martes, enero 13, 2026

LA MUERTE DE LOS PALMEROS. Hoy se cumplen 54 años de este evento




El día 12 de enero del año de 1972 se iniciaron los acontecimientos casi bélicos que se desarrollaron en las proximidades del Km. 14 de la autopista de Las Américas, cuando las fuerzas de seguridad del régimen del doctor Joaquín Balaguer ubicaron a los jóvenes revolucionarios del grupo “Comandos de la Resistencia” o Los Palmeros.
Los denominados Palmeros eran jóvenes rebeldes que se oponían al régimen autocrático y despótico que mantenía en el país el doctor Joaquín Balaguer y su camarilla militar.
Su jefe militar era el coronel Francis Caamaño, quien para ese entonces residía en Cuba donde él y sus seguidores aprovechaban las facilidades que les ofrecía el régimen comunista de Fidel Castro Ruz.
En el país, los líderes de los Palmeros eran los jóvenes Miguel Cocco (Jefe Político) y Amaury Germán Aristy (Jefe Militar).
Virgilio Perdomo Pérez, Amaury Germán Aristy, Bienvenido Leal Prandy ( La Chuta) y Ulises Cerón Polanco (ver foto en ese mismo orden), fueron localizados por fuerzas militares en una casa que les servía de refugio en donde fueron atacados en la madrugada del miércoles 12 de enero de 1972 sin ninguna mediación previa por parte de las fuerzas militares balagueristas que lograron eliminar dos de ellos, otros dos se refugiaron en una cueva cercana desde donde combatieron resueltamente a los militares y policías atacantes.
Demostrando un valor indoblegable y con más estrellas en la frente que las de todos los generales que los enfrentaron, los jóvenes Palmeros combatieron denodadamente durante varias horas a las fuerzas militares y policiales, dirigidas por los oficiales: Contralmirante Marina de Guerra Ramón Emilio Jiménez (a) Milo, y por los generales E.N. Neit Rafael Nivar Seijas, Jefe de la P.N., y Salvador (Chinino) Lluberes Montás, quienes usaron contra los valientes combatientes, mal armados, cerca de 5,000 hombres, y armamento pesado, incluso armas de artillería pesada, barcos, lanchas, y aviones.
Otro miembro del grupo, Plinio Matos Moquete fue perseguido tenazmente pero pudo mantenerse oculto en la periferia verde de la ciudad, o en refugios urbanos, haciendo la vida de un solitario guerrillero.
Un año después de la muerte de Amaury y sus compañeros se produjo el desembarco de Caamaño y sus seguidores por playa Caracoles de Azua, iniciando su frustrada guerrilla.

