martes, mayo 19, 2026

19 de Mayo Ataque al Palacio Nacional. El día más trágico de la guerra de abril de 1965. Narrativa del hecho.

 




19 de Mayo dAtaque al Palacio Nacional. El día más trágico de la guerra de abril de 1965. Narrativa del hecho.


e 1965. El ataque al Palacio Nacional. Muere el Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Euclides morillo, Illio Capocci y varios combatientes más. 


*Respetando el criterio del escritor del artículo, nuestras investigaciones arrojan que el ideólogo del asalto al Palacio, fue el coronel Fernández Domínguez.


Por : Rafael-Baby- Mejía


"Según las informaciones que poseo, el ataque al palacio fue planificado por el coronel Caamaño conjuntamente con el alto mando constitucionalista.


Juan Miguel Román me informó del ataque al palacio el día antes y como comandante de las unidades móviles de combate del 14 de junio, se me ordenó preparar sus unidades e incorporarme a la columna que dirigía el Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez y Juan Miguel Román.


Nos agrupamos en el local donde estaba el comando del 14 de junio que quedaba en la José Gabriel García esquina Estrelleta. Al lado en la esquina formada con la Cambronal, el Coronel Fernández Domínguez arengó a los que participarían en el ataque.


Había civiles y militares de diferentes comandos. Nos identificábamos por una cinta amarilla atada a la manga derecha de la camisa. Algunos, entre ellos, le preguntamos qué hacer con los prisioneros y él contestó: "No hay prisioneros".


Eran tres columnas, una comandada por el Coronel Fernández Domínguez y Juan Miguel Román, de la que yo formaba parte y las otras formadas por Montes Arache y por el Illio Capocci. Cada columna la componían unos 60 hombres aproximadamente.


La columna del Coronel Fernández Domínguez, seguida inmediatamente por la de Montes Arache, avanzaría desde el callejón Imbert hasta la 30 de marzo y desde ahí avanzaríamos hacia el objetivo, que eran los garajes del DNI. Estando ya allí, apoyaríamos el avance de la columna de Momtes Arache, sobre el ala de palacio contigua a los garajes hasta que, una vez las dos columnas estuviéramos dentro del objetivo, respaldar el avance de la columna de Capocci, que entraría por el portón frontal. Tan pronto comenzamos a agrupar en el callejón Imbert, nos sobrevoló un helicóptero y desde que iniciamos el avance atacaron con morteros. Al desembocar en la 30 de Marzo, sobre nosotros caía una verdadera lluvia de fuego y metralla. Ya en la 30 de marzo, la columna de Montes Arache que venía detrás, quedó clavada por el fuego enemigo en la esquina de la Berto Arvelo con 30 de Marzo y la nuestra fue cortada en dos, quedando un pequeño grupo compuesto por el Coronel Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Norge Botello, Pichi Mella, José Márquez, tres haitianos y yo y algunos más que no recuerdo.


Éramos 12 hombres más o menos. Algo más abajo había quedado Euclides Morillo, herido de muerte y Amaury Germán quien, no obstante estar también herido, trataba de auxiliarlo. El resto de la columna, la mayor parte de los hombres, había quedado atrás.


Nuestro grupo siguió avanzando, cada vez con más dificultad. El fuego era tan intenso, tan ensordecedor, que teníamos que comunicarnos por señas y a gritos. Logramos llegar a la casa del doctor Marcelino Vélez Santana, ubicada en la misma 30 de Marzo, que tenía un callejón a cada lado. Ambos desembocaban en un patio trasero en el que había un promontorio de tierra que servía de línea divisoria con los garajes del DNI.


El Coronel Fernández y Juan Miguel Román tomaron el callejón de la derecha y los demás nos metimos por el callejón de la izquierda, tan estrecho que sólo podíamos pasar de uno en uno. Entonces empezaron a tirarnos con una ametralladora calibre 30 emplazada en los garajes.


Norge y yo tratamos de llegar al montículo de tierra, pero era imposible moverse y quedamos atrapados sin poder avanzar ni retroceder. El resto retrocedió quedando tres compañeros muertos en el callejón. En esos momentos llegaron el Coronel Fernández y Román quienes al ver nuestra situación abrieron fuego hacia la ametralladora 30 y así logramos salir de la difícil situación. Retrocedimos juntos, nos protegimos momentáneamente en la pared del cuarto de servicio de la casa y nos dispusimos a hacer contacto con los compañeros que habían quedado atrás, siempre bajo un intenso fuego de morteros.


