martes, enero 13, 2026

El Ku Klux Klan secuestro y lincho a su hijo.





 Lincharon a su hijo para enviar un mensaje.

En 1987, una madre negra respondió con otro —y cambió la historia.
Michael Donald tenía solo diecinueve años cuando lo asesinaron.
En 1981, miembros del Ku Klux Klan lo secuestraron en una calle de Mobile, Alabama. Lo golpearon brutalmente y lo mataron, dejando su cuerpo colgado de un árbol. Fue terrorismo ritual, pensado para recordar a la comunidad negra que la supremacía blanca creía seguir gobernando en la oscuridad.
Creyeron que el mensaje terminaría ahí.
No contaban con Beulah Mae Donald.
Beulah era una mujer negra de clase trabajadora. Sin riqueza. Sin poder político. Sin más protección que el amor por su hijo. Cuando el Estado avanzó lentamente y el silencio se volvió pesado, se negó a que el nombre de su hijo se disolviera en otro titular olvidado.
Hizo una pregunta que la historia rara vez había permitido que las madres negras formularan en voz alta:
¿Quién es responsable?
Los juicios penales terminaron enviando a los asesinos de Michael a prisión. Pero Beulah entendía algo más profundo. Esa violencia no surgió de la nada. Estaba organizada. Incentivada. Financiada. Enseñada.
Así que hizo algo sin precedentes.
Demandó al Klan.
Con la ayuda del abogado de derechos civiles Morris Dees y del Southern Poverty Law Center, Beulah presentó una demanda civil contra United Klans of America, responsabilizando a la organización por el linchamiento de su hijo.
Fue audaz.
Fue peligroso.
Fue revolucionario.
Se sentó en la corte y dijo la verdad.
Sobre Michael.
Sobre el duelo.
Sobre lo que significa enterrar a tu hijo porque el odio necesitaba un cuerpo.
En 1987, el jurado respondió a su valentía.
Fallaron a su favor: siete millones de dólares en daños.
El Klan no pudo pagar. Así que el tribunal tomó lo que tenía: su sede, sus bienes, su poder restante. United Klans of America colapsó, no por protestas ni violencia, sino por la negativa de una madre negra a guardar silencio.
Beulah no celebró. Dijo que cambiaría cada dólar con tal de tener a su hijo de vuelta. Pero la justicia, cuando por fin llegó, llegó lo suficientemente fuerte como para resonar en todo el país.
Su victoria se convirtió en un modelo.
Después de Beulah Donald, los grupos de odio aprendieron algo nuevo:
podían ser responsabilizados económicamente por la violencia que inspiraban.
El terror ya no era intocable.
El silencio ya no era seguro.
Beulah Mae Donald no se propuso hacer historia.
Se propuso proteger el nombre de su hijo.
Y al hacerlo, debilitó todo un sistema construido sobre el miedo.
Eso es Beulah Donald.
Eso es 1987.
Y eso es historia negra.
Fuente: Southern Poverty Law Center ("The mother who brought down the Klan", sin fecha disponible)

LOS HOMBRES RANAS CREARON UNA LEYENDA EN EL 1965

 






