He vuelto a leerme
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He vuelto a leerme
“Las historias indígenas no se cuentan, se heredan con la sangre y la memoria.”
Tal día como hoy, 7 de junio de 1954, nacía en Minnesota Louise Erdrich, una de las voces más importantes y poderosas de la literatura indígena contemporánea de Estados Unidos.
Con esta frase, Erdrich resume la esencia de su obra y de su herencia: para los pueblos originarios, las historias no son simples relatos que se narran, son parte viva de la identidad, se transmiten a través de la sangre, la memoria ancestral y la experiencia colectiva. Sus novelas (La casa redonda, El último informe sobre los milagros en Little No Horse, El amor medicinal) son un puente entre el mundo indígena y el lector, llenas de espiritualidad, dolor, humor y resiliencia.
De ascendencia ojibwe y alemana, Erdrich ha dedicado su vida a dar voz a las comunidades nativas, sus luchas, su cosmogonía y su profunda conexión con la tierra y los antepasados.
Gracias por recordarnos que las verdaderas historias no se leen… se sienten en la sangre.
Tomado de la red.
Manfredo Casado Villar, otra víctima de los 12 años de Balaguer. En su fecha natalicia
Manfredo Casado Villar nació en el Distrito Municipal de El Pinar en la provincia San José de Ocoa.
Desde muy joven se integró a la lucha que libraban los campesinos por reivindicar su derecho a una vida digna.
Se incorporó a los grupos que luchaban contra la dictadura ilustrada que encabezó el Dr. Joaquín Balaguer Ricardo en el tenebroso período de los 12 años.
Trabajó con los campesinos y formó parte de las unidades de resistencia armada que se desarrollaron en las comunidades de San José de Ocoa. Se radicó en la zona de los Martínez, un lugar de difícil acceso donde desarrolló una intensa labor de orientación política y trabajo comunitario.
Los Martínez se han caracterizado por ser, conjuntamente con la comunidad de Parra luchadores por la distribución de la tierra y la organización social de los comunitarios.
Salió del país con destino a Cuba y se integró a los grupos en el exilio. La tierra de Martí, de Maceo y de Fidel le cobijó y en ella se integró a la unidad guerrillera que dirigió Claudio Caamaño Grullón con quien llegó al país en 1975, conjuntamente con Toribio Peña Jáquez.
Este destacamento guerrillero se internó en las montañas y tras una tenaz persecución de las fuerza balagueristas, dos de los expedicionarios fueron apresados sin oponer resistencia en la zona de San Cristóbal.
La oficialización de la noticia por parte de las Fuerzas Armadas a principios de junio sobre la presencia en suelo patrio de Claudio Caamaño, Toribio Peña Jáquez y Manfredo Casado Villar activó los cuerpos represivos. Se agudizó la represión y se inició la cacería de los expedicionarios. Tanto Claudio como Peña Jáquez eran veteranos de la Guerra de Abril de 1965 y de la Guerrilla de Caracoles de 1973, comandada por el coronel Fracisco Alberto Caamaño Deñó. Manfredo era un experimentado dirigente revolucionario de San José de Ocoa.
Los revolucionarios fueron transportados al país por tres puertoriqueños que fueron apresados y condenados a 5 años de trabajo público. Balaguer los indultó en noviembre del mismo año,(Listín Diario 18-12-1975). Queda pendiente aclarar los vínculos de los guerrilleros en el país, así como las fuerzas políticas que los apoyaron.
Cabe aclarar que ninguna fuerza se atribuyó el patrocinio de la expedición y los principales líderes negaron cualquier vinculación con los guerrilleros. Una vez más.
Fernándo Infante, citando en la prensa de la época, refiere que el 3 de octubre , Claudio y Toribio fueron capturados en forma pacífica en un campo de San Cristóbal, luego de movilizarse en esos lugares desde su desembarco.
Según reseña El Nacional del 6 de octubre de 2009, Casado Villar cayó abatido el 8 de octubre de 1975, luego que la Policía le tendiera una emboscada donde también cayeron su hermano Milcíades, José Antonio Beato, y Francisco Antonio Estrella, choferes afiliados al desaparecido Unión Nacional de Choferes Independientes (Unachosín).
