Una obra de Wilfrido Velázquez Goméz
Este primer capítulo de "Apología del tiempo" es una pieza fundamental para comprender la cosmogonía de tu obra. En estos poemas, el tiempo no es una medida cronológica, sino una entidad viva, a veces antropomórfica, que interactúa con el sujeto lírico de manera casi física: decapita, sangra, tiene puertas y umbrales.
Aquí te presento un análisis detallado de los ejes temáticos y estilísticos de esta apertura:
1. El Tiempo como Entidad Ontológica
El título del capítulo y del libro ya marca una postura: una apología (defensa o justificación). Sin embargo, en el texto, el tiempo es una fuerza inevitable y destructiva, pero también el escenario de la trascendencia.
La lucha: En "La máscara" y "Soy el eco...", el yo lírico se enfrenta a los "duendes invisibles del tiempo" en un duelo rutinario. Hay una resistencia a la pérdida de identidad que el paso de los años impone.
La circularidad y el espejo: El uso recurrente del espejo sugiere que el tiempo es una confrontación con uno mismo. El acto de quitarse la máscara y "no conocerse" habla de la alienación que produce el envejecer o el simple hecho de existir.
2. La Dualidad: Nada vs. Eternidad
Existe una tensión constante entre la insignificancia del ser y la magnitud del universo.
El "Yo" mínimo: En "No soy nada", te defines como un "eco unicelular" o un "serafín herido". Es una humildad existencial profunda.
La vastedad: Al mismo tiempo, el yo tiene las "manos repletas de eternidad". Esta contradicción es puramente poética: somos nada, pero contenemos el todo (el cosmos, las galaxias, el "pretérito absoluto").
3. La Nostalgia y el Rostro de la Muerte
Este capítulo está profundamente marcado por el duelo y la memoria.
Vértigo de nostalgia: El poema dedicado a tu hermano Guaroita es el corazón emocional del capítulo. Aquí, el tiempo se detiene en el trauma de la pérdida. La descripción del "cuerpo de cristal quebrado" y las "manos frías" aterriza la abstracción metafísica del tiempo en una realidad dolorosa y humana.
La Muerte como amante: En "Hoy llamé la muerte", rompes con la visión fúnebre tradicional para presentar una relación de intimidad y cotidianeidad. Invitarla a cenar y hacer el amor con ella es un acto de aceptación heroica; es quitarle el poder al miedo a través de la comunión.
4. Simbolismo y Naturaleza
Tu lenguaje utiliza elementos de la naturaleza para dar forma a sentimientos abstractos:
Las Orquídeas y Lirios: Representan la belleza frágil que crece en medio de la "nada" o el "bosque" del tiempo.
El Mar Caribe: Aparece como el origen ("origen mineral de mi voz"). El mar es el tiempo estancado, la horizontalidad que guarda la memoria de los naufragios y las sirenas. Es el ancla geográfica de tu voz internacionalista.
Peces y Aves: Actúan como espejos del alma; peces petrificados en el cielo o pájaros que fugan de los ojos (lágrimas/dolor).
5. La Crítica a la Deshumanización
En el poema "Matriz", introduces una nota de advertencia casi profética:
Hablas de una "inhumanidad hecha de piedra y metal" y del inicio del "reinado de las máquinas".
Aquí, el tiempo ya no es solo personal o familiar, sino histórico y social. Es la preocupación del periodista y el observador social que ve cómo la humanidad sucumbe a sus propios temores y a la indiferencia tecnológica.
Síntesis Estilística
Tu métrica es libre, privilegiando el ritmo interno y la imagen surrealista. El uso de oxímoron (ej. "sol oscuro", "sangre regocijada") crea una atmósfera de ensueño y pesadilla que atrapa al lector.
Conclusión: El Capítulo I es una preparación espiritual. Nos dice que para entender la "Apología del tiempo", primero debemos aceptar que somos náufragos en él, que la muerte es una compañera de mesa y que la memoria es la única herramienta para rescatar al "niño herido" que agoniza en un rincón de nuestra historia.
