martes, diciembre 02, 2025

La Rosa del Principito era la salvadoreña,Consuelo suncín.




Para todos los amantes de "El Principito", ¿a que no sabían que "La Rosa" no era solo un personaje cualquiera? Este personaje resulta ser la salvadoreña Consuelo Suncín, esposa de Antoine de Saint Exupery, mujer controversial considerada por algunos una mujer adelantada a su época y para otros, una mujer con vocación "puteril" (así dicen los libros).

Hija de un General dueño de fincas cafetaleras, a los 18 años consigue una beca y se va a Estados Unidos a estudiar inglés; esto dice mucho de ella, ya que salir de su casa en esa época era algo muy mal visto. Se casa con un militar mexicano, aunque después se supo que solo era un vendedor de pinturas caseras.
Consuelo decide divorciarse meses antes de que su esposo muriera en un accidente de ferrocarril.
Viuda y con ganas de comerse al mundo, llega a México con una carta de recomendación y solicita entrevistarse con José Vasconcelos, si, el mismo que dijo “por mi raza hablará el espíritu”; este personaje la hace esperar por dos horas y cuando al fin la recibe, le dice: “una mujer bonita, joven y viuda no necesita trabajar, puede ganarse la vida con sus encantos”.
Consuelo insiste en una segunda entrevista y aunque Vasconcelos no le da el empleo, le ayuda para estudiar Derecho, se enamora de ella y tienen un romance de esos con notas de mil colores.
La lleva a París y conoce al prosista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, quien en su tiempo era considerado el más exitoso escritor latinoamericano. Consuelo lo abandona y se casa con Gómez Carrillo.
Despechado, Vasconcelos le dedica varias páginas en su

s memorias y dice que el romance con el príncipe de los cronistas es debido a la vocación "puteril" de su amada.
Vuelve a quedar viuda pero ahora con mucho dinero, así que bonita, joven, viuda y con mucho dinero, viaja a Buenos Aires a liquidar las propiedades de su difunto marido y ahí conoce a Antoine de Saint Exúpery. Lo de ellos fue amor a primera vista, él la invita a volar y ahí suceden una serie de incidentes pero Consuelo mantiene a raya a Antoine (Creo que ella me ha domesticado, dice Saint Exúpery. ¿Les suena?).
Se casan en contra de la voluntad de la familia del escritor ya que era odiada por la sociedad francesa por el hecho de ser extranjera, "venida de quien sabe dónde”. En realidad no le perdonaban que una mujer viuda y de origen indígena se ganara el corazón del escritor más famoso de Francia. La familia Saint Exúpery era terriblemente antisemita y para ellos ese matrimonio era peor aún que casarse con una judía. La única defensora de Consuelo fue su suegra y según sus propias palabras: “si su hijo la amaba, ella la amaba”.
Consuelo y Antoine vivieron 13 años de matrimonio intenso, él con sus frecuentes viajes, el gusto por la vida bohemia y sus múltiples infidelidades (“Vete a ver las rosas, que así comprenderás que la tuya es única en el mundo”. ¿Les vuelve a sonar?).
Según palabras de ella, ser la esposa de un piloto fue un suplicio, pero serlo de un escritor, fue un verdadero martirio. A pesar de sus peleas siempre estaban al pendiente uno del otro, ella era asmática como "La Rosa" (que tosía) y el Principito la tenía en un capelo para que no le pasara nada.
La sociedad francesa trató de no relacionar su nombre con el escritor y le propinaron tremendos desaires, y fue hasta hace pocos años que reconocieron que sin su influencia, El Principito no habría sido escrito...(.RA)

“Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre”

 

La ultima sopa del Che.