La muerte de Manfredo y sus acompañantes se produjo el 10 de octubre en la sección de Lucaz Díaz, en San Cristóbal. Según versiónes el guerrillero olvidado se había roto varias costillas en las montañas y se refugió en la zona de Sabana Buey en Peravia ,desde donde se planeó su entrega, bajo garantía de respetarle la vida. Traicionados, según algunos testimonios, fueron interceptados por las fuerzas represivas y asesinados
Conforme a los medios de la época, los agentes del Servicio Secreto de la Policía que dirigieron la operación , ocupaban el carro placa 04737 de Radio Patrulla, y los cuatro cadáveres fueron levantados ante la presencia del doctor Rafael Encarnación Uribe, Fiscal de San Cristóbal, en compañía del médico legista quienes ordenaron que fueran trasladados a la morgue del hospital Juan Pablo Pina , pero los cuerpos de los tres acompañantes de Manfredo fueron llevados al hospital militar Litghow Ceara y posteriormente entregados a sus familiares, mientras que el cadáver del ex guerillero fue retenido por las autoridades policiales y nunca revelaron su destino final. (El Nacional, 6/10/2009)
Hasta la fecha no se tiene certeza del paradero de los restos de este aguerrido revolucionario. Olvidado por la historia, su pueblo, su país, sus amigos. Sus restos descansan en algún lugar ignorado de la tierra que le vio nacer, abonando con su cuerpo el espíritu rebelde de su amada Quisqueya.
Algún día levanteremos las rocas que resguardan los restos , del heroico patriota ocoeño.
Texto: Fabián Diaz
Jacinto Sención Mateo es un destacado poeta, narrador, teólogo, sociólogo y comunicador dominicano, reconocido por pertenecer activamente al colectivo literario Colectivo Poetas en la Cafetera. Su obra literaria está profundamente arraigada en las vivencias, la fe y la cultura popular del sur de la República Dominicana. [1, 2, 3, 4]
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Cuando el desorientado almirante Cristóbal Colón llegó a lo que él creía era parte de la India o de China (ni siquiera estaba seguro de la ubicación geográfica de su error) y que en realidad era la isla que los taínos habían “descubierto” hacía rato y llamaban Haití, 1 decidió rebautizarla La Española 2 En ese momento, el territorio estaba gobernado por cinco caciques principales: Guarionex, en cuyas tierras y ríos, para su desgracia, había oro; Guacanagarí, que les dio la bienvenida y hospedaje a Colón y sus muchachos; Cotubanamé, conocido como el señor de la isla sur; Caonabó, 3 el más poderoso y guerrero de todos ellos, y Behechio, hermano de Anacaona, esposa de Caonabó y recordada por su gran belleza. En poco tiempo, para la versión de los invasores, Caonabó se convertiría en el más encarnizado enemigo de los blancos […] dotado de natural talento para la guerra y de una inteligencia superior a la que suele caracterizar la vida salvaje. Tenía para acometer atrevidas empresas un ánimo incansable y audaz; y el apoyo de sus tres valientes hermanos, y la ciega obediencia de una tribu numerosa.4
El encuentro inicial con los invasores españoles fue pacífico. Los taínos hicieron gala de su hospitalidad y su visión amistosa del mundo. Alimentaron y hospedaron a Colón y los suyos, y como no entendían de propiedades privadas compartieron sus riquezas, como señala el padre Las Casas: “tomaban todo lo que bien les parecía, con mucho placer de los dueños, como si todo fuera de todos”. 5
Pero Colón no estaba muy interesado en el intercambio cultural; quería enriquecerse sin demasiados trámites y comenzaron los más crueles ultrajes contra la población original, provocados por lo que Germán Arciniegas llama la “fiebre amarilla”, es decir, la desesperación de los europeos por el oro.