La tragedia de Rio Verde



El 11 de enero de 1948 se accidentó, en el paraje de Rio Verde un avión de la Compañía Dominicana de Aviación (CDA) que transportaba el poderoso equipo de beisbol de la ciudad de Santiago, que estaba integrado en su mayoría por los más destacados jugadores del que era ya el deporte rey en la República Dominicana.
Ese trágico y desgraciado accidente enluteció, para siempre la memoria del pueblo dominicano y todos los años a partir de aquella época, se lleva cabo una ceremonia en el Cementerio Municipal de Santiago, donde reposan los restos de las víctimas de la tragedia y que el autor de esta columna tiene presente en el registro de su memoria, recordando, particularmente a cuatro o cinco de las víctimas de esa maquinaria extraordinaria, que estaba llamada a ganar el Campeonato Nacional de Beisbol Amateur de 1948.
Al momento de la tragedia de Rio Verde el autor de esta columna tenia la edad de 11 años, próximo a cumplir los 12 en el mes de mayo, y comenzaba a relacionarme de manera directa con las actividades deportivas de mi patria chica la legendaria, ciudad de Montecristi, a donde habíamos llegado recientemente a vivir desde mediados de 1947, cuando nuestro padre cancelado en su rango de Capitán del Ejercito Nacional, por expresa decisión de Rafael Trujillo Molina, prestaba servicios en las plantaciones bananeras, de la Grenada Company, filial con el nombre de “División Berlanga”, propiedad de la United Fruit Company, la más poderosa compañía agrícola del mundo en aquel momento.
En mi infancia conocí a Bombo Ramos, Miguel Rodríguez Jiménez, alias Boquita, recién graduado Doctor en Medicina, perteneciente a una distinguida familia de Montecristi y Miguel (Tatis) Rodríguez, a quienes había visto jugar beisbol en el play “Pedro Alejandro Sanz” de esa ciudad, nombre que recordaba en homenaje a quien ha sido uno de los más grandes lanzadores del beisbol dominicano.
De esos jugadores que perecieron en esa tragedia de Rio Verde, había visto jugar en el antiguo Gimnasio Escolar de la ciudad capital a Aquiles Martínez, Loro Escalante, Chino Álvarez, Pedro Báez ( Grillo A), Víctor Saín Clare ( alias Papito Lucas) y también desde niño habíamos conocido a Ramón María Hernando, que era el piloto del avión de CDA y quien tenemos entendido fué el segundo piloto comercial de nuestro país; el copiloto del avión era un destacado atleta de San Juan De la Maguana, llamado José del Carmen Ramírez Duval, quien se había destacado como jugador de básquetbol y vóleibol y era tío de esa extraordinaria estrella de la canción dominicana llamada Rhina Ramírez. A Ramón María Hernando lo habíamos visto visitar a nuestro padre, ya fuera de las filas del ejército, con quien tenía una relación familiar, por parte de nuestra abuela Virginia Abreu Piña Ramírez, oriunda de Jarabacoa, cuando antes de trasladarnos a Montecristi vivíamos en el barrio de San Juan Bosco, en la Martin Puchi esquina Cachimán.
La tragedia de Rio Verde, ocurrida como habíamos señalado el 11 de enero de 1948, enlutó para siempre al pueblo dominicano porque en ella perecieron jugadores extraordinarios, excelentes, del beisbol, muchos de los cuales estaban en camino de ascender al beisbol profesional de las Grandes ligas de los Estados Unidos, donde ya practicaban como profesionales de ese deporte, jugadores hispanoamericanos provenientes de Cuba, Puerto Rico, Venezuela y México, algunos de los cuales se habían enfrentado a los equipos dominicanos durante las series de beisbol Amateur Internacional que se desarrollaron en diferentes países de América.
¡A la memoria siempre, eterna, de las víctimas de la tragedia de Rio Verde
Texto: Euclides Gutierrez
Foto: El team “Santiago” (1947-1948), que pereció en el paraje de Río Verde, Yamasá, el domingo 11 de enero de 1948. De pie, desde la izquierda: Aquiles Martínez, Miguel -Boquita- Rodríguez, Ventura -Loro- Escalante, Puchulán Rivera, Alberto -Mimo- Estrella, Bebecito del Villar, Enrique -Mariscal- Lantigua (quien no tomó el avión de regreso, y se salvó) y Papiro Raposo. En cuclillas: Toti Jiménez, Chino Álvarez, Toñito Martínez, Nando Valerio, Pepillo Aybar, Yeyo Hernández, Sancho Tatis y Antonio Devorax. Al frente: Grillo “A”, Papito Lucas y Bombo Ramos.

lunes, enero 12, 2026

Arte y resistencia indigena.



































 Fotos tomadas de la red.

El tiempo oscuro de los leviatanes.

 





Por Álvaro García Linera

Es catastrófico pero real. El “orden internacional basado en reglas” ha muerto.


El conjunto de normas e instituciones que reglamentaban gran parte de la convivencia entre estados nacionales ha sido enterrado por quien fue su creador: EEUU.


Desde 1945, las relaciones interestatales intentaron regularse por tres principios básicos: a) el respeto mutuo de la soberanía territorial de los estados; b) la aceptación compartida de que cada país debe resolver internamente sus asuntos políticos sin interferencia extranjera; c) la resolución pacífica de controversias entre estados (Carta ONU, art. 2). Ciertamente muchísimas veces no se cumplían, como con las invasiones norteamericana a Vietnam, Puerto Rico, Irak, Libia; rusas a Checoslovaquia, Hungría, o europeas en Yugoslavia, Afganistán, etc. Las grandes potencias, en función de intereses comerciales o geopolíticos, podían violar puntualmente esas reglas, pero era un destino-fuerza en torno a la cual se regulaban los vínculos y legitimidades de las acciones estatales.


Con la caída de la URSS en 1989, el “orden” se vio enriquecido con los soportes de la globalización en marcha: d) libre comercio para mercancías y capitales; e) protección de la inversión extranjera (norteamericana y Europa); d) cadenas de valor mundializadas; e) democracia y valores liberales expansivos. Se trataba de hacer negocios en cualquier lugar del mundo, pero con una dosis de hipocresía teatralizada (los llamados “valores” liberales), en aras de los juegos de legitimación ante las clases subalternas.


Hoy ese orden ha explotado en mil pedazos.


Primero fueron las fallas estructurales del hiperglobalismo que se manifestaron con una contracción sistémica del crecimiento económico y la dramática crisis financiera del 2008-2010. Silenciosamente, los flujos transfronterizos de capital comenzaron a retrotraerse al igual que las tasas de crecimiento del comercio mundial (BIS, 2024). Finalmente, fue el Estado, considerado un “arcaico” artefacto político, el que tuvo que salvar con emisión de dinero público a los “meritorios” inversionistas. En 2020, esta “flexibilización cuantitativa” llegó al 18% del PIB (FMI, 2022).