EL ÚLTIMO GESTO DE AMOR HACIA EL CHE.
Julia Cortez entró en la escuelita porque quería ver al “monstruo”. Los milicos y la CIA llevaban tanto tiempo tratando de dar con él… Y ahora estaba allí, detenido, en La Higuera, encerrado en su diminuta escuela. A esa aldea boliviana de poco más de 50 almas, perdida en la montaña, ella había llegado hacía no muchos meses para ser la maestra. “Tenía 19 años”, cuenta lento esta mujer de 65. “Yo ni siquiera sabía cómo se llamaba el preso. Lo que nos habían dicho desde meses atrás es que era un cubano comunista que venía a Bolivia a imponer sus ideales y a hacernos daño. Que era el jefe de unos guerrilleros que asaltaban y violaban. Que llevaba una coraza y un casco y que era imposible que muera”. No pudo resistir la tentación de ver al villano, al animal enjaulado, a ese tipo que más tarde supo que se llamaba Ernesto Guevara.
“El Che estaba sentado en una silla al lado izquierdo de la pieza, detrás de la puerta, a oscuras. Le alumbraba una vela”, relata esta docente jubilada, acomodada en el sofá de su casa en Vallegrande, 45 años después de aquello. “Llevaba una manta sobre las piernas y con eso tapaba la herida de bala que tenía del combate en la Quebrada. Estaba pálido, deteriorado, sin higiene, aunque trataba de demostrar firmeza”. El guerrillero acababa de ser capturado. La maestra, entró porque el centinela que vigilaba le había dado permiso para ojear. Eso hizo. “Esperaba otra cosa, ese hombre no daba miedo”, cuenta que pensó. Entonces Guevara levantó el rostro para mirar a la persona que había venido a observarle: “Se saluda”, dijo él. Ella no supo qué hacer y se marchó corriendo.
Era un 9 de octubre de 1967 y la cacería que habían llevado a cabo durante los últimos once meses el ejército boliviano y la inteligencia estadounidense se cerraba en brindis. Del comando de 52 guerrilleros con el que había contado el Che en este país para tratar de derrocar la dictadura de René Barrientos y avivar la mecha que hiciera triunfar la revolución de Latinoamérica -la que él mismo había prendido en Cuba-, ya no quedaba nadie. Todos habían muerto en combate, o fusilados, pocos pudieron huir y alguno había desertado. Liquidada la parte del grupo que había tratado de abrirse camino por Río Grande, el último halo de resistencia liderado por Guevara se extinguía un mes después en un valle llamado la Quebrada del Churo, a las faldas del monte espeso donde se ubica La Higuera. Allí, a la escuelita de esta aldea, trasladaron al líder comunista herido.
El silencio del insignificante habitáculo aún hoy impone. Sus paredes, su piso y su techo están renovados. Conserva su emplazamiento, sus ínfimas dimensiones y algunas de las sillas y pupitres de madera carcomida donde permaneció sentado el comandante durante el arresto. La cabaña entonces tenía el suelo de tierra. El que volvió a pisar Julia cuando, horas más tarde de su primer encontronazo con el mito, fue avisada por los militares de que el prisionero pedía verla.
“No sé por qué quiso verme a mí, pero pasó eso. Yo ni quería”, prosigue esta anciana de ojos negros, recuerdos intactos y tono severo.
- ¿Qué le dijo?
- Que si era la maestra y que si había escrito yo en la pizarra ‘Ángulos’ sin acento, que eso era una falta de ortografía.
- Tenía carácter.
- Sí, ya lo creo que tenía. Pero era algo más.
- ¿Qué más?
- No sé bien cómo hacerlo entender. Mire, yo lo que tenía ante mis ojos era un hombre pálido, sucio, sentado y herido -afloja la aspereza de su rostro, -pero no entiendo por qué no podía verle así. Era raro. Con todo eso, era fuerte, firme, atractivo. Empezó a hablarme...
- ¿De qué?
- Fueron unos diez minutos. Me empezó a contar que él y sus guerrilleros habían venido a Bolivia a luchar por los débiles. Que había llegado el momento de que los pobres vencieran a los ricos. Que nosotros teníamos que luchar... Me hablaba de sus ideales.
- ¿Y qué pensó usted cuando escuchó todo eso?
- Verá, era inteligente, respetuoso, hablaba bien. Decía cosas con mucho sentido. Lo cierto es que me quedaba parada mirándole. No sé. Por lo que decía y cómo lo decía más que por su aspecto. Pero también por su aspecto. Yo siempre digo que era hermoso. Bello. No era un monstruo. Pensé que tenía razón en lo que hablaba.
A Julia le desapareció el miedo. Horas más tarde, sintió el impulso de preparar una sopa para llevársela al recluso. “El guardia me dio permiso a entrar de nuevo”.
- ¿De qué era la sopa?
- De maní.
- ¿Le gustó?
- No lo sé, pero me dio las gracias.
- ¿Le habló de algo más?
- Si, ahí fue cuando le hice la promesa. Se lo había prometido.
- ¿Prometer? ¿Qué le prometió?
- Estuvo hablándome otro ratito de su causa y yo le escuchaba. Estaba cómoda hablando con él. Yo le miraba todo el rato.
- ¿Pero cuál fue la promesa?
- Él me pidió que si podía enterarme, preguntando con disimulo a los militares, que qué iba a pasar con él. Le dije que lo iba a hacer. Quedé con él de volver a la escuelita y contárselo. Se lo prometí, ¿sabe?
- ¿Lo hizo? ¿Se lo dijo?
- 20 minutos más tarde o algo así, desde mi casa, escuché disparos-, entrecruza Julia los dedos de las manos como haciendo resistencia al recuerdo–. Volví corriendo a la escuelita y la puerta estaba abierta. Entré y él estaba allí, tirado en el suelo. […] No pude cumplir mi promesa.
- ¿Qué hizo cuando entró usted en esa escuelita y vio a Guevara muerto, doña Julia?
- Para mí no era Guevara, era ese hombre que me había hablado y al que le había hecho una promesa. Me quedé paralizada. No sé por qué. Me había entrado mucho miedo. No podía ir ni quedarme. Estaba sola e inmóvil. Le miraba. Cuando pude mover las piernas, sin pensar, empecé a andar muy rápido hacia fuera del pueblo.
Ernesto Guevara había sido ejecutado. (…) Un miembro de la CIA –supuestamente– dio órdenes de asesinarle disparándole del cuello hacia abajo, ya que las radios llevaban desde el día anterior diciendo que el Che había muerto en combate. Mario Terán, el suboficial del ejército boliviano que ofició de verdugo, entró con su fusil M-2 al aula y efectuó las descargas. Fueron dos ráfagas que le agujerearon primero las piernas y luego el pecho. Más tarde, el suboficial relató aquel momento en una emotiva carta de arrepentimiento [según publicaron algunos medios] en la que cuenta cómo, al ingresar en aquella escuelita, el condenado se puso de pie, levantó la cabeza y le lanzó una mirada que le hizo “tambalear por un instante”. “Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre”, le ordenó el reo a su ejecutor. Terán fue, quien con la camisa impregnada “de miedo, sudor y pólvora”, salió de allí tras finalizar su encargo, dejando a su espalda “la puerta abierta” que encontró Julia instantes después.
Fuente: http://blogs.elpais.com/.../09/la-ultima-sopa-del-che.html