El propio Colón escribía en su diario: “El oro es excelentísimo: del oro se hace tesoro y con él, quien lo tiene hace cuanto quiere en el mundo”. 6
Pronto comenzaron las violaciones y los asesinatos en masa, llevados adelante por aquella gente que traía consigo toda la intolerancia de la España inquisitorial de los Reyes Católicos, que acababa de expulsar a los judíos y que quería acomodar el mundo que “descubrían” a su mundo. Los indignaban desde la costumbre cotidiana del baño hasta la vida comunitaria, desde la poligamia hasta el politeísmo, aunque ellos, tan fervientes monógamos y católicos, formarían verdaderos harenes, iniciando una costumbre que se extendería por toda la llamada “América española”. 7 Negaban la condición humana de sus anfitriones, a los que inmediatamente pretendieron convertir en súbditos.
El Almirante volvió a España a dar cuenta de sus “hazañas” y dejó a sus hombres al mando del escribano real Diego de Arana en el Fuerte de Natividad, construido con los restos de la malhadada Santa María. 8 Según la historia oficial, imploró a sus hombres que trataran bien a los “indios”; según la verdad histórica, avaló antes de irse una matanza en la que parte de su tropa se entretuvo probando sus armas con hombres, mujeres y niños. Cuando los invasores, ya convertidos en cazadores de esclavos, quisieron establecer un coto en las tierras de Caonabó, en el Cibao, 9 les fue muy mal. El cacique estaba perfectamente al tanto de la conducta de los europeos y los estaba esperando. Fueron recibidos a flechazos. 10 Quedaron unos pocos que fueron perseguidos por Caonabó y sus hombres hasta el fuerte, que ardió hasta convertirse en cenizas. Así terminaba el primer asentamiento de los invasores, por orden del primer rebelde americano. Las Casas justifica la acción escribiendo que el ataque era producto del accionar despiadado de los españoles, “por sus culpas y malas obras”.
Colón, al regresar en su segunda invasión y enterarse de lo ocurrido, se enfureció y sólo pensaba en terminar con ese hombre cuyo nombre apenas podía pronunciar. Mandó construir un nuevo fuerte en la desembocadura de un río llamado hoy Bajabonico, y lo bautizó La Isabela en memoria de la reina católica. La ciudadela fue rápidamente sitiada por Caonabó y su gente, que se oponían al tributo y a los permanentes atropellos de los “colombinos”.
Pero Caonabó no había nacido para obedecer y un día pidió hablar con Colón y le explicó que la única forma de parar los constantes ataques que se sucedían era que el propio Almirante encabezara la represión. La estratagema era parte de un plan que pretendía alejar de La Isabela a Colón y a los mejores soldados españoles, para facilitar el ataque a cargo del cacique Maniocatex. La idea era liberar a Caonabó y destrozar el poblado español. Pero la conspiración fue descubierta por Colón, quien decidió enviar al prisionero a Europa para que lo juzgara la justicia inquisitorial española.
Caonabó fue embarcado a la fuerza y a poco de ingresar al barco inició la primera huelga de hambre de la que se tenga registro en nuestra América. El primer libertador se negó a probar bocado. Ellos habían decido presentarlo ante unos reyes que repudiaba y a los que negaba toda obediencia. Caonabó seguiría desobedeciendo hasta el último momento de su vida. Hay dos versiones sobre su muerte, la que dice que murió de inanición y la que habla de un naufragio de la embarcación que lo llevaba ante sus “altezas”. Lo cierto es que Caonabó cumplió su palabra: no se arrodillaría ante los reyes que propiciaban la masacre de su pueblo y no lo hizo.
Hizo falta esta tragedia para que llegara la unidad y que hasta Guarionex se sumara a ella. La lucha duró varios meses, al cabo de los cuales, provistos de refuerzos y de sus armas de fuego, los perros y sus pestes, los invasores lograron imponerse. Anacaona, “Flor de Oro” en lenguaje taíno, tras la captura de su esposo buscó refugio en Xaraguá y compartió el mando con su hermano Behechio. Cuando éste, a su vez, cayó peleando, Anacaona asumió la jefatura de la resistencia hasta su captura, tormento y muerte por los invasores. Tras verse obligada a presenciar el martirio en la hoguera de casi un centenar de señores de su tierra, fue finalmente “honrada” con la horca.