“No quiero que nadie me siga, no deseo comprometer a nadie en esto, los dejo en libertad de decidir lo que consideren”.
Coronel Montes Arache
En la Guerra de Abril, mencionarlos causaba el respeto de los enemigos. Fueron los soldados mejor preparados en nuestro país, entrenados para ir a la guerra. Si una unidad militar estableció una impronta casi mítica en la Guerra de Abril de 1965, esa fue la de los Hombres Rana.
Con su infaltable y representativo uniforme en dacrón negro y su insignia, un tiburón atravesado por un arpón, con el nombre “Comandos Navales” Marina de Guerra, su nombre verdadero y su naturaleza era anfibia con capacidad para desarrollar acciones militares de sabotaje, demolición e infiltración detrás de las líneas enemigas, aquellos hombres fueron la diferencia en el combate por la constitucionalidad y la soberanía nacionales.
Comandados por el coronel Manuel Ramón Montés Arache, estos soldados decidieron voluntariamente seguir a su líder, quien les dio la opción de no sumarse a las fuerzas de la Revolución. El nombre de “Hombres Rana” infundía respeto entre los soldados de San Isidro e incluso entre los norteamericanos, dadas las intrépidas acciones que comenzaron a desarrollar desde los primeros días de la contienda, con las cuales causaron las primeras bajas a la 82 División Aerotrasportada del Ejército de Estados Unidos el 29 de abril, tomando cuatro jeeps militares.
Una conferencia ofrecida en el Centro Cultural Banreservas por el licenciado Radhamés Gómez Valera, e hijo del exhombre rana Armando Gómez Mercado, uno de los fundadores de esta unidad -fallecido- sirvió para presentar un cuadro del desarrollo histórico, político y militar de la unidad bélica de mayor preparación que haya tenido República Dominicana.
Nacieron cuando en 1957 Marcos Tobías Soncini, italiano, le sugiere al entonces Jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra, almirante Rafael B. Richarson L., la idea de crear un equipo de comandos navales, similar a la Décima Flota Max, de la marina Italiana que combatió contra los ingleses en el mar mediterráneo en la II Guerra Mundial, neutralizando importantes unidades navales inglesas.
Para desarrollar operaciones de comandos contra posibles enemigos del régimen, pensando sobre todo en los gobiernos democráticos que rechazaban la dictadura trujillista, los cuales se realizarían desde el mar, por la Naturaleza de este comando, posibles operaciones de sabotaje a: instalaciones militares, fábricas, diques de reparación naval y Astilleros.Los preparativos para integrar este grupo de comandos, se comenzaron, a mediados del 1957, por llamar a preselección cinco mil miembros de las fuerzas armadas, se hicieron algunas pruebas, pero luego se decidió que estos hombres pertenecieran a la Marina de Guerra, por la naturaleza del cuerpo élite, de donde nace el nombre de Hombres Rana.
El dictador, que tenía conciencia del poderío aéreo y naval que tenía su principal adversario, Rómulo Betancourt, dio órdenes para que se procediera, con un presupuesto abierto (lo que le generó muchos celos de los jefes militares de los demás cuerpos castrenses) para la compra de los equipos para el entrenamiento y las operaciones de esta unidad en las casas de distribución y manufactura de equipos de buceo Dráger y Pirelli.
Estos efectivos fueron entrenados por siete instructores traídos desde Italia de los cuales dos, Victorio Tudesco y Ellio Capozzi, habían participado de forma destacada en la Segunda Guerra Mundial, en la Décima Flotilla Max y en el Ejército Italiano que peleó contra los ingleses en Etiopía, respectivamente.
Vicenzo Lovasto, Alberto Cortalessa, Mario Cresca y Benito Pambianchi pertenecieron a una unidad élite de paracaidistas italianos, expertos en el manejo de explosivos, y tácticas de combate, asalto, reconocimiento, infiltración, entre otras especialidades de comandos. El último, Elio Volpi, se encargaría de los entrenamientos de combate cuerpo a cuerpo, enseñando técnicas de Jiu-jitsu.
Esta escuela de comandos desde febrero de 1959 hasta abril de 1965 preparó tres promociones de Hombres Rana entrenados con la misma rigurosidad y criterio que tenían sus predecesores.
La primera promoción del cuerpo de Hombres Rana fue egresada el 24 de octubre de 1959 y la segunda el 25 de febrero de 1964, la tercera ya estaba lista pero la graduación no se realizó por el estallido de la revolución.
El pénsum implicaba:
• Manejo de explosivos.• Manejo de todo tipo de armas.• Natación y buceo• Camuflaje.• Primeros auxilios y enfermería.• Técnicas de supervivencia.• Tácticas de combate cuerpo a cuerpo (tres contra uno).• Recolección de datos de inteligencia (fotografías y fílmicas subacuáticas).13. •Técnicas de evasión y escape (vestido de mujer).• Guerra de guerrilla.• Guerra antiguerrilla.• Estudio de las tácticas y estrategias del enemigo.
El sábado 24 de abril de 1965 fue el momento en que se comenzó a definir el papel que jugarían en la gesta los Hombres Rana.El mismo 24 de abril Los efectivos estaban dispersos: una parte en San Soucí (donde estaba la escuela de comandos); otros, en la Jefatura de Estado Mayor de la Marina (en la Feria); otros, en la Base Naval Las Calderas (en las afueras de Baní) y los restantes estaban en sus hogares.
Cuando los sargentos mayores del Cuerpo de Hombres Rana: Pedro Germán Ureña e Isidoro Quesada Tiburcio y una parte de los ranas se encontraron con Montes Arache, la mañana del 25 de abril en el parqueo de la Jefatura de Estado Mayor de la Marina, en donde está hoy el Instituto Cartográfico, en el Centro de los Héroes. Les dijo que había iniciado una revuelta para lograr el restablecimiento de la constitucionalidad de 1963 y que había decidido unirse a las fuerzas constitucionalistas, lideradas por el coronel Caamaño.
Tomaron la decisión en el trascurso de la mañana y la tarde del domingo 25 y se unieron a él en el parque Independencia.El primer combate que tienen los Ranas fue contra el personal militar en la comandancia del puerto de Santo Domingo, donde tomaron prisioneros a los marinos de puesto allí y también se llevaron las armas.