El abolicionista estadounidense John Brown




El 2 de diciembre de 1859, el abolicionista estadounidense John Brown fue ejecutado en lo que hoy es Virginia Occidental por liderar una rebelión armada contra la esclavitud.

Brown y un pequeño grupo de abolicionistas negros y blancos intentaron apoderarse del arsenal federal de armas en Harpers Ferry. Las armas se utilizarían para armar a las personas esclavizadas y a los blancos abolicionistas, y para establecer una cadena de fuertes en todo el país desde los que se podrían lanzar incursiones contra los esclavistas, ayudando a liberar a un gran número de personas esclavizadas y canalizándolas hacia el norte, a Canadá, al tiempo que se desbarataba la economía esclavista.
El 2 de diciembre, tras una batalla con las tropas estadounidenses, Brown y sus hombres fueron derrotados. Dos de ellos lograron escapar, Osborne Anderson y Albert Hazlett, y los supervivientes fueron juzgados por traición, asesinato y «conspiración con negros para provocar una insurrección».
Brown fue ahorcado a las 11:15 de la mañana frente a la cárcel de Charles Town. De camino al patíbulo, entregó una nota a uno de los guardias en la que decía: «Yo, John Brown, estoy ahora completamente seguro de que los crímenes de esta tierra culpable nunca serán purgados, salvo con sangre».
A raíz del intento de levantamiento, y por temor a que se repitieran, se formaron milicias proesclavistas en todo el sur de Estados Unidos. Estas pronto lucharían por la Confederación en la guerra civil que estallaría menos de dos años después, durante la cual las tropas de la Unión cantarían: «El cuerpo de John Brown yace pudriéndose en la tumba, pero su alma sigue marchando».
Más información, fuentes y mapa (en inglés): https://stories.workingclasshistory.com/.../john-brown...