Ante este panorama, Fernández Domínguez comprende la gravedad de la situación y da instrucciones para salir de la emboscada y él es el primero en avanzar hacia la salida que da a la 30 de marzo. Cruza la entrada, da un paso hacia la acera y cuando va a doblar hacia la derecha, cae inmediatamente. Juan Miguel, que había salido detrás de él, cae en el mismo sitio quedando su cuerpo sobre el de Rafael Fernández Domínguez. El resto del grupo, tras dos intentos fallidos de llegar hasta los dos compañeros caídos, nos agrupamos en el interior de la casa. Cuando más crítica era la situación, nos dimos cuenta que la ametralladora que estaba detrás de nosotros, había dejado de disparar.


Decidimos entonces tratar de salir por uno de los laterales de la casa, quedaba a un pequeño descampado, donde había un amplio jardín con una hermosa casa propiedad de la familia Hernández. El primero que lo intentó fue José Márquez, que era corredor del campo y pista y si el lograba cruzar, el resto lo seguiríamos, José corrió como nunca, logró pasar y detrás fuimos los demás, escapando del cerco sin que la ametralladora volviera a oírse. Luego supimos que habían matado al que la manejada.


Cuando llegamos a la zona constitucionalista ya era de noche, Camaño me mandó a buscar para que le diera mi versión de los hechos. Luego me retiré a mi comando".


Fotos superiores: Comandante Ilio Capocci y Coronel Rafael Tomás Fernández y abajo Juan Miguel Román y Euclídes Morillo

Historia gráfica de la Republica Dominicana.

lunes, mayo 18, 2026

Fuera de Venezuela y Cuba, Gringos de mierda.



 Fotos tomadas de la red.

domingo, mayo 17, 2026

Con un disparo mortal terminan con la vida de Hel un ibis eremita.

 



El cadáver de Hel, un ibis eremita de un año y medio, con un disparo mortal. Hel había nacido en Austria. En octubre de 2023, junto a otros 34 ejemplares, completó un viaje de más de 40 días seguido el ultraligero con parapente amarillo de Johannes Fritz, director del proyecto LIFE-NBI de la UE. Lo criaron Helena Wehner y Barbara Steininger, vestidas de amarillo para que las aves las identificaran como su madre. Cruzaron Europa. Aterrizaron en Cádiz, donde ibis eremitas reintroducidos forman una colonia de más de 300 ejemplares. Hel, sin embargo, era un explorador. Se alejó hacia Badajoz. Y allí, alguien con un arma decidió que su vida no valía nada. La denuncia la ha presentado Ecologistas en Acción. Piden la suspensión de la actividad cinegética en ese coto. El responsable del proyecto, Miguel Ángel Quevedo, veterinario del Zoobotánico de Jerez, no puede contener la indignación: "Después de todo el esfuerzo, de los recursos tanto humanos como económicos invertidos, de la implicación emocional de sus criadores con ellos, ocurre esto... Quien hace eso no es un cazador, es un descerebrado". La muerte de Hel no es solo una tragedia local. Es un símbolo del conflicto entre conservación y tradición. El ibis eremita es una especie en peligro de extinción. Desapareció de Europa hace tres siglos. Las poblaciones actuales proceden de reintroducciones de ejemplares de zoológicos. Cada pájaro cuenta. Cada muerte es un revés. Y la de Hel es particularmente dolorosa porque representa el fracaso de la educación ambiental: alguien vio un ave protegida, con un anillo en la pata, y decidió disparar. No por hambre, no por defensa propia, sino porque sí. Porque se puede. Porque en un coto de caza, todo lo que vuela es un objetivo.