Y finalmente llego Trump, con su lenguaje básico, pero directo, y su caballería de impuestos a las importaciones, que terminó de trastocar todos los principios y “valores” compartidos. Comenzó a repartir aranceles a todo el mundo como quien reparte cartas marcadas de póker para luego negociar nuevas cartas, igualmente marcadas; hasta abatir uno por uno a todos los participantes.


En corto tiempo, todas las anatemas de la globalización se han puesto de pie y ahora son dominantes. Proteccionismo en vez de libre comercio. Subvenciones en vez competitividad. Endeudamiento público en vez de disciplina fiscal.


Todo ello supone una reorganización de los actores protagónicos de la economía mundial. Si antes eran los mercados anónimos los que redefinían los flujos de inversión, comercio y rentabilidad, subordinando a los estados a esa empresa; ahora serán los estados los que planificaran y utilizaran sus poderes monopólicos para que los capitales actúen y se enriquezcan.


La nueva regla del juego interestatal que hoy se impone es que no existen reglas. En este tiempo de transición liminal todo es lícito, en primer lugar y, sobre todo, la fuerza, la coacción y chantaje entre estados para imponer a los otros lo que los gobiernos, y las empresas cobijadas en él, necesitan.


Se trata de un orden salvaje donde los estados actúan como desenfrenados Leviatanes hobbsianos, lanzados unos contra los otros. La única barrera que se imponen es la que emerge de los límites de sus recursos y poder.


Ya no hay “valores” a los que adherirse o evocar su búsqueda. Ni democracia, ni derechos humanos, ni justicia. Solo el poder de la fuerza. El poder de ocupar. El poder de ganar. El poder de usurpar. El poder rentabilizar. El poder de humillar y someter. Y, el poder preferido de Trump, de infundir miedo a los demás (NYT, 4, II, 2020). “America First”, sin importar los acuerdos, las lealtades, la historia, los pueblos, las personas que son aplastadas, pisoteadas y escupidas en el camino a la grandeza: “drill, baby, drill”.


Por eso al presidente Trump no le importa mantener el paraguas militar en Europa. No gana nada. EEUU pierde dinero. Más rentable es venderles armas y gas a los atemorizados gobiernos europeos.


Por eso no le importa la integridad o adhesión de Ucrania a la OTAN. Rusia no es un adversario a temer para EEUU, y Ucrania importa si se puede apoderar de sus tierras, de sus minerales y, ante todo, recuperar los más de 100.000 millones de dólares que Biden les entregó.


Por eso Alemania desempolva su viejo casco armamentista prusiano, cambia instantáneamente su constitución y libera un “gasto público sin límite” para “hacer grande” a su ejército. Y les dice a todos que ese es el “nuevo” europeísmo.


Por eso cuando EEUU interviene militarmente Venezuela y secuestra al presidente Maduro no simula acudir a ninguna convención internacional. Mucho menos a la ONU que se ha convertido en una oenegé de piadosos debates. Lo ha hecho porque simplemente tiene el aparato militar para hacerlo y lograr con ello que las reservas petroleras venezolana sean asignadas para el usufructo de empresas petroleras norteamericanas. Y punto. No hay hipocresía. No hay justificación. Hay exhibición simple, pura y desvergonzada del poder de Estado para una expropiación económica.


Hemos entrado a un interregno internacional salvaje, regido por la ley de la fuerza de los Estados (económica y militar). No es un extravío temporal de Trump. No terminara cuando EEUU elija un nuevo presidente el 2028. Es la borrascosa transición, hacia un nuevo orden que aún tardara en llegar.


El que esta inflexión tome formas crueles y violentas carente de narrativas legitimadoras puede ser visto como el síntoma del crepúsculo de un régimen de dominación. En este caso del ciclo globalista (40 años) y del ciclo hegemónico norteamericano (100 años). Todo declive de una autoridad exacerba la desesperación de quienes lo usufructuaron, llevándolos a intentar detener lo inevitable de manera violenta. Pero también, la brutalidad es un síntoma del tormentoso nacimiento del orden nuevo. La coacción estatal desnuda es una característica propia de los tiempos liminales.