LOS TRES



(Un texto de Eduardo Galeano)
En 1967, mil setecientos soldados acorralaron al Che Guevara y a sus poquitos guerrilleros en Bolivia, en la Quebrada del Yuro. El Che, prisionero, fue asesinado al día siguiente.
En 1919, Emiliano Zapata había sido acribillado en México.
En 1934, mataron a Augusto César Sandino en Nicaragua.
Los tres tenían la misma edad, estaban por cumplir cuarenta años. Los tres cayeron a balazos, a traición, en emboscada. Los tres, latinoamericanos del siglo veinte, compartieron el mapa y el tiempo.
Y los tres fueron castigados por negarse a repetir la historia.

LA JOVEN QUE VENGÓ EN ALEMANIA LA MUERTE DEL ''CHE GUEVARA''



Mónika Ertl, ejecutó personalmente al cónsul boliviano, el coronel Roberto Quintanilla Pereira, responsable directo del ultraje final a Guevara: la amputación de sus manos, luego de su fusilamiento en La Higuera.
En Hamburgo, Alemania, eran las diez menos veinte de la mañana del 1 de abril de 1971. Una bella y elegante mujer de profundos ojos color de cielo entra en la oficina del cónsul de Bolivia y, espera pacientemente ser atendida.
Mientras hace antesala, mira indiferente los cuadros que adornan la oficina. Roberto Quintanilla, cónsul boliviano, vestido elegantemente de traje oscuro de lana, aparece en la oficina y saluda impactado por la belleza de esa mujer que dice ser la australiana, y quien días antes le había pedido una entrevista.
Por un instante fugaz, ambos se encuentran frente a frente. La venganza aparece encarnada en un rostro femenino muy atractivo. La mujer, de belleza exuberante lo mira fijamente a los ojos y sin mediar palabras extrae un revolver y dispara tres veces. No hubo resistencia, ni forcejeo, ni lucha. Los impactos dieron en el blanco. En su huida, dejó atrás una peluca, su bolso, su Colt Cobra 38 Special, y un trozo de papel donde se leía Victoria o muerte.
Monika Ertl nació en Múnich, el 7 de agosto de 1937, fue una guerrillera alemana nacida en una familia de clase burguesa, cuyo padre fue un conocido director de cine. Se la recuerda en Alemania como "la vengadora del Che Guevara".
Monika Ertl era hija de Hans Ertl, camarógrafo alemán de la cineasta nazi Leni Riefenstahl. En 1948, durante el periodo de desnazificación posterior a la Segunda Guerra Mundial, su padre emigró a Bolivia. En 1953 lo siguió su familia. Se instalaron en una granja que él compró en la selva boliviana, donde más tarde hizo sus últimas películas. Pese a su corta edad, dieciséis años, acompañó a su padre en las expediciones a la selva y trabajó como asistente de cámara.
Después de un fallido matrimonio con un alemán-boliviano, ingresó a finales de los 60 en el ELN (Ejército de Liberación Nacional) de Bolivia. Tuvo al principio un papel más bien pasivo en la lucha revolucionaria, y destacó tras la muerte del Che Guevara en la fase de reconstrucción del movimiento.
Vivió en un mundo extremo rodeada de viejos lobos torturadores nazis. Cualquier indicio perturbador no le resultaba extraño. Sin embargo, la muerte del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara en la selva boliviana (octubre de 1967) había significado para ella el empujón final para sus ideales. Mónica «“según su hermana Beatriz»“, «adoraba al «Che” como si fuera un Dios”.
Así, se dedica a ayudar a los combatientes sobrevivientes del fallido levantamiento de Guevara contra el gobierno militar brindándoles refugio, especialmente a los hermanos Inti y Chato Peredo, los seguidores de Guevara en la dirección del ELN.
Gracias a su capacidad de organización, Ertl se convirtió, bajo el nombre de batalla de Imilla, en uno de los principales dirigentes de la organización.
La víctima, el coronel de la policía Toto Quintanilla, había sido señalado por el ELN como uno de los principales responsables de la ejecución del Che Guevara: tras la ejecución de Guevara se habían separado sus manos, no se sabe si para su identificación o como trofeo. Esto se hizo, de acuerdo con el testimonio de Chato Peredo en una entrevista en 1988, por orden de Quintanilla.
Después de cumplir su objetivo comenzaría una cacería que atravesó países y mares y que solo encontró su fin cuando Mónica cayó muerta en el año de 1973, en una emboscada que según algunas fuentes fidedignas le tendió su traicionero «tío” Klaus Barbie.
Su padre afirmó en una entrevista televisiva que fue torturada antes de morir. La película documental alemana Se busca: Monika Ertl (1988, 16mm, 84 minutos) de Christian Baudissin, se refiere a la vida de la guerrillera.
Su cuerpo permanece en algún sitio desconocido del país boliviano. Yacen en una fosa común, sin una cruz, sin un nombre, sin una Bendición de su padre.