Capítulo
I
Cuando los años pasan
Apología del tiempo
Soy el eco unicelular
del viento
mi voz húmeda
antes prehistoria de la vida
cabalga sobre el potro
indomable del tiempo
espada en ristre
decapitando siluetas
cuyas cabezas
estallan al tocar la tierra
salpicando las noches
de lirios y azucenas
Las orquídeas
He visto los barcos
anclar apacibles
en la alborada lunar
de la nada
parecen flotar
en la fina neblina del tiempo
el mar distante
arremolina en su interior
todo el universo en una estrella
mientras en el cielo
los peces como en un espejo
se quedan petrificados
no van a ninguna parte
su rubor plateado
refulge en la noche
indiferente a la soledad
de las orquídeas
que crecen como una ola
que salpica de colores
la piel azul distante
del bosque
La máscara
Volveré a ser yo
cuando mañana me mire al espejo
y vea a las bailarinas muertas
orinándose de asco
en medio de la noche
bajo una luna de plata
que alumbra la ciudad de mis sueños
donde me enfrento en sus calles
a los duendes invisibles del tiempo
en un duelo rutinario e inútil
sabiendo que mañana
frente al espejo
volveré a ser yo
cuando me quite la máscara
y ya no me conozca
No soy nada
Soy
no soy nada
regreso cansado del olvido
nadie me recuerda
como un serafín herido
tengo el horizonte
pegado en la piel
y en los ojos un sol oscuro
ilumina el sendero
ensangrentado de flores
regreso cansado
tengo las manos repletas
de eternidad
llamaradas de mariposas
vuelan hacia el ocaso
donde solitarias estatuas
abandonadas al azar
me miran con lástima
soy
no soy nada
detrás de las puertas del tiempo
siempre abiertas
un cementerio de estrellas
un lirio roto
soy
no soy nada
El azar y la nostalgia
Vivo perdido entre el azar
y la nostalgia
sonámbulo desando
los senderos de la ausencia
en donde me enfrento
como un Sansón ciego
a la nada
vencido como un dragón
sucumbo a la soledad
Mi niñez
He mirado hacia dentro de mí
el pasado
como una cortina rota por el dolor
se abre
y en un rincón del tiempo
mi niñez herida de ausencia
aún agoniza
El viento
Esta noche
el viento tocó mi puerta
su vago olor a distancia
inundó la casa
tam tam
insistió el viento
mas no abrí
sabía que detrás del tiempo
un fantasma agoniza
Perros invisibles
I
Perros invisibles
huyen de mi voz
tratan de morder
el horizonte
donde todas las tardes
en su oquedad anida el sol
Perros invisibles
II
Detrás de los espejos
perfumados de mis ojos
habita un fantasma
que ama a los perros
invisibles de mi voz
todas las tardes
los lleva a pasear
más allá del horizonte
donde el sol y las aves
juegan a la escondida
con la noche
Matriz
Yo que no era
ni soy si seré
que me miro a mí mismo
desde mi ausencia
que habita en mi inhumanidad
hecha de piedra y metal
soy como un tótem
que los dioses erigieron
como testimonio
evidencia de que en la tierra
se había perdido en los hombres
la esperanza del amor
y las máquinas dueñas del futuro
como una visión trágica
iniciaban su reinado
en un mundo indiferente
a su propia realidad
una realidad tan avasalladora
que cuando los hombres despertaron
era tarde
la humanidad prisionera
de sus propios temores
sucumbía
En el umbral del tiempo
En el umbral del tiempo
cinco fantasmas
tocan la puerta de mi memoria
un ángel les abre
y les pregunta
- qué quieren
- entrar