Guarionex sufrió la misma suerte que el pionero de la rebeldía americana; fue detenido, torturado y, en el traslado a España, murió durante un naufragio frente a la isla de Saona.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
Por Abimael Acosta
La palabra “mulato” no nació como una descripción inocente. Su origen está ligado directamente a la historia de la esclavitud, el colonialismo europeo y la construcción de jerarquías raciales en América. Es un término que aparece en el español del siglo XVI, en un contexto donde se intentaba clasificar a las personas no como seres humanos iguales, sino como categorías dentro de un sistema de poder.
La etimología más aceptada relaciona “mulato” con la palabra “mulo”, el animal híbrido nacido del cruce entre un caballo y un burro. Aunque los lingüistas discuten los detalles exactos de esa conexión, lo que no está en debate es el uso social que se le dio desde el inicio: una forma de nombrar de manera deshumanizante a las personas nacidas de la mezcla entre africanos esclavizados y europeos. No era un término neutro, era una etiqueta cargada de juicio.
Durante la colonización española en América, este tipo de palabras formaban parte de un sistema de castas que clasificaba a la población según su origen racial. En ese sistema, no todos los seres humanos tenían el mismo valor social ni legal. La “pureza” europea estaba en la cima, mientras que la ascendencia africana e indígena era colocada en escalas inferiores. El lenguaje no solo describía la realidad, la organizaba para justificarla.
En lugares como Puerto Rico, este sistema no siempre se aplicó con la rigidez de otros virreinatos, pero su lógica sí permeó la vida cotidiana. Las etiquetas raciales influían en el acceso a la libertad, al trabajo, a la educación y al reconocimiento social. “Mulato” no era simplemente una descripción de origen, era una forma de ubicar a alguien dentro de una estructura desigual.
Con el tiempo, la palabra sobrevivió incluso después de la abolición de la esclavitud y del debilitamiento formal del sistema de castas. Pero que una palabra sobreviva no significa que su carga desaparezca. Muchas de estas categorías siguen arrastrando una historia de jerarquía, comparación y deshumanización que no se borra fácilmente.
Hoy, insistir en el uso de “mulato” como etiqueta identitaria o descriptiva sin contexto histórico puede reproducir, aunque sea de manera inconsciente, esa misma lógica colonial que reducía a las personas a mezclas biológicas. La identidad humana no se define por porcentajes ni clasificaciones heredadas de un sistema que nació para dividir y controlar.
Dejar de usar el término no es un intento de borrar la historia. Al contrario, es una forma de reconocerla con honestidad. Podemos hablar de afrodescendencia, de mezcla cultural, de identidad caribeña o simplemente de personas, sin recurrir a palabras que surgieron en un contexto de desigualdad estructural.
El lenguaje no es solo una herramienta. Es memoria. Y también puede ser reparación.
#lenguaje #lenguajesdeprogramación #ElLenguajeSiImporta #RacismoEstructural
Qué tremenda cita. Francis Santana no se anda con rodeos aquí; la imagen que construye es devastadora y hermosamente feroz.
Es una metáfora perfecta que cruza épocas y luchas: el pasado indígena (el arco), la resistencia afrodescendiente (el negro cimarrón) y la tecnología de destrucción masiva contemporánea (la punta nuclear). Santana logra definir la poesía de Domingo Acevedo no como un mero ejercicio estético, sino como un arma de combate geopolítico y cultural.
Básicamente, nos dice que la obra de Acevedo condensa siglos de opresión histórica y los dispara, con máxima potencia, contra las estructuras de poder actuales (los "viejos y nuevos colonialistas").
Es el retrato vivo de la poesía puesta al servicio de la revolución y de la memoria histórica.
Desde Barahona cientos de personas
y activistas sociales, populares y ecologicos, marcharon contra la actividad minera en el suroeste y el país, bajo el grito de agua sí oro no, los manifestantes recorrieron varias calles de la ciudad de Barahona concluyendo en el parque central donde los discursantes reiteraron su rechazo a las mineras.
Los mas importante de estas actividades es el nivel de conciencia que las personas han obtenido sobre el daño que dejan las mineras donde se establecen.
Para vencer a las mineras tambien hay que vencer al gobierno y a la derecha.