El comando naval (retirado) Andrés Dicocié Montás, de la tercera promoción de los Hombres Rana, escribió en un libro su testimonio que esboza la historia y que que se extiende en consideraciones políticas e históricas sobre el proceso dominicano, clamando por democracia. 


LA MUERTE DE LOS PALMEROS. Hoy se cumplen 54 años de este evento




El día 12 de enero del año de 1972 se iniciaron los acontecimientos casi bélicos que se desarrollaron en las proximidades del Km. 14 de la autopista de Las Américas, cuando las fuerzas de seguridad del régimen del doctor Joaquín Balaguer ubicaron a los jóvenes revolucionarios del grupo “Comandos de la Resistencia” o Los Palmeros.
Los denominados Palmeros eran jóvenes rebeldes que se oponían al régimen autocrático y despótico que mantenía en el país el doctor Joaquín Balaguer y su camarilla militar.
Su jefe militar era el coronel Francis Caamaño, quien para ese entonces residía en Cuba donde él y sus seguidores aprovechaban las facilidades que les ofrecía el régimen comunista de Fidel Castro Ruz.
En el país, los líderes de los Palmeros eran los jóvenes Miguel Cocco (Jefe Político) y Amaury Germán Aristy (Jefe Militar).
Virgilio Perdomo Pérez, Amaury Germán Aristy, Bienvenido Leal Prandy ( La Chuta) y Ulises Cerón Polanco (ver foto en ese mismo orden), fueron localizados por fuerzas militares en una casa que les servía de refugio en donde fueron atacados en la madrugada del miércoles 12 de enero de 1972 sin ninguna mediación previa por parte de las fuerzas militares balagueristas que lograron eliminar dos de ellos, otros dos se refugiaron en una cueva cercana desde donde combatieron resueltamente a los militares y policías atacantes.
Demostrando un valor indoblegable y con más estrellas en la frente que las de todos los generales que los enfrentaron, los jóvenes Palmeros combatieron denodadamente durante varias horas a las fuerzas militares y policiales, dirigidas por los oficiales: Contralmirante Marina de Guerra Ramón Emilio Jiménez (a) Milo, y por los generales E.N. Neit Rafael Nivar Seijas, Jefe de la P.N., y Salvador (Chinino) Lluberes Montás, quienes usaron contra los valientes combatientes, mal armados, cerca de 5,000 hombres, y armamento pesado, incluso armas de artillería pesada, barcos, lanchas, y aviones.
Otro miembro del grupo, Plinio Matos Moquete fue perseguido tenazmente pero pudo mantenerse oculto en la periferia verde de la ciudad, o en refugios urbanos, haciendo la vida de un solitario guerrillero.
Un año después de la muerte de Amaury y sus compañeros se produjo el desembarco de Caamaño y sus seguidores por playa Caracoles de Azua, iniciando su frustrada guerrilla.