Y en medio de estas monstruosidades con la que están actuando los grandes estados, es posible distinguir el nacimiento de unos principios de regularidad que, de aquí a un tiempo, cimentarán el nuevo orden internacional:


1.- Los estados ya no son solo el soporte de la acumulación de los capitales, como lo fueron en el neoliberalismo; ahora son también parte del comando y reorganización territorializada de esa acumulación. Ya sea bajo la forma de Estado empresario (China), o como Estado incubador, protector y alimentador de “sus” empresas privadas en sus áreas de influencia (EEUU).


2.- Los estados del mundo se diferenciarán entre estados patrones y estados vasallos, según su capacidad infraestructural, su poderío económico, su cohesión política y logística militar. Los primeros, delimitando áreas de control y autonomía de las empresas que tienen residencia en sus territorios. Los segundos como proveedores de insumos.


3.- La soberanía ya no es un reconocimiento pactado por tratados internacionales. Es fuerza económica, sólida legitimidad interna, capacidad de defenderse y posibilidad de infringir daños a otros estados.


3.- La elasticidad de las fronteras regionales no dependerá de acuerdos comerciales, sino de oleadas de guerras arancelarias, chantajes geopolíticos e intromisiones en la vida interna de los estados.


Es un escenario de estados combatientes y estados sumisos según prioridades geoeconómicas.


*Artículo publicado en simultáneo con Diario Red de España.


(De Página/12)


Ataque. Estados Unidos bombardeó Venezuela. (JOSE ABREU/AFP)

domingo, enero 11, 2026

Encuentro de Poetas Iberoamericanos México




Julia Constancia Burgos García, mejor conocida como Julia de Burgos, nació el 17 de febrero de 1914 en el pueblo de Carolina, en Puerto Rico. Su casa quedaba junto a una quebrada afluente del Río Grande de Loíza. En 1933, obtuvo el grado de maestra normal de la Universidad de Puerto Rico, profesión que ejerció por períodos. En 1934, trabajó en la PRERA (Agencia para la Rehabilitación Económica de Puerto Rico, por sus siglas en inglés). Durante esa época fue amiga de los grandes poetas boricuas Luis Llorens Torres, Luis Palés Matos y Evaristo Ribera Chevremont, entre otros. En 1936 se unió a Hijas de la Libertad, la rama femenina del Partido Nacionalista de Puerto Rico, donde participó activamente en la lucha política. En 1937, publicó su primer libro titulado Poemas exactos a mí misma. Colaboró con diarios y revistas de Puerto Rico, Cuba y Estados Unidos. En 1938, publica Poema en veinte surcos y, en 1939, su libro Canción de la verdad sencilla fue premiado por el Ateneo Puertorriqueño. A partir de ese momento, Julia de Burgos se establece como una de las voces poéticas más importantes en las letras puertorriqueñas. En 1940, reside alternativamente entre La Habana y Nueva York, y continúa su producción literaria a través de colaboraciones en revistas y periódicos de Puerto Rico y Estados Unidos.

En el diario Pueblos Hispanos, fundado y dirigido por el poeta puertorriqueño Juan Antonio Corretjer, Julia de Burgos colabora como cronista, reportera y entrevistadora de 1943 a 1945. Por otro lado, en 1945 obtiene uno de los premios de periodismo otorgados por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.
Julia de Burgos es heredera de las grandes poetas Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni y Delmira Agustini, igual que estas, se reafirma, en su condición de mujer libre. Es una de las figuras poéticas más importantes y completas de la poesía puertorriqueña.
Su poema "Dadme mi número", pareciera presagiar su muerte. Julia de Burgos muere el 6 de julio de 1953 en el hospital de Harlem en Nueva York. Su cadáver está sepultado cerca del Río Grande de Loíza, eje principal de muchas de sus vivencias y poemas.
Sus poemas completos fueron publicados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2004 bajo el título de “Julia de Burgos: obra poética ”. El crítico literario y narrador puertorriqueño José Emilio González subraya en este libro: “Son ejemplares su profundo amor a la Patria, a la causa de la Independencia Nacional, su compasión por los oprimidos y explotados y su interés en la situación de la mujer en la sociedad contemporánea”.
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Canción amarga
Nada turba mi ser, pero estoy triste.
Algo lento de sombra me golpea,
aunque casi detrás de esta agonía,
he tenido en mi mano las estrellas.
Debe ser la caricia de lo inútil,
la tristeza sin fin de ser poeta,
de cantar y cantar, sin que se rompa
la tragedia sin par de la existencia.
Ser y no querer ser… esa es la divisa,
la batalla que agota toda espera,
encontrarse, ya el alma moribunda,
que en el mísero cuerpo aún quedan fuerzas.
¡Perdóname, oh amor, si no te nombro!
Fuera de tu canción soy ala seca.
La muerte y yo dormimos juntamente…
Cantarte a ti, tan solo, me despierta.

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