El artículo, un reportaje desolador pero bien documentado, narra los hechos y el contexto. El proyecto de reintroducción del ibis eremita es uno de los más ambiciosos de Europa. Las aves son criadas en cautividad y entrenadas para seguir ultraligeros en sus primeras migraciones. El objetivo es que aprendan la ruta y luego la realicen por sí mismas, conectando las poblaciones de Austria y España. Hel había cumplido su parte. Llegó a Cádiz. Sobre el invierno. Pero luego, como tantos jóvenes exploradores, quiso ver más allá. Acabó en Extremadura, a 200 kilómetros de la colonia. Y allí, un cazador (o alguien que se hace llamar cazador) lo mató. No es el primer ibis eremita muerto por disparos. Otros han caído electrocutados o atropellados. Pero la muerte por bala es especialmente cruel porque es evitable. No hay necesidad de disparar a un ibis. No es una plaga. No es una amenaza para la ganadería. Es un ave protegida, reconocible (negro brillante, pico curvo, cresta erizada). Quien lo mató sabía lo que hacía. O debería haberlo sabido. La legislación española prohíbe cazar especies protegidas. Las penas pueden incluir prisión. Pero los cazadores suelen alegar "error de identificación". En este caso, parece difícil equivocarse. El ibis eremita no se parece a ninguna otra ave cinegética en Extremadura.
Las consecuencias ecológicas y morales de esta noticia son un aldabonazo contra la impunidad. Ecológicamente, la muerte de Hel reduce la diversidad genética de la población reproductora. Cada ibis cuenta en una especie que aún está lejos de ser segura. La población española tiene más de 300 ejemplares y 48 parejas reproductoras, un buen número, pero insuficiente para garantizar la supervivencia a largo plazo. La mortalidad juvenil ya es alta (50% en el primer año). Añadir muertes por disparos es añadir una presión innecesaria. Moralmente, la noticia es una vergüenza colectiva. Los proyectos de reintroducción requieren años de trabajo, financiación europea, dedicación personal de biólogos y voluntarios. Hel era un embajador de su especie. Su viaje en ultraligero había sido noticia internacional. Su muerte debería serlo también. Pero los cazadores (o al menos las asociaciones de cazadores) suelen guardar silencio o minimizar estos incidentes. No piden disculpas, no colaboran en las investigaciones. El coto de Fregenal de la Sierra, si no se toman medidas, seguirá funcionando. Y otros ibis podrían correr la misma suerte.
¿Hay esperanza? La esperanza realista está en la presión social y judicial. La denuncia de Ecologistas en Acción puede llevar a una investigación. Si se identifica al autor, podría enfrentarse a penas de prisión. La suspensión temporal del coto sería una medida ejemplarizante. La esperanza también está en la educación. Las campañas de sensibilización dirigidas a cazadores pueden reducir los errores de identificación y los disparos "por diversión". La esperanza más poderosa es que el proyecto del ibis eremita continúe. A pesar de Hel, otros 36 ibis llegaron a España en 2024. La colonia de Cádiz sigue creciendo. La población de Marruecos (la única silvestre del mundo) ha pasado de 48 parejas a cerca de 180 gracias a los esfuerzos de conservación. La especie ha salido de la categoría de "peligro crítico" a "en peligro". Es un avance. La muerte de Hel no lo revertirá, pero es un recordatorio de que la conservación no termina en la suelta. Termina cuando la sociedad entera respeta a los animales. Y eso aún no ocurre.
La pregunta que Hel, con su cuerpo sin vida y su anilla de seguimiento, nos lanza desde el coto de caza extremeño es un graznido de dolor: ¿Cuántos ibis más tendrán que morir a tiros para que los cazadores entiendan que no todas las aves son piezas de caza? La respuesta, desgraciadamente, es "muchos". Porque la cultura cinegética está arraigada. Porque muchos cazadores ven el campo como un campo de tiro. Porque la educación ambiental es insuficiente. Hel no murió por un accidente. Murió porque alguien quiso matar algo, y lo que tenía delante era un ibis. No importaba que fuera raro, protegido, valioso. Importaba que volaba. Y estaba en su punto de mira. Ojalá el autor se arrepienta. Ojalá la justicia actúe. Ojalá los cazadores de Extremadura reflexionen. Pero la única garantía es que no habrá justicia para Hel en el sentido literal. Ya está muerto. Su viaje, truncado. Su potencial reproductor, perdido. Lo único que podemos hacer es contar su historia. Y que sirva para que otro ibis no corra la misma suerte. Eso, si acaso, sería un final digno. Pero no es suficiente. Nunca lo es. Hel merecía volver a Austria. Merecía criar. Merecía vivir. Los cazadores que lo mataron le robaron todo eso. Y a nosotros, también. Porque la pérdida de un ibis es la pérdida de un pedazo de esperanza. No podemos permitir que se repita. No podemos. Hel, descansa en paz. Ojalá tu vuelo final no haya sido en vano.

Tomado de la red.

Poetas en la Cafetera.

 Los poetas de la Cafetera son los fantasmas de la Zona Colonial de la Ciudad de Santo Domingo, que deambulan por la calle el Conde, en busca del verso perdido en la perfección de la bohemia nocturna que se diluye entre la oscuridad y el tufo a brugal, que termina en vomito en el parque Colón, donde lesbianas y maricones trasnochados, leen en voz alta a nadie, el manifiesto comunista.

Nadie lo vió, pero el fantasma de un heroe de la guerra de abril pasó indiferente a tan atrevida proclama, en una época donde las ideas fascista y el discurso de la derecha se llevó de raíz los sueños  

Domingo Acevedo.

Mayo/2026







































Recuerdo de una actividad hecha por Ana María.

























 

Archivo del blog