La tragedia de Rio Verde



El 11 de enero de 1948 se accidentó, en el paraje de Rio Verde un avión de la Compañía Dominicana de Aviación (CDA) que transportaba el poderoso equipo de beisbol de la ciudad de Santiago, que estaba integrado en su mayoría por los más destacados jugadores del que era ya el deporte rey en la República Dominicana.
Ese trágico y desgraciado accidente enluteció, para siempre la memoria del pueblo dominicano y todos los años a partir de aquella época, se lleva cabo una ceremonia en el Cementerio Municipal de Santiago, donde reposan los restos de las víctimas de la tragedia y que el autor de esta columna tiene presente en el registro de su memoria, recordando, particularmente a cuatro o cinco de las víctimas de esa maquinaria extraordinaria, que estaba llamada a ganar el Campeonato Nacional de Beisbol Amateur de 1948.
Al momento de la tragedia de Rio Verde el autor de esta columna tenia la edad de 11 años, próximo a cumplir los 12 en el mes de mayo, y comenzaba a relacionarme de manera directa con las actividades deportivas de mi patria chica la legendaria, ciudad de Montecristi, a donde habíamos llegado recientemente a vivir desde mediados de 1947, cuando nuestro padre cancelado en su rango de Capitán del Ejercito Nacional, por expresa decisión de Rafael Trujillo Molina, prestaba servicios en las plantaciones bananeras, de la Grenada Company, filial con el nombre de “División Berlanga”, propiedad de la United Fruit Company, la más poderosa compañía agrícola del mundo en aquel momento.
En mi infancia conocí a Bombo Ramos, Miguel Rodríguez Jiménez, alias Boquita, recién graduado Doctor en Medicina, perteneciente a una distinguida familia de Montecristi y Miguel (Tatis) Rodríguez, a quienes había visto jugar beisbol en el play “Pedro Alejandro Sanz” de esa ciudad, nombre que recordaba en homenaje a quien ha sido uno de los más grandes lanzadores del beisbol dominicano.
De esos jugadores que perecieron en esa tragedia de Rio Verde, había visto jugar en el antiguo Gimnasio Escolar de la ciudad capital a Aquiles Martínez, Loro Escalante, Chino Álvarez, Pedro Báez ( Grillo A), Víctor Saín Clare ( alias Papito Lucas) y también desde niño habíamos conocido a Ramón María Hernando, que era el piloto del avión de CDA y quien tenemos entendido fué el segundo piloto comercial de nuestro país; el copiloto del avión era un destacado atleta de San Juan De la Maguana, llamado José del Carmen Ramírez Duval, quien se había destacado como jugador de básquetbol y vóleibol y era tío de esa extraordinaria estrella de la canción dominicana llamada Rhina Ramírez. A Ramón María Hernando lo habíamos visto visitar a nuestro padre, ya fuera de las filas del ejército, con quien tenía una relación familiar, por parte de nuestra abuela Virginia Abreu Piña Ramírez, oriunda de Jarabacoa, cuando antes de trasladarnos a Montecristi vivíamos en el barrio de San Juan Bosco, en la Martin Puchi esquina Cachimán.
La tragedia de Rio Verde, ocurrida como habíamos señalado el 11 de enero de 1948, enlutó para siempre al pueblo dominicano porque en ella perecieron jugadores extraordinarios, excelentes, del beisbol, muchos de los cuales estaban en camino de ascender al beisbol profesional de las Grandes ligas de los Estados Unidos, donde ya practicaban como profesionales de ese deporte, jugadores hispanoamericanos provenientes de Cuba, Puerto Rico, Venezuela y México, algunos de los cuales se habían enfrentado a los equipos dominicanos durante las series de beisbol Amateur Internacional que se desarrollaron en diferentes países de América.
¡A la memoria siempre, eterna, de las víctimas de la tragedia de Rio Verde
Texto: Euclides Gutierrez
Foto: El team “Santiago” (1947-1948), que pereció en el paraje de Río Verde, Yamasá, el domingo 11 de enero de 1948. De pie, desde la izquierda: Aquiles Martínez, Miguel -Boquita- Rodríguez, Ventura -Loro- Escalante, Puchulán Rivera, Alberto -Mimo- Estrella, Bebecito del Villar, Enrique -Mariscal- Lantigua (quien no tomó el avión de regreso, y se salvó) y Papiro Raposo. En cuclillas: Toti Jiménez, Chino Álvarez, Toñito Martínez, Nando Valerio, Pepillo Aybar, Yeyo Hernández, Sancho Tatis y Antonio Devorax. Al frente: Grillo “A”, Papito Lucas y Bombo Ramos.

lunes, enero 12, 2026

Arte y resistencia indigena.



