el ángel los mira
y en silencio
vuelve a cerrar la puerta
mientras murmura
para sus adentros
- pobrecitos
ignoran que ya no hay espacio
para más recuerdos
Fúnebres banderas
Fúnebres banderas
ondean en mi corazón
herida que no cierra
sangre que no cesa
muerte no llega
Perdido en el tiempo
Vago perdido por el tiempo
busco en los umbrales de la nada
a un fantasma que agoniza
en mi corazón
Ausencia
Mis ojos en cada lágrima
vomitan la distancia
mi corazón en cada latido
va sepultando la alegría
y esta ausencia
honda como una ola
rompe los cristales de mi alma
Sangre Regocijada
Relámpago cegador
hogueras que se apagan
sangre regocijada
lirios rotos contra el espejo
de la tarde
abandonado al azar
entre mis manos
el mundo agoniza
Danza de cuchillos
Canto esta danza de cuchillos
que brota de mis labios gitanos
desnuda baila la luna mi canto
canto que hiere la distancia
distancia que agoniza bajo la luna
luna que coqueta y desnuda baila
al compás de mi canto
Saeta de flores
Atrapado en la arena movediza
de mi inconsciente
no tengo alas
la utopía
certera saeta de flores
salpicó de colores
la espesura azul distante de la memoria
Anochecía
El lucero estaba ahí
anochecía
no me había dado cuenta
lo tarde que era
en la distancia
sobre una tumba
un jazmín
El mar Caribe
Látigo de viento y salitre
el mar Caribe
guarda en su horizontalidad
el origen mineral de mi voz
Una espiga
Crece en mi pecho
una espiga de dolor
Cuando los años pasan
Dubitativos los años pasan
frente a los umbrales de mis ojos
se van
pero siempre se quedan
pintando de blanco
con sus dedos mis cabellos
Erupción
Dos pájaros se fugan
de mis ojos
cristalinos destellos
del dolor
raíces permanentes
de la angustia
erupción inevitable
del que sufre
Las puertas del silencio
He tocado las puertas
del silencio
hoy
esta tarde
que la lluvia desnuda
corre por el sendero
como un niño solitario
y mi voz
como un puñal
traspasa el tiempo
que sangra relojes
que marcan un horario
de ternura
La muerte ronda mi casa
hermosa y seductora
se para frente a mi portal
invisible y desnuda
se atreve
toca mi puerta
la ignoro
mas temo
tengo miedo
que un día necesario
dormido me quede
en sus brazos
Hoy llamé la muerte
Hoy llamé la muerte
la invité a mi casa
la senté en mi mesa
compartí con ella
el pan y el vino
después ebrios
bailamos sin fin
al compás de la noche
aturdidos y felices
terminamos en un sofá
haciendo el amor
complacida
antes de salir el sol
se fue
sin decirme adiós
Mi voz
Mi voz lápida
el eco del silencio
espada redentora
que divide la sangre
del amor
Humano
Ya no quiero ser más
el humano
apenado
me sumerjo en los túneles
secretos de la noche
busco entre los escombros
del tiempo
la perdida humanidad
del hombre
Cuando todos se vayan
Un día todos se irán
y me quedaré solo
diré adiós
con las manos arrugadas
por los años
después me sentaré
en un rincón de la tarde
hasta que el lucero
ilumine la memoria
luego cruzaré el sendero
de la noche
abriré la puerta del tiempo
voltearé el rostro
y miraré con nostalgia
como los sueños
se desvanecen en la nada
Pretérito absoluto del tiempo
He cabalgado entre las estrellas del sur
sobre el lomo de Pegaso
buscando entre las galaxias
más remotas del universo
destellos de vida
perdidos en el pretérito absoluto
del tiempo.