El Soke Isamu Tamotsu fundó el Shorinjiryu Karate-do Renshinkan.



El Soke Isamu Tamotsu fundó el Shorinjiryu Karate-do Renshinkan. Nació en Amami, prefectura de Kagoshima, en 1919 y falleció en el año 2000 a los 80 años. De niño, se mudó a Okinawa, donde un pescador que vivía cerca de su casa le introdujo al karate.


A los diecisiete años, visitó Taiwán, donde aprendió Kodokan-jujutsu con el difunto maestro Tadao Nakahara, y artes marciales del sur de China con el difunto maestro Chin.

Tras la Segunda Guerra Mundial, regresó a Okinawa y aprendió karate de Okinawa con Zenryo Shimabkuro, discípulo del difunto Chutoku Kyan.

Chutoku fue un famoso maestro de karate de Okinawa. Isamu dominó no solo el Karate-do sino también el Kodokan-jujutsu, el Hoen-ryu Taijutsu, el Kenso-ryu-jujutsu, el Hakko-ryu-jujutsum, el bo-jutsu (artes marciales con palo), el Jo-jutsu (artes marciales con bastón corto), el Sai-jutsu (artes marciales con porra con forma de daga), etc.

Le llevó la mitad de su vida. Coordinó estas artes marciales y produjo nuevas técnicas con una práctica bastante estricta.

En 1955, fundó el Shorinjiryu Karate-do Renshinkan en Kagoshima en un pequeño Dojo.

En 1964, en Hioki en Kagoshima, abrió Kenshi-ga-oka (sede del Renshinkan) y construyó un monumento llamado Kenshi-no-to. Su hijo, Soke Iwao Tamotsu, es el actual director de Shorinjiryu Karate-do Renshinkan.

El Soke Iwao Tamotsu, Maestro 10.º Dan, nació en Kagoshima en 1948 como hijo mayor del difunto Isamu Tamotsu. Se convirtió en Soke del Shorinjiryu Karate-do Renshinkan en junio de 2000.

Tras años de entrenamiento y tutela por parte de su maestro y padre, Iwao Tamotsu dominó las técnicas definitivas de kata y kumite.

Su Embu especial de Kushanku-no-Kata se considera la cumbre del Shorinjiryu Seiryu Shichiho (Siete Métodos Genuinos del Shorinjiryu).

En 1967, Iwao Tamotsu ganó el 1.er Campeonato Nacional de Shorinjiryu Karate-do y posteriormente inició sus actividades misioneras.

En 1969, a los 19 años, viajó a Filipinas para entrenar en la Universidad de Baguio. También dirigió la delegación a Taiwán en Taipéi en 1971, y en la República Dominicana y otros países centroamericanos en 1981.

En los últimos años, el Soke Iwao Tamotsu ha promovido la internacionalización del Karate-do enseñando este Budo japonés profundamente espiritual en Europa, India y Norteamérica.

El número de devotos internacionales ha aumentado año tras año. La Fundación Internacional Iwao Tamotsu en India ha apoyado la educación de niños desfavorecidos, además de promover activamente intercambios internacionales y actividades de bienestar.

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