Por la Plenitud del Ser y la Justicia Social
Este decálogo se fundamenta en la premisa de que el karate es uno solo: una raíz milenaria que florece en la conducta ética del practicante.
La Unidad de la Esencia: El karate es una posesión biológicamente espiritual. No permitiremos que las denominaciones, estilos o siglas nos dividan; nuestra raíz es común y nuestra meta es la plenitud del ser humano.
El Equilibrio de las Tres K: Honramos el Kihon, el Kata y el Kumite como eslabones indisolubles. Entendemos que quien solo entrena para la competencia guarda su karategui al envejecer, pero quien entrena el espíritu lo viste hasta el ocaso.
La Victoria sobre el Ego: El verdadero combate no es contra el oponente, sino contra la vanidad, la envidia y el egoísmo que nos envilecen. Practicamos para ser humildes, reconociendo en el otro el espejo necesario para nuestra propia superación.
Efectividad sin Artificio: Rechazamos la coreografía vacía y el espectáculo innecesario. La efectividad del karate radica en la disciplina técnica, el coraje, la inteligencia y la aplicación correcta de los fundamentos en el combate real de la vida.
El Maestro como Guía Ciudadano: La misión del Sensei trasciende la enseñanza de golpes y patadas. Su éxito se mide en la formación de ciudadanos útiles, honorables y lúcidos que siembren semillas de bien en la sociedad.
Antídoto contra la Violencia: El karate no es agresión; es filosofía en movimiento. Enseñamos que la paz es superior a la violencia y que el diálogo es la herramienta primera del verdadero guerrero.
Compromiso con la Justicia: El karateca no vive ajeno al dolor de su pueblo. Nuestra práctica nos sensibiliza ante la injusticia, la precariedad y el abandono de los más débiles; luchamos por un mundo de amor y equidad.
Democratización y Hermandad: Las instituciones deportivas deben ser transparentes y justas que sirvan a todos por igual. Rompemos las barreras entre estilos para compartir conocimientos y enriquecer nuestra hermandad marcial.
La Virtud del Guerrero: Un verdadero guerrero hace del honor y la lealtad virtudes indisolubles. Está siempre dispuesto a defender la verdad, la libertad y la justicia sin pedir nada a cambio, viajando siempre en el viento tras sus sueños.
Trascendencia del Do (Camino): Practicamos para que lo aprendido en el dojo nos sirva para enfrentar cualquier reto de la vida. El karate es el sendero que nos conduce a un abrazo solidario y fraterno con toda la humanidad.
"El karate nos abre las puertas de la humildad y nos enseña el valor de la vida en el sentido más amplio de la palabra."