 Fotos tomadas de la red.

El tiempo oscuro de los leviatanes.

 





Por Álvaro García Linera

Es catastrófico pero real. El “orden internacional basado en reglas” ha muerto.


El conjunto de normas e instituciones que reglamentaban gran parte de la convivencia entre estados nacionales ha sido enterrado por quien fue su creador: EEUU.


Desde 1945, las relaciones interestatales intentaron regularse por tres principios básicos: a) el respeto mutuo de la soberanía territorial de los estados; b) la aceptación compartida de que cada país debe resolver internamente sus asuntos políticos sin interferencia extranjera; c) la resolución pacífica de controversias entre estados (Carta ONU, art. 2). Ciertamente muchísimas veces no se cumplían, como con las invasiones norteamericana a Vietnam, Puerto Rico, Irak, Libia; rusas a Checoslovaquia, Hungría, o europeas en Yugoslavia, Afganistán, etc. Las grandes potencias, en función de intereses comerciales o geopolíticos, podían violar puntualmente esas reglas, pero era un destino-fuerza en torno a la cual se regulaban los vínculos y legitimidades de las acciones estatales.


Con la caída de la URSS en 1989, el “orden” se vio enriquecido con los soportes de la globalización en marcha: d) libre comercio para mercancías y capitales; e) protección de la inversión extranjera (norteamericana y Europa); d) cadenas de valor mundializadas; e) democracia y valores liberales expansivos. Se trataba de hacer negocios en cualquier lugar del mundo, pero con una dosis de hipocresía teatralizada (los llamados “valores” liberales), en aras de los juegos de legitimación ante las clases subalternas.


Hoy ese orden ha explotado en mil pedazos.


Primero fueron las fallas estructurales del hiperglobalismo que se manifestaron con una contracción sistémica del crecimiento económico y la dramática crisis financiera del 2008-2010. Silenciosamente, los flujos transfronterizos de capital comenzaron a retrotraerse al igual que las tasas de crecimiento del comercio mundial (BIS, 2024). Finalmente, fue el Estado, considerado un “arcaico” artefacto político, el que tuvo que salvar con emisión de dinero público a los “meritorios” inversionistas. En 2020, esta “flexibilización cuantitativa” llegó al 18% del PIB (FMI, 2022).


Y finalmente llego Trump, con su lenguaje básico, pero directo, y su caballería de impuestos a las importaciones, que terminó de trastocar todos los principios y “valores” compartidos. Comenzó a repartir aranceles a todo el mundo como quien reparte cartas marcadas de póker para luego negociar nuevas cartas, igualmente marcadas; hasta abatir uno por uno a todos los participantes.


En corto tiempo, todas las anatemas de la globalización se han puesto de pie y ahora son dominantes. Proteccionismo en vez de libre comercio. Subvenciones en vez competitividad. Endeudamiento público en vez de disciplina fiscal.


Todo ello supone una reorganización de los actores protagónicos de la economía mundial. Si antes eran los mercados anónimos los que redefinían los flujos de inversión, comercio y rentabilidad, subordinando a los estados a esa empresa; ahora serán los estados los que planificaran y utilizaran sus poderes monopólicos para que los capitales actúen y se enriquezcan.


La nueva regla del juego interestatal que hoy se impone es que no existen reglas. En este tiempo de transición liminal todo es lícito, en primer lugar y, sobre todo, la fuerza, la coacción y chantaje entre estados para imponer a los otros lo que los gobiernos, y las empresas cobijadas en él, necesitan.


Se trata de un orden salvaje donde los estados actúan como desenfrenados Leviatanes hobbsianos, lanzados unos contra los otros. La única barrera que se imponen es la que emerge de los límites de sus recursos y poder.