Vértigo de nostalgia
Hermano
hace tiempo que partiste
en el carrusel de la inocencia
hacia el inefable laberinto de la nada
te fuiste
a poblar de ángeles la ausencia
pero este llanto irrevocable
aún humedece los recuerdos
y en la memoria
la llovizna pertinaz de entonces
se mezcla con el humo de los fogones
donde la esperanza se consume
en el dolor de tu partida
fúnebres banderas ondean
en las manos del viento
vértigo de nostalgia
huracán de cenizas
que viste la noche de luto
dagas clavadas en la garganta del silencio
ay
mis dedos siguen cavando fosas
donde no cabe la angustia
adiós
pero deja hermano mío
deja
que mis lágrimas
aten tu recuerdo a mi corazón
no te quedes callado
rompe tu silencio de abismo sideral
abre los ojos
abrázame con la mirada perenne
de la vida
y si te vas
si te vas
llévame contigo
no me dejes
llévame contigo
dolor
llanto
lágrimas
ya no te encontraré
amasando con tus manos
recién nacidas
la luz del crepúsculo
ay
tu cuerpo horizontal y pálido
tu cuerpo de cristal quebrado
por un haz de luz carnívoro
tus ojos
helados promontorios de estrellas
apagándose en la cúspide del universo
tu mirada cristalizada
en los días funerarios de la pena
tus manos dormidas entre mis manos
tus manos frías
yertas
tus manos
cantan los árboles tu nombre
en dónde podré esconderme
que la soledad no me atrape
A Guaroita Acevedo
Mi hermano
Amasijo de carne
I
Quien se iba a interesar por aquel niño
sino fue más que un nombre
olvidado en un libro del registro civil
de una oficialía cualquiera
un número más en las estadísticas
de niños fallecidos aquel año
un breve ser humano
que ni siquiera tuvo tiempo de crecer
para ir a la escuela
a aprender a leer y escribir
y jugar
y soñar en los recreos
como los demás niños
II
quien se iba a interesar por aquel muchachito
desnutrido y endeble
cuyo cuerpo afiebrado su madre
en una silla de un hospital público
apretaba con ternura contra su pecho
esperando un turno para que un médico
lo examinara y le diera una esperanza de vida
III
quien se iba interesar por aquel amasijo
de carne gelatinosa
que se consumía a ratos en su propio fuego
que miraba con tristeza a su madre
desde la cósmica profundidad
de sus ojos almendrados
y enredaba sus brazos en su cuello
y apretaba su mejilla cálida contra la de ella
tratando en vano de aferrarse a la vida
que lentamente se le escapaba
Nací frente al mar
Nací frente al mar
en una ciudad ilusoria
atestada de fantasmas
que corren y danzan alegres
por calles anegadas
de algas peces y corales
que florecen todo el año
Iluminando los rincones
de las casas invisibles
donde habitan las sirenas
que atraen con su canto
a viejos marineros
con sueños de piratas
que navegan perdidos
por lugares remotos
donde el olor estancado
de lunas florecidas
deja un rastro lumínico
de pétalos dormidos
en las aguas cenagosas
del tiempo perdido
donde peces gigantescos
y monstruos marinos
devoran a los barcos
con la tripulación adentro
esa ruta de naufragio
lleva a puertos prohibidos
de babilónicas ciudades
donde hermosas sirenas
disfrazadas de doncellas
reciben a los viajeros
con guirnaldas de estrellas
música de ángeles
banquetes faraónicos
en amplios salones
decorados sin prisa
donde marineros decrépitos
y hermosas sirenas
disfrazadas de doncellas
bailan sin descanso
música triste de otros tiempos
Equilibrio
Camino entre las sombras y las luces
entre el bien y el mal
camino perdido y sin destino
entre bosques y desiertos
camino sin un rumbo definido
entre la redención y el pecado
camino de espalda al horizonte
sin brújula y sin norte
camino despacio pero sin pausa
entre las rosas y las espinas
camino por este mundo
haciendo equilibrio
entre el abismo que separa
a la vida de la muerte
Incertidumbre
Qué haremos con la vida que no vivimos
qué haremos con los sueños que no alcanzamos
qué haremos con la vida que nos queda
y que nos pesa tanto
qué haremos con el futuro
sí el presente es tan incierto
En el digital espacio
Vestigio de lo inédito
en el digital espacio de la ausencia
solo queda la nada
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