia con el poema ‘Ciguapa dormida en el viento’ dedicado a su madre Consuelo Acevedo, Espejo de luna, La tarde, Una flor en el pecho, dedicado a su hijo Randor, Con alas en la espalda, dedicado a su hijo Guaroa, Manuel, dedicado a su hijo Sergio Emmanuel, Un dia de otoño, Cimarrón herido por el tiempo dedicado a su hermano Felipe Acevedo…
El dolor de la ausencia de su hermano Felipe Acevedo nos conmueve:
‘Cimarrón herido por el tiempo’.
Que te puedo
yo
decir
hermano
si ya estas muerto
si te has ido silencioso y solitario
a poblar los lejanos recintos del olvido
si nos has dejado aquí
solos
desamparados
tristes en el dolor de tu partida
con las miradas heridas de ausencia
con las manos vacías de ternura
acongojados
arrinconados en la angustia inmensa
de saber que te hemos perdido para siempre
Sansón de ébano
hijo natural del bosque y la lluvia
cimarrón justiciero que tejía con los hilos del rocío
los colores horizontales de los amaneceres
centauro que habita a la sombra de los recuerdos
cazador siempre al acecho de su presa
entre los matorrales achicharrados por la sequía
pescador
dueño de las noches salitreras del Mar Caribe
adormecido al arrullo del canto de los grillos
en tu voz de salitre
el mar aun arremolina estrellas y sueños.
Su hermano es «Centauro», «pescador», «cazador» definen la personalidad fuerte paciente, valiente y con ansias de libertad. «Sansón de ébano» y «cimarrón justiciero» sugieren resistencia y una identidad indígena o afro-descendiente, resaltando su carácter heroico y su pertenencia a un mundo ancestral.
En su poemario ‘Antología del asombro’ (2019) también dedica un poema con el titulo:
Enrique herido de ausencia
‘sombra que aletea en mi memoria y se hace luz
cuando grito tu nombre
cuando te busco en las habitaciones del olvido
y solo encuentro tristeza
sinsonte de cristal herido bajo la lluvia
relámpago súbito de flores que ilumina la noche
lirio roto junto al camino de la tarde
unicornio que cabalga solitario
por las praderas memorables de la eternidad
canto que duele en la mirada
ausencia que mina la alegría
que enlutece nuestras vidas…
IV. A pesar de los pesares.
Te amo
desde la plenitud
de mi soledad…
Te amo
a pesar del odio
de los hombres que me apartan de ti
y me atan al olvido…
V. Septiembre de luto azul inicia con ´Soy un fantasma´
Soy un fantasma caminando
en la memoria del olvido
removiendo las cenizas de Palestina
destruida por Israel…
continua con ‘Guerrero de ébano’
«Decapitado Lemba
su cabeza en la puerta de la ciudad amurallada
es un trofeo a la ignominia…
Continua con el poema ‘Hoy la patria’ y ‘Hace tanto tiempo comandante´, dedicado a Fidel Castro
…tu figura sigue cabalgando…
encendiendo hogueras
alimentando sueños
agigantándose en el tiempo
ejemplarizadora
indoblegable
indestructible
tu figura de David
…
El poema ´Vienes de la pena´ esta dedicado al comandante Che Guevara
Vienes de la pena…
venciendo tu asma
caminando victorioso
a través de la selva…
A Narciso González, le dedica los poemas ‘Lejos de la noche que amaba’ y ‘Quisieron matar al viento’
Lo mataron lejos de la noche
que amaba
puñales de luna en su alma
… pereció de frio …
‘Diciembre del 1963’ dedicado a Manolo Tavares Justo y a los que junto a el se inmolaron en las escarpadas montañas de nuestro país y ‘Manolo’:
‘permanece
como una flor herida
que se resiste a morir
olvidada.
‘Liborio’, ‘Barbarin’ ‘Orlando’ ‘Combatientes anónimos’, ‘Estupor’, ‘Viejo roble’, dedicado a Eduardo Mármol, caído en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el 23 de septiembre de 1990. ‘Tus manos’, ‘Llueve sobre la ciudad’ dedicado a Marino Baez, asesinado en Ecuador, ‘Evidencia fatal’, dedicado a Juan Ramón, Carlos, Pedro Livio y Ezequiel, compañeros caídos en Nagua. ‘Sobre tus hombros’ para Apolinar Toribio, asesinado por los esbirros del mal llamado Partido de la Liberación Dominicana.
‘Pequeño gran hombre. In memoriam’ a Isidro Beriguete, ‘Quijote de plata’, dedicado al Dr. Eduardo Umaña Mendoza, insigne abogado colombiano , que defendió a los dominicanos que estuvieron presos en ese pais. Umaña fue asesinado por los Escuadrones de la muerte.
Exilio II, dedicado a Roque Dalton, ‘Quienes’, dedicado a Roque Dalton y a Pancho, su acompañante, asesinados.
Exilio II, de Domingo Acevedo. Anatomía de la sangre (2026).
Hoy añoro mi patria
desde la distancia más honda
que habita en mis recuerdos
mi patria herida
por el frio cristal del odio
herida por la muerte
que persigue y aniquila
a los que levantan en sus manos
la bandera multicolor
de la esperanza
la muerte enseñoreada
en su incansable maldad
la que sin tregua traspasa el tiempo
hasta el último aliento de la vida
la muerte regocijada
en su trono purpura
escupiendo azufre
sobre el fervoroso sueño
de la multitud
la muerte
la incansable muerte
la que se esconde
detrás del estridente destello
de la metralla
la que danza alegre
al compás fúnebre de la sangre
la muerte
la que aniquila y destierra
la muerte
la fatídica muerte
la verdadera muerte
hoy añoro mi patria
desde la distancia más honda
de esta ciudad en la que habito
en Mexico o Praga
en Paris o Costa Rica
en Argentina o España
en Bélgica o Chile
las calles serán siempre
igualmente, solas y tristes
QUIENES
Quiénes mataron a la flor
la palabra
el amor
la esperanza
quienes mataron a la voz
del viento
quienes mataron
a Roque Dalton
no
ya no quiero saber quiénes
lo mataron
prefiero ignorar
que fueron ustedes
sus hermanos
sus camaradas
quiénes fusilaron al poeta
junto a Pancho
A Roque Dalton y a Pancho, su acompañante, asesinados.