Ya no hay “valores” a los que adherirse o evocar su búsqueda. Ni democracia, ni derechos humanos, ni justicia. Solo el poder de la fuerza. El poder de ocupar. El poder de ganar. El poder de usurpar. El poder rentabilizar. El poder de humillar y someter. Y, el poder preferido de Trump, de infundir miedo a los demás (NYT, 4, II, 2020). “America First”, sin importar los acuerdos, las lealtades, la historia, los pueblos, las personas que son aplastadas, pisoteadas y escupidas en el camino a la grandeza: “drill, baby, drill”.


Por eso al presidente Trump no le importa mantener el paraguas militar en Europa. No gana nada. EEUU pierde dinero. Más rentable es venderles armas y gas a los atemorizados gobiernos europeos.


Por eso no le importa la integridad o adhesión de Ucrania a la OTAN. Rusia no es un adversario a temer para EEUU, y Ucrania importa si se puede apoderar de sus tierras, de sus minerales y, ante todo, recuperar los más de 100.000 millones de dólares que Biden les entregó.


Por eso Alemania desempolva su viejo casco armamentista prusiano, cambia instantáneamente su constitución y libera un “gasto público sin límite” para “hacer grande” a su ejército. Y les dice a todos que ese es el “nuevo” europeísmo.


Por eso cuando EEUU interviene militarmente Venezuela y secuestra al presidente Maduro no simula acudir a ninguna convención internacional. Mucho menos a la ONU que se ha convertido en una oenegé de piadosos debates. Lo ha hecho porque simplemente tiene el aparato militar para hacerlo y lograr con ello que las reservas petroleras venezolana sean asignadas para el usufructo de empresas petroleras norteamericanas. Y punto. No hay hipocresía. No hay justificación. Hay exhibición simple, pura y desvergonzada del poder de Estado para una expropiación económica.


Hemos entrado a un interregno internacional salvaje, regido por la ley de la fuerza de los Estados (económica y militar). No es un extravío temporal de Trump. No terminara cuando EEUU elija un nuevo presidente el 2028. Es la borrascosa transición, hacia un nuevo orden que aún tardara en llegar.


El que esta inflexión tome formas crueles y violentas carente de narrativas legitimadoras puede ser visto como el síntoma del crepúsculo de un régimen de dominación. En este caso del ciclo globalista (40 años) y del ciclo hegemónico norteamericano (100 años). Todo declive de una autoridad exacerba la desesperación de quienes lo usufructuaron, llevándolos a intentar detener lo inevitable de manera violenta. Pero también, la brutalidad es un síntoma del tormentoso nacimiento del orden nuevo. La coacción estatal desnuda es una característica propia de los tiempos liminales.


Y en medio de estas monstruosidades con la que están actuando los grandes estados, es posible distinguir el nacimiento de unos principios de regularidad que, de aquí a un tiempo, cimentarán el nuevo orden internacional:


1.- Los estados ya no son solo el soporte de la acumulación de los capitales, como lo fueron en el neoliberalismo; ahora son también parte del comando y reorganización territorializada de esa acumulación. Ya sea bajo la forma de Estado empresario (China), o como Estado incubador, protector y alimentador de “sus” empresas privadas en sus áreas de influencia (EEUU).


2.- Los estados del mundo se diferenciarán entre estados patrones y estados vasallos, según su capacidad infraestructural, su poderío económico, su cohesión política y logística militar. Los primeros, delimitando áreas de control y autonomía de las empresas que tienen residencia en sus territorios. Los segundos como proveedores de insumos.


3.- La soberanía ya no es un reconocimiento pactado por tratados internacionales. Es fuerza económica, sólida legitimidad interna, capacidad de defenderse y posibilidad de infringir daños a otros estados.


3.- La elasticidad de las fronteras regionales no dependerá de acuerdos comerciales, sino de oleadas de guerras arancelarias, chantajes geopolíticos e intromisiones en la vida interna de los estados.


Es un escenario de estados combatientes y estados sumisos según prioridades geoeconómicas.


*Artículo publicado en simultáneo con Diario Red de España.


(De Página/12)


Ataque. Estados Unidos bombardeó Venezuela. (JOSE ABREU/AFP)

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